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Las ermitas de la sierra

Huir a la sierra constituye siempre un reencuentro. Si pretendes escapar del ruido, allí está garantizado encontrar la soledad y, en medio del abandono, hallar otro modo de relación con la naturaleza, otra forma de amanecer. En la sierra, donde uno siempre se intuye extranjero, comienza a descubrirse sin embargo el espacio para sentirse cómodo y suavemente acogido desde la distancia del que se cruza en otro vehículo y te mira como con sospecha, nuestro universo y paraíso quizás en peligro, acaso pensará. Hay unos montes que imponen desde su grandiosidad, no obstante domada, y al perderte por caminos desconocidos puedes sentir la inquietud interior de la aventura cargada de expectativas, que pudieran cumplirse, tal vez no. La pendiente de los olivos, el recodo de la umbría, el arroyo cargado de sonidos en este invierno que simula primavera. Hay unos olivareros sentados en la loma, descansando antes de volver al tajo. Se adivina a lo lejos del recorrido, necesariamente lento, demorado en sus obligadas curvas, como el vivir, una esperanza de respuesta al misterio. Tras el portón de madera se abre lo que pudiera ser una promesa de futuro y me resulta familiar, como si ya hubiera estado allí antes y algo me estuviera esperando.


Ermita de Los Blancos


La sierra es el resultado de una batalla épica del hombre de Los Pedroches contra la naturaleza. Durante toda la segunda mitad del siglo XIX se llevaron a cabo en la zona más meridional de la comarca, fundamentalmente en los términos de Villanueva de Córdoba, Pozoblanco y Alcaracejos, unos esforzados trabajos de “desmontado”, consistentes en limpiar de monte las antiguas dehesas comunales que habían cambiado de mano a consecuencia de la desamortización. Esta labor fue encomendada por sus nuevos propietarios a familias de jornaleros a cambio de la cesión de su explotación por un periodo de cinco años. Tras estas tareas de limpieza, en esos terrenos se plantó masivamente el olivar, un cultivo que atenuó la tradicional insuficiencia de aceite de la zona y creó nuevas ocupaciones temporales para los jornaleros en las tareas de recolección de aceituna y mantenimiento de los árboles y el terreno. Esta nueva actividad económica propició a su vez el nacimiento y desarrollo de una nueva arquitectura vinculada a ella: cortijos, molinas y ermitas fueron apareciendo en la sierra para atender las necesidades de propietarios y jornaleros.

Vista de la sierra.

Las ermitas, capillas y oratorios de la sierra, generalmente asociadas a un cortijo, satisfacían las necesidades espirituales de propietarios y trabajadores, que acudían allí para cumplir los ritos religiosos en las fiestas de guardar, convirtiéndose al mismo tiempo en centros de socialización entre los trabajadores de las distintas cortijadas, que se mantenían aislados durante el resto del tiempo. Obviamente, también atesoraban una marcada función representativa y de prestigio, especialmente en los conjuntos de edificaciones más complejos. Casi todos ellos cayeron en desuso cuando la mecanización de los procesos de recolección y la mejora de las comunicaciones hizo que la permanencia de las cuadrillas de aceituneros en los cortijos durante largas temporadas no fuera ya necesaria.

El siempre recordado Manuel Moreno Valero, que conoció la zona en su labor como sacerdote, llega a contabilizar hasta catorce oratorios en el olivar de la sierra, de los cuales apenas se mantienen en pie unos pocos, la mayoría en estado ruinoso. Destaca por su conservación la ermita de La Canaleja, gracias a que se mantiene en uso el cortijo al que pertenece. No he conseguido aún la forma de acceder a ella, pero no pierdo la esperanza. Esta vez quería visitar otras dos ermitas serranas de las que tenía noticia pero que no conocía lo suficiente. Una de ellas ni siquiera sabía dónde estaba, lo que añadía al intento la incertidumbre del desenlace. Cogí desde Pozoblanco la siempre mitológica carretera de Villaharta y dejé mi destino en manos del azar.

Fachada de la ermita de Los Blancos, inaccesible.

