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Entre águilas

Manuel Camacho, ayer en Dos Torres [Fotos: Solienses].


Lo más reseñable de la jornada de ayer en la Muestra de Cine Rural de Dos Torres fue su propia realización. En estos tiempos de pandemia y confinamiento, constituye un respiro para el alma la permanencia de algunas actividades culturales que rompan el páramo yermo de alimento espiritual en que parece haberse convertido nuestra existencia en los últimos tiempos. Con las medidas básicas de prevención sanitaria (toma de temperaturas, hidroalcohol, distancia social, mascarillas), un puñado de atrevidos nos reunimos en el Centro Cultural DT para apoyar estas iniciativas en tiempos de tanta incertidumbre y comprobar que la seguridad en los recintos de la cultura es mucho mayor que en los bares del entorno, donde a esa misma hora grupos de personas sin mascarilla gritaban a pleno pulmón los avatares del partido de fútbol de turno, mientras bebían de sus vasos agolpados en la barra.


Lo segundo que más destacaría fue la presencia del actor jarote Manuel Camacho en la película que se presentaba: Hermanos del viento (2015), dirigida por Gerardo Olivares y Otmar Penker (el debate sobre si esto es cine rural o no lo dejaremos para otro día). El filme resultó ser un documental de naturaleza con una historia humana insertada con calzador. En la pantalla pueden verse espectaculares imágenes de paisajes impresionantes y sobrecogen las sorprendentes tomas de la actividad animal, particularmente de la vida de las águilas y su majestuoso vuelo por los valles nevados, pero el relato del niño traumatizado carece de la suficiente fuerza dramática como para despertar interés en el espectador. Aun así, la presencia de Manuel Camacho no pasa desapercibida y, a pesar del mínimo guión y la ausencia casi absoluta de diálogos, el joven jarote logra expresar una gama de sentimientos que le auguran un mejor futuro en el mundo de la interpretación.


Gerardo Olivares, durante el coloquio de ayer en Dos Torres.


Tras la proyección de la película tuvo lugar un coloquio, moderado por el periodista Manuel Bellido, con la presencia del director Gerardo Olivares y el propio Manuel Camacho. Ambos recordaron su primer encuentro en la película Entrelobos (2010) y relataron muchas anécdotas en torno a los rodajes de ambas cintas, que tienen el nexo común de su ambientación en plena naturaleza (una en la sierra de Cardeña, otra en los Alpes). Olivares desentrañó algunas peripecias del rodaje en paisajes agrestes y de las imposiciones de trabajar con animales ("Hermanos del viento se rodó en 17 águilas", afirmó). Manuel, por su parte, habló de su presente y su futuro. En la actualidad ha abandonado temporalmente la actividad interpretativa y dedica el tiempo a su formación: se encuentra estudiando interpretación en la escuela de Cristina Rota en Madrid y también estudia Bellas Artes. Manifestó su gusto por la videocreación, la fotografía y la pintura, aunque confesó que se ve preferentemente trabajando en el mundo de la interpretación. También ha perfeccionado su inglés en Estados Unidos y, según Olivares, es un virtuoso del violonchelo. Con todas estas bases, será más fácil emprender un futuro prometedor. 


Los tres participantes en el coloquio.
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A propósito de epidemias: un soneto de Tomás Murillo

Representación de la mandrágora macho y hembra en una obra de Tomás Murillo.


Tomás Murillo Velarde y Jurado nació en Belalcázar en el seno de una familia ilustre. Estudió medicina en la Universidad de Alcalá de Henares y fue catedrático de Vísperas en la de Granada. Felipe IV lo envió a Andalucía para curar la peste en 1650 y un año después estaba en Córdoba, donde tomó parte en las conclusiones de Medicina que hubo en la parroquia de San Pedro. Vino de Martos, de donde era titular, según cuenta Ramírez de Arellano. Estuvo muchos años de médico en los presidios de Orán (hoy perteneciente a Argelia, pero entonces bajo ocupación española) y en las galeras españolas, por cuyos servicios fue recompensado con la plaza de médico de familia y más tarde con la de la cámara real. También lo fue del regimiento de la Guardia y del Hospital General de Madrid, cargos todos ellos que ostentó también en el reinado de Carlos II. Tras la muerte de su esposa se ordenó presbítero y se dedicó a la curación de personas sin recursos.


