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El escudo más antiguo de Torremilano


Escudos de Torremilano en 1680 y 1682 [Fotos: dostorres.es].

Durante las pasadas Jornadas de Historia y Desarrollo Local de Dos Torres, el profesor José Luis González Peralbo presentó, entre otros, una serie de documentos pertenecientes al Archivo Municipal de Dos Torres  relativos a las epidemias de peste de 1650 y 1680 y su incidencia en la localidad.

El brote de 1650, el más virulento, fue provocado por un vendedor de ajos que acudió a Córdoba con una carga y, a su vuelta, en el dinero recibido y otros objetos trajo también consigo la enfermedad a Torremilano. En pocos días se desarrolló un foco en la calle del Cerro con casi cincuenta contagiados y más de una veintena de fallecidos. Los documentos presentados se refieren a los informes emitidos por las autoridades de la villa, el médico y el cirujano, en los que se habla de tumores, calenturas y otros síntomas propios de la enfermedad, pero sin utilizar el nombre de peste. Las autoridades intentaban silenciar la epidemia porque su reconocimiento implicaría el bloqueo total de la villa durante dos meses y, en consecuencia, la ruina económica.


"Pasaporte" de un comerciante de vinos y fruta en 1682, en el que aparece el escudo de Torremilano (es el central de ambas páginas).

Con respecto a la epidemia de 1680 y años posteriores, José Luis explicó que los viajeros que llegaban a la villa (por ejemplo, los vendedores de todo tipo de mercaderías) tenían que llevar consigo una especie de pasaporte o salvoconducto, sellado por las autoridades en cada población por la que pasaban, indicando que estaban libres de la peste. Gracias a estos documentos tenemos la muestra más antigua del escudo y sello oficial de Torremilano conocido hasta ahora, debido a que aparece registrado en esos pasaportes de tránsito por la villa. Se han encontrado dos impresiones, una de 1680 (en el documento de un vendedor de textiles) y otra de 1682 (en el de un vendedor de vino y frutas). Ambos sellos o escudos presentan, con ligeras diferencias, una especie de fortaleza, con una torre central más elevada y dos torres laterales más pequeñas, y sobre ellas dos milanos y el nombre de la villa. Se trata de la única muestra de escudo oficial de Torremilano conocida hasta ahora anterior al siglo XIX y una rareza histórica en el campo de la heráldica comarcal.
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Obras de restauración en el patrimonio religioso de Los Pedroches


Obras en la ermita de San Bartolomé de Pozoblanco [Foto: Hermandad Cristo de Medinaceli de Pozoblanco].

Desde el pasado mes de julio vienen realizándose en la iglesia de San Bartolomé de Pozoblanco unas obras de rehabilitación de la techumbre. La actuación viene forzada después de que se produjera un derrumbe del falso techo en la zona del presbiterio, que afectó también a zonas colindantes. Las obras, al parecer, consistirán meramente en la sustitución del falso techo y el tratamiento de las humedades.

La iglesia de San Bartolomé suele considerarse la más antigua de Pozoblanco (siglo XIV). Consta de una sola nave cruzada por cinco arcos de granito ligeramente apuntados sobre pilares de la misma piedra. Como curiosidad cabe destacar que con motivo de su dedicación como parroquia en 1954 se intercambió la disposición del altar mayor y de la entrada al templo. Según se cuenta, el primer párroco (Francisco de Paula Ruiz) alegó lo inapropiado de que una parroquia diera la espalda a su barrio, girando completamente la orientación de la iglesia (el altar ya no está al Este, como es lo habitual), de modo que el arco de medio punto que se encuentra en la entrada actual es el primitivo arco triunfal de acceso al presbiterio.


Vista general de la ermita de San Bartolomé al comienzo de las obras [Foto: Diócesis de Córdoba].

Durante este verano se han realizado también obras de reparación en la sacristía de la ermita de Nuestra Señora de la Antigua de Hinojosa del Duque. La intervención realizada ha consistido en la colocación de una nueva solería de baldosas hidráulicas en sustitución de la existente, apertura de los arcos de los distintos accesos que se encontraban tapiados, devolviéndolos a su estado original, ampliación y embellecimiento de ventanas y revisión de instalaciones de luz y agua. Durante la realización de los trabajos se ha descubierto un empedrado perteneciente a los antiguos soportales de la ermita, pavimento que se ha protegido con una capa de arena para evitar su deterioro y se ha dejado visto un pequeño pedazo como testigo histórico.