Tras pasar la Loma de Buenavista y el puerto de La Chimorra y venciendo el serpenteo febril de una senda siempre llena de recuerdos, busco la pista de Los Chivatiles, donde se encuentra la ermita más conocida de la zona. Se trata de la situada en Los Blancos, cortijada fechada en 1859 que recibe el nombre de sus antiguos propietarios, la familia Blanco de Dos Torres, aunque se encuentra en término de Pozoblanco. Está plantada frente a la pista, a pocos metros del camino, como dispuesta sin demora a recibir al que llega buscando, en otros tiempos, consuelo y hoy por curiosidad. La ermita es de planta rectangular, con pequeña sacristía en un lateral y sencilla fachada en el frontal rematada por espadaña con un hueco que en tiempos de mayor gloria acogió una campana. La portada semeja la de una vivienda serrana, con dintel y jambas de granito. Sobre ella, una cornisa y una hornacina que cobijaría quizás en su día alguna imagen, quién sabe si la de San Sebastián, al que los aceituneros rendían veneración. El interior, según cuentan, está cubierto por una bóveda de cañón reforzada con arcos de medio punto sobre pilastras y el suelo enlosado con pavimento hidráulico. Quizás todo ello sirva hoy de almacén de maquinaria o caseta de aperos. No pude verlo, ni siquiera mirar por el ojo de la cerradura, como es costumbre, porque el propietario de la finca tiene su fachada aprisionada en una alambrada y un perro celoso, aunque cansado, advierte al visitante con sus ladridos de encontrarse en terreno vedado. La ermita se mantiene todavía en pie y aparenta cierta solidez desde el exterior, aunque la despoblación generalizada de las explotaciones olivareras aledañas hace temer por su futuro. 

Acueducto de La Gargantilla.

De vuelta a la carretera principal, el recorrido -entre un aluvión de olivos que suben y bajan cada ladera- marca varios hitos principales por los que no se puede pasar sin rendir homenaje: el acueducto de La Gargantilla, la cascada, el desfiladero del Guadalbarbo... Justo antes de llegar al cauce del río, un camino a la derecha conduce a mi siguiente destino. Había oído hablar de la ermita de Los Murillos, que, por esos caprichos jurisdiccionales de nuestra historia comarcal, se encuentra ya en término de Alcaracejos, formando parte del cortijo del mismo nombre. No sabía muy bien cómo llegar a ella a partir de las pocas indicaciones con las que contaba, pero una mezcla de intuición y suerte me ayudó a localizarla. A diferencia del oratorio de Los Blancos, se encuentra de espaldas al camino, refugiada entre olivos que la ocultan, como ofreciéndose en exclusiva a un pasado nostálgico de aceituneros que no llegaban por el camino, sino pendiente abajo. Entre zarzas y ruinas de las construcciones adyacentes, se levanta un pequeño edificio rectangular de una sola nave que en su día, según he leído o escuchado, estuvo cubierta por una falsa bóveda de cañón formada en realidad por aristas prolongadas bajo techumbre a dos aguas. Ahora, toda la techumbre se ha venido abajo, y en los pueblos sabemos bien lo que eso significa. La fachada conserva restos de un frontón triangular sobre pilastras que enmarcan una puerta con arco carpanel a punto de sucumbir, si es que no lo ha hecho ya cuando escribo esto. La ermita de Los Murillos conforma la estampa pura de la desolación y constituye un retrato ejemplar de cómo la cultura aceitunera, que tanta importancia tuvo en el folklore y las costumbres de Los Pedroches durante todo el siglo XX, se encuentra en peligro extremo de desaparición y olvido.

Ermita de Los Murillos.

La noche en la sierra siempre llega antes de tiempo. Los barrancos de las lomas se convierten en abismos y los olivos en fantasmas. Hay que huir o refugiarse. Tras pasar Villaharta, aún me queda tiempo de acercarme al monasterio de Pedrique para rendir pleitesía a San Onofre y al espíritu de Aurelio Teno. Desde el camino que lo bordea, encuentro nuevas perspectivas del conjunto de edificios que tan buenos recuerdos me trae. Me invade la tristeza por su futuro, y también por su presente. De vuelta a Los Pedroches ya por la carretera nacional, vengo pensando en tantas emociones, en ese mundo de esfuerzos y sacrificio que representó la recolección de la aceituna en otros tiempos de los que aún guardamos memoria. Sé que la ermita de Los Murillos no resistirá ya muchas tormentas en aquel desamparo raso y me gustaría que, como acto final de rebeldía, desafiara a su destino y aguantara en pie hasta que se publicara mi libro sobre patrimonio perdido de Los Pedroches. Porque así, si nunca se publica, tendría ese último consuelo de tenacidad y obstinación, que tan bien cuadra a la memoria aceitunera. 

Portada de la ermita de Los Murillos, a punto del derrumbe.
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No sigamos engañándonos

Interior de una de las naves de la macrogranja de Alcaracejos durante su construcción [Fotos: Pabegom].

En medio de un gran silencio por parte de los agentes políticos, económicos, institucionales, empresariales y de comunicación, ayer conocimos que se está construyendo en el término de Alcaracejos una macrogranja dedicada a la cría intensiva de ganado porcino. No creo que puedan permanecer callados por mucho tiempo. "Una macrogranja en la cuna del ibérico de bellota. Creo que va a correr la pólvora", me dijo ayer alguien que se interesó por el tema. Y ya ha empezado a correr, aunque algunos se entretengan todavía lamiendo las botas del político de la capital que llega a tirarle al suelo unas migajas pordioseras.


