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El Celemín y el Museo PRASA

La Asociación Benéfico Sociocultural y Deportiva PRASA-Torrecampo ha publicado durante el mes de agosto el número 26 de su revista El celemín [números anteriores pueden verse aquí]. Se trata de 76 páginas llenas de "vida y cultura de Torrecampo". En esta ocasión he colaborado con un artículo titulado "La actual torre de la parroquia de San Sebastián de Torrecampo", en torno a la obra desarrollada por Adolfo Castiñeyra y Boloix en 1914 y el posterior campanario añadido en 1972.

La revista contiene un puñado de buenos artículos que resultarán atractivos no solo para los torrecampeños, sino para los interesados por la cultura de Los Pedroches en general: Juan Bosco Castilla escribe sobre el archivo municipal, Juan Romero sobre los estatutos de la hermandad de Veredas, Antonia Molina sobre las canciones antiguas que acompañaban a los juegos infantiles, Francisco Márquez sobre las palabras tradicionales que desaparecen (con una primera entrega de vocabulario tiznao, en iniciativa similar a la que en Añora desarrolla Juan Madrid) y Juan Bautista Carpio sobre las fuentes documentales y bibliográficas para la historia de la villa, por citar solo algunos. También se da cuenta de actividades de la asociación, del certamen de narrativa, pluviometría y movimiento demográfico (donde se constata una terrible evidencia: durante todo 2017 en Torrecampo solo nacieron dos niños, mientras que fallecieron 52 personas naturales de allí). Y, en fin, fuera de catalogación encontramos también la biografía apócrifa (soneto incluido) de la "escritora torrecampeña" Ana de San Francisco elaborada por Pérez Zarco.


Amuleto de plomo de al-Andalus que se conserva en el Museo PRASA Torrecampo y que ha sido estudiado por Sebastián Gaspariño.

Me he querido detener especialmente en un segundo artículo firmado por Juan B. Carpio titulado "Investigando en el Museo", en el que realiza un recorrido por los trabajos de investigación realizados sobre fondos del Museo PRASA Torrecampo por parte de numerosos investigadores (algunos de ellos de gran renombre). Así, el eminente epigrafista Armin Stylow estudió las inscripciones romanas del museo y el arabista Juan Antonio Souto descifró las árabes y andalusíes. Otros temas que han sido objeto de investigación a partir de piezas del museo por parte de investigadores procedentes de diversas universidades y centros de estudio han sido: las cartas de Juan Ramón Jiménez, las monedas islámicas, las monedas de oro de época visigoda, los amuletos de plomo de Al-Andalus, una escultura de bronce que representa al dios Mercurio, catalogación de minerales y fósiles, los anillos medievales o los precintos de plomo del siglo VIII. Los investigadores proceden de centros tan prestigiosos como el CSIC, la Real Academia de la Historia, el Instituto Arqueológico Alemán, el Instituto del Mundo Árabe de París, la Universidad de la Sorbona de París y la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica), además de varias universidades españolas. Según Carpio, "todos estos estudios contribuyen a elevar el valor de las colecciones del Museo PRASA Torrecampo", puesto que se benefician del prestigio que reporta la aparición de trabajos de investigación reconocidos por la comunidad científica. En consecuencia, el propio museo adquiere prestigio al divulgarse como depositario de piezas susceptibles de contribuir al conocimiento de nuestro pasado.

El Museo PRASA Torrecampo, por tanto, cumple con su función de promoción de la investigación, con todo lo que ello supone de crédito y reputación. También nos hemos hecho eco en Solienses en numerosas ocasiones de su participación en exposiciones dentro y fuera de España mediante el préstamo de diversas piezas. Todo ello certifica la existencia virtual del Museo. Pero, claro. Para qué vamos a retrasar más la llegada a lo inevitable. Y lo inevitable es que seguimos a la espera de la apertura real. Todos aceptamos ya la pérdida de las fantasías megalómanas de otros tiempos y nos conformaríamos, para endulzar la espera, con la simple habilitación museística de la Casa Posada del Moro. Juan B. Carpio, su director, aventura "cercana" esa apertura, aunque sin mucha convicción. Vendría bien alguna buena noticia, tantos años después.

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