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La arquitectura popular de ayer y hoy


Calle de Alcaracejos en los años setenta. [Foto: Itinerarios de arquitectura popular española].

Hace unas cuantas semanas José Jurado me informó de la existencia de una colección de libros titulada Itinerarios de arquitectura popular española, elaborada por Luis Feduchi y publicada en la Editorial Blume entre 1974 y 1984. Se trata de cinco volúmenes que llevan los siguientes títulos: 1. La meseta septentrional ­ 2. La orla cantábrica, la España del hórreo ­ 3. Los antiguos reinos de las cuatro barras ­ 4. Los pueblos blancos y 5. La Mancha, del Guadiana al mar. El cuarto tomo, publicado en 1978 (y reimpreso en 1986), está dedicado a Andalucía y las Islas Canarias y consta de 400 páginas que incluyen 1.200 fotografías y 120 dibujos. Una pequeña joya que nos permite conocer el estado de la arquitectura de muchos pueblos en un momento en el que todavía no se habían producido las grandes alteraciones urbanísticas (con sus aberraciones arquitectónicas consecuentes) que tendrían lugar en la década de los 70 y los 80 del siglo pasado.

José me adjuntaba copia de las páginas en las que aparecen fotografías de varios pueblos de Los Pedroches con una desconsolada advertencia: "El cambio ha ido a peor. Hemos pasado de tener una arquitectura popular digna de enciclopedia al monocapa que hay por toda España". Contemplando la belleza de algunas construcciones populares de la época y la armonía del conjunto urbano, me pareció oportuno, para demostrar el aserto de José, confrontar algunas imágenes de los Itinerarios con el estado actual de esos mismos lugares y el resultado ha sido, realmente, desolador. El cambio, efectivamente, ha sido a peor, aunque a veces no se podía imaginar cuánto. Juzguen ustedes. (Las fotos actuales de Pedroche las ha hecho, con el mimo que suele para las cosas de su pueblo, Pedro de la Fuente).




Calle Amargura de Añora, en los años 70 y ahora mismo. Compárese la línea uniforme de los tejados y la antigua armonía de las fachadas con la anarquía actual.




Calle Doctor Benítez de Añora, ayer y hoy.




Calle Villanueva de Córdoba de Pedroche. El bar de la esquina ya se advierte en la foto de los años 70, por el anuncio de Coca-Cola bajo el arrabá




Calle Lope de Vega de Pedroche. Adviértanse en la foto antigua las hermosas chimeneas en la línea recta de tejados.

La foto que encabeza este artículo corresponde a Alcaracejos. No tengo la imagen actualizada, por lo que solicito la colaboración de los lectores para que me envíen una foto de esa misma calle en el momento presente, si es posible con el mismo ángulo que la imagen antigua, para añadirla a esta pequeña colección de evidencias que no terminan aquí.

Correo:
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Un verano para la poesía

y llegar a comprender
que lo contrario del mal
son estas calles
cuyas piedras están
cubiertas de lluvia
como pilas de agua bendita.
(M. A. Ortega)


Libros de poesía sobre un pupitre de la Biblioteca Nacional.

Este ha sido un verano de pocos viajes y de mucha poesía. Si es que la poesía no fuera un viaje, que lo es. Por culpa de un trabajo académico que he decidido acelerar, he leído durante este mes de agosto más de cincuenta poemarios y varias antologías de mujeres poetas. Ha sido una dedicación plena y gratificante a la poesía, en medio de tantos calores y de tantos fríos.

Y, como si uno estuviera predestinado y no pudiera escapar de su tierra aun entregándose a una actividad completamente ajena, Los Pedroches me buscaron también aquí, en mi retiro lírico, donde uno jamás esperaría encontrarlos. En medio de la antología Ellas tienen la palabra, al volver una hoja de la selección de María Antonia Ortega, allí estaba este extraño poema dedicado a Hinojosa del Duque, del que no tenía noticia. Escrito en 1997, se trata de una escalofriante confesión íntima, desnuda y desgarrada, de la propia condición, de mujer, sí, pero sobre todo de persona indignada que ha conseguido al fin gritar su verdad sobre todas las cosas, aunque para lograrlo haya debido previamente empaparse en alcohol. Un poema que golpea en los sentidos como el badajo de las campanas de la torre de la catedral y te incita a gritarles también tu verdad a todos los hijos de puta, a todos los hijos de la gran puta, que no paran de hablar y que te miran así. Ignoro por qué María Antonia Ortega -a la que ya debemos agradecimiento eterno- escribió este poema, qué experiencia vital la llevó a este desgarro en Hinojosa, qué la trajo a este pueblo perdido en los mundos de la soledad y el duelo para obligarla a abrirse en canal, pero leerlo reconforta, ha justificado todo un verano sin apenas viajes y ha confirmado una vez más que, de todas las cortesanas posibles, la poesía es la más recomendable, la más dañina, la más bella.