El periódico digital Cordópolis se hace eco esta mañana en portada de la noticia y desvela la empresa promotora de la macrogranja. Se trata de UBE Crianza Ibérica, que tiene su sede en el Polígono Palomares de Añora, cuyo propietario es a la vez el gerente de Belloterra, "una de las empresas más importantes de la Denominación de Origen Los Pedroches", según subraya el digital.


La construcción de una macrogranja de porcino en Los Pedroches (quien quiera seguir tapándose los ojos diciendo que no existen o enredándose en disquisiciones terminológicas, allá él) nos parece una puñalada bestial al prestigio de una marca que comenzaba a convertirse en señera en su sector. Para qué vamos a decirlo de otro modo, aunque nos duela. Si no es así, si estamos equivocados en nuestra percepción, si tal actuación comporta beneficios para Los Pedroches, alguien debería salir a explicarlo, ofrecernos el consuelo de alguna contrapartida esperanzadora. Iniciativas como esta, y las que puedan venir (todas legales, nadie lo discute), implican, a mi parecer de simple ciudadano que quiere informarse de lo que pasa, un descrédito enorme para todo el territorio, que hasta ahora podía presumir de sus cerdos campando alegremente por la dehesa en una estampa promocional que no necesitaba de mayor comentario y que nadie discutía. Continuarán haciéndolo, dirán algunos, y sé que es así, pero no quiero obviar que tal afirmación encierra mucho de autoengaño. Porque a partir de ahora las imágenes que se difundan de Los Pedroches puede que sean otras muy diferentes.


Las dimensiones de las obras de explanación impresionan en esta imagen aérea publicada por la empresa constructora.
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Alcaracejos acogerá la séptima macrogranja de porcino en la provincia de Córdoba

Tendrá una capacidad para 1.500 cerdas ibéricas y hasta 6.000 lechones. 


Obras de explanación del terreno para la futura macrogranja en Alcaracejos [Foto: Google].

En la provincia de Córdoba existen seis macrogranjas de cerdos, según los datos que Cordópolis ha extraído del mapa de macrogranjas de porcino en España elaborado por elDiario.es y Datadista. Estas fuentes han localizado más de 3.000 explotaciones de este tipo en toda España. Según el citado informe, macrogranjas son explotaciones porcinas con más de 2.000 plazas para cerdos de engorde de más de 30 kilos o explotaciones con más de 750 madres reproductoras con sus lechones, que son las que tienen la obligación legal de estar dadas de alta en el Registro Estatal de Emisiones y Fuentes Contaminantes. En la provincia de Córdoba se encuentran en Santaella, Montemayor, Puente Genil, Cabra, Almodóvar del Río y La Granjuela, siendo esta última la única que se localiza en el norte provincial.


A estas seis se va a unir próximamente una nueva instalación que en la actualidad se está construyendo en el término municipal de Alcaracejos, a unos tres kilómetros en línea recta de la localidad, con acceso desde la carretera A-423 que une Pozoblanco y Alcaracejos. Según la Memoria del Proyecto, a la que ha tenido acceso Solienses, se trata de "una explotación porcina intensiva que se clasifica por su orientación zootécnica como de producción de lechones, donde nacen y crían hasta su recría de los lechones para su cebo posterior en explotaciones autorizadas. Se solicita una capacidad de 1.500 hembras reproductoras ibéricas y su descendencia hasta el recrío. Y se clasifica según su capacidad productiva en el grupo tercero, con las siguientes capacidades productivas: 1.500 cerdas con lechones hasta 20 kg., 6.000 plazas de lechones de 6 a 20 kg. y 450 plazas de recría de primalas y 6 verracos".


Las instalaciones para esta explotación de porcino intensivo se construirán en un terreno con una superficie de 86.744 m2 y constarán de cinco naves de forma rectangular: una para recría, de 40 por 15 metros; otra para gestación, de 125 por 26 metros; otra para parto y destete, de 111 por 36 metros; una cuarta para primalas, de 40 por 10 metros; y una nave logística (vestuario, oficina, almacén), de15 por 25 metros.


El proyecto recibió con fecha 20-5-2020 un pronunciamiento favorable de la Delegación Territorial de Córdoba de la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible en relación con la evaluación de impacto ambiental en su solicitud de Autorización Ambiental Integrada. El Ayuntamiento de Alcaracejos, por su parte, en pleno celebrado el 1 de abril de 2019, estimó la concurrencia de interés social del proyecto.


