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Los Carvajal



Foto familiar de los Carvajal Arrieta.

La historia da vueltas, tozuda. Se resiste al olvido y enreda en un mismo ovillo a personas muy diferentes. El mismo año que los generales Carvajal (entonces todavía tenientes coroneles) eran homenajeados en su pueblo con una placa en la calle que hoy lleva su nombre, y quizás con algunos honores más, otro villaduqueño, con apenas 23 años de edad, ingresa en la Organisation Spéciale, dentro de los Francs-Tireurs et Partisans, francotiradores y partisanos, movimiento armado de lucha contra los nazis creado por el Partido Comunista Francés. La célula española de esta asociación estaba formada por cinco militantes del PCE, entre ellos Ernesto Prieto Hidalgo. Los cinco fueron fusilados por los nazis en el campo de tiro de Bêle -a unos 6 kilómetros de Nantes- el 13 de febrero de 1943. Ernesto Prieto Hidalgo está reconocido como héroe nacional en Francia por su contribución a la liberación del país. En su pueblo nadie lo conoce.

Ernesto Prieto Hidalgo nació el Villanueva del Duque el 6 de noviembre de 1918, en la calle Toledo, 7, hijo legítimo de José Prieto Leal, natural de la villa, de 39 años, de oficio minero, y de Natividad Hidalgo Lozano, natural de Santa Eufemia, de 35 años y "dedicada a las ocupaciones propias de su sexo", según consta en la inscripción del Registro Civil. El mismo año que Ernesto fue fusilado en Bêle, el teniente coronel Luis Carvajal Arrieta renovaba su cargo como Primer Jefe Instructor de la Mehal-la Jalifiana de Gomara, una unidad militar creada para dar protección al representante del Sultán (el jalifa) en el Protectorado Español de Marruecos y que había tenido una destacada participación en la Guerra Civil Española al lado de los sublevados.

Un lector de Solienses, tras la publicación del artículo "Tergiversar la historia", me envía un atento correo con diversa documentación sobre el hermano gemelo de Luis, el también general José Carvajal. Dice no querer comentar nada de ello en el blog, quizás por miedo a alguna represalia. Hace especial énfasis en la participación de José en el sitio del Alcázar de Toledo, un episodio de gran valor simbólico en los comienzos de la contienda civil que fue elevado a leyenda heroica por el régimen posterior, hasta el punto de aparecer reflejado como lección ejemplar en los libros escolares de la posguerra, junto a Guzmán el Bueno.

Al parecer, el entonces capitán José Carvajal fue la persona que cogió el teléfono de la famosa llamada al general sublevado José Moscardó, atrincherado en el Alcázar, el 23 de julio de 1936, en la que se le amenazó con matar a su hijo si no se entregaba. Carvajal era ayudante de Moscardó y relató así su visión de la escena: "Cuando cogió el teléfono, que yo le entregué, todos los presentes quedamos mudos y absortos, pues presentíamos que algo muy grande iba a ocurrir; mudez, asombro y, sobre todo, admiración en los momentos posteriores a la conversación, ya que durante ella no hubo momento de titubeo por parte del general para entregar la vida de su hijo a cambio de seguir cumpliendo con su deber para con la Patria; ni su actitud gallarda ni el timbre de su voz cambiaron a pesar del enorme sufrimiento que esta conversación le produjo, quedando todos anonadados que no nos atrevíamos a mirarle a la cara ni a pronunciar palabra". ¿Cómo imaginar que, al rendirle honores en 1941 en su localidad natal, alguien pensara en los lejanos sucesos de la guerra del Rif y no en este episodio glorioso grabado a fuego en el imaginario propagandístico de la sociedad franquista de la época? Tras su muerte en 1968, José Carvajal fue enterrado con honores en la Cripta de los Caídos del propio Alcázar de Toledo, con todo lo que ello significa.

Los Carvajal Arrieta fueron siete hermanos, tres mujeres y cuatro varones. Natividad, Amelia y Encarna no tuvieron, al parecer, relevancia pública, o no la conocemos. Arturo fue médico y alcalde entre 1928 y 1930. Y luego está Demetrio.

