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Sorpresa en Los Luengos


Ermita de don Miguel en El Viso.

Siempre quedan rincones ocultos por conocer en nuestra tierra, tan llena de sorpresas. Hacía tiempo que quería visitar la ermita de don Miguel, en realidad un pequeño oratorio rural asociado a una vivienda agrícola que hace unos años había sido donado por sus propietarios al ayuntamiento de El Viso y restaurado con fondos europeos. Así que este pasado sábado, aprovechando una tarde de esas cenicientas en las que no apetece hacer nada, de pronto me arranqué, busqué la ruta en el móvil y me puse en carretera. Llevaba como guía un trazado de wikiloc no muy preciso, y ocurrió lo que tenía que ocurrir. Llegó un momento en que me extravié por el dédalo de caminos que surcan la dehesa viseña y la alarma me embargó realmente cuando advertí que comenzaba a oscurecer y en mi coche se había encendido el piloto del combustible. El regreso frustrado, por veredas no aptas para turismos, tuvo la siempre insana emoción de la incertidumbre.

Por la noche le conté brevemente mi experiencia a Pedro y él, que se apunta a un bombardeo, organizó rápidamente una visita para la mañana siguiente de la mano experta de un anfitrión bien conocedor del terreno y siempre dispuesto a colaborar. Juan nos llevó por caminos más transitables, cruzando el Guadarramilla y el Cigüeñuela, por terrenos áridos y secos en este verano interminable, hasta el paraje de Los Lotes y Los Luengos, donde se ubica la tan buscada ermita. Allí nos aguardaba una sorpresa, en esta tierra nuestra tan dada a los contrastes.

Esta ermita, junto con una casa anexa en ruinas, dos cochiqueras, un corral de ovejas y la superficie de 3.867,14 metros cuadrados que las acoge, fue cedida por Santiago Moreno López y su familia en 2010 al Ayuntamiento de El Viso con el fin de recuperar los edificios e implantar allí una zona recreativa. La ermita y sus instalaciones anejas fueron construidas a comienzos del siglo XX como retiro de verano de su propietario, Miguel López, un sacerdote muy querido en el pueblo por su labor humanitaria durante la Guerra Civil y en los años posteriores.

La ermita, de sencilla factura, presenta una pequeña nave cubierta por bóveda de cañón y una fachada de aire neomudéjar (aunque con pináculos neogóticos y hasta un perfil de frontón partido, todo muy al gusto del eclecticismo historicista de la época de su construcción) rematada por un campanario y con un arco ojival de ladrillo en la puerta de acceso. Nada destacable desde el punto de vista histórico ni artístico.

Pero lo que realmente sorprende al llegar al lugar es la intervención arquitectónica de la que ha sido objeto todo el conjunto y que se debe a la autoría de Jorge García Cherino, arquitecto municipal que ya nos ha fascinado en El Viso con otras cuantas propuestas atrevidas, como el Museo del Auto de los Reyes Magos, la Residencia de Gravemente afectados y, aún en obras, la Residencia de Mayores. Jorge ha dotado a un espacio que estaba condenado a convertirse en un vulgar merendero para senderistas en un lugar singular que ofrece una propuesta artística muy extraña al terreno donde se ubica y, quizás por eso mismo, no suficientemente valorada todavía.

Tras la ermita, restaurada sin mucho entusiasmo, el arquitecto ha dispuesto una instalación formada por dos grandes muros de ciclópeos bloques de granito sin pulir que delimitan el espacio que antiguamente ocupó la vivienda principal. Los muros actúan como fondo y soporte de la ermita, por un lado, y de unas cuadras convertidas ahora en aseos, por otro. El espacio intermedio consigue transmitir una inquietante sensación de desolación y, a la vez, de opresión, a pesar de encontrarnos en una inmensa dehesa abierta. El contraste de esta propuesta tan arriesgada y novedosa con las tradicionales cochiqueras que descansan a pocos metros no puede ser más profundo.

Como suele ocurrir con estos planteamientos tan personales, la intervención contará con sus defensores y detractores, fomentando el siempre necesario debate en torno a la tradición y la vanguardia. No cabe duda de que los muros impactan en una primera visión: a pesar de que el granito que los compone sea un material inseparable al territorio, su presencia de forma tan abrumadora, no suficientemente domesticada, produce sensaciones diversas, plantea preguntas e inquieta, siendo todos ellos efectos consustanciales al arte. Misión cumplida.



Dos grandes muros de bloques de granito delimitan un espacio de ausencias.




Dos vistas de la ermita.


Vista frontal de uno de los muros.


Cochineras.
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Tres canciones en catalán


Lluis Llach: Viatge a Itaca.
Viatge a Ítaca (1975, basado en textos del poeta griego Kavafis), junto a Campanades a mort (1977), ambos de Lluis Llach, son dos de los discos que más veces he disfrutado en mi vida. Hubo temporadas en las que no escuchaba otra cosa, acababan una vez y comenzaban otra, viajes enteros de cuatro o cinco horas sin parar, tardes eternas de verano, noches largas de insomnio. Escuchando ambos, es fácil entender por qué.


Serrat: Salam Rashid
Esta canción de Serrat es una de las que más me gusta de toda su producción, tan extensa, incluidos sus discos en castellano, donde resulta tan difícil elegir. En general, todo el disco Material sensible (1989), al que pertenece, es una auténtica delicia. El tema, aunque se escribió hace casi treinta años, es de plena actualidad, hoy como ayer.


Sau: Pare (Serrat).
Se trata de un tema ecologista de Serrat, pero que me gusta especialmente en esta versión de Sau. Pertenece al disco Serrat eres único (1995), en el que otros artistas versionan temas del cantautor.
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José Jurado ofrece su visión sobre la crisis de la alfarería rambleña


Huchas. Alfarería Álvaro Montaño en La Rambla. Foto de José Jurado.

Este mediodía se ha inaugurado en el Museo de la Cerámica de La Rambla (Córdoba) la muestra "Cocido y crudo" del artista villaduqueño José Jurado, una exposición individual dentro de Aptitudes. Encuentro de cultura contemporánea Alfonso Ariza, un proyecto que surgió con el objetivo de apostar por la cultura contemporánea más innovadora, fomentar la creación artística desde el ámbito rural y favorecer la formación de nuevos públicos. El Encuentro, que está organizado por el Ayuntamiento de La Rambla con la colaboración de la Fundación provincial de artes plásticas Rafael Botí, cumple este año su décima edición.