Estado actual de las obras, vistas desde el camino.

Según la Resolución por la que se otorga la Autorización Ambiental Integrada a este proyecto de explotación intensiva de porcino, la actividad no precisa, de acuerdo con la legislación de aguas, autorización de vertido al dominio público hidráulico de cuencas gestionadas por la Administración General del Estado, ni es precisa la emisión de informe preceptivo y vinculante por parte del organismo de cuenca competente que determine las características del vertido y las medidas correctoras a adoptar a fin de preservar el buen estado ecológico de las aguas. Ello a pesar de que el cauce del río Guadarramilla, que desemboca en el Guadamatilla en el embalse de La Colada, transcurre aproximadamente a unos dos kilómetros de la instalación que se está construyendo. Mucho más cerca (en realidad, bordeando la finca) se encuentra el arroyo del Cahozo, que desemboca en el Guadarramilla.


El proceso de gestión de purines, uno de los más delicados en el aspecto medioambiental, se realizará en esta explotación de la siguiente manera: los purines se almacenarán en unas fosas de hormigón durante los meses que dure la estancia de los animales, tras la cual se vierten en una balsa, donde se acumularán durante 90 días. En este tiempo se considera que se producirá la actuación de la flora microbiana tanto a nivel aeróbico como anaeróbico para obtener la digestión de los materiales orgánicos. Finalmente, los purines almacenados en las balsas se esparcirán en explotaciones agrícolas.

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Ángela Conde se siente rara

La actriz Ángela Conde, en una foto tomada de su Facebook.

Ángela Conde es una actriz que poco a poco comienza a hacerse un nombre en la escena teatral madrileña. Procedente por parte de familia materna de Hinojosa del Duque (allí la conocí, en aquel encuentro inolvidable al que nos convocó el Ayuntamiento), se formó en la Escuela Superior de Arte Dramático de Sevilla y posteriormente en Madrid en el Nuevo instituto del cine. Luego continuó perfeccionándose como improvisadora y narradora oral, como dramaturga, profesora de teatro y actriz.


Es cofundadora de las compañías Doctores de la Impro y Bicharracos Teatro. En televisión ha trabajado en Ciega a citas y Estamos okup2. Pero su lanzamiento le llegó de la mano de la también actriz Paloma Jiménez, con la que formó en 2015 el dúo cómico Las Raras. Juntas pusieron en pie en los teatros Infanta Isabel y Alfil de Madrid el espectáculo "Estoy rara", en el que se habla de feminismo, diversidad sexual o ecologismo desde el humor y la ironía. El montaje surgió a partir de un vídeo que se hizo viral en redes y que recoge el primer sketch de la obra luego llevada a las tablas.


 

Ahora, el próximo viernes 14 de enero estrenarán en el teatro Alfil de Madrid la continuación de su anterior obra, que llevará por título EmpodeRaras. En ella, Ángela Conde y Paloma Jiménez (Las Raras) vuelven a la carga con un espectáculo lleno de crítica social y reflexiones sobre la culpa, el miedo a la soledad y la dependencia emocional, sin perder la frescura y el humor que las caracterizan. Esperamos poder verlas pronto también aquí por nuestra tierra.


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El Auto de los Reyes Magos, pasado y presente

Bartolomé Díaz en una secuencia del documental. 


En este mundo tan vertiginoso de la información digital, necesitado continuamente de eventos que signifiquen novedad, se corre el riesgo de que queden en el olvido grandes trabajos que, por una razón u otra, apenas han adquirido en su momento la relevancia que merecen. Me ha extrañado la poca repercusión que ha tenido en el universo digital de la comarca el estreno anteayer del documental "Historia de los Reyes Magos, pasado y presente", realizado por La Fábrica Audiovisual con el apoyo del Ayuntamiento de El Viso. Se trata de un magnífico reportaje de algo más de hora y media sobre la historia del Auto Sacramental de los Reyes Magos de El Viso, que este año ha debido aplazarse por culpa de la pandemia (la anterior representación fue en 2018).

Obviamente, el documental tiene un interés preferentemente local, pero gustará también a cualquier persona atraída por nuestras tradiciones comarcales y por el teatro popular en particular. Ha sido realizado con mimo y mano firme por Miguel Ángel Moyano y Marina García y recoge el testimonio de muchas personas de El Viso que con su trabajo y dedicación han hecho posible la puesta en pie durante las últimas décadas de esta celebración declarada Fiesta de Interés Turístico de Andalucía. Actores, directores, realizadores de decorados y vestuarios, coreógrafas, músicos, danzantes... aportan su visión particular de lo que ha significado para cada uno de ellos colaborar en esta seña fundamental de la identidad viseña y, a través de sus emocionadas palabras, confeccionan un grandioso mosaico sentimental de lo que significa para El Viso esta tradición tan arraigada en la vida de cada uno de ellos en particular y de la comunidad local en general.