La primera persona a la que escuché hablar de "don Demetrio Carvajal" fue a Francisco Merino López "Reginito", un poeta autodidacta noriego de cien años de edad sobre el que escribí un reportaje en el diario Córdoba en 1989. Reginito habló de él como del oligarca poderoso en cuya mano está, ante una misma acción, el castigo arbitrario de la cárcel o la generosa magnanimidad de la limosna. Luego fueron llegando juicios menos benevolentes. Demetrio, abogado de profesión, ocupó diversos cargos en la administración y en la política. Intervino como fiscal en muchos consejos de guerra celebrados en Córdoba y siempre solicitó condenas muy duras para los procesados. Incluso para Miguel Ranchal, que había sido alcalde de Villanueva del Duque y antes había intercedido a favor del propio Demetrio. Sobre el carácter del personaje, me ha parecido especialmente descriptivo el testimonio de una mujer villaduqueña, Rosalía Blanco, que estuvo durante siete años "sirviéndole", como se decía entonces y quizás también hoy. Rosalía, que tenía siete años cuando empezó a trabajar para Demetrio, no sabía ni leer ni escribir. Y al cumplir los cien años todavía no había olvidado que ese señor para el que trabajaba le solía decir: "Los pobres para qué queréis saber". Rosalía comenzó a ir a la escuela con 85 años, tal vez como acto de reafirmación. Nunca es tarde para rebelarse contra el cacique.

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La Hinojosa del Padre Ruiz en versión digital


Hace algunos años, hablando de las Prácticas de derecho y de economía popular observadas en la villa de Añora (1916) de Antonio Porras Márquez, determiné que ese libro, junto a la Historia de Villanueva de Córdoba (1911) de Juan Ocaña Prados y La ilustre y noble villa de Hinojosa del Duque (1922) de Juan Ruiz, forman "la tríada capitolina" fundacional de la bibliografía histórica sobre Los Pedroches. "Se trata -decía entonces- de tres obras pioneras en el estudio de la historia y la cultura de nuestra comarca, escritas por tres personas que no eran historiadores (un diplomático y jurista, un secretario de ayuntamiento y un fraile carmelita), a las que el tiempo ha convertido en tres joyas de la literatura histórica cuya consulta resulta imprescindible para el estudio de cualquiera de los pueblos a los que se refieren individualmente y para toda investigación sobre la comarca en su conjunto".

Al abogar entonces por la reedición de la obra etnográfica de Porras, recordaba que las otras dos ya lo habían sido hace tiempo: la Historia de Villanueva de Córdoba en dos ocasiones (en 1982 por el Ayuntamiento jarote y en 2006 por la editorial local La Fuente Vieja) y La ilustre y noble villa de Hinojosa del Duque en 1999 (Diputación, Ayuntamiento y Cajasur). Incluso el siguiente título que, ya por su edad y concepción, podríamos sumar a esa terna para componer una tetralogía venerable de los inicios de la historiografía comarcal, la Historia de Pedroche y su comarca de Juan Ocaña Torrejón (1962), ha sido reeditado recientemente por 17Pueblos.

La noticia ahora es que La ilustre y noble villa de Hinojosa del Duque (1922) de Juan Ruiz puede consultarse ya también a través de la Biblioteca Virtual de Andalucía (pinchar aquí) en formato pdf. Ya desde hace tiempo resulta accesible asimismo la Historia de Villanueva de Córdoba de Juan Ocaña Prados (en dos partes: primera y segunda), lo que unido a la reciente digitalización del semanario El cronista del Valle nos proporciona un importante (y cómodo) fondo de consulta básica para la investigación y divulgación de la historia de Los Pedroches.
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La mina La Solana de Belalcázar



Vista aérea de la mina La Solana de Belalcázar, en la que pueden distinguirse algunas de las infraestructuras que se conservan [Foto: Hinojosa del Duque vuela].