Nuevas ventanas en la sacristía de la ermita de Nuestra Señora de la Antigua de Hinojosa del Duque [Fotos: Cofradía].


Fragmento de pavimento bajo la sacristía, correspondiente a los antiguos soportales.

Finalmente, el Ayuntamiento de El Viso ha anunciado el próximo comienzo de las obras de restauración de la torre de la iglesia de la Encarnación de esta localidad. Se trata de una torre exenta con varios cuerpos diferenciados: el primero, de sillares, data del siglo XVIII, mientras que los de ladrillo parecen ser obra del siglo XX.


Torre de la iglesia de la Encarnación de El Viso [Foto: Ayuntamiento].
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Se vende el ayuntamiento de Pedroche (y la casa de Juan Palomo)


Dintel con inscripción del ayuntamiento viejo de Pedroche [Foto: Solienses].

Parte del patrimonio histórico de Los Pedroches está en venta. Ya lo adelantamos hace unos días. Esto no es una denuncia, sino una constatación de hechos. Se trata de un patrimonio en manos de particulares, propiedad privada, cuya venta constituiría en realidad un alivio y una esperanza de recuperación de edificios que de otro modo están abocados a la ruina.Tan solo nos cabría esperar que tales inmuebles estén suficientemente protegidos por las normas subsidiarias de urbanismo de cada localidad, de modo que una intervención futura en ellos no desvirtúe sus valores históricos y etnológicos, en los que se fundamenta parte del valor que esos edificios poseen.

Uno de los edificios que hemos visto en venta en un portal inmobiliario (85.000 euros) es el antiguo ayuntamiento de Pedroche, situado en la Plaza de las Siete Villas, a un costado del edificio consistorial actual. Según la inscripción que se conserva en el dintel de su portada, está fechado en 1661 y suponemos que se mantendría con su función pública hasta 1702, en que se construyó un nuevo edificio. En la actualidad ofrece un estructura probablemente muy modificada a lo largo de los siglos, en un espacio diáfano con arcos sobre columnas y las tradicionales bóvedas de aristas. Hace algunos años su propietario, José Romero Nevado, mantenía en este edificio un pequeño museo etnológico que pudimos visitar in illo tempore con la Coordinadora de páginas web de Los Pedroches. Hubo proyectos de convertirlo en museo etnológico municipal, pero según se ve no fructificaron.


Casa Grande de Fuente La Lancha [Foto: Solienses].

A la venta (125.000 euros) hemos encontrado también una vivienda solariega en Fuente la Lancha, a la que la tradición identifica con la casa del bandolero Juan Palomo. En la Plaza de Sotomayor y Zúñiga y tan solo a unos metros de la iglesia de Santa Catalina se encuentra la llamada popularmente Casa Grande, que habría sido edificada en el siglo XVI por los condes de Belalcázar como una gran casona a la que sucesivas divisiones a través de los siglos le han ido restando su antiguo esplendor. Sin que haya documentación que lo certifique, suele considerarse la residencia del bandolero Juan Palomo, que en época de Napoleón escondería allí los tesoros robados a los grandes propietarios y en sus numerosas habitaciones retendría a los raptados en espera de rescate. Según la tradición, existe un túnel que comunica la vivienda con el río Guadamatilla, a varios kilómetros, por donde el bandolero y su cuadrilla podrían escapar en caso de asalto. Sus propietarios no confían demasiado en que se pueda vender.


Uno de los cortijos de la sierra de Los Pedroches que se vende [Foto: Idealista].

Si alguien dispone de unos ahorrillos puede comprar también un cortijo en pleno olivar de la sierra de Los Pedroches, de aquellos que se construyeron en el siglo XIX para atender el nuevo cultivo resultante de los desmontes realizados en la antigua dehesa de la Concordia. Hay uno por 1.950.000 euros y otro por 2.500.000 euros. Conservan más o menos la antigua estructura de las molinas aceiteras, hasta con sus ermitas para atender el culto de los temporeros, aunque en la actualidad aparecen más asociados al reclamo de la caza y las monterías en sus doscientas hectáreas de monte y cultivos.


Restos de la antigua molina en uno de los cortijos de la sierra que están en venta [Foto: Idealista].
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La otra vida del museo


Sebastián Celestino y Pablo Paniego examinan una de las "estelas de guerrero" del Museo Prasa Torrecampo el pasado mes de julio [Fotos: Fundación Prasa].