Participar en alguna edición del Auto de los Reyes implica para casi todos los entrevistados una de las experiencias más bonitas e inolvidables de su vida. En primera persona escuchamos cómo el Auto está íntimamente ligado a la personalidad viseña y llega a contemplarse como un rito fundamental en el ciclo vital de todos ellos. Emociona observar la complicidad de todos con una obra de carácter grupal, donde cada individualidad contribuye a la grandeza del conjunto, y cómo cada uno aporta su esfuerzo para colaborar en su medida al mantenimiento de una tradición que solo es posible con la implicación de todo el pueblo. De las palabras de todos ellos se desprende también el respeto institucional que profesan a la figura del director desde 1990, José Rafael López, cuya autoridad indiscutida en materia del Auto de los Reyes confiere a esta manifestación tradicional y artística una insólita garantía de solidez y permanencia.

El documental repasa la historia del Auto, sus posibles orígenes, se detiene en cómo se produjo la configuración actual de la representación, muy diferente a como era en sus principios. Analiza la importancia que tuvieron las retransmisiones televisivas de 1982 y 1986, el relieve que ha ido adquiriendo la rondalla y coral, la forma en que se selecciona a los actores para cada papel, el hecho significativo de que padres, hijos y nietos hayan encarnado a los mismos personajes durante generaciones. Llama poderosamente la atención que la mayoría de ellos continúa sabiéndose el texto de su personaje aunque hayan pasado años desde que lo representaron. En este sentido resulta estremecedora la interpretación desde el patio de su casa de Bartolomé Díaz, de 87 años, que fue rey Herodes en 1978 y 1986, y es capaz todavía de reproducir el monólogo completo de su personaje con una fuerza y contundencia que sobrecoge (a partir 1:06:24). Constituye una secuencia grandiosa que resume por sí sola lo que significa el Auto de los Reyes Magos para los habitantes de El Viso. 

[Pinchar aquí para ver el documental en Facebook].


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¿Qué quieren los ganaderos de Los Pedroches?

Un grupo de novillas en la dehesa.

Otra vez retorciendo la noticia para que diga otra cosa de lo que dice. El ministro Garzón se manifiesta en contra de las macro-granjas y algunos, en su delirio, llegan a ver en ello un ataque intencionado a la economía de Los Pedroches, en lo que parece el surgimiento de un cateto nacionalismo comarcal que se alimenta de supuestos agravios y de ofensas imaginarias.


Observo que, últimamente, ciertas voces interesadas se están adueñando de la opinión de los ganaderos y hablando por ellos. Pero, ¿qué dicen realmente los ganaderos de Los Pedroches? ¿Por qué no se escucha su voz en primera persona? ¿Se sienten representados por opiniones sesgadas que fomentan el bulo y la mentira? Yo creo que no, que en el colectivo agrícola y ganadero de Los Pedroches ha de existir la misma diversidad que en cualquier otro, pero leyendo lo que se lee, parecería que aquí todos son terratenientes procedentes de un pasado de lujo y esplendor que añoran tiempos en los que las riquezas se les caían de las manos. 


Y no. La historia económica de Los Pedroches en el siglo XX, por poner un límite, es una historia de miseria, tanto cuando la minería era su principal activo como cuando pasó a depender de la producción ganadera. Todos sabemos, porque lo hemos vivido en nuestras carnes, que "antes" no todo era riqueza y bienestar, sino que vivíamos entre el barro de los barbechos y el estiercol de los cerraeros, levantándonos de madrugada para ordeñar cuando todavía los carámbanos colgaban de los tejados, y eso no era bonito, sino miseria. Hay quienes anhelan volver a ese pasado de indigencia y sordidez, el de no tener un minuto libre al día, el del ciclo vital inacabable de las estaciones con sus trabajos inagotables pagados con mezquindad. Un pasado de escarcha en la sierra cogiendo aceitunas tirado en el suelo o de dedos ensangrentados recolectando algodón en cualquier sitio. Un pasado de hambre y escasez, de prepotencia del que se creía acaudalado, de opresión irrespirable desde el cuartelillo y el púlpito. La vida de antes solo era bonita para quien no la ha vivido. Si amamos a Los Pedroches debemos aspirar a un mundo mejor que el pasado. Buscando caminos nuevos que nos conduzcan a futuros esperanzadores de verdadero progreso y bienestar para todos, no a rincones nostálgicos de penuria para la mayoría y desahogo para tan solo unos pocos.