El pasado minero de Los Pedroches es uno de los temas más abandonados en cuanto a investigación histórica y más desconocidos a nivel popular, a pesar de su importancia en la economía de la comarca en el último tercio del siglo XIX y la primera mitad del XX. Ayuda a ello la rapidez con la que está desapareciendo de nuestros campos el patrimonio arqueológico industrial relacionado con la minería, al que tantas veces nos hemos referido en Solienses, víctima de la desidia de los gobernantes y de la ignorancia de los gobernados. Castilletes, chimeneas, lavaderos, hornos y todo tipo de infraestructuras de extracción y explotación del mineral desaparecen día a día ante nuestros ojos, sin que nos quede más posibilidad de actuación que su constatación documental fotográfica para que el recuerdo de su existencia pasada no desaparezca por completo de nuestra memoria.

En esta dirección ha trabajado ampliamente el pozoalbense Antonio Mª Cabrera, probablemente el investigador que mejor conoce el catálogo del patrimonio minero de Los Pedroches que ha subsistido hasta hoy. El último número de la revista De re metallica, editada por la Sociedad Española para la Defensa del Patrimonio Geológico y Minero, publica su artículo "La mina Solana de Belalcázar: Una borrascosa operación minera escocesa en Córdoba", escrito en colaboración con R.W. Vernon. En él se da cuenta de la peripecia de tres compañías mineras escocesas que desde 1883 y hasta 1894 explotaron la mina de plomo argentífero de La Solana, en el término de Belalcázar. La primera de ellas, The Belalcázar Silver-Lead Mining Company, Limited, introdujo la tecnología del vapor con varias máquinas para bombeo, documentándose de este modo la transformación que se produce en esta época desde una minería de carácter artesanal a otra mucho más mecanizada, basada en la tecnología del vapor importada de Inglaterra. El artículo detalla el ascenso y caída de estas compañías escocesas y proporciona detalles que ayudan a interpretar adecuadamente los restos materiales de La Solana que se han preservado hasta la actualidad.
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Furtivismo arqueológico



Material lítico "recuperado" por la Asociación Cultural Turdulia de Belalcázar [Foto: Asociación Turdulia].

Últimamente estamos leyendo con demasiada frecuencia noticias sobre "hallazgos" arqueológicos en Los Pedroches (ver aquí y aquí). Sin ningún pudor se muestra en las redes sociales el producto de las "múltiples expediciones" realizadas por una asociación de aficionados a la arqueología "con el fin de continuar documentando los restos monumentales e históricos existentes" y los hallazgos "de forma fortuita" de diverso material prehistórico, a la vez que se declara sin ambages la intención de seguir "dedicándonos en cuerpo y alma a continuar recuperando y salvando del olvido más pedazos de historia de nuestros campos". Este comportamiento comienza despertar los primeros recelos y a levantar las primeras alarmas.

La legislación española sobre el patrimonio histórico regula claramente la actividad arqueológica. Tanto la Ley de Patrimonio Histórico Español (1985) como la Ley de Patrimonio Histórico de Andalucía (2007) recogen la necesidad de autorización explícita por parte de la administración para llevar a cabo cualquier actividad arqueológica, sancionándose duramente cualquier comportamiento contrario a esta disposición. Concretamente, la ley andaluza recoge en su artículo 52.1 que "será necesaria la previa autorización de la Consejería competente en materia de patrimonio histórico para la realización de todo tipo de excavaciones y prospecciones arqueológicas, terrestres o subacuáticas; el análisis de estructuras emergentes...". Por prospección arqueológica se entiende "la exploración superficial y sistemática sin remoción de tierra". En cuanto a los hallazgos casuales, el artículo 50 determina que "en ningún caso se podrá proceder sin la autorización y supervisión previa de la Consejería competente en materia de patrimonio histórico a la remoción de los restos o bienes hallados, que deberán conservarse en el lugar del hallazgo". Sin entrar en un análisis más detallado, observamos que los comportamientos aludidos en el párrafo primero de nuestra entrada pueden constituir infracciones graves a la ley que están castigadas con multa de cien mil un euros a doscientos cincuenta mil euros (artículo 114 de la LPHA). Con estas sanciones se persigue la protección del patrimonio histórico, que puede resultar dañado incluso cuando se actúa "con buena intención", puesto que cualquier intervención de aficionados a la arqueología, incluso en el caso de que entreguen los materiales "hallados" a las autoridades, está perjudicando el conocimiento histórico de los mismos, al contribuir a su descontextualización y a la alteración del registro arqueológico originario. El lugar y la forma donde se encuentra un material arqueológico resulta fundamental para su estudio y cabal comprensión, por lo que su mero desplazamiento está propiciando la pérdida de claves fundamentales para comprender plenamente su significado.

