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Baldosas con historia


Baldosas antiguas de la parroquia de San Miguel de Villanueva de Córdoba. [Fotos:@tejerodiaz78]

Hace ya algunos años (no sabría decir cuántos, entre diez y quince probablemente) se realizaron unas obras en la iglesia parroquial de San Sebastián de Añora. No recuerdo ahora exactamente si fue cuando se picaron los arcos que separan las naves y se dejaron de ladrillo visto (esa costumbre últimamente tan de moda en el mundo rural) o se trataba de una reforma posterior, pero a lo que quiero referirme es a que en aquel momento se cambió el solado del templo. Se quitaron unas tradicionales baldosas de tipo damero, en blanco y negro, (que conservaban algunos testimonios de nuestra historia reciente; por ejemplo, el ennegrecido en algunos puntos producido por los fuegos que se echaban allí durante la guerra civil, cuando la iglesia quedó convertida temporalmente en un almacén de intendencia) y se sustituyeron por otras de tipo cocina campera.

Movido por cierta preocupación de tipo intelectual y/o histórico, al desconocer el alcance de las obras previstas, recuerdo que acudí a entrevistarme con el sacerdote de la época en mi calidad de Cronista Oficial de Añora. Me recibió con mucha cordialidad y estuvimos hablando un buen rato en su casa: le mostré mi inquietud al tratarse de unas obras que iban a cambiar sustancialmente la imagen de la iglesia y mi preocupación por si la reforma estaba suficientemente asesorada desde el punto de vista artístico y patrimonial. Asimismo, quise transmitirle mi parecer sobre la posibilidad que había de, aprovechando que se iba a levantar todo el suelo, realizar un mínimo estudio por ver si se encontraba allí algún tipo de resto que pudiera tener algún interés histórico (no sé, alguna tumba o estela funeraria, esas cosas que suele haber en las iglesias que, como la de Añora, tienen varios siglos de historia). Con diplomacia vaticana, el cura me tranquilizó: no hay nada que temer, la obra cuenta con el asesoramiento necesario y todos los permisos del obispado, con sus sellos y compulsas. Luego supe que el sacerdote había comentado en cierta ocasión, con tono mayormente despectivo, que algunas personas habían ido a hablar con él pensando que en el suelo de la iglesia se iban a encontrar tesoros (y querían su parte, le faltó quizás decir). En fin.

No volví a hablar con el sacerdote sobre este tema, pero al cabo de unos días, o semanas, me dijeron que los escombros que estaban sacando del suelo de la iglesia los habían tirado en cierto terreno de los alrededores del pueblo. Aprovechando que casualmente pasábamos por allí, una amiga y yo nos detuvimos a mirar y no salíamos de nuestro asombro ante lo que vimos. Mezclados con montones de tierra cernida (que quizás perteneciera al antiguo suelo de la primitiva iglesia, aquella que a finales del siglo XVI hizo escribir al visitador del obispado que estaba "el suelo de la yglesia a partes solado y a partes por solar") podían verse trozos de huesos procedentes seguramente de enterramientos que se efectuarían en el interior de la iglesia durante los primeros siglos, tal como era costumbre, y nos llamó la atención la poca piedad cristiana que se había tenido con aquellos restos y las consecuencias que de ello pudieran derivarse cuando llegara  el inevitable final de los tiempos. En fin, revuelto también con todo aquello se encontraban numerosas baldosas de barro áspero que con toda seguridad pertenecieron a un primitivo enlosado de la iglesia, imposible saber de qué época, pero seguramente lo suficientemente antiguo como para haber merecido algún esfuerzo conservacionista. Todo esto vimos en una mera observación superficial, pero a saber qué hubiera podido encontrarse en una búsqueda más detenida. Llevado por un impulso imposible de vencer, recogí tres piezas de aquellas baldosas que desde entonces guardo en mi casa como preciosas reliquias, aunque nunca he sabido realmente qué hacer con ellas.

