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Ánimas

El origen de las hermandades de Ánimas está vinculado a las predicaciones de las órdenes franciscana y carmelita sobre la devoción al Purgatorio y han tenido gran relevancia en la historia religiosa de España como divulgadoras de contenidos esenciales de la filosofía católica y de su praxis litúrgica. Estas hermandades se caracterizarían genéricamente por su fuerte implicación en la asistencia social, especialmente en todo lo que se refiere a los actos fúnebres, y por su ausencia en actividades patronales, al poseer un calendario propio para sus rituales. Las primeras cofradías de Ánimas se fundaron en la provincia de Córdoba a finales del siglo XV, aunque será en el siglo XVII y, sobre todo, en el XVIII, cuando, debido a la religiosidad superficial y emotiva que se impone y al gusto por la exteriorización de la vivencia religiosa que trae consigo el barroco, así como al apogeo del culto a la muerte en la sociedad, llegan a fundarse cofradías en honor de las Ánimas Benditas en la practica totalidad de localidades de la provincia.

En Los Pedroches, las más antiguas de las que tenemos noticias son las de Pozoblanco e Hinojosa del Duque, que ya postulaban por las calles en 1579. En 1657 se constituye la de Villanueva de Córdoba y en el siglo XVIII ya aparecen citadas en la documentación del resto de las poblaciones. En la mayoría de los casos, las cofradías de Ánimas Benditas llegarán a ocupar puestos de máxima relevancia dentro de la estructura organizativa de cada localidad, tanto por los recursos materiales que poseían como por el número de celebraciones y actos públicos que celebraban. La mayoría de ellas, sin embargo, comenzaron a desaparecer a mediados del siglo XIX, cuando la desamortización eclesiástica las privó de los bienes que las sostenían y no hubo fondos para atender a las muchas obligaciones contraídas. En algunos casos, las cofradías de Ánimas siguieron nominalmente existiendo, y así aparecen en algunos censos y registros de hermandades, pero su actividad era ya prácticamente nula y, en cualquier caso, estaban muy lejos de lo que habían llegado a ser en los siglos XVII y XVIII. Las que consiguieron resistir, sobrevivieron a duras penas durante las primeras décadas del siglo XX, hasta llegar a la guerra civil de 1936, que significó la definitiva desaparición de todas ellas.


Las hermandades de Ánimas solían llenar sus celebraciones con variados actos festivos, todos ellos con finalidad recaudatoria: fiestas de locos, pujas, bailes de Inocentes, peticiones de aguinaldos, autos sacramentales o pregones. En Los Pedroches hay documentadas prácticas similares en varios pueblos. La más común son las póstulas de puerta en puerta en las que se pedía dinero en metálico o donaciones en especie que después eran subastadas en la plaza mayor, generalmente el 24 de diciembre. En Añora la actividad fundamental de la cofradía se concentraba en la pascua de Navidad. El día 24 salía un grupo de animeros por las calles del pueblo pidiendo el aguinaldo y cantando, generalmente con el solo acompañamiento del almirez, una monótona canción en cuartetas encadenadas:

Entrad, entrad y veréis
Que dándole el pecho está
El rey de todos los reyes,
El que nos ha de salvar.

El que nos ha de salvar,
Hijo de la Virgen pura,
Nace esta noche en Belén
Entre las doce y la una.

Entre las doce y la una
Parió María a Jesús
En un pesebre entre pajas
Para morir en la cruz.

Para morir en la cruz
El cordero inmaculado
Treinta y tres años vivió,
Los judíos lo enclavaron.

Los judíos lo enclavaron
Pies y manos en la cruz
Y le remachan los clavos
A Nuestro Padre Jesús.

Es una muestra más del folklore tradicional que desaparece. Para colaborar a evitarlo he archivado en formato mp3 un fragmento de esta letanía animera que puede descargarse aquí (por enredos técnicos que no vienen al caso no puede descargarse directamente desde aquí, sino a través de una página interpuesta, cosas de la informática). Ocupa 1.156 KB, por lo que, si no es con banda ancha, tardará un ratillo en descargarse. La canción está interpretada por un grupo de mujeres de Añora. No tiene, por tanto, la calidad técnica de las grabaciones discográficas, pero a cambio recoge fielmente el ritmo y el tono con el que se cantaba hace cuarenta o cincuenta años por las calles de Añora, tal noche como la de hoy.


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