La obra en prosa de Tomás Murillo, de carácter más o menos científico, fue juzgada severamente por el médico e historiador ilustrado Antonio Hernández Morejón, quien en su  Historia Bibliográfica de la Medicina Española (1842-1852), considera que todos sus libros “se resienten del mal gusto de su época”. De su obra Aprobación de ingenios y curación de hipocondriacos (Zaragoza, 1672) opina, por ejemplo, que “reúne este libro tal cúmulo de dislates y tal credulidad, que escitan unas veces la risa y otras la compasión”. De Novissima, verifica et particularis hipochondriacae melancholiae curatio (León de Francia, 1672) afirma que “es sin duda la mejor obra que escribió Murillo, aunque tampoco exenta de preocupaciones y sandeces”. Sobre el Tratado de raras y peregrinas yerbas (Madrid, 1674) afirma que “en esta obra adoptó Murillo todas las credulidades de Osbaldo Crolio sobre las asignaturas (…) Escita verdaderamente a risa el ver las láminas que nos presenta de las mandrágoras macho y hembra, representando sus raíces un hombre y una mujer”. 


Conocemos tan solo dos poemas escritos por Tomás Murillo, publicados ambos en sendas obras ajenas. El “Soneto sobre la conquista de Orán” aparece en la obra de Antonio de Santa María, España triunfante y la Iglesia laureada en todo el globo de el mundo por el patrocinio de Maria Santissima en España, editada en Madrid en 1682, en la que se recopilan actuaciones milagrosas de la Virgen en la historia de España. El soneto de Murillo aparece en el capítulo 54 dedicado a los “Triunfos y victorias milagrosas en las plazas de Orán y el Alarache (reinando Carlos Segundo) por el patrocinio milagroso de María Santísima en España”. El poema hace alusión a los sucesos ocurridos entre 1675 y 1678, cuando la plaza argelina de Orán, entonces en manos españolas, sufrió varios asedios por parte de los turcos, con mucho coste de vidas humanas. La situación se agravó a causa de una hambruna producida por la falta de abastecimientos y por una mortífera epidemia de peste declarada en 1678, por cuya causa fallecieron unas tres mil personas. Murillo atribuye a la intercesión de la Virgen el feliz desenlace de tan difícil situación. Tomás Murillo habría vivido personalmente estos acontecimientos durante su estancia en Orán como médico y habría contado su visión de los hechos en una “Relación historial de los sucesos de Orán” que menciona Antonio de Santa María en su España triunfante, obra que, sin embargo, no hemos podido localizar. Al parecer, el belacazareño habría llegado a Orán procedente de Cartagena y habría atendido heroicamente a los contagiados de peste, sacrificando su fortuna en medicamentos para los enfermos.


El soneto dice así:


Que plaza como Orán en quanto encierra

el Orbe, que su ruina lamentaba,

tres golpes juntos, que el menor acaba,

hambre, contagio y el tercero guerra.


Las puertas del auxilio Argel encierra,

por mar y tierra con fiereza brava,

pero cuando seguro blasonaba,

el triunfo de su afán más fácil yerra.


Parecía que Dios obraba omiso

costándole a sus santos mal tan triste

el sudor de sus rostros, y es que quiso


que lo mismo que a su Madre también cueste,

pues sin medios humanos, de improviso,

no hubo asedio, ni hambre, ni más peste.


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Monotonía tras los cristales

Alejandro López Andrada (centro), la semana pasada en el homenaje a Pablo García Baena en el Teatro Góngora de Córdoba [Foto: Agustín Merino].

En otoño Los Pedroches se entregan a la melancolía. La lánguida rutina del dejarse llevar y milagro resulta encontrar una pizca de entusiasmo y de vida. En otoño la cultura de Los Pedroches parece estar fuera de Los Pedroches, en una suerte de exilio lleno de tristeza y pesadumbre.


