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Los que miran el frío


Contra lo que afirma el texto promocional, en Los que miran el frío Francisco Onieva no logra -si es que lo intentó- la forja de ningún "espacio mítico", ese tópico vacío que algunos desean tanto, sino la conmovedora plasmación de un espacio real de sufrimiento y desolación. En este libro de relatos ambientado en Los Pedroches (y, más concretamente, en Villanueva del Duque, bajo el nombre de Retamal), Onieva recala en los dramas personales de la guerra civil deteniéndose en las inmensas insignificantes vivencias individuales más que en los rotundos hechos que describe la historia, urdiendo cuentos que son verdad aunque procedan de su imaginación. El sinsentido de la guerra, las penurias frente a una adversidad incomprendida, el instinto fiero por sobrevivir o las mezquindades y las grandezas que acompañan a la condición humana en circunstancias extremas aparecen reflejadas en este libro escrito en una exquisita y elegante prosa, cercana al aliento de eso que llamamos clásico.

Entre todo el muestrario de miserias humanas que componen los nueve relatos, llama la atención el intercambio de personalidades que sobrevuela en varios de ellos como refugio de salvación. El soldado británico que decidió no hablar y fingirse el hijo de un cortijero para intentar, inutilmente, la liberación; el falso héroe de la batalla del Ebro que fue incapaz de vivir una vida cómoda que no era la suya; o la turbadora historia de Germán Navas y José Alamillos, quizás la más lograda del libro, que define a dos soldados intercambiables caídos por azar en cualquiera de los dos bandos. Y sobre todos ellos, como en todo relato contemporáneo sobre la guerra civil, sobrevuela la evidencia insalvable de la derrota incluso por encima del ansia de libertad.

En esta primera incursión de Francisco Onieva en el género narrativo (que, por distintas razones -entre ellas, su deuda con la tradición oral de la comarca-, nos recuerda a la Canción de la madre del agua de Pedro Tébar), el autor se acerca a propuestas literarias como la de Alberto Méndez en Los girasoles ciegos (2004), por citar sólo uno de los últimos abundantes libros de relatos sobre la guerra civil, surgidos al amparo de una necesidad urgente por parte de los escritores de prestar voz a tantos años de silencio. Quizás esa reiteración en el tema y en la forma propicie alguna objeción para un libro que hasta ahora (dos meses después de su salida a la luz) ha sido totalmente desatendido entre nosotros por quienes tendrían la obligación de promocionarlo, al desarrollarse su acción en Villanueva del Duque y haber colaborado en la edición el Ayuntamiento de Pozoblanco. Aunque, sin embargo, este olvido del libro de Onieva, que alimenta una trayectoria maldita en la edición de sus obras, conviene esencialmente a la incursión actualizadora de un asunto que tantos querrían, efectivamente, olvidar.

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4 comentarios :

Anónimo | sábado, agosto 13, 2011 6:17:00 p. m.

Creo que debería preguntar al autor si se siente desatendido, ya que su afirmación deja en mal lugar a instituciones y personas, entre ellas el mismo autor, que es dueño de los tiempos y las formas, como no podía ser de otra manera.

Anónimo | domingo, agosto 14, 2011 11:25:00 a. m.

Es el autor también quien ha de promocionar el libro, por otra parte este tema de la "memoria y la guerra" a partir del 21N va a ir a parar al cajón con la entrada del nuevo partido en el gobierno español, cosa que ya sabemos, tal vez no sea el mejor momento para publicar este tipo de libros. Es curioso también que sea el Ayuntamiento de Pozoblanco y no el de Villanueva del Duque quien le haya prestado más apoyo al autor para la publicación del libro.
Para la portada yo hubiese colocado cualquier foto de Agustí Centelles en vez del dibujo, las fotos de este señor reflejan mejor todo eso que describe el autor del post sobre el libro que todavía no he podido leer. Gracias por la entrada!!!

Anónimo | domingo, agosto 14, 2011 4:03:00 p. m.

Yo si he leído el libro y es de lo mejor que he leído últimamente. No comparto tu opinión, Antonio de que no sea novedoso ni en el tema ni en la forma. En literatura todo esta escrito. Pero el autor aporta novedades: nadie he tratado, me parece, el tema de la guerra civil en la comarca con el enfoque y rigor que este autor lo hace, además maneja diferentes técnicas narrativas con soltura y sin olvidar la historia que cuenta, que es lo mas importante. Creo que es un libro bien escrito y que aporta bastante a la literatura de nuestra tierra. Además bastante arriesgado en los tiempos que corren, lo que es otro punto a favor del autor

Anónimo | domingo, agosto 28, 2011 9:42:00 a. m.

Francisco no deja de asombrarnos,aunque algunos sigan sin prestarle la atención que se merece un escritor de su talla. Parece que no somos capaces de valorar lo que tenemos al lado. Con 35 años tiene ya un palmarés envidiable y un buen hacer impropio de su edad. Este libro es muy maduro y es capaz de enganchar desde el principio al final. Está muy bien estructurado y los cuentos funcionan muy bien todos por separado, pero la lectura conjunta del libro añade nuevos matices. Como siempre, Antonio, estás a la vanguardia informativa de nuestra tierra. Si no fuera por ti habría tantas cosas que no conoceríamos.

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