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Lo que pasó en Río



José Manuel Blanco [Foto: África Villén] y portada del libro.

¿Quién, con 23 años, no daría cualquier cosa por pasar un año en Brasil? Si además lo haces trabajando en tu profesión, qué más se podría pedir. Esto es lo que le ocurrió a José Manuel Blanco, periodista torrecampeño que entre 2012 y 2013 tuvo la suerte de pasar un año en Río de Janeiro trabajando en la agencia Efe gracias a una beca de la Fundación La Caixa. De sus vivencias en aquel "purgatorio de la belleza y del caos" (F. Abreu) dio cuenta en un antiguo blog que ahora le ha servido como germen para formar los 21 pequeños capítulos (a los que llama "grados", como en la película de Nelson Pereira dos Santos) que componen esta mezcla de libro de viajes y relato periodístico que acaba de publicar a través de Amazon con el título Río, 21 grados.

El libro conforma una pequeña recapitulación de anécdotas y curiosidades sobre la vida cotidiana en la ciudad carioca: las noches que comienzan a las seis de la tarde, la impuntualidad congénita, el libérrimo dress code por las calles, los supermercados farmacéuticos, la comida callejera y los abrazos al llegar y al despedirse. Río, 21 grados también ofrece un sobrio servicio de guía turística, un recorrido ("entre puestos de churros y hombres caminando en sunga") por la arquitectura art decó de los barrios de la ciudad o por el centro histórico (restos de la época colonial en la Travessa do Comércio) y vanguardista (la sede de la petrolera Petrobras, "cuyas plantas parecen fichas del Tetris a punto de encajar"), sin olvidar las iglesias barrocas tan desubicadas en ese paraíso del hedonismo.

Se trata de un librito breve, de apenas 90 páginas, que se lee con facilidad en una tarde de lluvia, como aquella de 1939 en la que Ary Barroso compuso su "Aquarela do Brasil". La obra delata su vocación periodística más que puramente literaria. Se echa de menos un mayor componente personal que hubiera aportado al conjunto un poso de emoción y sentimiento que escasea. La experiencia íntima y particular, lo individual, que es lo que dota realmente de universalidad a un relato. Nos falta saber la turbación del muchacho de Torrecampo paseando por Botafogo entre jóvenes descamisados con los bíceps tatuados o tomando el sol en la playa de Ipanema entre chicas cubiertas apenas con el minúsculo filo dental; su agitación al tomar zumo de cupuaçu y comer por primera vez la feijoada en un restaurante de kilo; o, en fin, qué pasó realmente en Casa Rosa antes de que los taxistas decidieran picarse por el túnel de João Ricardo en dirección a Copacabana. Y, sobre todo, qué pasó después.


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Río, 21 grados se presentará el próximo 7 de diciembre en la Feria del Libro de Torrecampo.

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