Juana Castro habla de Ibarbourou en el Día de las Escritoras, presentada por Francisco A. Carrasco, en la Delegación de la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico en Córdoba. Alejandro López Andrada participa en el homenaje al poeta Pablo García Baena en el Teatro Góngora, organizado por la Federación de Peñas Cordobesas. Una de las novelas de Homero de Félix Ángel Moreno Ruiz (Estaré esperando para matarte) será la protagonista de una de las Rutas literarias por Córdoba que organiza la Red Municipal de Biblioteca de Córdoba. José Jurado ha sido seleccionado para exponer en noviembre su obra en DMencia, la Muestra de Arte Contemporáneo de Doña Mencía. María Pizarro presenta mañana su poemario La libertad de la herida en la Fundación Cajasol. Sí, en Córdoba.


Tengo sobre mi mesa el Tratado de lo que ignoro de Juan Bosco Castilla, reclamando atención a mi holgazanería. Otros libros se han anunciado con la lenta caída de las hojas de los árboles: La jaula del sol, de Fran Cobos, publicado en 2019, y Hágase tu voluntad, de Vanesa Lozano, autores ambos naturales de Pozoblanco. Y todo lo que esté por venir.


Este sábado hay jornada extraordinaria de la Muestra de Cine Rural de Dos Torres, con la proyección de la película Hermanos del viento (2015) y un coloquio con Gerardo Olivares, director, y Manuel Camacho, actor, el que fuera protagonista de Entrelobos. Y, para los Santos, Don Juan Tenorio regresa a Hinojosa del Duque de la mano de la Compañía de Teatro Clásico de Córdoba.


Por aquí anduvo Imanol Arias, demostrando que es algo más que un Alcántara, con la versión teatral de El coronel no tiene quien le escriba de Gabriel García Márquez dirigida por Carlos Saura. Qué trío de ases para que nadie escribiera una palabra sobre ellos.


Imanol Arias en el Teatro El Silo de Pozoblanco [Foto: Cultura Pozoblanco].
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Un entierro contra la desmemoria y el olvido

La familia Aperador tras el "segundo entierro" de Juan Aperador, en octubre de 2010 [Foto: Facebook de Rosa García Aperador].


Hace diez años, uno de estos días, la familia Aperador de El Guijo se reunió para celebrarlo. Fue una jornada de felicidad y satisfacción. El final de un ciclo. La culminación de muchos esfuerzos. Hay constancia de ello en una foto de toda la familia reunida junto a las paredes del cementerio. Se reunieron para celebrar un entierro que suponía la conclusión de unos hechos que tuvieron lugar sesenta y dos años atrás. La familia estaba "feliz y orgullosa" de poder asistir a aquel entierro que significaba un triunfo sobre la barbarie y la injusticia, un triunfo tardío, más de medio siglo después, pero triunfo al fin y al cabo.


Lo ha recordado Juan Aperador García, nieto, en un artículo publicado en Hoy al día que debería leerse y comentarse en todos los colegios e institutos de Los Pedroches, para que la verdad triunfe finalmente sobre la desmemoria y el olvido.


En diciembre de 1948 Juan Aperador García, un pastor de El Guijo, fue detenido por la Guardia Civil y posteriormente fusilado en la tapia del cementerio de Pedroche acusado de colaborar con el maquis, junto a Rafael Fernández y Pedro Castillo. Su historia ya la contamos en Solienses con motivo de las V Jornadas sobre la recuperación de la Memoria Histórica celebradas en Pedroche en 2010, donde Juan Aperador Castaño y Juan Aperador García, hijo y nieto respectivamente del fusilado, relataron la dolorosa experiencia vivida no solo ante los hechos criminales sucedidos en 1948, sino también más recientemente en el proceso de búsqueda de los cadáveres de los tres ejecutados, un pastor, un porquero y un casero.


El relato de Juan Aperador, nieto, produce escalofríos.

Mi padre siempre había tenido la esperanza de dar con los restos de mi abuelo para darles una digna sepultura. Ahora todavía, con más de ochenta años, recuerda como si hubiera sido ayer, aquel nefasto 18 de diciembre de 1948, cuando la Guardia Civil se llevó a su padre que se encontraba junto a él cuidando del rebaño de ovejas que tenía a cargo, con la promesa de “niño, no llores, que a tu padre no le va a pasar nada”. Por tres días fueron las presentidas viudas a preguntar por el paradero de sus maridos y solo al tercero les dijeron que los habían matado. No tuvieron ni la decencia de decir el lugar de su entierro para que pudieran llorarles en paz. Y,¡silencio!  que podían ser ellas las siguientes. 

