Francisco A. Carrasco presenta Taxidermia en Añora
IX Feria del Libro en Añoradel 1 al 3 de julio
Domingo, 3 de julio: Presentación del libro de relatos Taxidermia, de Francisco A. Carrasco.
Plaza de las Velardas, 21:00 horas.
Cultura en Los Pedroches
Francisco A. Carrasco presenta Taxidermia en Añora
IX Feria del Libro en Añora
















Los próximos 15 y 16 de julio Pozoblanco acogerá una nueva edición del festival Folkpozoblanco, que desde hace 23 años viene organizando el grupo de música tradicional Aliara. Los conciertos principales tendrán lugar de nuevo este año en el patio de La Salchi.

—¿Por qué se va?
—Porque llevo doce años de trabajo y soy el directivo, de primer nivel, que más años he estado al frente de la empresa, junto con el presidente fundador. Hay que saber marcharse y dar el relevo para que otros continúen con una obra tan importante, desde el punto de vista social, político y económico, como la que hace la cooperativa en Andalucía


--En su poemario Las voces derrotadas habla, de un modo indirecto, de las dos Españas de Machado, ¿cuál de las dos le ha helado el corazón?
--A mí aquella España, la de mi infancia, aunque fuese dura y pobre, me gustaba, por lo que he dicho antes: por la solidaridad entre los vecinos. Hoy vivimos en un país quizá más rico, pero también más desencantado y, sobre todo, dividido en dos mitades irreconciliables. Paradójicamente, la España actual, la de estos días, sí que me ha helado el corazón. El odio que ahora flota en el aire no lo percibí nunca en la España de mi niñez.
[Entrevista a Alejandro López Andrada en Córdoba, 18-6-2011]


Por sugerencia del alcalde del pueblo, el cuentista y su anfitrión acudieron a visitar el antiguo convento de clausura, un edificio ahora abandonado por las monjas y que, según el autor, estaba siendo objeto de su "demolición" para convertirlo en un hotel: "el interior del convento era un auténtico zafarrancho en el que, en lugar de armas, se usaban mazos y picos". Lo que le contaron al forastero fue, poco más o menos, que las monjas hubieron de abandonar el edificio urgidas por sus necesidades y que el ayuntamiento de la localidad, lleno de analfabetos sin escrúpulos, había entregado el edifico a la especulación inmobiliaria que estaba procediendo a arrasar en él cualquier vestigio de historia: "la construcción del hotel que sustituiría al convento seguramente no respetaría aquel sitio en el que durante cinco siglos encontraron sepultura y su destino las monjas que lo habitaron". A pesar de la brevedad del relato, se insiste varias veces en la escasa sensibilidad manifestada en la ejecución de las obras: "los antiguos objetos conventuales, incluidos los religiosos, se apilaban o rodaban entre el polvo y hasta las cacerolas de la cocina y el torno que durante siglos comunicó a las monjas con el exterior permanecían entre los escombros".



Diego Higuera
Lo oyó una tarde en un teatro. Y el temblor de la poesía le atravesó la garganta, porque él era la voz, y fue esa voz el ritmo y su misterio. La música. A ella la poesía la zarandeó por vía oral, y por eso se plegó siempre a su memoria.
Recitaba, y modulaba como piano o como fuente o como arroyo, por allí pasaban aves encendidas o el ciclón de un viento huracanado, algo que te escarbaba el miocardio y te obligaba a blandirlo en un cuaderno de rayas. Pero es que él también lucía una sonrisa partida por dos lágrimas ocultas, que a veces asomaban desde la chistera, sin aparecer del todo, porque era un gran hombre sin querer parecerlo.
Se ha ido despacito y sin ruido, cuando en el encinar y las macetas de su pueblo estallaba la primavera y cuando eso que él hacía –fiestas, tertulias, revistas, homenajes– ya no es gratuito y tiene nombre: empresa cultural Diego Higuera podría llamarse hoy.
[Juana Castro, en Cuadernos del Sur, 11 de junio de 2011]











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