Aunque la sede de la Posada del Moro permanece cerrada ya durante muchos años, sin embargo la actividad del Museo PRASA Torrecampo no ha cesado en su vertiente divulgativa y científica. Piezas significativas del museo han sido exhibidas en numerosas exposiciones nacionales e internacionales, de las que hemos ido dando cuenta en Solienses: la última ha sido este mismo año en la Alhambra de Granada, donde se han mostrado 22 objetos de la colección del Museo dentro de la exposición "La Granada zirí y el universo beréber".

Pero no menos destacable ha sido la colaboración del Museo con investigaciones históricas de primer nivel. Precisamente en el último número de la revista El celemín (número 28, agosto 2020), recién editado por la Asociación Benéfico Sociocultural y Deportiva PRASA de Torrecampo, Juan Baustista Carpio, director del Museo, da cuenta de algunas de las personalidades del mundo de la investigación que han estudiado últimamente determinada piezas de su colección permanente. Desde Javier Jiménez Ávila (uno de los mayores especialistas en el estudio de la época orientalizante o tartésica, y director de excavaciones tan importantes como la de Cancho Roano), que ha estudiado una serie de cuatro broches de cinturón de esa época, hasta Lysiane Delanaye, estudiante de Doctorado de la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica) que participa en el proyecto Pondera Online y que ha examinado los "ponderales" del museo, pequeñas piezas de bronce utilizadas en balanzas de precisión para medir el valor de monedas y metales preciosos, pasando por Michael Speidel, profesor emérito de la Universidad de Hawái, que se ha interesado por la colección de placas de cinturón de época visigoda. También han pasado por Torrecampo Sebastián Celestino Pérez y Pablo Paniego, del Instituto de Arqueología de Mérida (CSIC), que han estudiado los dos ejemplares de "estelas de guerrero" del Bronce Final que se conservan en el Museo, o los especialistas en numismática Alberto González García (Universidad de Vigo) y David Martínez Chico (Universidad de Valencia), que investigaron el contexto arqueológico del hallazgo de una moneda de plata de época merovingia (siglo VIII) acuñada en Marsella y encontrada en los alrededores de Torrecampo, sin olvidar a la catedrática de estudios árabes e islámicos de la Universidad de Valencia Ana Labarta, que hace unos años estudió un pequeño disco de bronce con inscripciones árabes fechado en el siglo X, interpretado como una etiqueta para identificar cotas de malla de la armería califal. Curiosamente, no consta que haya acudido ningún investigador procedente de la Universidad de Córdoba.


El arqueólogo Javier Jiménez Ávila (izq.) observa una pieza del periodo orientalizante que se conserva en el Museo Prasa Torrecampo, junto a Juan Bautista Carpio, director del Museo..

Según Juan Bautista, las publicaciones científicas derivadas de estas investigaciones "contribuirán por una parte a que conozcamos mejor estos objetos y, a través de ellos, también nuestra historia; por otra parte, el prestigio de este grupo de investigadores elevará sin duda la consideración de las colecciones conservadas en el Museo Prasa Torrecampo".
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Patrimonio perdido de Los Pedroches/28. Las puertas de Hinojosa del Duque


Entrada a Hinojosa por la calle Menéndez Pelayo, donde se encontraría la Puerta de Belalcázar .
[Fotos: Solienses]


Alrededor de Hinojosa del Duque, marcando su perímetro y como puntos principales de entrada y salida de la villa, persistieron hasta finales del siglo XIX cinco puertas monumentales que tal vez atestiguaran la existencia anterior de un antiguo recinto amurallado. Eran de estilo plateresco y recibían los nombres de Portada de San Sebastián, de la Caridad, de Belalcázar, de San Gregorio y de la Torrecilla. El padre Juan Ruiz fecha con exactitud su demolición entre enero de 1895 y octubre de 1902, periodo de tiempo durante el cual él estuvo ausente de la localidad y a su regreso ya no las encontró en pie, sin que se conozca la causa de su derribo. Ruiz aporta un documento según el cual tres de ellas existían ya en 1581. Según su testimonio, las puertas se encontraban “perfectamente conservadas” y daban “un aspecto señorial y de grandeza” a las entradas del pueblo. No ha quedado absolutamente nada de ellas.