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El mundo onírico de África Villén


África Villén junto a algunas de sus obras, ayer en Pozoblanco.

Ayer quedó inaugurada en el restaurante La Cepa de Pozoblanco la exposición "Conceptualizando" de la artista pozoalbense asentada en Córdoba África Villén. Se trata de una inusual muestra compuesta principalmente por retratos conceptuales, con tintes oníricos, que buscan llamar la atención del espectador. Entre las fotografías que se exhiben se encuentra también la serie de tres imágenes que formaron parte de la exposición "Ellas", donde se muestran las tres edades de la mujer (juventud, madurez y vejez).

El lugar elegido para la exposición no resulta quizás el más idóneo para este tipo de actividades, pero merece destacarse y aplaudir la rara iniciativa de una empresa privada por comprometerse con el mundo de la cultura.


Una de las obras expuestas.
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Elogio de la sobriedad


Leonor de Guzmán (Paqui Jiménez González) llora la muerte de su esposo en la representación de ayer en Belalcázar.

He asistido a las tres ediciones de El halcón y la columna, desde que comenzaran las representaciones allá por 2006. Escribí mis pareceres de las dos primeras (2006 y 2010), dejando en ellos constancia de todo lo positivo que encontraba en unas puestas en escena muy meritorias al servicio de un texto muy bien construido y ejemplarmente ajustado al objetivo previsto: crear una obra emblemática que se erigiera como seña de identidad de un pueblo, indagando en sus orígenes históricos gracias a la presencia de unos personajes de carne y hueso que contienen todos los componentes esenciales de los prototipos dramáticos: la ambición, la crueldad, la nobleza, el despecho, la piedad… Hay en El halcón y la columna un profundo análisis de la compleja naturaleza del ser humano hilvanado a través de varias generaciones de nobles y vasallos en Gahete y Belalcázar, con un texto hermoso cargado de emocionantes reflexiones sobre el presente y el futuro, sobre el auténtico ser del hombre y sus inclinaciones.

Podemos asegurar que las representaciones de El halcón y la columna se han consolidado como la expresión cultural de un pueblo que la ha convertido en tradicional en solo tres ediciones. Belalcázar ha hecho suya en poco tiempo una inversión cultural que no solo implica un reclamo turístico para una localidad que tiene ya muchos, sino que exige además una predisposición a la reflexión histórica y filosófica, no siempre fácil de alcanzar. Los organizadores deberían, por ello, no dejarse vencer por la engañosa tentación de rebajar los contenidos más complejos de la propuesta escénica buscando agradar al mayor público posible, sino, aprovechando la sólida implantación que la iniciativa parece haber logrado, obligar al espectador a realizar ese esfuerzo de comprensión suplementario que con frecuencia se evita en las propuestas veraniegas, que alguien ha decidido que deben ser tópicamente ligeras.

En el preestreno ayer de la tercera edición de El halcón de la columna, destinado especialmente al pueblo de Belalcázar, a las autoridades y a la prensa, me pareció advertir una ligera inclinación en este sentido que apunto. El primer acto se demoró plácidamente en vistosas ceremonias (una boda, un funeral, con especial dedicación a un ritual religioso cuyo fin dramático no alcanzo a entender), con exceso de figurantes, con bailes y caballos que entran y salen a lo largo de toda la representación. Me pareció como si quisiera acentuarse el factor espectáculo (buscando, quizás, semajarse a otras propuestas vecinas) en una obra que posee las suficientes cualidades literarias y teatrales como para no necesitar adornos que distraigan de lo principal, haciendo de la sobriedad su mayor valor. Porque lo principal son los duelos dialécticos entre los personajes, la desnuda representación de las miserias y grandezas humanas a través de la simple palabra arropada por las históricas arquerías del convento de Santa Clara, donde sobran caballos, estandartes y fanfarrias.

La representación de ayer, en fin, adoleció de algunos errores técnicos y de interpretación que sin duda serán corregidos en las funciones siguientes y que, desde luego, no restan brillantez al mérito inmenso de todo un pueblo poniendo en pie de modo tan colosal la historia remota de sus orígenes.