Sobre la preparación del proyecto

Jose Jurado es un artista visual interesado en los dispositivos y laboratorios de ideas, en los que el espectador debe negociar una posición dentro de la obra, implicándose en procesos de pensamiento y reflexión. Le gusta destacar experiencias vividas en contextos reales, haciendo uso de prácticas colaborativas y la interacción con los que habitan y construyen con su mirada un determinado territorio. Trabaja con procesos de investigación conceptuales que a veces cuestionan la autoría del artista y adquieren un alto grado de compromiso social, conformando un mosaico de la realidad cotidiana local. De la compenetración con el entorno deviene su voluntad de mejorarlo o de transformarlo.

Durante las últimas semanas de 2016 Jurado ha visitado La Rambla por primera vez, adentrándose en la localidad y cartografiando el tejido industrial relacionado con la cerámica y la alfarería. El artista ha trasladado su mirada analítica al sector industrial por el que la localidad de la Campiña es sobradamente conocida, y que al igual que todo el país atraviesa profundos cambios derivados de la crisis económica y de otra crisis propia del sector que ya venía arrastrando desde el pasado.

José Jurado se ha desplazado por los polígonos industriales de La Rambla en busca de los protagonistas actuales del sector alfarero rambleño. Se ha entrevistado con artesanos, trabajadores y trabajadoras en activo, y estos les han trasladado sus impresiones sobre el momento actual y sus expectativas para el futuro. A partir de conversaciones y de la recopilación de material gráfico, el artista pretende elaborar un proyecto expositivo que verá la luz en 2017.

En esta búsqueda de temas José Jurado ya ha identificado cuestiones relevantes, a saber, la reducción de empresas tras la recesión económica, la melancólica belleza de los descartes que la industria desestima para su venta, la escasa unidad del sector, las carencias en la distribución y la exportación, la especialización como valor añadido y diferenciación, la persistencia de lo artesanal, la más que probable falta de nuevas generaciones... Estas cuestiones y otras nuevas que irán surgiendo tendrán cabida en “Cocido y crudo”, en aras de vislumbrar un futuro mejor. [Fuente]


Botijos. Alfarería de Antonio Reyes en La Rambla. Foto de José Jurado.
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Piezas del Museo PRASA participan en una exposición sobre el Islam en Bruselas


Dos capiteles califales del Museo PRASA en la exposición de Bruselas.

El hoy llamado Museo PRASA de Torrecampo fue creado por Esteban Márquez Triguero en los años setenta del siglo XX con el nombre de Casa-Museo Posada del Moro, reuniendo en él una ingente cantidad de materiales heterogéneos (desde puntas de flecha prehistóricas hasta pinturas del siglo XX) de la más diversa procedencia histórica y geográfica. Esteban Márquez fue el director hasta su fallecimiento en 2003, aunque en 1995 el edificio y su colección habían sido adquiridos ya por la empresa constructora PRASA. En 2005 fue nombrado director del museo Juan Bautista Carpio Dueñas, con el encargo de iniciar una nueva etapa que debía culminar con la conversión del museo en un centro cultural de referencia en la provincia de Córdoba. Pero la llegada de la crisis y los problemas judiciales del presidente de PRASA acabaron en 2008 con todas aquellas ilusiones y, desde entonces, el Museo PRASA duerme un sueño nostálgico del que solo despierta de vez en cuando.

El motivo de este despertar es el extraordinario valor de muchas de las piezas que componen su fondo museístico, que hace que periódicamente sean reclamadas por instituciones nacionales y europeas para participar en muestras temáticas. No oculto que en este proceso resulta fundamental también el trabajo callado y abnegado de su director, que se niega a que el "Museo" -un museo sin sede, sin espacio, sin exposición permanente- acabe desapareciendo por olvido. En los últimos años hemos dado cuenta en Solienses de la participación del Museo Prasa en numerosas exposiciones organizadas en España y fuera de ella: Rudesindus. La cultura europea del siglo X (Santiago de Compostela, 2007), Tierras del olivo (Jaén, 2008), Qantara (Granada, 2008), Mugawwar-Corduba (Córdoba, 2013), Europa antes de Europa: los Carolingios (Somme, Francia, 2014).

Ahora, de nuevo, diversos materiales del Museo PRASA de Torrecampo van a participar en una exposición de alcance internacional. Se trata, en concreto, de 27 piezas de su colección que desde el pasado 14 de septiembre pueden verse en Bruselas en la exposición temporal El Islam es también nuestra historia (Europa y su legado musulmán), organizada por el Museo de Europa con el patrocinio de la Unión Europea. La muestra pretende destacar la herencia musulmana de Europa a través de catorce siglos de relaciones culturales. Ubicada en el Espace Vanderborght, en el centro de Bruselas (frente a las conocidas Galerías Reales de San Huberto), en la muestra se presenta un recorrido que comienza con la formación de al-Andalus para terminar con obras de artistas contemporáneos relacionadas siempre con las relaciones Europa–Islam.

En ella pueden contemplarse piezas de numerosas instituciones museísticas europeas, como la Biblioteca Real de Bruselas (Bélgica), el Instituto del Mundo Árabe de París (Francia), el Museo Etnográfico de Sofía (Bulgaria) o el Kunstgewerbemuseum de Dresde (Alemania). Para España, la organización ha seleccionado piezas de dos museos: el Museo Arqueológico Nacional de Madrid y el Museo PRASA Torrecampo.

Entre las piezas prestadas por el museo de Torrecampo se encuentran dos precintos de plomo fechados en el año 717, que participaron recientemente en una exposición temporal en el Museo Arqueológico de Córdoba y que ilustran la conquista musulmana de la Península Ibérica y la formación de al-Andalus; dos capiteles califales a través de los que se destaca la importancia de la arquitectura andalusí; una serie de 20 varillas de bronce interpretadas como instrumental quirúrgico andalusí, que en la exposición cumplen la función de destacar la importancia del Islam medieval en la transmisión de saberes científicos a Europa; y una jarrita de cerámica, un candil de bronce y un dedal para el trabajo del cuero que se exponen en el espacio dedicado a la importancia de la artesanía andalusí. La muestra permanecerá abierta al público hasta el 21 de enero de 2018.