Hace unos años los arquitectos Santos Sandoval y Stefanía Sánchez, a partir del conocimiento sobre la existencia de estas puertas, iniciaron el proyecto "Portus-Portis", que pretendía señalar la "ausencia" como elemento de reflexión artística y filosófica y buscaba indagar un camino para llegar a la esencia de un objeto a través del vacío que deja tras su desaparición. Para explicar su propuesta elaboraron este vídeo.

Como consecuencia de esta iniciativa, en 2019 el Ayuntamiento marcó con pavimentación diferenciada el lugar probable donde se encontrarían estas puertas y colocó unas placas informativas de metacrilato sobre cada una de ellas. Es un gesto que expresa voluntad de mantener el recuerdo de lo que existió.


Rótulo en la acera señalando el lugar donde estuvo la Puerta de la Caridad.

Ayer me propuse hacer el recorrido por las cinco puertas ausentes. No sabía exactamente su ubicación, pero a partir del nombre y con algo de intuición no he tenido demasiados problemas en hallarlas (en hallar el espacio donde estaban, se entiende, y la señal ahora colocada). Por si alguien se anima, indico exactamente dónde se encuentran:

- la Puerta de San Sebastián se encontraba junto a la ermita de este santo, en la calle que lleva su nombre, junto al número 9 aproximadamente. La ermita en su día quedaría, pues, extramuros de la población.
- la Puerta de la Torrecilla no está en la calle que lleva ese nombre, sino poco antes de llegar a ella, casi al final de la calle Duque de Rivas, junto al número 112.
- la Puerta de San Gregorio se encuentra hacia la mitad de la calle San Gregorio, junto al número 67.
- la Puerta de la Caridad se encuentra en la calle Caridad, junto al número 26 (una oficina de seguros), al pasar el cruce con las calles Caños Verdes y Duque de Alba. Un poco antes de llegar queda el antiguo Hospital de la Caridad, hoy reconvertido en residencia de ancianos y la parroquia de San Isidro Labrador.
- la Puerta de Belalcázar se encontraba al final de la calle Menéndez Pelayo (número 33), donde comenzaba el camino que unía Hinojosa con la capital del condado, antes del cruce con la calle Juan XXIII y el pequeño puente que aún se conserva.

Hay que decir que si uno no va pendiente de ello, la señal puede pasarle desapercibida, pues el tiempo transcurrido desde su colocación ha igualado prácticamente la coloración de las marcas con el resto del pavimento. Incluso una de las placas de metacrilato (la de San Sebastián) se encuentra muy deteriorada (por accidente o por vandalismo) y amenaza con desaparecer. Al final del recorrido se siente una extraña sensación. Uno no ha visto nada, solo espacios vacíos. Pero la marca de identidad allí colocada no es inútil. Inconscientemente, se percibe una memoria de lo que existió. Un reencuentro con la historia perdida a través de lugares desiertos.



Placa de metacrilato sobre la Puerta de San Gregorio.


Espacio donde estaría la Puerta de San Sebastián.


Pavimento diferenciado para indicar la Puerta de la Torrecilla.
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La Fundación PRASA restaura la Posada del Moro de Torrecampo


Andamios en la fachada de la Posada del Moro de Torrecampo, esta mañana.

Hace ya tantos años, que casi habíamos perdido toda esperanza. El Museo PRASA Torrecampo cerró sus puertas en 2003 con la promesa de una reinvención total del espacio museístico, que volvería a abrir convertido en un centro de referencia para el norte de Córdoba y quizás para toda la provincia. Luego, los azares que entrelazan la historia nos trajeron a una realidad más mundana: hubo que renunciar a tan altas aspiraciones y la modesta Posada del Moro, germen de aquel proyecto cultural tan ilusionante, inició un proceso de declive que parecía conducir al desastre. El edificio fue objeto algunas actuaciones puntuales de urgencia, pero hacía falta una intervención general que lo salvara de la ruina y lo pusiera de nuevo en la escena cultural de Los Pedroches.


Interior de la Posada en obras.

Esa intervención ha llegado. Desde hace varias semanas la Posada del Moro está siendo sometida a unas obras de restauración y consolidación que permitirán, a su término, que este edificio del siglo XVI pueda ser utilizado para actividades culturales diversas. No significará todavía un regreso del espacio como museo, pero como mínimo implica un primer paso que permite albergar esperanzas futuras. Al menos, se mantendrá el edificio histórico y su puesta a punto permitirá comenzar a soñar de nuevo con el regreso de la actividad expositiva.