Estos días (...) me he acordado de mi abuelo. Pero más de mi abuela, de Adoración Castaño Gálvez. Fue ella la que tuvo que luchar para sacar adelante a sus cuatro hijos pequeños. Fue ella la que, después del asesinato de mi abuelo, trabajaba hasta reventar por un sueldo de miseria. Fue ella la que soportó la humillación y el desprecio de ser viuda de un represaliado de Franco. Fue ella la que se quedaba sin comer para darle lo poco que tenía a su hijo y tres hijas. Fue a ella a la que mi padre oía llorar bajito por las noches, de rabia e impotencia, por no poderles ofrecer más que un chusco de pan y un poco de tocino. Fue ella la que, en su ingenuidad, días antes de los hechos que terminarían con la vida de su marido, contempló como unos buitres merodeaban por el chozo donde vivían, para comerse una oveja muerta y le dijo a mi abuelo: “Juanito, ¡ven corre! qué hay aquí unos pájaros muy grandes y si los matamos tenemos comida para muchos días”. Era el vivo ejemplo del hambre y la miseria que asoló a los trabajadores de estas tierras en la durísima posguerra. La misma persona a la que el miedo atenazó de por vida y nunca contó nada de lo que sucedió aquel terrible invierno de 1948 en una tierra azotada por el hambre y el fascismo. La misma que murió sin saber que, 15 años después, sus descendientes darían con el paradero de su marido y a los 62 años de su muerte, los restos de Juan Aperador García, dejarían la fosa donde se pudrieron y reposarían para toda la eternidad junto a los suyos. Una más entre miles de mujeres como ella, que sufrieron en silencio la brutal represión del régimen de Franco con los disidentes.  [Leer el artículo completo]

Juan repasa los avatares en la búsqueda de los cuerpos, la ayuda del Foro por la Memoria y del Ayuntamiento de Pedroche, el largo camino para la atribución de identidades a través de las pruebas de ADN, la "fiesta" que supuso para la familia Aperador la jornada del 16 de octubre de 2010, cuando al fin se enterró a su abuelo en la tumba en la que ya le aguardaba su esposa. Desde su "segundo entierro", Juan ha seguido investigando, y así ha conocido la causa abierta contra su abuelo en el Tribunal Militar de Sevilla, la aplicación de la Ley de Fugas y los objetos que llevaba en su bolsillo al ser detenido: "una cartera de cuero en mal uso, un carnet de identidad expedido por el Ayuntamiento, una participación de lotería de a una peseta en el número cincuenta mil doscientos diez; setenta y cinco pesetas en un billete de cincuenta y cinco de cinco pesetas". Juan aboga por una mayor presencia de la memoria democrática en la educación, para que se conozca más la historia de los miles de represaliados, para luchar contra la desmemoria y el olvido. 


Mientras, unos operarios del Ayuntamiento de Madrid quitaban a martillazos una placa conmemorativa colocada en la casa natal de Largo Caballero, que fue presidente del consejo de ministros de la II República, el mismo día de su 151 cumpleaños.

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La ermita del Cristo de las Injurias, en peligro por su mala cimentación

Grietas en los muros exteriores de la ermita del Cristo de las Injurias de Hinojosa del Duque [Fotos: Hinojosa Información]. 

En febrero de 2018 la ermita del Cristo de las Injurias en Hinojosa del Duque fue cerrada al público por el Obispado ante el preocupante estado de conservación que mostraban algunos de sus elementos estructurales, con riesgo de desprendimiento. Las imágenes de las dos devociones a las que allí se rinde culto (el Cristo de las Injurias y la Virgen de los Dolores) fueron trasladas a la ermita de la Virgen del Castillo, en la Plaza de la Catedral, donde todavía permanecen. 

Dos años y medio después, la Comisión formada para la reforma de la ermita ha publicado un estudio sobre la situación actual del edificio, los resultados de las obras realizadas anteriormente, los detalles de las obras que se van a realizar, el coste y la situación económica, según adelanta hoy Hinojosa Información. El documento califica el estado de la ermita como "ruinoso y con alto riesgo de derrumbe". Al parecer, el motivo de esta situación sería la "negligencia" con la que se realizaron las obras de restauración llevadas a cabo en 2015, al estimar entonces una cimentación errónea del edificio que llevó a actuar solamente sobre una determinada zona y no sobre el conjunto. 