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A la sombra de una encina

El segundo libro de los aparecidos al finalizar el año es una colección de pequeñas historias que Alfonso Cantador Alias (Villanueva de Córdoba, 1962) firma bajo el título de Relatos y otros cuentos a la sombra de una encina, publicado por la editorial jarota La Fuente Vieja. Se trata de una recopilación de 21 relatos que suceden a lo largo de toda la comarca de Los Pedroches y que retratan momentos de la vida e infancia del autor, junto con otros contados por personajes cercanos y familiares. El grueso de ellos se sitúa en el cortijo de Gaitán, ubicado a siete kilómetros de Pozoblanco, al que se accedía junto a la carretera que une los dos municipios por la antigua Venta del Escándalo, donde nacen la mayoría de las narraciones. Pero también aparecen otros ubicados en Villanueva de Córdoba, Hinojosa del Duque (pueblo natal de Inés de Fuentes, primera matrona oficial jarota en el siglo XVIII), Pedroche, Dos Torres o El Viso. Otros cuentos, a modo de fábula, se pueden situar, dependiendo de la imaginación de cada lector, en cualquiera del resto de los pueblos que componen Los Pedroches. A todas las historias que incluyen personajes reales el autor les ha impregnado cierto toque de humor o de misterio. 


Cada relato está ilustrado por el pintor y acuarelista local Bernardo Ríos, que aporta con su pincel una visión personal a cada narración.


Alfonso Cantador es docente de profesión y ha publicado varias novelas con las que ha obtenido algunos premios. Entre ellas cabe citar Raimundo de Bentomiz (2016), El olivar de Fornitura (2017) o Carta a Polión (2019). Por su parte, merece destacarse que durante el año 2021 la editorial jarota La Fuente Vieja ha publicado tres obras de autores comarcales: se trata, además de la obra citada, del poemario Hormigas rojas de Araceli Fernández León y el libro de relatos Cuentos bastardos de Félix Ángel Moreno Ruiz.

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Memoria de la Casa de Los Pedroches en Córdoba

En los últimos días del año 2021 se han publicado dos libros de gran interés para Los Pedroches. Por un lado, la Casa del Valle de Los Pedroches en Córdoba ha sacado a la luz un trabajo que venía fraguando desde hace tiempo con el título Memoria de la Casa de Los Pedroches (1974-2021). Se trata de un repaso a la historia de esta asociación que nació en Córdoba en 1974 con el objetivo de "crear un hogar social en el que puedan cultivarse la amistad y el conocimiento de los naturales de nuestro Valle, residentes en Córdoba, así como simpatizantes con dicha comarca, para mantener vivo con estas reuniones el amor y tradiciones de nuestra tierra". Entre los fines de la asociación también figura "colaborar con aquellos habitantes del Valle que se desplazan a la capital en solución de distintos asuntos", porque en los años 70 desplazarse a Córdoba desde Los Pedroches constituía toda una aventura que no todos eran capaces de afrontar por sí solos. El primer presidente de la Casa fue Joaquín Blasco Tirado, de Pedroche. En el momento de su fundación contaba con 142 socios

El libro se compone de nueve capítulos que han sido coordinados por Sebastián Muriel: "De paseo por nuestra historia", a cargo del actual presidente de la asociación, Juan Emilio García; "La Casa de Los Pedroches en la Feria de Córdoba", por Francisco Antonio Carrasco; "Encuentros en la Diputación", por Pedro F. Rico; "Excursiones, viajes y visitas", por Sebastián Muriel; "Días de convivencia", por Juan Emilio García; "Asambleas generales y Navidad", por Manuel Fernández; "Otras actividades", por Sebastián Muriel; "Nuestra gente colabora", a cargo de varios autores; y "Curiosidades", recopiladas por Petra López, Ana Mª López y María López. El libro cuenta con una abundante selección fotográfica que ha sido coordinada por Agustín Merino. A lo largo del libro aparece muchas veces el nombre de Solienses y el mío propio, dada la colaboración que hemos mantenido con la Casa (especialmente en sus Encuentros en la Diputación) durante los últimos años.

La presentación del libro, junto con los de otras Casas  regionales que se han editado, se realizará el viernes 14 de enero a las 19:00 horas en la Diputación de Córdoba. Posteriormente se organizará otra presentación en Los Pedroches.
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Alcaracejos se entrega a la Navidad

Una fotografía muestra el proceso de confección del rincón "Frozen" de la calle San Isidro. [Fotos: Solienses].