Resulta claro, además, que en este caso no puede hablarse de hallazgos "casuales" ni "fortuitos", puesto que hay intencionalidad de búsqueda. Su depósito en "dependencias municipales" no disculpa la actuación de los "furtivos", puesto que la función de la arqueología no puede ser llenar museos. Las administraciones conocedoras de estas actuaciones, por lo demás, están obligadas a frenar estos comportamientos y ordenar las medidas provisionales que estimen necesarias para evitar nuevos daños en el patrimonio arqueológico.
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Santa Rosalía frente al tiempo



Vecinas de El Viso rezando la novena de Santa Rosalía [Fotos: Esperanza Caballero].

En algunas entradas de Solienses tan solo pretendo guardar la memoria de Los Pedroches. Nada menos. Que no se olviden las cosas y que quede constancia documental de ellas. No está lejos el día en que costumbres como esta de la novena de Santa Rosalía en El Viso desaparezcan, porque los tiempos son otros y no casan con estos ritos ancestrales tan ajenos a la contemporaneidad. Pero entonces al menos quedará esta imagen que evocará el recuerdo para quienes la vivieron, en sí mismos o a través de la palabra de sus madres o abuelas. Las fotografías son de la viseña Esperanza Caballero, que ha tenido a bien compartirlas en su perfil de Facebook para que otros podamos asomarnos furtivamente a estos restos de vida rural anclados en mundos que cada día se debaten en el filo de la supervivencia y sobre los que, sin embargo, se han fundado nuestros pueblos tal como hoy son.

Según informa la web del ayuntamiento, el origen de una hornacina con un altarcito dedicado a Santa Rosalía que existe en la calle que lleva su nombre se remonta a la epidemia de cólera de 1855, que afectó gravemente a la localidad (fallecieron 320 personas y muchos fueron los contagiados en los tres meses que duró el brote). "Unos vecinos de esa calle vieron un niño que, sentado en la acera, leía un libro de santos. Se le acercaron y vieron que estaba en la hoja que hablaba de Santa Rosalía. Entonces prometieron a la Santa que si la peste no entraba en aquella calle le harían una capilla con sus propias manos. No entró allí la enfermedad y se la hicieron. A finales de agosto y principios de septiembre las mujeres de la calle le hacen todavía una novena a la Santa, sentándose frente a ella en la silla que cada una lleva de su casa".

En las afueras de la localidad se encuentra también la ermita de Santa Rosalía y San Isidro, edificada en 1968 en el mismo lugar donde hubo otra del siglo XIX, que, convertida en polvorín, había volado por los aires durante la Guerra Civil. Cada estación de Santa Rosalía en El Viso tiene su historia, su leyenda y su enseñanza.


La "rezaora" durante la novena de Santa Rosalía.
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Tergiversar la historia




Paseando este verano por las calles de Villanueva del Duque, me encontré con una sorpresa que me desconcertó. En la calle Generales Carvajal, la placa dedicada por el Ayuntamiento de la localidad en 1941 a los dos militares, que contenía símbolos y referencias contrarios a la Ley de Memoria Histórica (incluida en su día, por tanto, en nuestro particular catálogo comarcal), ha sido sustituida por un mosaico de azulejos de nueva factura en el que se recuerda, sencillamente, su nombramiento en 1922 como hijos predilectos de la villa. Ignoro en qué momento se produjo el cambio, pues nada he visto publicado sobre ello, aunque pudo ser hace ya varios años, puesto que he encontrado una foto del mosaico en un post de noviembre de 2015.

Sobre los generales Carvajal Arrieta (los hermanos Luis y José), la placa en cuestión y la calle a ellos dedicada mantuvimos cierto debate en Solienses en el verano de 2009, con motivo de la polémica suscitada en Villanueva del Duque a propósito de la propuesta del grupo municipal socialista de retirar el nombre a esta vía pública al no considerar a los así homenajeados merecedores de esta distinción: "además de por su participación en la sublevación franquista, por tomar parte en la represión posterior y solo tener el mérito de ser hermanos de un alto cargo del pueblo, el juez auditor de la represión Demetrio Carvajal". El Ayuntamiento de la localidad, sin embargo, mantuvo este nombre (aunque cambió otros) y se ha esforzado en divulgar la biografía de los dos militares destacando sus aspectos más positivos y poniendo especial énfasis en sus méritos militares durante los conflictos coloniales en África.