Imagen antigua de la ermita del Cristo de las Injurias. 

La comisión creada para organizar la nueva reforma ha detallado en su informe que la ermita se levanta "sobre un relleno inapropiado, practicado, a su vez, sobre terreno natural muy inestable y con gran contenido de agua". Como agravante, "la cimentación está mal ejecutada en algunas zonas y en otras no existe". En los estudios previos a la reforma anterior realizados en 2011 "se supuso que la ermita estaba apoyada en parte sobre terreno natural y el resto sobre el relleno, lo que habría generado asientos diferenciales y grietas en los muros". Para contrarrestar esta situación, se realizaron inyecciones armadas de cemento y bentonita a una profundidad de 4-5 metros, pero solo en la supuesta zona de relleno, lo que generó diversidad en la resistencia del terreno y "acentuó aún más los asientos diferenciales, reapareciendo las grietas con mayor contundencia".

Las obras que ahora se van a realizar, según el proyecto técnico encargado, intentarán disminuir la humedad del terreno sobre el que se asienta la ermita, mediante la ejecución de drenajes y estructuras que favorezcan la evacuación de aguas y mejoren su estabilidad. Asimismo, para frenar los asientos diferenciales del terreno se llevará a cabo "el recalce de la cimentación mediante micropilotaje con una profundidad a partir de ocho metros y el arriostramiento de estos micropilotes con la cimentación existente, mediante vigas y refuerzo de muros de carga". 


El coste total provisional de la obra se estima en 412.845 euros, para sufragar el cual la Comisión pide la colaboración "de todo el pueblo de Hinojosa", a la vez que anuncia la realización de actividades específicas en la localidad por parte de la parroquia para recaudar fondos. Se ha habilitado una cuenta bancaria para recoger donativos.


Grietas en los muros interiores.
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Una feria del jamón en la intimidad


Los tres jamones ganadores del concurso de este año (en el centro el de Latiber 2010). [Fotos: Gabinete de Prensa de la Feria]. 

Durante este fin de semana hubiera debido celebrarse la Feria del Jamón de Bellota 100% Ibérico de Los Pedroches que cada año convierte a Villanueva de Córdoba en el centro mundial de este exquisito manjar. Las restricciones sanitarias impuestas por la covid-19 impedían este año la realización de una convocatoria que reunía a miles de personas tanto en el polideportivo de muestras como en las carpas de degustaciones y que este año alcanzaba su vigésima edición. Aunque cerrados al público, la organización, sin embargo, ha querido mantener el concurso al mejor jamón y al mejor cortador nacional, los dos certámenes de mayor renombre de la Feria, como modo de garantizar siquiera simbólicamente la continuidad de una cita que esperamos pueda reanudarse el año que viene.


El viernes tuvo lugar en el Centro de Iniciativas Empresariales de Villanueva de Córdoba el Concurso al Mejor Jamón de Bellota Ibérico 100% de la Denominación de Origen Protegida Los Pedroches en el que participaron diez empresas. La pieza ganadora resultó ser la presentada por Latiber 2010 (filial de Jamones La Encina), un pernil de poco más de ocho kilos con el que la empresa radicada en Cardeña obtuvo 8,22 puntos. En segundo lugar quedó el jamón de Ibesa (7,83 puntos) y en tercero el de Señorío de Los Pedroches (7,78 puntos), ambas empresas con sede en Villanueva de Córdoba. Latiber 2010 consigue este preciado galardón por tercera vez  (en 2013) y se da la circunstancia de que también consigue el premio a la ganadera criadora del cerdo del que procede el jamón, pues el animal se crío en la montanera de 2017 en la dehesa de Tejoneras de Cardeña, en la ganadería de María Luna Rojas Toril. 


Demetrio Sebastián, mejor cortador de este año, junto a la alcaldesa Dolores Sánchez. 