Ahora que buscamos los espacios al aire libre frente a los cerrados, una opción de ocio para estas noches vacacionales que nos quedan podría ser la de visitar Alcaracejos, que ha puesto en marcha un año más su iniciativa "La calle más navideña". La propuesta consiste en decorar la calle con motivos alusivos a la Navidad, como modo de reforzar los lazos entre vecinos, crear identidad grupal y convertir al pueblo en punto de interés turístico para las restantes localidades de la comarca. Estamos ante el nacimiento de una tradición al que en esta ocasión se han sumado quince calles, lo que permite pasear por casi todo el pueblo contemplando unas producciones que, aunque con diferente grado de creatividad y elaboración, contagian de algún modo el entusiasmo con el que los mojinos se han entregado a la tarea. 


El pasado jueves se conocieron los diseños ganadores, resultando galardonada la Plaza de Los Pedroches con su propuesta "Los mojinos vamos a Belén", un gran nacimiento elaborado artesanalmente con materiales reciclables, y la calle San Isidro en el apartado de "Rincones" con su recreación de la película Frozen. También fueron premiadas las calles Antonio Caballero, Virgen de Guía y Antonio López, a las que sus vecinos han convertido en un bosque mágico repleto de seres maravillosos que lo habitan. Pasear por estas calles, desde la Cumbre y sus árboles navideños de croché al jardín de los juguetes de la calle Velázquez, donde el Grinch acecha escondido en cualquier lugar, es una entrega del paseante a la imaginación de unos vecinos que han querido aferrarse a esta iniciativa para convertir su pueblo en un cuento de Navidad que, como todos ellos, está lleno de nostalgia, esperanza y buenos deseos.


El jardín de los juguetes de la calle Velázquez.

Frozen, el reino de hielo, rincón de la calle San Isidro.

El bosque mágico comienza en la calle Antonio López.

Recreación de una pescadería en el Belén de la Plaza de Los Pedroches.

Mujeres ataviadas con trajes tradicionales en la calle San Sebastián.

Por todas partes se encuentran detalles navideños confeccionados con materiales reciclables.
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La historia de Antonio Antón aún no ha terminado

Antonio Antón Garrido, en Melilla el 28 de septiembre de 1921, un día antes de su muerte [Fotos por cortesía de David Hidalgo Paniagua].

El día que lo iban a matar Antonio Antón Garrido pensó en su paseo en motocicleta de la tarde anterior. Mientras se preparaba para llevar víveres a una remota aldea africana pérdida entre montañas, de la que nunca había escuchado hablar, recordó su viaje en barco desde la península apenas dos días antes, revivió las charlas a bordo con sus compañeros, unos chiquillos veinteañeros como él, y le vino a la mente Hinojosa del Duque, los paseos con su amigo Manuel hasta la ermita del Cristo, el olor a membrillo de aquel septiembre. El día que lo iban a matar Antonio madrugó y pensó en sus padres, en sus hermanos Manuel, Ramón y Ángela, en lo confortable de la vida familiar y quizás no pudo comprender del todo qué hacía él allí, por qué, para qué. Todos sus pensamientos de aquel día se encierran ya para siempre en una tumba del cementerio de la Purísima Concepción de Melilla.


Antonio Antón (primero por la derecha) ante el barco que le llevaría a Melilla, el 27 de septiembre de 1921, dos días antes de su muerte.

Hay historias que no terminan con el punto final, sino que precisamente comienzan en ese momento. Hace algunas semanas, tras nuestra visita a Hinojosa del Duque invitados por su Ayuntamiento, escribí un artículo sobre el mosaico que sobrevive en la calle Corredera dedicado a la memoria de Antonio Antón Garrido, que murió en 1921 (hace cien años) durante el asalto de Tizza en la guerra de África con apenas 22 años. La existencia de ese mosaico individual, frente a otro colectivo que se hizo con el nombre de todos los demás hinojoseños caídos en aquella contienda, nos señalaba que Antonio debía pertenecer a una familia pudiente de la localidad, lo que quedó certificado cuando supimos que tenía tumba propia en el cementerio de Melilla y, sobre todo, que sus padres, Manuel Antón Blasco y Elena Garrido Loustalet, fueron reputados banqueros en la Hinojosa de la época, y lo de reputados es pleonasmo. Todo ello nos hizo llegar a la conclusión de que eso del poder igualatorio de la muerte debe referirse solo al otro mundo, pero no a este.