Varillas de instrumental quirúrgico andalusí del Museo PRASA en la exposición de Bruselas.
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Feria de Pozoblanco:
175 aniversario, 176 ediciones


Publicidad del Ayuntamiento de Pozoblanco sobre la Feria, con alusión al 175 aniversario.

Pozoblanco celebra este año el 175 aniversario de la creación de su Feria de septiembre. Como ya contamos en otra ocasión, la actual Feria de Pozoblanco (puesto que con anterioridad existía otra el 14-15 de septiembre) se celebró por primera vez en 1842, gracias a  una concesión gubernamental efectuada en agosto de ese año a consecuencia de una petición realizada por el cabildo de la villa, que se reunió para tal fin el cinco de mayo de dicho año. Según contaba en un artículo Andrés Muñoz, en lo que parece ser la reproducción del acta de la reunión del cabildo, "se acordó por la inmensa mayoría que se pidiera permiso al Gobierno para celebrar Feria en los días 24, 25 y 26 de septiembre de cada año, señalándose para local de ganadería los ejidos conocidos con el nombre de los Llanos del Pilar, a fin de que sirva de abrevadero la abundante fuente o pilar viejo, así como el Pozo nuevo de la Dehesa que lleva el nombre de dicho pozo; así como los cercados que estaban baldíos y cuyos dueños ofrecieron facilitarlos para tan beneficioso objeto". El permiso concedido por el Regente para la celebración de la feria se publicó escuetamente en la Gaceta del día 12 de agosto [Ver anuncio en Gaceta].

En el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real de 10 de septiembre de 1842 he encontrado un anuncio del Ayuntamiento en que se da noticia de esta concesión: "La situacion topográfica de esta población, en el centro del espacioso valle de los Pedroches, capital del partido de su nombre, rodeada de numerosos pueblos; teniendo abundantes pastos y abrevaderos públicos, surtido equitativo de víveres, y cuanto es necesario para este grande objeto, prometen desde luego la más numerosa concurrencia, y cómodas negociaciones en ganaderías de toda especie, y demás producciones agrícolas e industriales, reanimidas por el más activo comercio con las provincias colindantes" [Ver publicación completa].

No cabe duda, pues, de que este año se cumple el 175 aniversario de la creación de la Feria de Pozoblanco, ya que, según el Diccionario de la Real Academia, aniversario es el día en que se cumplen años de algún suceso. Lo que, siendo un tanto meticulosos, cabría cuestionar es la pertinencia de celebrar este año tal efeméride. Quiero decir ciñéndonos a los parámetros convencionales que habitualmente se usan de conmemorar ciertas convocatorias cuando cumplen años redondos o ciclos completos, puesto que, por lo demás, cada cual puede celebrar lo que quiera cuando le parezca más oportuno (recordemos, por ejemplo, que en Villanueva de Córdoba se rindió homenaje a su Banda de Música al cumplir los 138 años, como si se presintiera algo, y no a los 140, como todo el mundo hubiera esperado).

Porque este año 2017, aunque se cumplen 175 años de su creación, se celebra en realidad la edición 176 de la Feria de Pozoblanco (esto contando, cosa que ignoro, que ningún año haya dejado de celebrarse). Lo suyo, por tanto, hubiera sido celebrar esta efeméride el año pasado, tal como es habitual en convocatorias singulares, en las que, de forma simbólica, no nos fijamos tanto en el tiempo transcurrido como en el número de ediciones celebradas. Véase como ejemplo las Olimpiadas Rurales de Añora, que este año han celebrado su décima edición, aunque se crearon en 2008 y, por consiguiente, solo cumplían nueve años desde su fundación. Pero no tendría mucho sentido celebrar el décimo aniversario el año que viene (que es cuando realmente se cumplen diez años) al tiempo que se celebra la undécima edición. Lo que hicieron las Olimpiadas Rurales es el uso habitual en convocatorias de este tipo, como festivales, competiciones deportivas, premios y todo tipo de convocatorias de periodicidad anual, en las que suele contarse el número de ediciones celebradas más que el de años transcurridos.

Por lo demás, en Solienses continuamos completando la colección de carteles de la Feria de Pozoblanco. Con respecto al de este año, del que ya nos ocupamos en otra entrada, un amable lector me hace llegar un nuevo argumento -en forma de cartel- que apoya de forma palmaria mi opinión sobre la falta de creatividad de los carteles de feria de nuestros pueblos. Creo que sobran las palabras, puesto que no es la primera vez (ni la segunda, ni la tercera).


Cartel de la Feria de Pozoblanco 2017 y cartel de Flamencos del Puerto en el Hospitalito, también de este año.

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Todos los nombres de septiembre

Septiembre es un mes que nos contagia desde el principio la nostalgia de un otoño que se adivina siempre frío y lúgubre. Son los septiembres trágicos que evocan en Pozoblanco el nombre de Pérez Zafra, que inspirara luego a Los Trapera una canción en los ochenta, cuando estaba permitido cantarle a todo y la libertad era otra cosa, siendo como éramos jóvenes y felices. Septiembre es un mes gris, que corroe de angustias ante la amenaza de que algo definitivamente ha terminado y aún no está claro lo que se dispone a comenzar, en qué dirección nos llevará, si será acaso lo que tanto hemos deseado. Y perdido en esos laberintos que septiembre trae a mi trabajo, que me aleja de toda relación social y me aparta de estas pequeñas vanidades de la vida cultural de la comarca, se divisa aún lejano el amanecer de octubre, porque aún los abismos de septiembre no se han cerrado, aunque viva hoy este pequeño oasis ilusorio de respiro.