Cola Mª Bazurto (Jorge López de Medina) y el maestre Gutierre de Sotomayor (Antonio Murillo Navarro).


El halconero Paniagua (Francisco Jurado Rodríguez).


El coro lanza sus advertencias desde la galería superior.


Elvira de Stúñiga (Loles Moreno Gómez), el alcalde de Gahete (José Soto Caballero) y Alfonso de Sotomayor (Francisco Javier Blázquez Pascual).


El patio de la huerta del Convento de Santa Clara presta el decorado ideal a la representación.
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Conceptualizando con África Villén

El próximo jueves 7 de agosto se inaugura en el restaurante La Cepa de Pozoblanco (Avenida de Villanueva de Córdoba, 20) la exposición fotográfica "Conceptualizando" de África Villén.

Se trata de una colección de 24 imágenes realizadas durante el último año y agrupadas bajo la etiqueta de "fotografía conceptual", donde la artista pozoalbense reconoce haber encontrado su "gran pasión" y su mejor forma de expresarse. "Con ella puedes expresar cualquier sentimiento, por muy extraño que parezca, sin necesidad de poner limite a la creatividad", confiesa. Entre las imágenes de la muestra abundan los retratos, "pues me encanta el tratamiento de la expresión facial, el transmitir el mensaje por medio de una simple mirada o un gesto", y sus protagonistas suelen ser mujeres, como modo de reivindicar su condición y porque "las curvas y la belleza de una mujer potencian la belleza de la fotografía".

La exposición podrá visitarse de lunes a sábado de 10:00 a 14:00 y de 20:00 a 23:00 horas.


África Villén participó en la exposición "No palabras. Los ganadores del Premio Solienses vistos por siete fotógrafos de Los Pedroches", que organizamos en marzo.
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Esperando "El halcón y la columna"


Actores de "El halcón y la columna" durante su presentación en la Diputación de Córdoba. [Foto: Diputación]

Cuando todavía no han terminado las representaciones de "La vaquera de la Finojosa", que concluyen esta misma noche con su cuarta sesión, ya nos preparamos para el estreno el próximo jueves de la recreación histórica del nacimiento del Condado de Belalcázar titulada "El halcón y la columna", de Francisco Benítez, que se pondrá escena del 7 al 10 de agosto en el entorno monumental del Patio de la Huerta del Convento de Santa Clara de Belalcázar. En la obra participan casi 150 vecinos de la localidad bajo la dirección de Rafael Patiño. El halcón y la columna, que se representó por primera vez en 2006, comienza con la muerte del Maestre de Alcántara, Gutierre de Sotomayor, y, después, se adentra en la unión entre Alfonso de Sotomayor y Doña Elvira de Zúñiga, para abordar finalmente las relaciones de Doña Elvira y su primogénito, primer Conde de Belalcázar, que pasó a la historia como Juan de la Puebla. Las entradas (8 euros) pueden adquirise en el Ayuntamiento de Belalcázar.



Críticas de las anteriores representaciones de "El halcón y la columna":

2006: "El halcón y la columna"
2010: "El halcón, la columna y todo un pueblo"
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Vuelve la alfombra


Viviendas en el Paseo Los Llanos de Pozoblanco. [Foto: hoyaldia.com]

Hace casi nueve años (dios mío, ¡nueve años!) escribí este artículo que se publicó en el desaparecido semanario Los Pedroches Información, en una columna quincenal que titulé genéricamente "Cerro del Cuerno". Estos días, tras leer el insólito escrito de la Asociación de Vecinos "El Pilar de los Llanos" de Pozoblanco contra la concejala de IU Manuela Calero (pero ¿qué está pasando en Pozoblanco?) me he acordado de él y me ha parecido oportuno reproducirlo de nuevo aquí:

La alfombra
Cerro del Cuerno/58

Los violentos acontecimientos ocurridos semanas atrás en Francia, donde ciudadanos de los barrios económicamente más deprimidos han sacado a la primera línea informativa una situación de desigualdad e injusticia que se viene gestando desde hace años, han sorprendido a muchas personas que no alcanzan a comprender el porqué de estos comportamientos. Hay en la sociedad actual una tendencia a ocultar las miserias en las afueras de las ciudades, como quien esconde la suciedad bajo la alfombra, de tal modo que los ciudadanos normales podamos vivir con la comodidad hipócrita que supone fingir que lo que no se ve no existe. Pero basta un pequeño detonante para que la realidad de las cosas se haga visible y entonces nos sorprendemos de cómo pudo llegarse a ese extremo que nuestra cada vez más atrofiada capacidad de análisis nos impide comprender. Y sin embargo, estos conflictos se van gestando de modo latente poco a poco, fomentados por los comportamientos insolidarios de la ciudadanía en general, que prefiere vivir de espaldas a la compleja realidad social del momento y exige a sus autoridades que, si no puede solucionar los problemas, al menos los oculte. Resulta revelador en este sentido el triste espectáculo vivido semanas atrás en Pozoblanco, con agrupaciones de vecinos y partidos políticos de la oposición en pie de guerra denunciando el rumor de que en Los Llanos fueran a construirse viviendas sociales para las familias más desfavorecidas (y, en justa consecuencia, más conflictivas) y el propio equipo de gobierno, negando su esencia socialista y apresurándose a declarar que jamás se le había ocurrido tal cosa, sino que los terrenos en cuestión serán dedicados a viviendas para jóvenes matrimonios burgueses, más dóciles y acomodaticios. Los vecinos no quieren problemas en su barrio: no niegan solidaridad al necesitado, pero siempre que éste se encuentre lejos de nuestro hogar y, preferentemente, donde no se vea, donde no incomode la quebradiza conciencia del ciudadano que se siente más solidario con la injusticia social cuanto más lejos de nuestro salón-comedor se halle. Los políticos nunca son lo suficientemente valientes para afrontar ciertos problemas, necesitados como están del alimento del voto popular, escaso en los suburbios. Así se forman las periferias del estado del bienestar, que un buen día decidirán hacernos la pascua a todos metiéndose sin permiso en nuestras casas para mostrarnos que, bajo la alfombra del salón, está toda la suciedad que hemos ido ocultando durante todos estos años de mirar hacia otro lado.
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La nueva vaquera y los nuevos tiempos, que parecen viejos


La vaquera de la Finojosa y el Marqués de Santillana, durante la representación de anoche.

Cuando en todas las informaciones promocionales de la VI edición de La vaquera de la Finojosa se destacaba la renovación de su argumento como una de las principales novedades de la representación de este año, no podía imaginarme que lo fuera tanto. Pues, en realidad, no se trata de que haya cambios en la puesta en escena o nuevos detalles argumentales: La Vaquera que vimos ayer en la Plaza de la Catedral de Hinojosa del Duque es una obra completamente distinta de la representada, al menos, en sus dos anteriores ediciones (2006 y 2010). Sí, allí están los bailes populares, los trajes suntuosos y multicolores de Tamaral y la seductora música ambiental de Miguel Cerro, pero todo lo demás es nuevo, radicalmente nuevo, aunque parezca lo mismo. Y no solo porque en las ediciones anteriores la vaquera rechazara desdeñosamente al marqués, sin que supiéramos por qué, y en esta aparezca rendidamente enamorada a sus pies, contradiciendo la serranilla en la que se inspira.

Se ha hecho hincapié en que la versión de este año, aunque con algunas interpolaciones de Antonio Javier Cortés Jurado, se basaba en la obra de Luis de Eguílaz, abandonando, salvo en una escena, el texto de Francisco Benítez que sustentaba las anteriores ediciones y que nos parecía, sinceramente, carente de cualquier interés dramático. La obra de Eguílaz, en cambio, es un drama histórico de raíz calderoniana, tradicionalista y adoctrinador hasta tal punto que cuesta imaginar las razones que han llevado a recuperarlo como seña de identidad de un pueblo del siglo XXI, salvo que haya una voluntad ideológica de recuperar también ese mensaje moralizador que transmite. Pues, entre la trama de conflictos territoriales, lucha de legitimidades y enfrentamientos estamentales, el tema central de la representación deviene en que el honor del padre de la vaquera, como el del alcalde de Zalamea, depende de la honra de la hija y que la pérdida de virginidad de la doncella -que ni siquiera es real, sino producto de una calumnia- condiciona la legitimidad de un representante público, todo lo cual nos impacta más que la ucronía que representa la anagnórisis final del personaje de Alonso.