Me he acordado de todo esto al ver en el Twitter del párroco de San Miguel de Villanueva de Córdoba unas fotografías que muestran la diferencia que hay entre el respeto a la historia y su desprecio, y comprobar cómo esa diferencia reside casi siempre en gestos sencillos. Encuadradas en un bonito marco de madera rústica, cuelgan en una pared cuatro baldosas que, según una plaquita informativa, proceden "del suelo que mandó poner D. Bernardo Moreno de Pedrajas en 1818 y que perduró hasta 1914". Bernardo Moreno de Pedrajas (1745-1818) fue un sacerdote y benefactor de Villanueva de Córdoba que, entre otras acciones, construyó a sus expensas el Cementerio de San Gregorio en 1813 y fundó el hospital de Jesús Nazareno, según otorgamiento dispuesto en su testamento. Mantener de tan simbólica forma este recuerdo (y este documento sobre la historia de la parroquia) me ha parecido un detalle precioso por parte de Antonio Tejero Díaz.

Por cierto, las baldosas de Moreno de Pedrajas enmarcadas se parecen muchísimo a las que recogí en aquel montón de escombros procedentes de las obras de la iglesia de Añora, lo que me hace pensar que podrían pertenecer a la misma época.

Ummm... Se me está ocurriendo una idea.


Unas manos colocan la placa identificativa.

7 comentarios :

Anónimo | martes, octubre 09, 2018 3:21:00 p. m.

No pienses ! Que es peor ¡

Anónimo | martes, octubre 09, 2018 8:26:00 p. m.

Me deja perpleja tu historia con el cura. Se nota que eras joven e ingenuo para fiarte de la palabra de un cura. Ni caridad cristiana ni nada. Ellos no mueven un músculo si no ven un tipo de beneficio cercano. De todas formas puedes donar las baldosas al museo de Añora para que sean expuestas.

Anónimo | martes, octubre 09, 2018 11:45:00 p. m.

Generalizar esta mal muy mal.

Anónimo | miércoles, octubre 10, 2018 9:19:00 a. m.

La falta de control sobre los manejos de los curas en nuestras iglesias es increíble. Las iglesias pertenecen a los pueblos y los curas no tienen ningún derecho a mangonear a su antojo. Hace un tiempo estuve viendo la iglesia de Santa Eufemia (restaurada con dinero público, eso sí) y que me encontré con una puerta de pino rabioso, brillante, espantosa y pregunté por la puerta antigua. La respuesta es que el cura la había regalado o vendido (?) a una ermita de un pueblo de la campiña (creo recordar que era Puente Genil). En lugar de restaurar la puerta, la quitó...y, como parece que pueden hacer lo que les parezca bien sin ningún control, nos encontramos con estos desastres.

J. L. L. V. | miércoles, octubre 10, 2018 12:30:00 p. m.

Al anonimo de las 8-26 :Un consejo, no es bueno Generalizar, Pues se corre el riesgo de equivocarse.
Y se lo demuestro con el ej de D . Antonio Tejero Diaz, al cual el unico interes que le ha llevado a la puesta en valor de dichas valdosas, ha sido el cultural y el carino que le tiene al Pueblo de Villanueva de cordoba, y al inmenso respeto por su cultura y sus tradiciones de todo tipo.
Nada que ver con el nivel cultural de algunas personas que en este blob escriben, con la esperanza de que aprendan algo de lo mucho que este blog intenta ensenarnos.

Anónimo | miércoles, octubre 10, 2018 8:07:00 p. m.

Lo que habría que exigirle es el pago del IBI de todos sus inmuebles como hacemos todos los demás seamos, religiosos o no.
Es increible que tengan propiedades como viviendas, locales, fincas, y etc., que las tienen alquladas a terceros cobrandoles sus buenos alquileres y no pagen nada de IBI produciendose una competencia desleal con otros propietarios que si pagan. Estos privilegios son dignos de la edad feudal. Y lo grave es que hay mucha gente que justifica estas prácticas.

Anónimo | jueves, octubre 11, 2018 9:56:00 a. m.

Ni la Iglesia católica solamente con sus fieles, ni los sindicatos solo con sus afiliados, ni la Tauromaquia con sus aficionados,por poner sólo tres ejemplos,podrían subsistir exclusivamente,sino fuera porque además reciben ayudas y subvenciones.

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