En estos días de septiembre han aparecido nuevos libros de autores de nuestra tierra. Al día siguiente de publicar la entrevista en Solienses, llegó a las librerías virtuales la nueva novela negra de Félix Ángel Moreno Ruiz, que titula al modo generoso de los clásicos Acuérdate de Paula porque vas a morir, un relato de crímenes y venganzas donde Los Pedroches tienen un especial protagonismo. El paisaje de la comarca está siempre presente también en la obra de Alejandro López Andrada, de quien Antonio Colinas ha editado en Hiperión una antología de sus versos titulada El horizonte hundido (Poesía desreunida) Alejandro confiesa en las redes que hace tiempo que no escribe poesía y quizás esta recopilación signifique un estímulo, un pequeño empuje de ánimo en el convencimiento de que nunca nada está del todo perdido. Y hablando de poetas, algunos de ellos tienen cita este septiembre en la Cosmopoética cordobesa, donde leerán sus versos y combatirán la vulgaridad generalizada que tantas veces nos rodea con esa búsqueda infinita de la verdad y la belleza a través del lenguaje. El propio Alejandro compartirá escenario con Juan Lamillar y el mexicano Jorge Valdés Díaz-Vélez el viernes 29 en la Sala Orive. Por su parte Ana Castro compartirá voz el 3 de octubre con la rumana Livia Stefan, mientras que Francisco Onieva se medirá el 5 de octubre con Emilio Martín Vargas y Raquel Lanseros. En su faceta de periodista, el jarote Jesús Vigorra presentará el 28 de septiembre el acto de inauguración del encuentro, que, convocado en torno a las fronteras, contará con la participación de Ángeles Mora, Sebastià Alzamora, Bernardo Atxaga y Oriana Méndez, una representación de las cuatro lenguas oficiales que conviven en nuestro país. También por esas fechas, nuestra Juana Castro recibirá el título de ateneísta de honor en el Teatro Góngora de Córdoba, por acuerdo de la Federación de Ateneos de Andalucía, que celebrará este año su X aniversario.



Y todavía no dejamos los libros, porque el musicólogo Luis Lepe anuncia para el próximo 6 de octubre en el auditorio del Conservatorio Profesional de Música de Pozoblanco la presentación de los tomos III y IV de su monumental obra La música de Los Pedroches, dedicados al cancionero popular profano. Llena de lustre llega también la programación otoñal de El Silo, que concentra en septiembre algunas de sus mejores propuestas con motivo de la feria local. Llama la atención que, en lugar de los antiguos espectáculos cabareteros de variedades intrascendentes, habituales en tales fechas, este año la oferta teatral sorprenda con La cantante calva de Ionesco (22 de septiembre), aunque venga sazonada con rostros muy televisivos. Serán apasionantes luego las conversaciones sobre la interpretación de los trabalenguas del absurdo y los diálogos inconexos reveladores de la incomunicación social mientras se come el bacalao de Polainas en la caseta de IU. A día siguiente llega el endiosado José Mercé con la necesaria ración de flamenco pop. El plato fuerte, sin embargo, lo encontramos el 29 de septiembre con la incombustible Concha Velasco, que dará vida en su monólogo a la Reina Juana. Para la delicatessen de Marlango habrá que esperar a diciembre.


Clase de toreo para niños en la Plaza de Toros de Pozoblanco.

En un terreno más mundano, estas primeras semanas de septiembre han traído la forzada descabagaldura del caballo ético a Emiliano Pozuelo, al que quizás le hagan pagar así viejas deudas y aprender algunas lecciones. Lecciones de tauromaquia de la mano de José Luis Moreno es lo que toman en el Coso de los Llanos los niños de Pozoblanco, abandonados ahí a su suerte frente a la barbarie, sin pixelado que tape el pudor futuro que muchos de ellos sentirán viéndose en tan innoble tarea. Eso al mismo tiempo que el propio ayuntamiento pozoalbense difunde "una campaña especial para los días de Feria de concienciación, sensibilización y prevención contra cualquier tipo de violencia". Contra cualquier tipo, dice. Y por si a los niños les quedara todavía algún resquicio de responsabilidad, se les invita desde el consistorio a faltar a clase en día lectivo el jueves de feria para acudir con los abuelos a la caseta municipal. Juegos, consumiciones y regalos. De 11:30 a 13:00 horas. Las matemáticas pueden esperar.

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Félix Ángel Moreno Ruiz: "Mis lectores están en Los Pedroches"


Félix Ángel Moreno Ruiz, el pasado martes en Pozoblanco.

Félix Ángel Moreno Ruiz (Pozoblanco, 1969) va a publicar este otoño una nueva novela, que lleva por título Acuérdate de Paula porque vas a morir, en la editorial salmantina Amarante. Se trata de una novela negra ambientada en la Córdoba actual y protagonizada por emigrantes de Los Pedroches. El autor abandona así de momento a su inspector Homero, protagonista de sus dos anteriores novelas, pero no por mucho tiempo, pues el sabueso ya anda investigando otro crimen sucedido también aquí en nuestra tierra.

Félix Ángel ha publicado hasta el momento dos novelas de la serie de Homero, Un revólver en la maleta (Premio Solienses 2013) y Estaré esperando para matarte (2016), así como un libro de relatos, Misterio en Los Pedroches. Diez casos de la inspectora Julia (2015), y una obra de teatro, Pañuelos bajo la lluvia (2013). Su nueva obra pertenece también al género negro, en el que el autor se ha especializado y donde se encuentra cómodo, investigando formas y experimentando los hallazgos de otros autores, pues, como él mismo reconoce, en la novela negra “ya todo está inventado”.

Para hablar de su nueva obra, de las anteriores y de todo lo demás nos reunimos a tomar café en un bar de Pozoblanco una tarde plomiza en los estertortes del mes de agosto, cuando ya se prevé el final de las vacaciones de verano y la vuelta a las rutinas que septiembre trae consigo. Félix Ángel habla con entusiasmo de su obra y, sobre todo, del género, del que resulta ser un gran conocedor. La conversación, de más de una hora y que resulta imposible reproducir completa, aparece salpicada por los nombres de las grandes referencias del género, de Agatha Christie a Georges Simenón, de Conan Doyle a Andrea Camilleri, sin faltar sus traducciones cinematográficas, de Bogart a Tarantino.