Por lo demás, como ya hemos advertido en otras ediciones, el trabajo actoral es inmenso, tratándose de voluntariosos aficionados, y la dirección prodigiosa. Una vez más, admira que decenas de figurantes se muevan con tanta soltura por un espacio escénico tan poco teatral, por sus dimensiones, y que el ritmo de la obra, a pesar de su larga duración (¡dos horas y media sin pausa!), no decaiga en ningún momento, favorecido por la alternancia de escenas cómicas, líricas y dramáticas. En el aspecto interpretativo, debe destacarse sin duda el trabajo colosal de Mª Carmen Fernández Nogales dando vida a la simpar Doña Aldonza, que consigue robar todo el protagonismo a una Vaquera (Patricia Muñoz Murillo) con un papel muy mermado y excesivamente inclinado al dramatismo.

El conjunto resulta, sin duda, un espectáculo deslumbrante, con una puesta en escena que se beneficia del escenario natural que representa la parroquia de San Juan Bautista y una acertada disposición de escenarios para las diversas acciones (aun haciéndose notar el anacronismo que supone la presencia del escudo de los Sotomayor y Zúñiga en la fuente, que reproduce la del Pilar de Los Llanos). El público acudió predispuesto a una convocatoria que tiene ya también mucho de reafirmación identitaria, al participar en ella 250 vecinos de la localidad. La nueva trama resultará, sin duda, más atractiva para el público ajeno que asista a la representación como a una muestra de teatro clásico sin más implicaciones, aunque quizás los más iniciados no dejen de sentir cierta nostalgia por la fina gracia de la vaquera desdeñando los requerimientos del marqués, en una actitud emancipadora no exenta de voluntad subversiva: "que ya bien entiendo / lo que demandades;/ non es deseosa/ de amar, nin lo espera,/ aquesa vaquera/ de la Finojosa". Pero, a lo que parece, ahora el signo de los tiempos es otro.


La fuente pública se convierte en uno de los puntos principales del escenario.


La fachada de la Catedral de la Sierra presta solemnidad a la representación.


Destaca el colorido de los trajes de Tamaral para las mozas.


Doña Aldonza se retira digna del escenario en su carruaje.
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La impermanencia de la memoria



Los artistas estadounidenses Chris Klapper y Patrick Gallagher, tras recorrer a pie 2.751 kilómetros, han realizado un mandala (una representación simbólica espiritual y ritual del macrocosmos y el microcosmos, utilizada en el budismo y el hinduismo) usando 2.621 gramos de polvo de mármol y granito. La escultura será destruida en una performance mañana jueves 31 de julio a las 20.30 horas en la residencia de artistas La Fragua (Convento de Santa Clara de Belalcázar), como símbolo de la impermanencia de la memoria. Así relatan los creadores la naturaleza y sentido de su obra artística:

'2751 kilómetros/2621 gramos' es una visualización de datos recogidos durante un viaje. Creado con polvo de mármol y granito, utilizando herramientas de cobre hechas a mano, '2751 kilómetros/2621 gramos' es una referencia a la distancia recorrida y al peso del material usado.

Expresado en coordenadas de GPS y código binario, es un mapa visual compuesto de días, regiones, categorías experienciales y localizaciones específicas. El concepto de este proyecto combina la expresión poética del mándala con mapas de datos. Conexiones de trazados y cruces de información son utilizados para destacar el esfuerzo intenso y la belleza del viaje.

Empezando con un trayecto de unos 1000 km por la costa norte de España, nuestro viaje comenzó a pie haciendo el Camino del Norte, atravesando montes hasta alcanzar el punto más occidental de España, en la Costa da Morte. Desde allí nos dirigimos hasta Cádiz, la región más meridional de Andalucía, con parada en el estrecho de Gibraltar. Desde allí pusimos rumbo al norte de la provincia de Córdoba, a Belalacázar, donde bajo el cobijo del monasterio de Santa Clara (s.XV), en la residencia de artistas La Fragua, esta pieza será creada y destruida. Como toda experiencia, la cuidadosa creación del mándala es dolorosamente detallada, y un trabajo que requiere inmenso esfuerzo, será barrido para siempre, poniendo en evidencia la efímera naturaleza de la memoria.

Esta pieza es la primera de nuestra nueva serie llamada #dataatadata, que pone el foco en el poder y la belleza de la información pura. La información fue recopilada usando metadatos recogidos durante un período de 90 días. Es la expresión abstracta de una experiencia que no puede ser aprenhendida. La información mostrada, sin dejar de ser veraz, aparece de una manera críptica con la intención de aludir a los significados de esa información y las posibilidades que contiene. El aspecto impermanente del mandala se añade a la profundidad de la experiencia.


Proceso de realización del mandala.