El sábado, por su parte, en el precioso marco del Cortijo Arroyo Judío, se celebró el Concurso al Mejor Cortador Nacional de Jamón de Bellota 100% Ibérico de Los Pedroches, el único certamen de estas características que se ha celebrado en España desde que se decretó el estado de alarma en marzo. Seis maestros del cuchillo procedentes de Salamanca, Sevilla, Cádiz, Badajoz y Huelva participaron en el concurso, resultando ganador Demetrio Sebastián Barquero, de Almendralejo (Badajoz). En segundo y tercer lugar quedaron Geovany Almanza y Ramón Márquez, respectivamente.


Pocos días antes, la alcaldesa de Villanueva de Córdoba, Dolores Sánchez, recogía el galardón otorgado a la Feria por el Anuario Agroalimentario de Córdoba 2020 y se conocía también que el Patronato Provincial de Turismo de Córdoba había otorgado a la Feria del Jamón el Reconocimiento al Mejor Producto Turístico, distinciones todas ellas que contribuyen a consolidar este evento como una de las referencias imprescindibles de tipo económico, turístico y cultural en Los Pedroches.


Demetrio Sebastián, ganador del concurso de cortadores, durante su tarea. 

El jurado del concurso al mejor jamón durante la valoración morfológica de las piezas. 

Participantes en el concurso nacional de cortadores y autoridades en el salón del Cortijo Arroyo Judío en el que se celebró el certamen.
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Ultraje

José Jurado contempla el hotel Algarrobico en Carboneras (Almería). 

El artista villaduqueño José Jurado ha sido uno de los cuatro seleccionados para exponer su obra en DMencia, la XXII Muestra de Arte Contemporáneo de Doña Mencía (Córdoba). La propuesta de Jurado se titula "Jardín español" y podrá verse en la Casa de la Cultura Juan Valera del 13 al 29 de noviembre.

El proyecto expositivo de José Jurado propone una reflexión sobre "el ultraje producido por intereses económicos contra el paisaje, desde una perspectiva de denuncia y de concienciación en sostenibilidad", según la organización. Consta de una instalación y una muestra fotográfica en torno al hotel ilegal a medio construir en la playa del Algarrobico en la población de Carboneras (Almería), concebidas como "una metáfora fehaciente del inmovilismo de un país y de agresión al territorio". 

La Muestra de Arte Contemporáneo de Doña Mencía se presenta "como observatorio de las tendencias, estéticas y discursivas, que atraviesan la creación contemporánea". Constituye una rareza en el mundo cultural del medio rural, generalmente poco inclinado hacia las manifestaciones artísticas de vanguardia. En la selección de los cuatro creadores que este año protagonizarán la muestra, el jurado ha favorecido "una apuesta por artistas emergentes que comparten radicalidad y vanguardismo conceptual".

José Jurado es Licenciado en Bellas Artes en la Universidad de Granada. Se trata de un artista visual que ejerce con diversos medios y formatos mostrando especial interés en la sociedad que le rodea y problemáticas que atañen a la idiosincrasia española. Trabaja mediante proyectos de carácter social, crítico y participativo que buscan una reflexión en el espectador.
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Siempre llegamos tarde

Juan Romero el pasado 22 de agosto en Ay (Francia), durante el reconocimiento que le otorgó el Gobierno de España [Foto: @M_Presidencia]. 

Juan Romero Romero lo puso todo de su parte: la lucha, el valor, el sacrificio. Hasta se permitió vivir 101 años. Y nosotros no fuimos capaces de llegar a tiempo. El Gobierno de España, por la mínima, consiguió hacerle llegar en su nombre el homenaje y reconocimiento de todos los españoles, pero en Los Pedroches, en Torrecampo, no fuimos capaces de mostrar un gesto de agradecimiento, de orgullo ante un paisano que simboliza un modo de entender la libertad que desaparece con su generación. Son personalidades que, desde la mentalidad de hoy, no se comprenden, porque pertenecen a un mundo que ya no somos capaces siquiera de imaginar. Juan Romero, y tantos otros como él, sufrieron en su cuerpo y en su mente el peso de una historia de Europa que se desvanece con los años. ¿Habrán escuchado alguna vez los niños del colegio de Torrecampo el nombre de su paisano ilustre? ¿Alguna vez alguien les habrá hablado de su peripecia vital, de su compromiso político? ¿Alguien les habrá dicho, sencillamente, que una persona que nació en su misma calle terminó con sus huesos en el foco de todo el horror que pueda imaginarse y, aun así, fue capaz de sobrevivir y alcanzar luego una vida plena de satisfacciones, con el orgullo de haber cumplido sobradamente con su deber de ciudadano ante la injusticia?