Pregunta. El oficio de escritor es duro, pero te he leído en algún lugar que casi más duros son los oficios paralelos que el ejercicio de la escritura conlleva ¿a qué te refieres exactamente?

Respuesta. Cuando yo comencé a escribir la primera novela, Un revólver en al maleta, pequé de cierta ingenuidad al pensar que había hecho un producto mínimamente digno y que podría atraer a los lectores. Enseguida, sin embargo, te das cuenta de las inmensas dificultades que se presentan para poder llegar a publicarlo y de que en realidad en esta tarea no solamente está la escritura, sino otras muchas más cosas, que no tienen que ver con la escritura, pero que están ahí y lo condicionan todo.

P. Entre los oficios paralelos al de escritor, que parecen consustanciales a él, está el de presentador de sus propios libros. ¿Cómo llevas esta tarea?

R. Las editoriales pequeñas, por lo general, piden la colaboración del escritor para promocionar su obra y el escritor se convierte entonces en un hombre-orquesta, un publicista de su obra, porque la propia editorial no tiene mecanismos suficientes. El objetivo, en el fondo, es vender libros.

P. ¿Es tan difícil realmente publicar una novela?

R. Es muy difícil para un escritor novel, para una persona que no ha publicado antes. Si no tienes un nombre, la editorial no quiere cuentas contigo, y si no quiere cuentas contigo, no tienes nombre, no publicas. Es la pescadilla que se muerde la cola. Sin contactos, sin relaciones, no hay nada.

  • "El libro es un producto, aunque dirigido a los sentimientos, a las emociones, al intelecto."


P. Sin embargo, tú mismo en pocos años has publicado dos novelas, un libro de relatos y otro de teatro, y ahora está próxima a aparecer una nueva novela.

R. En la medida de mis posibilidades intento buscar, sin ambiciones, teniendo los pies en el suelo, sabiendo lo que yo puedo ofrecer, procuro buscar editoriales que acepten mi producto, porque al fin y al cabo la obra literaria, o al menos lo que yo escribo, no deja de ser un producto, un producto de consumo por parte del lector. No quiero con ello desprestigiar la literatura, pero el libro es un producto, aunque dirigido a los sentimientos, a las emociones, al intelecto.

P. Tu inspector Homero bebe de las fuentes clásicas del género, ¿te has inspirado conscientemente en alguna figura literaria o es una mezcla de muchas de ellas?

R. Homero es un homenaje a Hercules Poirot, el detective belga de Agatha Christie. Las iniciales del personaje son H.P. y yo busqué, a modo de homenaje, un personaje que tuviera esas mismas letras, que es Homero Pérez. Se trata de un homenaje-parodia, entendiendo parodia en el sentido de darle vueltas al género, utilizando estereotipos, de los que te alimentas, y a partir de ahí intentas innovar o aportar tu pequeño grano de arena. Su tía Maruja es también un homenaje a Miss Marple, la ancianita cotilla de Agatha Christie. Pedro, el agente que acompaña a Homero, está en la línea de parejas famosas que ya inauguró Cervantes con Don Quijote y Sancho, en una fórmula que fue copiada luego por muchos escritores y por el mundo del cine, como El Gordo y el Flaco, por ejemplo, es decir, el contrapunto entre un personaje más positivo y otro negativo, uno más idealista y otro más realista, o más humano y más riguroso, como Sherlock Holmes y Watson. Yo también utilizo estos dos personajes, que funcionan muy bien en el mundo literario, porque los recursos están ya todos inventados.
Son homenajes y a la vez discrepancias. Por ejemplo, una de las críticas que le hacen a Homero es que es demasiado apagado, demasiado serio, pero con ello quería precisamente marcar la diferencia con respecto a un cansancio que veía en la novela americana, que era el inspector cabreado con el mundo, insatisfecho, con problemas de alcoholismo, y como parodia yo he puesto a un hombre que es simple, que tiene su pasado, pero es muy recto.


Félix Ángel Moreno, durante la entrevista.

P. ¿Agatha Christie es uno de tus referentes principales?

R. Independientemente de sus muchos errores, de que hoy día lees su obra y te sonrojan a veces sus opiniones, porque era hija de lo que era, del Imperio Británico, de una época victoriana, muy clasista, sin embargo la gran genialidad de Agatha Christie fue experimentar con todas las posibilidades de variaciones sobre los criminales y de la trama, de tal manera que cualquier recurso en la novela policiaca de hoy ya lo utilizó ella en alguna de sus obras.

P. Recientemente leí un artículo en El País que hablaba del “spaghetti crime”, una especie de boom de la novela negra italiana escrita por jóvenes autores herederos de Andrea Camilleri. ¿Conoces este fenómeno?

R. Conozco un poco la novela negra italiana, porque hay una especie de explotación de lo italiano a partir del éxito de Camilleri. Con Camilleri me pasa un poco como con Agatha Christie, que hay ciertas cosas de él que me sonrojan, porque es muy italiano, muy machista a veces. Pero admiro su manera de narrar, de contar la historia, la tendencia a no irse por las ramas, su sencillez, que la sencillez bien trabajada es muy difícil, y sobre todo su uso de los diálogos. Es un maestro en todas esas cosas. De hecho Camilleri, él mismo lo reconoce, bebía de otro gran autor, el belga Georges Simenón, uno de mis grandes ídolos en la adolescencia.

  • "Siento un poco de frustración por no haber tenido una editorial cordobesa."


P. ¿Cómo te parece que ha sido la recepción de tus novelas en Córdoba capital, donde se localiza la acción de la serie de Homero? ¿Has obtenido el reconocimiento que esperabas?