En un artículo titulado "La razón de la calle" (26-junio-2009) me manifesté en contra de mantener el nombre de la calle dedicada a los Generales Carvajal, puesto que, aunque el Ayuntamiento alegaba que el reconocimiento proviene de actos realizados con anterioridad a 1936 (en concreto, su comportamiento heroico en la zona de Tetuán durante la llamada guerra del Rif en 1922), no cabe duda que la graduación militar recogida en el callejero delata que la titulación de la calle se realizó durante la dictadura: "Luis ascendió [a general] en 1956 y José en 1957, por lo que, al menos su denominación actual, debe datarse con posterioridad a esa fecha. En la expresión de su graduación militar va implícito el reconocimiento de los méritos que la hicieron posible, conseguidos todos ellos durante la guerra y la dictadura".

Luego, la solicitud del PSOE local de cambiar el nombre de la calle Generales Carvajal por el de Miguel Ranchal, que fue alcalde socialista de Villanueva del Duque durante la República, -petición a la que el gobierno popular villaduqueño se negó- complicó un poco más el asunto. Abordé el tema en mi artículo "La convivencia como única razón" (10-julio-2009), señalando que al mantener una calle y negar otra el Ayuntamiento sacaba diferentes conclusiones de unos mismos argumentos en función de quién fuera el personaje: "Los espacios públicos deben ser ámbitos de convivencia, sin que puedan existir símbolos que ofendan profundamente a una parte de los ciudadanos. Incluso aunque la actuación de Ranchal se demostrara intachable, ha quedado claro que su comportamiento no resultó unánimemente aceptado y no hay necesidad de transferir ese enfrentamiento a los espacios públicos de convivencia cotidiana. Igualmente, aun aceptando que en su origen los hermanos Carvajal dieron nombre a una calle en atención a su comportamiento heroico en la campaña de África, no hay duda de que su compromiso posterior con el régimen franquista empaña sobremanera su actuación y que su figura hoy es más percibida como la de generales de una dictadura que como bisoños tenientes defendiendo con ardor las colonias africanas".

Encontrarme, sin estar avisado, con el cambio producido me desconcertó inicialmente. Por un lado, se ha retirado un símbolo de clara inspiración franquista (la placa), pero, por otro, se mantiene la denominación de la calle, que honra la memoria de dos generales que se destacaron por su actuación en el bando sublevado durante la guerra civil y luego durante la dictadura, y que solo por ello recibieron tal honor. El cambio realizado, incluso, podría interpretarse como un intento de edulcorar la imagen de los dos militares al fijar la atención solamente en su participación en las campañas africanas, obviando su implicación durante el conflicto armado de 1936. Digamos que el nuevo mosaico de azulejos solo estaría justificado si se hubiera eliminado el nombre de la calle. Mantener las dos representaciones supone, de algún modo, un falseamiento de la historia, puesto que la rotulación de la vía como "Generales Carvajal" no obedece a sus méritos en los conflictos coloniales (como expresa la placa), sino a su actuación durante la Guerra Civil y la posterior dictadura. La denominación de esa calle, por tanto, es contraria a la Ley de Memoria Histórica y debería retirarse y, solo así, estaría justificado el mantenimiento de la nueva placa. Lo contrario es engañar, tergiversar la historia. Manipular.


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Menos en educación para comenzar el curso


Manifestación de padres y alumnos ante el colegio Moreno de Pedrajas de Villanueva de Córdoba hace unos años. [Foto: Twitter].

Comienza el mes de septiembre y, con él, llega el inicio del curso escolar. Varias webs comarcales y medios provinciales se hacen eco estos días de la supresión de once unidades educativas en colegios de Los Pedroches para el próximo curso, según Orden de la Consejería de Educación publicada el pasado 23 de agosto en el BOJA.