El pasado sábado falleció en la localidad francesa de Ay, donde había creado su nuevo hogar, el torrecampeño Juan Romero, nacido en 1919 y considerado el último español superviviente del campo de concentración nazi de Mauthausen. Su participación activa en el laberinto histórico de la Europa del siglo XX le había hecho merecedor en 2016 de la Legión de Honor francesa, la más alta distinción que el Gobierno de Francia concede por méritos extraordinarios realizados dentro del ámbito civil o militar en ese país. Pero en Andalucía, en Córdoba, en Los Pedroches, en Torrecampo, aquí no ha habido tiempo para el consuelo que siempre le aporta a una persona el cariño de los suyos, el agradecimiento de la tierra, el reconocimiento de su pueblo. Todo lo que venga a partir de ahora, llega tarde.

El Ayuntamiento de Torrecampo ha decretado hoy un día de luto oficial y hace semanas anunció que se le iba a nombrar "Hijo Predilecto", pero bueno, ya si eso, sin prisas. Ya no hace falta. Juan Romero ha subido él solo al olimpo de los héroes del siglo XX con su propio pie, cargando en su espalda el peso de una historia que estamos condenados a repetir por nuestra eterna desidia de no afrontar los desafíos de la democracia a pecho descubierto, con la valentía de quien se sabe llamado a una tarea que hay que cumplir por encima de todo impedimento. Hoy sentimos vergüenza ante la figura digna y sublime de Juan Romero, porque no hemos sido capaces de estar a su altura. Porque cada día que pasa la desmemoria se apodera más de nosotros y porque cada día estamos más ciegos.
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A propósito de la restauración del puente "romano" de El Viso

Puente de El Viso sobre el Guadarramilla, actualmente en restauración [Foto: Solienses].

A unos dos kilómetros de El Viso, por la N-502 en dirección a Santa Eufemia, a unos doscientos metros a la derecha de la carretera, se encuentra el popularmente llamado "puente romano" sobre el río Guadarramilla, poco antes de su desembocadura en el Guadamatilla (directamente en el embalse de La Colada). Su existencia parece estar relacionada con el antiguo camino del azogue que unía Almadén con Córdoba y quizás sus orígenes pudieran ser romanos, aunque su factura actual es muy posterior, probablemente de finales del siglo XVIII o comienzos del XIX, como otros semejantes que existen en la comarca. He leído en algún sitio que contiene una inscripción fechada en 1807. Se trata de un típico puente triangular con siete ojos formados por arcos y bóvedas de ladrillo de medio punto y tablero empedrado a dos aguas, que hoy se encuentra totalmente descontextualizado al haber desaparecido parcialmente la vía en la que se integraba.


El puente está siendo objeto en la actualidad de unas obras de limpieza, restauración y consolidación, a la vez que se procede a la adecuación del entorno. He tenido conocimiento de ellas a través de la polémica generada en el Ayuntamiento de El Viso durante el último pleno municipal y gracias a un lector de Solienses que me envió una foto y me puso tras la pista. Aun así, decidí esperar hasta ver el resultado personalmente, tarea que pude cumplir en la soleada mañana de ayer sábado.


Vista del tablero restaurado del puente de El Viso [Foto: Solienses].

La polémica ha surgido por la decisión adoptada en la restauración, consistente en enlucir los laterales del puente con un mortero de cal que cubre totalmente los paramentos (salvo en el pretil), en lugar de recubrir solamente los rejuntados y dejar a la vista las piedras, como -con mayor o menor acierto- se viene haciendo últimamente en obras de esta naturaleza (por ejemplo, en los puentes de San Juan y Santa Ana de Dos Torres sobre el arroyo Milano, también restaurados recientemente). La decisión, a mi parecer, es atrevida, pero aceptable. Atrevida porque rompe totalmente con la imagen que tenemos de este tipo de puentes en la comarca: estamos acostumbrados a ver sus paredes de piedra y ladrillo y la nueva estampa violenta de algún modo nuestro imaginario colectivo. Aceptable porque el aparejo que presentaba la construcción resulta ser una mampostería vulgar de piedras y cascotes sin elementos regulares a la vista: la decisión de cubrirla puede ser discutible, pero válida. Es más, probablemente fuera así la hechura original, puesto que la moda actual de dejar a la vista los elementos constructivos (con la intención de subrayar artificialmente el carácter "rural" de un edificio), a la que nos hemos referido en varias ocasiones en Solienses, no puede considerarse necesariamente más respetuosa con la tradición o la historia que el cubrimiento de las paredes al que sin duda estaba destinada la fábrica primitiva.