R. Bueno, la palabra reconocimiento quizás sea demasiado pretenciosa para mí. Me hubiera gustado, no tanto reconocimiento, no es la palabra que yo usaría, sino que hubiera llegado más a los lectores cordobeses y siento un poco de frustración por no haber tenido una editorial cordobesa, que en aquella época había varias, una incluso con una colección de novela negra. Yo estaba firmemente convencido de que había un lector cordobés al que podía interesarle mi producto, porque sé que hay un nicho de lectores a los que les gusta la Córdoba de principios de siglo, en la que está ambientada mi novela, pero enseguida te das cuenta de que no tienes mecanismos para poder llegar a esos lectores, empezando por las propias editoriales. Yo le mandé mi novela a las editoriales cordobesas, pero no me atendieron, no me recibieron ni me quisieron escuchar, y evidentemente ya con eso lo tienes todo cerrado. De las editoriales que había en Córdoba a las que mandé el manuscrito, tres no me contestaron y otra me dijo que lo leería y al día siguiente ya me mandó un correo diciéndome que no querían cuentas con la novela, que yo pensé, o se la han leído en toda una noche, y si se la han leído en una noche es que les ha tenido que atraer, o directamente la han tirado a la basura. Y en esto Córdoba no es una excepción, sino que ocurre en todas partes, si tienes nombre escribes sobre el escarabajo pelotero y te lo publican y si no tienes nombre, pues no hay manera.

P. En tus novelas Córdoba es una ciudad lo que llamaríamos “provinciana”, con su casino, sus caciques y señoritos y sus pobres de solemnidad en la puerta de las iglesias ¿Cómo te has documentado para ofrecer la imagen que quieres de la ciudad?

R. Es la Córdoba que yo retrato, no me invento nada. Tuve la fortuna de que mi suegra tenía una gran cultura oral, una memoria viva sobre la Córdoba de aquella época, conocía muchas anécdotas y poseía una abundante documentación y libros sobre aquellos años. Es una Córdoba provinciana, sí, pero que ya empieza a ser moderna, con sus primeros ascensores, sus primeros coches, la llegada del ferrocarril, que estructura la ciudad, pero al mismo tiempo una Córdoba caciquil, de señoritos y condes.

P. ¿Por qué has situado a tu inspector en ese momento histórico precisamente, a comienzos del siglo XX?

R. Por varios motivos. El primero, porque era un homenaje a la Belle Epoque, a la época de Agatha Christie y de Sherlock Holmes. La Inglaterra de principios de siglo me gusta muchísimo. Y en segundo lugar porque no había en la ficción cordobesa absolutamente nada de esa época. Finalmente, también por motivos prácticos: la policía de aquella época era una policía menos científica, más de patearse las calles, de hablar con los sospechosos. A mí me interesa en la novela más el aspecto psicológico, como decía Poirot, hablar con los personajes, dialogar, intentar que te digan cosas.

P. En lo que conoces, ¿te parece que la Córdoba de hoy ha cambiado mucho en lo fundamental con respecto a la Córdoba de principios de siglo que aparece en tus novelas?

R. Precisamente la novela que voy a publicar próximamente también está ambientada en Córdoba, pero en la actualidad. La Córdoba actual es distinta. En primer lugar porque la Córdoba actual es una ciudad de inmigración, de emigración de los pueblos. La Córdoba de principios de siglo es un pueblo grande de unos 45.000 habitantes y la actual tiene unos 300.000. Esos 250.000 de diferencia son debidos básicamente a la emigración que se produjo desde los pueblos, entre otros de Los Pedroches. Esa inmigración creó una Córdoba que ya no es tan caciquil, que está dividida en barrios, muchos de ellos obreros, pero que conserva sus clases sociales muy definidas por zonas, la alta sociedad en El Brillante, los barrios más humildes en las afueras y una clase media en torno a las Tendillas y el centro. Hoy, con el pelotazo urbanístico, se ha modificado la estructura de la ciudad con otro diseño determinado. En esta novela aparecen distintos personajes de diferentes barrios que me permiten realizar un análisis social de esa Córdoba. Aunque es una novela ambientada en Córdoba, los protagonistas son de Los Pedroches, emigrantes de los 70 que se instalan en la capital de la provincia. Quiero reflejar cómo cordobeses de cuatro o cinco generaciones hay muy pocos en Córdoba, la inmensa mayoría de los que tienen 40-50 años probablemente sus padres o sus abuelos nacieron en los pueblos. Intento reflejar eso.


Félix Ángel Moreno al término de la entrevista.

P. Un revólver en la maleta es una novela clásica del género, con su crimen en la primera página y su resolución en la última. Estaré esperando para matarte, aunque a mi parecer no es una obra tan redonda como la primera, tiene una estructura más compleja y más arriesgada, en realidad son dos casos que podrían ser dos novelas diferentes. ¿Te planteas estos retos estructurales como una forma de innovación, para huir de los clichés?

R. De hecho la nueva novela presenta también una estructura diferente, dividida en varias partes. Lo principal es no aburrirse como escritor, para evitar el cansancio, pero no buscando fórmulas de éxito, porque creo que ya esta todo inventado.

P. Además de novelas, has publicado también un libro de relatos localizados en diferentes pueblos de Los Pedroches. ¿Son nuestros pueblos un escenario propicio para el relato de investigación?

R. Pues sí, lo son. En realidad, utilizo personajes de Los Pedroches en todas mis novelas. La intención era crear un personaje amable y situar en la comarca diferentes historias, que no quería que fueran cruentas, sino historias sencillas, crímenes “domésticos”, los cuales, en el fondo, están motivados por los mismos sentimientos o bajas pasiones que los crímenes más grandes: el odio, la ambición, la envidia, en fin, los males del ser humano. Intenté crear unas historias más sencillas, más tranquilas. Pero, de todas formas, me quedé ahí con la espinita clavada y ahora estoy terminando una novela de Homero que se sitúa también en Los Pedroches, aunque quién sabe cuándo saldrá.

P. Precisamente esa era una de las preguntas que te quería hacer, puesto que creo recordar que Homero es originario de Pozoblanco, aunque también tiene vínculos con El Viso, si era posible que algún día lo leamos investigando un caso en Los Pedroches.

R. (Ríe) Sí, sí, sí, está investigando.

P. ¿Tendrá continuidad la inspectora Julia?

R. Ahora mismo no. La dejé ahí tranquila en su silla de ruedas dando sus paseos y me embarqué en otras historias del inspector Homero.

