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Esto me suena a mí



Un año más, sin miedo al ridículo, el ABC rotula a grandes letras que el texto de los Coloquios que durante estos días se representan en Alcaracejos está escrito "en panocho murciano, un dialecto que dominaba su autor". Y eso que ya todos sabemos por aquí que los Coloquios de Alcaracejos utilizan como base la misma obra que el Auto Sacramental de los Reyes Magos de El Viso, es decir, el poema dramático dividido en diez coloquios titulado La infancia de Jesucristo, publicado por el clérigo Gaspar Fernández de Ávila en 1784.

Del autor se sabe que nació en Málaga entre 1733 y 1737, que fue colegial teólogo del Sacromonte de Granada y que llegó a la localidad malagueña de Colmenar en 1757 y pasó en la villa 36 años, para terminar como beneficiado en
Málaga durante los últimos quince años de su vida, sin que haya constancia de que viviera nunca en Murcia (a pesar de que a finales del siglo se imprimió allí una segunda edición de su obra). En cuanto al lenguaje en que están escritos los diálogos, una Historia de la literatura murciana a cargo de Francisco Javier Díaz de Revenga afirma que "los pastores que en la obra aparecen (...) emplean un castellano lleno de vulgarismos en el que abundan expresiones y rasgos andaluces". Por su parte, una reseña en la web de la Universidad de Murcia insiste en que que "el lenguaje en que se hace hablar a los pastores es un español vulgar, con evidentes exageraciones. Hay quien lo ha identificado con el panocho murciano. Corresponde más bien a la región andaluza en que vivió el autor: Granada y Málaga". Vamos, que ni siquiera los murcianos reconocen el panocho en el lenguaje de los coloquios. En algunos estudios dialectales del andaluz, en cambio, se señala esta obra como pionera en la representación literaria consciente del habla andaluza.

Entonces, ¿por qué el ABC continúa empecinado en el error? Ya lo explicó La verdad de Murcia en su día: "El dialecto murciano fue reconocido, sorpresivamente, por un nuevo vecino del pueblo [Alcaracejos], natural de Molina de Segura, que advirtió que "esto me suena a mí". Esto me suena a mí, dijo uno que pasaba por allí, y desde entonces. El rigor periodístico.

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