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Cerro del Cuerno/21

Me cuentan que el museo Posada del Moro de Torrecampo se encuentra cerrado desde la muerte de su creador y alma mater Esteban Márquez Triguero. Supongo que la Obra Cultural de PRASA, a la que pertenece la institución, deberá nombrar a un nuevo director (pues prefiero no contemplar la posibilidad de que se aproveche la coyuntura para cerrar el lugar), quien deberá acometer una remodelación total del concepto museístico que venía aplicándose hasta la fecha. Independientemente del indudable valor de algunos de los materiales que albergaba, lo cierto es que la Posada acogía tal heterogeneidad de piezas que sólo podía explicarse atendiendo al carácter también heterodoxo de su fundador. Ahora, sin embargo, sería el momento de abordar una tarea seria de catalogación e investigación de fondos que, aprovechando tan solvente mecenazgo, convirtieran al museo en la institución cultural de guarda y custodia de materiales arqueológicos que Los Pedroches está necesitando.

Además de su función cultural primaria, de la que se beneficiarían los propios habitantes de la comarca, los museos actúan como un reclamo turístico que ayuda a completar la oferta que componen la propia monumentalidad de los pueblos, su arquitectura popular y su entorno natural. Por ello no se entiende muy bien la cicatería con la que suelen actuar los ayuntamientos a la hora de fomentar su creación. Hace ya años que se solicitó en Añora la formación de un museo arqueológico local, que podría haber tenido su sede en la ermita de San Pedro, en el que se podrían haber reunido, entre otras, las singulares piezas depositadas en el Ayuntamiento por el Colectivo Cultural El Cangilón procedentes de yacimientos de los alrededores como La Atalayuela, La Losilla o El Cucadero. Sin embargo, la desidia institucional o la minusvaloración de este tipo de infraestructuras culturales hace que pasen los años sin que se observe ningún resultado, con el consiguiente riesgo de deterioro y pérdida de las piezas entregadas y el extravío de otras en manos de particulares que podían haberse recuperado con la excusa de su exposición pública. La existencia de museos arqueológicos en la comarca podría actuar, además, como revulsivo frente al expolio sistemático que sufren algunos de nuestros yacimientos, expolio favorecido tanto por la falta de investigación rigurosa sobre los mismos como por la propia inoperancia de algunos arqueólogos autorizados. Organismos públicos y empresas privadas deberían implicarse más en la recuperación de ese legado material que resulta imprescindible para el conocimiento cabal de nuestra siempre abandonada historia comarcal.

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