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Judíos y limpieza de sangre en PozoblancoLa hipotética existencia de un pasado judío en la comarca ha excitado desde siempre la imaginación de ciertos eruditos locales, deseosos de que en su pueblo no faltara ninguno de los componentes fundamentales que, a lo largo de los siglos, han ido tejiendo la historia de nuestro país. Aquí y allá no faltan veladas alusiones al pasado hebreo de ciertos lugares, que parecen adquirir así una mayor relevancia en la admiración popular: la sinagoga de Torrecampo, la sinagoga de Belalcázar, la judería de Pedroche... Sin embargo, ya en varias ocasiones he anotado aquí que no existen testimonios documentales (ni epigráficos ni arqueológicos ni de ningún tipo) que certifiquen la existencia de judíos en Los Pedroches, y mucho menos en número tal que justificara la construcción de templos propios o la marginación en barrios particulares. Los investigadores que levemente se han acercado al tema no han encontrado ningún rastro de interés que seguir.

Uno de los mayores argumentos a favor de un cierto pasado judío comarcal era la fama emprendedora y laboriosa de los habitantes de Pozoblanco, que a algunos les gusta fundamentar en su ascendencia hebraica. También ayudaba a esta creencia la exigencia de limpieza de sangre para el ingreso en determinadas cofradías, como la de Jesús Nazareno, exigencia que se apoyaría en la pervivencia de un sustrato judío entre la población de Pozoblanco.

Ahora Manuel Moreno Valero ha escrito un libro, Judíos y limpieza de sangre en Pozoblanco (385 páginas), que viene a aportar nuevos datos sobre la realidad de este asunto y a explicar, como tantas veces, que las cosas casi nunca son lo que parecen y que bajo determinados requisitos de tipo religioso se esconde con frecuencia una disputa interesada por la hegemonía y el poder.

El libro cuenta la lucha de Andrés Peralbo Cruzado y su esposa por ingresar en la cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Pozoblanco en 1756. A pesar de que en un primer momento se acepta su solicitud, en cumplimiento del procedimiento habitual, poco después, sin embargo, se deniega su inscripción alegando la comprobada ascendencia judía del solicitante y se inicia un largo proceso en el transcurso del cual se investiga la realidad de estas acusaciones. El estatuto de limpieza de sangre era habitual en muchas cofradías, si bien en esta época responde ya más bien a un arcaísmo connatural a la propia institución eclesiástica que a una auténtica preocupación por la invasión judía. Manuel Moreno Valero interpreta la acusación hacia el solicitante como una estrategia de los estamentos que tradicionalmente ocupaban el poder en la localidad para frenar las aspiraciones de ocupar cargos públicos de relieve por parte de una pequeña burguesía incipiente, en la que veían un peligro para el mantenimiento de su status consolidado que estimaban inmutable. Acudir a la calumnia de la mancha judaizante no era sino una trinchera más de la guerra por el poder.

En el libro se recogen las declaraciones aportadas por los testigos propuestos por la acusación, que en realidad lo que consiguen confirmar es que nunca ha existido en Pozoblanco población judía conocida. Todo lo más, los interrogados aluden a vagos y lejanos recuerdos transmitidos oralmente sobre una familia que habría llegado de Chillón huyendo del Santo Oficio hacía más de doscientos años y de la que supuestamente descendería el acusado. Pero, teniendo en cuenta que en ciertas declaraciones se asegura con rotundidad el hecho insólito de haberle visto el rabo ("en la parte posterior, semejante al de un lechón") a ciertos vecinos tenidos por judíos en la localidad, la solvencia de estos testimonios habrá que ponerla cuando menos en piadosa cuarentena.

Manuel Moreno Valero es Cronista Oficial de Pozoblanco y autor ya de un buen número de libros sobre la historia y la cultura de su pueblo y la comarca. Entre sus últimas publicaciones figuran Mujeres pozoalbenses en nuestro callejero (2005), Recuerdos de mi infancia (Testimonio de una época) (2004), Escritores pozoalbenses (2003) y La vida tradicional en Los Pedroches (2001). Es archivero del Obispado de Córdoba, investigador freelance y amigo.

4 comentarios :

inquisidor | domingo, septiembre 10, 2006 5:23:00 p. m.

y ni una palabra en tres días de la inauguración del teatro, ¿por qué?, ¿olvido o premeditación?.

yo | domingo, septiembre 10, 2006 6:58:00 p. m.

Lo de recurrir a los judios para achacar el 'espíritu emprendedor' de Pozoblanco no sé de dónde puede venir.

Lo cierto es que cuando los echaron de España se fueron mucho a Portugal, y no por eso Portugal ha sido siempre un estado de más que mediocre 'espíritu emprendedor' y riqueza dudosa, a pesar de sus grandes colonias en Agrica y Suramérica.

Anónimo | domingo, septiembre 10, 2006 8:44:00 p. m.

No me hacen falta libros que me atestigüen su pasado judio, pues yo lo confirmo pues no soy como santo Tomás que tiene que meter el dedo en la llaga para creer. Yo que soy de Añora noto como emprenden conmigo y sobre mí. Pero yo no soy nazi, yo soy de los buenazos de Añora.
No busquen edificaciones y restos de la época, todo va vía sanguínea.

Un abrazo, Antonio, no te he visto en la feria. Sabrás, ya, que nos han levantado el rincón o campamento base. Entre tú y yo tampoco era un lugar idílico, solo y eso sí te dejaba hablar un poco sin romperte la garganta y no perder casi todas las palabras de tu interlocutor. Un abrazo para todos. Espero que los tarugos me sepan entender ya que allí les dejo mis finanzas.Un abrazo para ellos también.

Anónimo | lunes, marzo 16, 2015 8:34:00 p. m.

El Viso, Pozoblanco y Torrecampo fueron estudiados en los años 60 por antropólogos y confirmaron la genética judia, así como rasgos sirio-israelitas y sefardíes.
Los apellidos Blanco, Redondo, García y otros de profesiones (Cardador, Escribano, Pastor, Herrero, Barbero, etc) lo confirman.
No pasa nada por tener ascendencia judía. Shalom.

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