Los recortes educativos afectan a colegios de nueve pueblos de Los Pedroches (Belalcázar, Cardeña, Conquista, Hinojosa del Duque, Pedroche, Pozoblanco, Villanueva de Córdoba, Villanueva del Duque y Villaralto), sin olvidar que otros no tocados en esta ocasión ya se vieron perjudicados en cursos anteriores (según el sindicato CSIF, en los últimos cuatro años se han perdido más de 250 unidades de los ciclos de Educación Infantil y Primaria en la provincia de Córdoba). La amenaza viene de lejos. La supresión de una unidad supone casi siempre la agrupación de varios niveles en una sola clase, lo que obliga a convivir en una misma aula a alumnos de cursos diferentes. Y, por supuesto, menos maestros. Para algunos centros, como el Moreno de Pedrajas de Villanueva de Córdoba, la eliminación anual de unidades señala su inevitable cierre, previsto ahora para dentro de dos años. El colegio de Conquista no tendrá ninguna unidad de Primaria el próximo curso.

Es la derivada más dramática de la despoblación que sufre la comarca, como ya hemos comentado en otras ocasiones. No hay suficientes niños en nuestros pueblos y estas son las consecuencias. El cierre de la escuela es el final de todo.

Ante esta situación, podemos entonar la loa de la España vacía y entregarnos a la poesía bucólica y elegíaca y así nos parecerá que hemos hecho algo, sin hacerlo. Podemos pasar por alto la actitud de nuestros políticos frente a esta deriva: los que ayer protestaban por los cierres, hoy callan, porque los decretan sus propios partidos; los que ayer callaban, hoy truenan. Podemos silenciar las voces de los padres, que reclaman con justicia un trato igualitario para sus hijos, que puedan estudiar en las mismas condiciones que los niños de la ciudad. Podemos, en fin, alarmarnos un instante y luego enseguida pasar a otro asunto, porque los tuits empujan.

Pero la realidad sigue ahí, a pesar de todo. Los síntomas son muy preocupantes y el diagnóstico no puede ser nada tranquilizador. Nos encontramos desvalidos, porque sabemos que no podemos confiar en la palabra de ciertos políticos, que ayer reclamaban lo que hoy niegan, cuando pueden ofrecerlo. Sin esperanza, vemos cada día una nueva pérdida, sin que se adviertan señales de mejora en ningún sector: hasta las ferias patronales veraniegas, último reducto de aglomeraciones en los pueblos, han entrado en quiebra este verano. Menos unidades educativas, menos maestros como fórmula para fomentar la vida en el mundo rural. Septiembre nos devuelve a una realidad que siempre estuvo ahí, aunque el espejismo festivo de los últimos meses pareciera querer esconderla. Y el curso no ha hecho más que comenzar.

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Carteles de feria como expresión del arte actual



Los carteles de feria de nuestros pueblos son un clásico en Solienses, hasta el punto de que mantenemos una sección que recoge todos los carteles de la feria de Pozoblanco durante las últimas décadas, incluyendo un histórico de 1901 y otros de los años 40 y 50 del siglo pasado. Ya hemos comentado en otras ocasiones que estos carteles son una oportunidad que tienen los artistas locales para mostrar su obra y darla a conocer de un modo masivo. Hay que decir que ni los consistorios ni los propios artistas aprovechan siempre esta oportunidad de modo adecuado y que la mayoría de las ocasiones la cartelería no contribuye sino a divulgar unas formas festivas foráneas en detrimento de las autóctonas, pero demos ya esa batalla por perdida. Estos días hemos conocido los carteles de dos de las ferias más importantes de la comarca y ambos han sido realizados por artistas locales participantes en sendos certámenes organizados por los ayuntamientos.

En Hinojosa del Duque, el diseño es obra de José Miguel Zamorano Arellano. Según el propio autor, de acuerdo con una nota distribuida por el ayuntamiento, "se trata de una obra contemporánea con cuatro elementos, tres de ellos referentes a la moda flamenca: abanico, flor y pendiente. Estos elementos están enmarcados en un marco estilo barroco con el objetivo de plasmar que la feria es algo que esperamos con ganas y que al igual que un recuerdo que enmarcamos como fotografía, la feria también es algo para enmarcar y recordar".