Las obras de consolidación consisten básicamente en el reforzamiento de los muros exteriores, en la colocación de un cincho perimetral que afiance la estructura y la incorporación de un forjado entre plantas que libere de carga al artesonado antiguo, así como la renovación de toda la cubierta. Además, se han limpiado las paredes interiores, dejando la piedra a la vista, y se han reforzado y reconstruido varios arcos de separación entre dependencias. Las obras se realizan en parte gracias a una subvención procedente de fondos europeos gestionada a través del grupo de desarrollo rural Adroches. Está previsto que la actuación se alargue hasta el mes de marzo del año próximo.


Escaleras de acceso a la planta superior.


Las tejas originales serán reutilizadas sobre la nueva estructura de la cubierta.


Vista de las obras desde el huerto.
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Siempre delante, nunca detrás



Diario Córdoba, 27-7-2020.


Diario Córdoba, 1-8-2020.

Desde su creación, allá por 2007, la Plataforma "Que pare el tren en Los Pedroches" ha estado siempre al frente de la reivindicación, primero para conseguir la parada del tren en la comarca, después para solicitar horarios adecuados y trenes suficientes para la demanda. Siempre ha sido la Plataforma la que se ha dirigido a los políticos para exigirles el cumplimiento de sus deberes y siempre la Plataforma ha marcado el paso en la reivindicación social, obligando muchas veces a los políticos a sumarse a unas convocatorias que no les resultaban cómodas. La agenda del tren durante muchos años ha estado dirigida por la Plataforma, que ha visitado parlamentos, diputaciones o ayuntamientos para reclamar a los representantes políticos electos, del partido que fueran en cada momento, el derecho de viajar en tren que asiste a Los Pedroches. Ahí residen su fortaleza y su fuerza moral. De ahí la credibilidad que los ciudadanos de la comarca le conceden por su independencia y su neutralidad.

Así debería seguir siendo. Ya sabemos que la batalla del tren no ha terminado. Esta secuencia de titulares periodísticos no debería volverse a repetirse. La Plataforma debe seguir liderando esta reivindicación colectiva en Los Pedroches sin hacer seguimiento de lo que dicen otros. Siempre al frente, siempre delante. Nunca detrás.
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Destrucción y ruina en casas centenarias


Vivienda con portada artística en la calle Real de Dos Torres. A través de la ventana superior se observa el tejado hundido [Fotos: Solienses].

La asociación Hispania Nostra nos avisa de que el castillo de Belalcázar sale de la "Lista Roja del Patrimonio", aquella que recoge los elementos del patrimonio histórico español que se encuentran en riesgo de desaparición, destrucción o alteración esencial de sus valores. Las actuaciones de consolidación y conservación llevadas a cabo por la Junta de Andalucía lo hacen merecedor de su pase a la Lista Verde, la de los monumentos salvados del desastre. Aquí ya lo sabíamos, pero alegra que estas noticias circulen, que no todo lo referido al patrimonio histórico sea casi siempre negativo.


Vivienda solariega en venta en Dos Torres.

Negativa es sin duda otra consecuencia directa de la despoblación que vienen sufriendo nuestros pueblos: el deterioro (hasta el grado de ruina en muchas ocasiones) que viene experimentando la arquitectura doméstica no habitada, las viviendas, tanto las tradicionales de línea popular como las casas solariegas de raíz nobiliaria. Pasear por nuestros pueblos es asistir a un tristísimo panorama de edificios particulares que se venden, uno tras otro. Lógicamente, no hay compradores para tal oferta, por lo que las viviendas se deterioran, se hunden y van perdiendo muchos elementos relevantes de su arquitectura que se vuelven en ciertos casos ya irrecuperables. No consuela el futuro: nada hace pensar que la situación vaya a cambiar a corto ni medio plazo. Cada vez somos menos en el pueblo y necesitamos menos viviendas, los jóvenes prefieren líneas de construcción más modernas y cómodas (que ya no guardan la distribución tradicional), los edificios antiguos languidecen, sus tejados terminan por hundirse y tras ellos todo lo demás. Las subvenciones de ayuda para la reparación de cubiertas, que tan positivamente contribuyeron hace décadas a la conservación del caserío, parece que están en suspenso. En contra de lo aconsejable, se sigue permitiendo la construcción de nuevas viviendas en las afueras de nuestros pueblos, vacíos por dentro. Las modificaciones de los planes de ordenación urbana tendentes a eliminar restricciones de reconstrucción y reforma en cascos históricos no augura nada bueno para su conservación.

