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Con San Martín por la ruta del Loira


Iglesia de San Martín en Candes (Francia).

Durante los últimos cinco años he publicado en la Revista de Feria de Añora una serie de pequeños artículos con la biografía de San Martín de Tours, patrón de Añora. El trabajo formaba parte de un proyecto de libro sobre la vida de San Martín y la historia de su culto en Añora que luego, como otras iniciativas semejantes, no llegó a concretarse, diluido quizás por un ambiente poco propicio. El apartado biográfico era una elaboración de síntesis a partir básicamente de obras como la Bibliotheca Sanctorum del Istituto Giovanni XXIII della Pontificia Università Lateranense (Roma, 1967) y la Vita Martini de Sulpicio Severo, además de otros apoyos bibliográficos menores. En la Revista de este año se publicó el último capítulo de la serie y, casualmente, pocos días después de entregarlo a la imprenta realicé un viaje a la Francia interior que me llevó, aunque el propósito era otro, por algunos de los lugares sagrados de la vida y muerte del santo.

Aunque Martín nació (316) en Sabaria, una ciudad situada en la frontera del imperio romano de Occidente, en la provincia de Panonia, que, a orillas del Danubio medio, actualmente forma parte de Hungría, su vida está muy vinculada a Francia. En Amiens (338) suelen situar sus hagiógrafos el famoso episodio de la partición de su capa para entregarle la mitad a un pobre vagabundo. Luego, tras varios años en Roma, se traslada a Poitiers, siguiendo los pasos de Hilario, elegido obispo de esa ciudad en 350. Pronto fundó el monasterio de Ligugé, el más antiguo de toda Europa, y en el 371 fue elegido por aclamación obispo de Tours. Martín murió en el 397 en la pequeña aldea de Candes, adonde se había retirado para continuar su labor apostólica. Su cuerpo fue conducido desde allí navegando por el Loira hasta Tours, donde fue depositado en una humilde tumba sobre la que pronto se levantaría una basílica.



Interior de la Iglesia de San Martín en Tours.

Una auténtica explosión de culto en torno a su figura surgió inmediatamente después de su muerte, siendo Tours el principal centro de adoración, y se le veneró como a un santo desde el día en que sobre su tumba se elevó un santuario. También se construyeron basílicas en Marmoutier, Candes y Ligugé. Muchas iglesias, además, fueron puestas bajo su patronazgo (en la actualidad, solo en Francia se cuentan más de tres mil quinientas parroquias dedicadas a San Martín; pero también son muy numerosas en Hungría, su país natal, Italia, Alemania, Inglaterra e incluso Estados Unidos).

La gran basílica de San Martín en Tours, erigida entre el 465 y el 470, se mantuvo durante cuatro siglos, hasta su destrucción total por los normandos en el 903. Fue entonces elevada una nueva basílica, la cual también fue después totalmente destruida por un incendio en el 997. Una nueva gran iglesia de estilo románico, que fue dedicada en el 1008, se conservó hasta la construcción en estilo gótico de la gran basílica del siglo XIII, en la cual se integraron algunas partes de la primitiva románica. Tras la Revolución quedó en ruinas y fue totalmente demolida en el 1802. Hasta 1890 no se construyó de nuevo una gran iglesia, la que hoy subsiste y en cuya cripta se guardan los restos encontrados en la tumba de San Martín que sobrevivieron a la quema por los hugonotes en 1562.


Tumba de San Martín en la cripta bajo la iglesia de Tours.

Aunque habían pasado varios años desde que elaboré esa biografía, su revisión para la Revista había removido de nuevo la seducción que todo personaje ejerce sobre su biógrafo y me resultó imposible no desviarme un poco de mi ruta para alcanzar algunos de los lugares donde San Martín vivió hace mil seiscientos años. Poitiers, por ejemplo, resultó ser una encantadora ciudad de provincias que conserva una iglesia dedicada a San Hilario, aunque lo que más me admiró fue la fachada románica de la antigua colegiata de Notre-Dame-la-Grande, ricamente esculpida. En Candes, donde el santo murió, situada en la confluencia de los ríos Loira y Vienne, se levanta una imponente iglesia que nadie imaginaría en una localidad tan pequeña, convertida al parecer en un importante centro de peregrinación. El mayor recuerdo, sin embargo, se mantiene en la muy turística Tours, con un museo dedicado a la figura de su antiguo obispo (el cual, lamentablemente, no pude visitar, por encontrarse en obras) y la gran iglesia, que, aun no siendo siquiera ni sombra de lo que debió constituir la primitiva gran basílica, resulta imponente. En una cripta de esta iglesia se erige un monumento bajo el cual estaría la primitiva tumba del santo, del que se conservan algunas reliquias. Las paredes de la cripta aparecen llenas de ofrendas y muestras de agradecimiento. Sin embargo, aunque busqué, no hallé en todo el edificio ninguna imagen de San Martín.


Lugar original del enterramiento del santo.

La ruta continuó luego por los grandiosos castillos del Loira, auténtico objeto del viaje, pero esta pequeña peregrinación laica por los lugares de la vida de San Martín, en tan lejanas tierras, me unió momentáneamente desde la distancia con mi pueblo y me hizo reflexionar sobre lo azaroso de las relaciones territoriales y emocionales, sobre los vínculos que nos unen y nos separan, sobre lo fortuito de cualquier construcción cultural e histórica y sobre los aventurados caprichos del destino.


Tienda de recuerdos de San Martín en la iglesia de Tours.


Señalización en una calle de Tours.

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