Pronto Satur me hizo caer en la cuenta de que algunos de los nombres que aparecían en aquel relato fueron personajes más o menos relevantes de la historia local. Por ejemplo, José Barbero Carrasco, que escribió la noticia de la muerte del joven soldado en El día de Córdoba, fue el fundador de la agrupación local del PSOE en Hinojosa y alcalde en más de una ocasión durante la II República. También me informó Satur de que Cándido López Castillejos, el capitán de infantería que desde Melilla y a través de telegramas se adhería al acto de inauguración de las dos placas conmemorativas, era igualmente natural de Hinojosa (donde nació en 1892) y terminó siendo presidente de la Izquierda Republicana de aquella ciudad africana. En su ficha consta que ejerció como abogado y profesor de árabe y del idioma rifeño chelja. Luego, fue fusilado en agosto de 1936 por los sublevados en el Fuerte de Rostrogordo de Melilla, sin el consuelo de ningún telegrama de adhesión ni placa memorial. Otro hijo ilustre de la localidad que yace en el olvido.


Antonio Antón (primero por la izquierda) con su amigo Antonio Muñoz en 1920.

Precisamente en la crónica de aquel acto de inauguración de las placas conmemorativas a los hinojoseños caídos en África se cita al también abogado Manuel Antón Garrido, hermano de Antonio, quien "en nombre de su familia, agradeció el homenaje con palabras llenas de patriotismo". Manuel Antón sería luego el fundador del periódico "Hinojosa", que se publicó en los primeros años 30 del siglo pasado. Poco más sabemos de él, salvo que en el Centro Documental de la Memoria Histórica en Salamanca se conserva un expediente de correspondencia con Luis Ramírez González, vicesecretario de la agrupación socialista de Hinojosa del Duque en 1936, informando sobre las ideas contra la república de Manuel Antón, y otros deberán seguir el hilo de esa historia de delaciones tan tremenda como tantas.


Todo hubiera terminado aquí si no fuera porque hace unos días me escribió David Hidalgo Paniagua, que se presentaba como periodista de Canal Sur (luego he sabido que también es autor de varios libros y coleccionista de fotografía antigua). Por uno de esos caprichosos designios del azar, paseando quizás sin ningún interés concreto entre los puestos de anticuario del Rastro madrileño, David tuvo la fortuna de encontrar por casualidad "una caja de fotos que pertenecían en su totalidad a Manuel Antón Garrido". Fue el 5 de diciembre, apenas cuatro días antes de mi artículo sobre la placa de Antonio. David desconocía inicialmente quienes eran los que aparecían en las fotos, pero un rastreo en internet le trajo hasta mí, aunque fuera persiguiendo a otra persona. El afortunado buscador de antigüedades me informó de la existencia de algunas fotografías de Antonio Antón tomadas los días anteriores a su muerte y quién podría resistirse a este reclamo. Con una generosidad poco habitual en estos casos, David me ha enviado esas imágenes junto con otras de las muchas que componen el lote de Manuel. Son fotos entrañablemente familiares que, sin embargo, documentan una época y sacan a la luz la historia de varios personajes significativos de la Hinojosa de comienzos del siglo XX: el propio Antonio, sus hermanos Manuel y Ramón, sus padres Manuel y Elena y otros pendientes de identificar. Ahí hay una historia que contar y será más fácil entenderla con estas fotografías. Le sugerí a David que el sitio adecuado para conservar esa colección que él tuvo la fortuna de encontrar sería el Museo Etnológico de Hinojosa, que precisamente tiene una sección dedicada a la fotografía, o el archivo municipal, y él estuvo de acuerdo y se mostró dispuesto a negociar sin especial interés económico.


Antonio Antón durante el viaje en barco a Melilla, el 27 de septiembre de 1921, dos días antes de su muerte.

Esta anécdota no cierra la historia, sino que abre un nuevo capítulo, el del respeto a la memoria de los paisanos muertos en tantas guerras. Antonio Antón, como todos los caídos en África, no es un héroe, sino una víctima, como lo son todos los jóvenes veinteañeros que mueren en conflictos tan lejanos. Recuperar su memoria (sí, la suya, porque es de la que han quedado rastros) es un homenaje a todos los demás que murieron en el anonimato de aquellas tierras yermas en las laderas del monte Gurugú. Antonio Antón perteneció a una familia pudiente que le permitió hacerse fotografías antes de su muerte y costear una tumba particular después. Su vida no fue como la de los demás que le acompañaron y corrieron el mismo destino. Pero su muerte sí. Observando estas fotografías, que algún destino caprichoso ha tenido a bien conservar, vemos ahora parte de nuestra historia, de la historia de España, pero también de Los Pedroches, que debieron sufrir una gran sangría entre su juventud en aquella época, como testifican las placas de homenaje en algunos pueblos, los monolitos de otros y las referencias documentales en tantas actas municipales. La mañana que lo iban a matar Antonio Antón pensó que comenzaba una etapa fascinante y aventurera de su vida, porque había llegado a África hacía tan solo dos días. Tenía 22 años. No podemos consentir que allí acabara todo.


Manuel y Ramón Antón, hermanos de Antonio, en 1914.