Me he fijado en estos casos de Torrecampo y Dos Torres, porque he pasado por allí estos días, pero podrían aportarse muchos más. Duele pararse ante una fachada para admirar su histórica portada (sus grandes dinteles, su arrabá labrado, sus escudos nobiliarios) y darse cuenta de pronto, a través de una ventana indiscreta, de que el tejado se ha vencido, cansado de esperar. Siglos de vivencias individuales, familiares y comunitarias se encierran entre esas paredes condenadas al derribo, en su mayor parte. No hay en nuestros pueblos economía (quizás tampoco voluntad) para evitarlo en su conjunto. Casas cerradas durante años, décadas, aguardan su ruina. De pronto, un día, veremos que el edificio ha desaparecido y se ha convertido tan solo en un solar, que paga menos contribución. Resistieron en pie cuatrocientos años, pero ya les llegó también su hora.


Vivienda con portada histórica situada en la Plaza de la Villa de Dos Torres, también con el tejado hundido.


Vivienda en la calle Real de Torrecampo, a través de cuya ventana superior se ve el cielo.
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Música y cine en Añora


Actuación de la Orquesta de Córdoba anoche en Añora [Foto: Solienses].

En este verano tan atípico, era una ocasión para el reencuentro y para la normalización de la vida cultural tras meses de aislamiento. La Orquesta de Córdoba inició anoche en Añora su serie de conciertos "Noches de Música y Cine", auspiciados por la Diputación de Córdoba. El director, Salvador Vázquez, se felicitó por el hecho de volver a tocar delante del público, tras un parón que se antojaba ya demasiado largo. Con un aforo limitado a 350 personas y todas las medidas sanitarias de rigor, la Orquesta de Córdoba ofreció un programa compuesto por los temas más populares de la banda sonora de diez clásicos del cine. Antes de enfrentarse al tema principal de Cinema Paradiso, Vázquez pidió un minuto de silencio en recuerdo del compositor Ennio Morricone, fallecido el pasado seis de julio. La pieza resultó una de las más conmovedoras de la noche. También sonaron en la Plaza de Toros de Añora los sones melancólicos de Forrest Gump, Desayuno con diamantes o los más movidos de Superman, Indiana Jones o Star Wars. Mientras la orquesta interpretaba los temas, en dos grandes pantallas se proyectaban imágenes de la película en cuestión. El público aplaudió con generosidad y la orquesta correspondió con dos bises. Fue una actuación para agradar al gran público y consiguió su objetivo. Además, actividades como esta contribuyen a encauzar un cierto regreso a la vida comunitaria, aún con restricciones y alguna distancia, pero con el ánimo de transmitir que el aislamiento no es ya el único futuro que nos aguarda.
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Polémica en el callejero

  • Inauguraciones de calles con polémica en Pozoblanco y Belalcázar


Descubrimiento de la calle Luis Felipe Cazalla Gómez en Pozoblanco el pasado viernes, con asistencia (de izquierda a derecha) del sacerdote Antonio Rides, el alcalde Santiago Cabello y la esposa e hijos del homenajeado [Foto: Ayuntamiento de Pozoblanco].

Durante los últimos días se han realizado en dos pueblos de Los Pedroches sendos actos de rotulación de calles con nombres de personas que, por una razón u otra, no han estado exentos de cierta polémica.

El domingo, con asistencia de autoridades y familiares del homenajeado y cumpliendo así un acuerdo tomado por unanimidad por el consistorio pozoalbense en 2015, se descubrió en Pozoblanco la placa de la calle que lleva el nombre del doctor Luis Felipe Cazalla Gómez, un médico ginecólogo fallecido en 2013 que trabajó en el Hospital Comarcal durante más de veinte años, aunque la verdad es que durante el acto no llegaron a concretarse las razones (más allá de su profesionalidad y su calidad humana) que le hicieron merecedor de este nombramiento.