P. ¿Cómo crees que se ha recibido en Los Pedroches tu obra?

R. Yo creo que aquí tengo mis lectores. Creo que el Premio Solienses marcó un punto de partida porque permitió que la novela fuera conocida y crear unos lectores. Porque no nos engañemos, la novela negra, la novela policiaca, sin lectores no existe. Y no existe por varios motivos. Lo primero porque necesitas a los propios lectores para retroalimentarte, para conocer tus propios errores, porque el lector con sus opiniones a menudo te marca los pasos, te abre caminos, que luego puedes seguir o no, y es el acicate para continuar escribiendo. Y yo reconozco que mis lectores están en Los Pedroches y en buena parte se lo debo a que Solienses ha promocionado mucho el personaje.

P. ¿Cómo valoras el ambiente cultural en Los Pedroches? ¿Crees que hay interés por la literatura?

R. Hay una gran cantidad de escritores en Los Pedroches, bien nacidos aquí o bien que desarrollan aquí su labor. El ambiente en ese sentido es sano y goza de una gran salud. No creo en realidad que sea muy distinto de lo que pueda haber en otras comarcas, pero en Los Pedroches lo que ha marcado la diferencia en estos últimos tiempos ha sido el proceso de alfabetización muy grande que hemos tenido en la etapa de la transición democrática hacia adelante, que ha permitido pasar de una España rural donde solo sabían leer y escribir las fuerzas vivas, que eran los que movían el cotarro cultural de un pueblo, y en cuarenta o cincuenta años hemos pasado a que un porcentaje muy elevado de la población española rural tenga incluso estudios universitarios. Es evidente el nivel sociocultural y el avance descomunal que ha tenido España. Y Andalucía, digan lo que digan. En Los Pedroches, mi apreciación es que por el hecho de haber sido una zona más aislada ha habido un interés por parte de muchas personas que no tenían cultura por que sus hijos tuvieran lo que ellos no habían tenido. La cantidad de personas que hoy tienen cuarenta o cincuenta años que han podido estudiar gracias al sacrificio de sus padres ha sido muy grande y eso también ha elevado mucho el nivel cultural y el interés cultural de Los Pedroches.

P. ¿Conoces la obra de otros autores de Los Pedroches?

R. Procuro leer lo que puedo. Leí con mucho interés el último Premio Solienses e hice una pequeña reseña. He leído también alguna novela de Mikel Murillo, su historia de la serie Z, de zombies. Por supuesto, tenemos poetas consagrados, como Francisco Onieva o Alejandro López Andrada.

P. Ahora os voy a hacer un pequeño reproche a los escritores de Los Pedroches. Personalmente, me parece que os implicáis poco en asuntos de tipo social y cultural que afectan a la comarca. Me refiero a que no se escucha mucho vuestra voz (no me refiero expresamente a ti, sino en general) cuando hay asuntos sobre los que debatir. Vuestra opinión autorizada, avalada por una obra literaria detrás, podría ayudar a crear opinión pública.

R. En mi caso, reconozco que soy como una pequeña tortuga que me meto en el caparazón y escribo, pero pienso que yo no soy un intelectual, lo digo sin falsa modestia, sino con convicción, yo simplemente escribo unas noveluchas, nada más, y a través de ellas intento dar mi visión del mundo o juzgar y criticar cosas que no me parecen adecuadas o intentar hacer reflexionar al lector sobre cosas que me parecen oportunas, pero pienso que si opinara sobre otros temas podría acabar metiendo la pata. De hecho, es una de las cosas que me sonroja en escritores que admiro mucho por su obra literaria, pero que cuando abren la boca sobre ciertos temas piensas que más valdría que se ciñeran al aspecto literario.

P. ¿Un escritor puede no ser comprometido? ¿Puede mantenerse al margen de lo que está sucediendo?

R. No es cuestión de mantenerse al margen. No es por no meterse en problemas, sino porque personalmente pienso que mi opinión no merece más la pena que la de otra persona, porque soy un ciudadano más, con mi opinión, pero que es tan válida como la del jardinero. No creo que tenga autoridad moral para expresarla públicamente.

  • "La novela policiaca es un trabajo de relojería, hay que sembrar dudas en el lector e ir dejando pistas, y eso necesita una gran planificación."


P. Una curiosidad como lector. ¿El autor sabe desde el principio quién es el asesino o lo decide en el transcurso del proceso de escritura?

R. Depende del escritor, hay autores que empiezan y van cambiando sobre la marcha. Yo no. Yo soy más del estilo Pedro Almodóvar, que cuando empiezo la novela lo tengo todo atado y bien atado. El primer método tiene la ventaja de que quizás en el proceso de escritura una chispa de genialidad te cambia la novela para mejor, pero veo el problema de que puedes meterte en un callejón del que luego no sepas cómo salir. En mi caso no, yo lo tramo todo desde el principio y sé ya quién es el asesino.

P. Juan Bosco Castilla, que también escribe novelas de investigación policiaca, decía que él no tiene un planteamiento claro de la novela cuando empieza a escribirla, sino que va improvisando sobre la marcha. ¿Cuál es tu método de escritura?

R. En mi caso no. Lo que no significa que no haya cambios. Puede que en determinado momento elimine a algún personaje previsto o le dé más vida o modifique algún planteamiento porque vea que no es muy verosímil, eso me ocurre, pero yo tengo que tener planificada la novela, con su guión y todo diseñado.  La novela policiaca es un trabajo de relojería, hay que sembrar dudas en el lector e ir dejando pistas, y eso necesita una gran planificación.

P. Tú eres profesor de secundaria, y yo también, y por eso sé la dificultad de compaginar la actividad laboral con la creativa. ¿Cómo lo consigues?

R. Generalmente convirtiéndome en un ser noctámbulo. Escribo por la noche, cuando ya la casa está tranquila. La noche ofrece el sosiego necesario para la escritura, aunque el cansancio puede jugar en tu contra.

P. Hablemos, finalmente, de tus próximos proyectos. Pronto aparecerá tu nueva novela.

R. Acuérdate de Paula porque vas a morir, una novela ambientada en la Córdoba actual. No es una novela policíaca, es más negra, sobre una venganza. Gira en torno a una familia humilde oriunda de Pedroche que emigra a Córdoba, con la que quiero reflejar las distintas clases sociales que hay en la ciudad.