Por su parte, el cartel que anunciará la feria de Pozoblanco, según se ha sabido hoy, es obra de Juan José Fernández, que ha representado en su propuesta un azulejo tradicional con diversos motivos alusivos a las fiestas de la localidad: la portada del recinto ferial y la fachada del ayuntamiento, la Virgen de las Mercedes, el vino, el baile por sevillanas, los inevitables pozo y gallo, así como un recordatorio del 150 aniversario de la Banda Municipal de Música.

Siendo ambas obras elaboraciones de artistas jóvenes locales, y una vez admitida la limitación que impone el repertorio de tópicos feriales, piense el lector hasta qué punto son una y otra propuesta representativas del arte de la segunda década del siglo XXI.
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El respeto de la memoria

Hace casi 57 años, a finales de octubre o comienzos de noviembre de 1962, un niño de cinco años cayó a un pozo cuando jugaba en sus alrededores en la barriada de San Gregorio de Pozoblanco. A los gritos de los presentes alertando de lo sucedido acudió Antonio López Calero, un joven albañil que trabajaba por allí cerca y que sin dudarlo se lanzó al pozo y pudo mantener al niño fuera del agua hasta que desde el exterior subieron a ambos con unas cuerdas. El suceso quedó recogido en El Cronista del Valle (3 de noviembre de 1962, página 7).

El niño era Juan Castro Garrido, que ayer rindió homenaje a su salvador rescatando del olvido esta historia personal con motivo del fallecimiento de Antonio López. "Hoy quiero hacer publico mi eterno agradecimiento al hombre que me salvó la vida", escribió Juan Castro en su Facebook. Es una historia pequeña, perdida en las líneas de un viejo periódico y en el recuerdo de unas pocas personas, pero que conmueve. Juan Castro ha rememorado estos hechos que para nadie tenían ya significado, más que para ellos dos. Y al hacerlo, el gesto se engrandece, porque hay algo de épico en tan sencillo comportamiento, porque hay agradecimiento y respeto por una actuación que evitó lo que pudo ser y no fue, y porque 57 años después Juan no ha olvidado el comportamiento de Antonio. En tiempos de tanta amnesia y distracción reconforta esta muestra de gratitud y reconocimiento, porque ahora todos sabemos lo que no sabíamos y la conducta cívica de Antonio, cuando él ya no está, pasa a formar parte de nuestra memoria colectiva, que es la única forma posible de eternidad.

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San Bartolomé y el fuego


Salto del corcho de San Bartolomé, anoche en Pozoblanco [Fotos: Rafa Sánchez].

Hoy se celebra la fiesta de San Bartolomé, que en Los Pedroches tiene cierta significación en Pozoblanco, Hinojosa del Duque y Dos Torres. En las tres localidades existen ermitas dedicadas al santo, que en Pozoblanco fue elevada a parroquia en 1954. Aunque actualmente no figuran entre las fiestas más destacadas de estos pueblos, conservan no obstante algunos rituales de gran sabor tradicional.

En Dos Torres, antiguamente, durante la velá se celebraba una subasta con los donativos obtenidos con las mandas de los fieles, dedicándose la colecta al mantenimiento del culto y de la ermita. Hoy apenas se conserva una verbena organizada por el ayuntamiento.

En Hinojosa del Duque se celebra en mayo una romería en la ermita de San Bartolomé, situada en la zona de los Almadenes, al término de la cual la imagen del santo se traslada a la localidad. Hoy la hermandad completa el ritual devolviendo la imagen titular de nuevo hasta su ermita.

En Pozoblanco, finalmente, tuvo lugar anoche su verbena en la calle San Bartolomé, delante de la parroquia. Quizás el elemento más tradicional de la fiesta sea el ritual de la quema del corcho, que está presente también en otras celebraciones locales dedicadas a santos, como las de San Gregorio y San Isidro. La costumbre manda que los jóvenes salten el corcho cuando las llamas se encuentran en su máximo esplendor, momento que anoche fue inmortalizado con maestría por Rafa Sánchez en estas espectaculares imágenes, y aquí queda testimonio de ello.