La polémica (recogida en prensa nacional como Infolibre) vino por la intervención en el acto del sacerdote salesiano Antonio Rides. Ya su propia participación en un acto meramente civil no se entendía muy bien, pues ver al cura con el hisopo bendiciendo la placa del callejero y luego leyendo el evangelio y rezando unas oraciones concedía a toda la convocatoria un aire absolutamente anacrónico, como si hubiéramos viajado en el tiempo setenta años atrás. Pero lo más grave vino después, cuando Rides, en presencia del alcalde que presidía el acto, se permitió un pequeño mitin político, fuera de todo lugar y con desprecio a los familiares del homenajeado y asistentes en general, a los que se hizo comulgar con unas afirmaciones tendenciosas e ideológicamente manipuladas. Comenzando con esa coletilla que tanto nos hace temblar al escucharla ("no soy político, pero...") el sacerdote vino a afirmar, tras distinguir la cualidad de "cristiano" como un valor añadido a la profesionalidad del personal sanitario, que "hay personas que quieren que no haya presencia cristiana en los hospitales y en los centros de salud. Son gente rancia, antigua y con muchas cositas aquí en el corazón". Y por esta senda continuó, dando a entender que los médicos cristianos tienen miedo a decir que lo son ("pido a todos los creyentes profesionales que no tengan miedo, que no se oculten, que digan soy cristiano") y llegando a afirmar prácticamente que solo desde la religión se puede dar consuelo espiritual al enfermo. La intervención completa del sacerdote puede verse en este vídeo, a partir del minuto 7:30.



Al día siguiente, el sábado, en Belalcázar se desarrolló también un acto de descubrimiento de la placa correspondiente en la calle que lleva el nombre del Capitán Cortés (Antonio Cortés Medina, natural de Belalcázar, maestro de escuela y capitán durante la II República, 1915-1987). Al acto asistieron los tres hijos del homenajeado y sus nietos, además de vecinos de la localidad.


Nueva placa de la calle Capitán Cortés en Belalcázar.

La polémica venía en esta ocasión por la ingeniosa sutileza que ha utilizado el ayuntamiento de Belalcázar para sortear la posible obligación de modificar el nombre de la calle en virtud de la Ley de Memoria Histórica. El senador de Compromís, Carles Mulet, había enviado un escrito a distintos ayuntamientos de España, entre ellos el de Belalcázar, en base a una información obtenida del Instituto Nacional de Estadística, alertando de nomenclaturas de calles que podían contravenir la Ley de Memoria Histórica, entre ellas las nombradas "Capitán Cortés". Entiende Compromís que estas calles se referían a Santiago Cortés González, militar y miembro de la Guardia Civil golpista, que promovió la sublevación en Jaén de un grupo de guardias civiles contra la legalidad republicana y se atrincheraron durante ocho meses en el santuario de Nuestra Señora de la Cabeza en Andújar, siendo posteriormente mitificados por el régimen franquista tanto el santuario como la figura del sublevado.

Sin embargo, el "Capitán Cortés" del callejero belalcazareño era otro. Nacido en Belalcázar en 1915, Antonio Cortés Medina ejerció como maestro de escuela en su propio pueblo, hasta que, al inicio de la Guerra Civil, se hizo notar al impedir, pistola en mano, que se hiciera daño a las monjas de su pueblo. En 1937 se incorporó al Ejército republicano, convirtiéndose en uno de los defensores de Madrid ante las tropas franquistas, lo que hizo de forma destacada, siendo ascendido, primero a teniente y después a capitán. Tras la toma de Madrid, Antonio Cortés fue encarcelado.

Tras conseguir la liberación en 1941, volvió a Belalcázar, donde se casó y abrió una escuela privada, en la que volvió a ejercer como maestro hasta que fue nuevamente encarcelado en 1945, en este caso acusado de colaborar con los maquis que actuaban en la zona. Este nuevo periodo en prisión, con fugas y nuevos encarcelamientos incluidos, se mantuvo hasta 1986, no ya por el motivo original de apoyar a los combatientes antifranquistas, sino porque a partir de los años 60 se le diagnostica esquizofrenia y pasará los últimos años de prisión en el Psiquiátrico Penal de Alcolea, en Córdoba. Pudo salir de dicho penal psiquiátrico en diciembre de 1986, al hacerse cargo de él sus hijos, que vivían en Madrid, donde murió en 1987 a causa de un cáncer de pulmón [Fuente: Europa Press].

El Ayuntamiento de Belalcázar, con el acto realizado el sábado, se ha limitado a precisar la identidad del nombrado en la calle, sin necesidad de modificar su denominación. Ahora queda claro que se refiere a un hijo de la localidad que se destacó en su defensa de las libertades, no a quien colaboró en su destrucción.


Participantes en el acto de descubrimiento de la placa de la calle Capitán Cortés en Belalcázar [Foto: Ayuntamiento de Belalcázar].