P. ¿En qué trabajas ahora?

R. Escribo más que publico. Mientras voy escribiendo una historia se me ocurre otra y, mientras mi cerebro no se seque, yo continúo escribiendo, sin preocuparme tanto de la publicación. Porque creo que me va a ocurrir como a Forrest Gump, que se pasa la vida corriendo y de pronto se para y dice “Me voy a mi casa”. Entonces creo que me llegará también un momento en que me diré, “Pues ya no tengo más ganas de escribir”. Cuando me ocurra eso, puede que tenga cuatro y cinco novelas ya metidas en el cajón. Yo escribo mientras me apetezca escribir, me resulte placentero o tenga algo que decir.

P. ¿El género teatral lo tienes olvidado, fue una experiencia puntual?

R. No. En realidad tengo tres o cuatro obras de teatro inacabadas, de la época en la que tenía menos confianza en lo que yo escribía. Es posible que retome alguna en cualquier momento.

P. ¿Y la poesía?

R. No es un género que se adapte a mi manera de trabajar. Es como más de chispazo y yo necesito una mayor planificación. Lo que sí escribo son relatos.

Y ahí lo dejamos. La tarde amenaza tormenta. Félix Ángel me invita al café y me acompaña hasta mi coche, mientras continuamos hablando de su método de escritura, del curso a punto de comenzar, de su trabajo en el Instituto Ricardo Delgado Vizacíno, de Los Pedroches, de nosotros...

Hace tiempo escribí en una entrada de Solienses que mi máxima ilusión literaria es aparecer como personaje en una novela de Félix Ángel. Allí decía que, preferentemente, como asesino, pero me conformaría también con un honor más pequeño. Estaba pensando en Javier Marías, que siempre se las ingenia para sacar a Francisco Rico como personaje, en una escena secundaria o principal, y al parecer esto le fue solicitado por el propio profesor, que figura ya en una de sus primera novelas (Todas las almas). Sería como un cameo, como un extra con línea. Yo ahí lo dejo caer, por si cuela.

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Micromachismos veraniegos



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Deficit de creatividad

El cartel anunciador de la Feria de Pozoblanco ha sido elegido este año, al igual que en otras localidades de Los Pedroches, mediante votación popular. El ganador ha resultado ser el diseño presentado por Ivan Spirov, un ciudadano búlgaro residente en Pozoblanco desde hace algunos años. El autor ha presentado una imagen en la que el elemento principal es una mujer vestida de flamenca a la que acompañan diferentes edificios emblemáticos del municipio, como la plaza de toros o la iglesia de Santa Catalina.


Cartel de las ferias de Pozoblanco y Villanueva de Córdoba de este año.

Sorprende que año tras año los carteles anunciadores de las ferias patronales de casi todos los pueblos continúen reproduciendo una y otra vez los mismos motivos: la flamenca y la torre de la iglesia. Sorprende que los artistas o aficionados que acuden a estas convocatorias sean incapaces de introducir innovaciones sustanciales en sus propuestas y arriesgar con diseños más atrevidos y vanguardistas, que dejen atrás decenios de tópicos y arquetipos, y ello sin entrar ahora a valorar la inmensa carga sexista que toda esta cartelería transmite. La repetición mimética de modelos archiconocidos resulta incompatible con una concepción artística de la propuesta y quizás los ayuntamientos deberían en algún momento dar cabida al riesgo de planteamientos novedosos que rompan con una tradición que, a mi parecer, ya ha sido explotada suficientemente en todas sus posibilidades.

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Reconstrucción de Regiones Devastadas


Cuartel de la Guardia Civil de Alcaracejos en 1953 [Foto: Revista "Reconstrucción"].

A través de un artículo de Sebastián Muriel sobre el Cuartel de la Guardia Civil de Alcaracejos he conocido la existencia de la revista Reconstrucción, editada entre 1940 y 1953 por la Dirección General de Regiones Devastadas y Reparaciones (DGRDR) del Ministerio de la Gobernación. Este organismo se creó en 1938 como Servicio Nacional de Regiones Devastadas y Reparaciones con la finalidad de dirigir e inspeccionar los proyectos de reconstrucción, tanto de viviendas, monumentos artísticos, como de infraestructuras, dañadas por la Guerra Civil en el territorio sublevado. Finalizada la contienda, en agosto de 1939 pasó a denominarse Dirección General de Regiones Devastadas y Reparaciones y sería el encargado de la reconstrucción del país, en especial de aquellas regiones y territorios que habían resultado más dañados. Un mes después, en septiembre de 1939, se decide que aquellas regiones con una destrucción superior al 75% quedaban bajo su tutela de forma espacial. En la provincia de Córdoba, dentro de esta catalogación especial solo se incluyó a Villanueva del Duque (al parecer, por mediación de los generales Carvajal, naturales de la localidad, pues el porcentaje de inmuebles destruidos en el casco urbano no llegaba a la cuota exigida).

Buscando por el siempre sorprendente mundo de internet he encontrado que la revista Reconstrucción ha sido íntegramente digitalizada, y ofrecida con acceso libre, por la Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha, que mantiene la UCLM y el Centro de Estudios de Castilla-La Mancha. A través de ella tenemos constancia directa de algunas obras que la DGRDR realizó en pueblos de Los Pedroches: la ermita de San Andrés de Alcaracejos (1946) (concebida como una construcción provisional en tanto se reconstruía el templo parroquial), el cuartel de la Guardia Civil de Alcaracejos (1953) y viviendas en Hinojosa del Duque (1953).

Según diversas fuentes que he consultado, con fondos de la DGRDR se reconstruyeron también en Villanueva del Duque el Ayuntamiento, la ermita de la Virgen de Guía, la ermita de San Gregorio y la Iglesia de San Mateo, entre otros edificios, además de la nueva planificación de calles enteras y un grupo escolar (1955). En Alcaracejos se levantaron también un grupo escolar (1943) y viviendas para maestros (1951). En Belalcázar viviendas (1940-1951), en Pozoblanco el grupo escolar "Cano Damián" (1958) y en Hinojosa del Duque el cuartel de la Guardia Civil (1943), el grupo escolar "Maestro Jurado" (1950) y una ampliación del cementerio (1944).


Construcción del colegio Cano Damián de Pozoblanco (1958).