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La caza en Cardeña


Fachada de la antigua fábrica de harinas de Cardeña.

Al pasar casualmente esta tarde por Cardeña, me sorprendí al encontrar abierto un nuevo espacio expositivo inaugurado hace pocos meses en Los Pedroches, al que, sin embargo, sería un exceso llamar "museo". Más bien se asemeja a eso que modernamente se denomina "centro de interpretación", en esta ocasión dedicado a la caza. Se trata de un breve recorrido por la historia de la actividad cinegética a través de paneles informativos y de un pequeño "laberinto" con juegos de luces en el que sorprenden imágenes, sonidos y olores relacionados con el tema. La instalación, sinceramente, deja indiferente al turista, pero la iniciativa tiene la virtud de permitir visitar el edificio que la acoge, una antigua fábrica de harinas que conserva algunas estructuras arquitectónicas originales, sucediendo aquí -como en tantas otras ocasiones- que el continente tiene mayor interés que la muestra que exhibe.

La exposición prescinde absolutamente del inmueble en su planteamiento, cuando hubiera sido tan fácil integrar ambos contenidos, pero en la planta superior se conservan aún algunas maquinarias de la vieja fábrica que deberían también recuperarse y mostrarse como elementos relevantes del patrimonio industrial de Los Pedroches. El edificio de la antigua fábrica de harinas fue donado al Ayuntamiento de Cardeña por las hermanas Lucía y Paquita Sánchez Pozo y ha sido rehabilitado con ayudas de los Fondos Leader y Cajasur.


La exposición se basa en paneles explicativos.


Escalera de subida a la planta superior.


Algunas maquinarias de la vieja fábrica.

3 comentarios :

Anónimo | viernes, marzo 20, 2009 9:51:00 p. m.

Cuando dices fondos Leader, quieres decir con la colaboración del Grupo de Desarrollo Rural, ¿no? Con ADROCHES, ¿no?

Anónimo | sábado, marzo 21, 2009 12:03:00 a. m.

Arruches?

Anónimo | sábado, marzo 21, 2009 7:23:00 p. m.

En Villanueva de Córdoba también existía (existía porque hoy está en ruina total), una fábrica de harinas perfectamente conservada en todo su interior: máquinas, entarimados, todo el utillaje..., y la desidia de sus dueños la han dejado caerse.
A veces, preservar un bién que representa una época hasta que llegue el momento de darle una utilidad, es tan fácil como tapar las goteras y cerrar con tela metálica las ventanas. Todo antes de dejarla que se caiga con quizá, la esperanza de derribarla y construir adosados. Así nos va.

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