La Virgen de la Peña de Añora entrando en la parroquia de San Sebastián al término de una procesión en agosto.
Un grupo de mujeres con iniciativa han realizado en Añora durante nueve días unas
particulares rogativas para pedir el agua que tanto necesitan nuestros agostados campos. Las súplicas iban dirigidas a la Virgen de la Peña, patrona de la localidad, por tratarse, al parecer, de "una tradición que existe en el municipio". Habiendo investigado yo algo sobre costumbres populares en Los Pedroches he de decir, sin embargo, que jamás había oído hablar de semejante tradición ni la he visto practicar en todos los años de mi vida, que no son ya pocos. Porque en Añora, independientemente de que la patrona también pudiera ser invocada circunstancialmente, el santo protector contra las sequías ha sido siempre San Martín, al que antiguamente se le conocía muy expresivamente como "San Martín el meón" por su eficacia en tales lides.
Elevar la vista a los santos en momentos de grave necesidad ante calamidades agrícolas constituye un recurso muy documentado en la historia de la religiosidad popular de nuestra comarca, hasta el punto de haberse alcanzado especializaciones devocionales para cada una de las situaciones que lo requería. Así, San Gregorio es el más socorrido en casos de plagas (particularmente de langosta) y vírgenes como la Alcantarilla o la Divina Pastora guardan en su folklore preciosas muestras de rogativas implorando el agua en tiempos de sequía (
sin olvidar a la de Piedrasantas, que conserva testimonios escritos de su eficiencia). En cuanto a las epidemias contagiosas, San Sebastián y San Roque son especialistas contra la peste y la Virgen de la Peña es fama que fue invocada a nivel comarcal en 1910 contra el "cólera morbo-asiático" y aún queda, además de la prensa de la época, alguna cancioncilla popular que así lo documenta.
Aun así, bienvenidas sean las súplicas petitorias a la virgen pequeñita, pues en momentos de grave aflicción toda ayuda es poca. Y a pesar de que hasta ahora no hayan sido atendidas las plegarias, no debemos desesperar, pues los intercesores divinos tienen sus tiempos y, aunque alarmante, la situación no resulta todavía desesperada si hemos de hacer caso a la historia. En el libro cuarto de defunciones del Archivo Parroquial de Hinojosa del Duque consta un testimonio referido a la sequía de 1849 que dice así: "
En el año 1849 no llovió desde el dos de enero hasta el veinte de marzo. Por esta falta de agua se hicieron rogativas en todos los más pueblos de España, las sementeras se quedaron agostadas, pero Dios mandó el agua con tanta abundancia y oportunidad en los meses de abril y mayo que la cosecha fue más que común, y se llamó este año del Milagro". Aún tenemos cinco días para confiar.