Más censurable resulta la ejecución y remate de algunas desmañadas reconstrucciones, por ejemplo, en los tajamares y estribos, compuestos de sillares más definidos que hubieran permitido un mayor lucimiento de la piedra. El torpe tratamiento de las juntas afea toda la construcción y le confiere un aire descuidado que apenas compensa la buena realización del empedrado del tablero, rehecho por completo siguiendo las técnicas tradicionales de la comarca.


Las técnicas empleadas actualmente en la rehabilitación de edificios y monumentos hubieran permitido seguramente una actuación menos agresiva con la estampa tradicional del puente, pero se trata esta vez de una cuestión de pura elección. Quizás el equipo restaurador debería haber explicado su opción, las razones de esta actuación desde un punto de vista técnico, histórico y arquitectónico, y quizás así se hubiera evitado la trifulca política.  Personalmente, no hubiera elegido esta alternativa tan rupturista, pero considero que la mayor censura que puede hacérsele es de tipo estético o aspectual, es decir, subjetivo. El impacto visual que hoy produce la obra cesará pronto, cuando el tiempo vaya igualando tonos y texturas. No puede decirse lo mismo de otras actuaciones realizadas recientemente en otros lugares de la comarca.



Vista del puente antes y después de la restauración [Fotos: E. López y Solienses].

Detalle del aparejo del puente de El Viso antes de la restauración [Foto: E. López].

Vista de la restauración aguas abajo [Foto: Solienses].

Detalle de la restauración poco afortunada de un tajamar [Foto: Solienses].

Detalle del acabado en el puente de Santa Ana de Dos Torres, restaurado el año pasado [Foto: Solienses].

Puente de San Juan en Dos Torres, restaurado en 2015 [Foto: Solienses].

El puente sobre el Guadarramilla en Añora, restaurado en 2007, ofrece la actuación más respetuosa con la imagen tradicional de la construcción [Foto: Solienses].

Detalle del puente de San Pedro de Belalcázar sobre el arroyo La Jarilla [Foto: Solienses].
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Toldos

Con toldos y sin árboles. Avenida Villanueva de Córdoba en 2015 [Foto: Rafa Sánchez en Diario Córdoba].


El Ayuntamiento de Pozoblanco va a gastar 250.000 euros en colocar toldos sobre la avenida Villanueva de Córdoba. Para dar sombra, supongo. Al parecer, se trata de un proyecto muy necesario respondiendo a una demanda que los vecinos venían realizando "desde hace más de seis años", según fuentes municipales. Ya en 2015 se entoldó la segunda fase de remodelación de la avenida, desde el cruce con el Paseo de la Herradura hasta la Cruz. Los pozoalbenses habrán juzgado desde entonces el confort y habitabilidad que proporcionan. Los toldos solo cubrían la zona central, y no toda (dada su anchura), la que llaman bulevar sin serlo. Porque bulevar implica árboles y en la avenida de Pozoblanco estos brillan por su ausencia. Los que había antes de la reforma, se arrancaron, sin más.


Y ahí está el problema. La obra de remodelación de la avenida de Villanueva de Córdoba se concibió desde el principio como una obra faraónica, de estética distópica que no atendía realmente a las necesidades de una ciudad como Pozoblanco. El exceso de granito emborracha incluso a los mayores defensores de este material y la ausencia de vegetación natural concede a la avenida un aspecto desértico que unos toldos voluntariosos (que cuestan 250.000 euros) difícilmente podrán paliar. La nueva infraestructura, si acaso, vendrá bien para las terrazas, esas que llenan tramos enteros del paseo e impiden la libre circulación de personas, convirtiendo el espacio público en privado. 


De plantar más árboles no se ha dicho nada. Será que con el entoldado vegetal de la calle Mayor hay suficiente.