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Los alcaldes de Los Pedroches se reúnen una y otra vez con plataformas e instituciones para pedir que lluevan autovías por la comarca. De Toledo a Córdoba, de Valencia a Lisboa, de Badajoz a Granada, y ahora también de Espiel a Almadén y de Belalcázar a Cardeña. Me pregunto si alguno de estos políticos entusiastas se ha detenido dos minutos a pensar lo que están reclamando. Ante la utópica visión de un futuro lleno de progreso por mor de las comunicaciones, da la impresión de que los políticos comarcales han perdido el rumbo y, envueltos en una nube de fantasía por ver quién pide más, andan a la deriva en una borrachera de lujuria desarrollista contraria a toda visión sostenible o meramente conservacionista del medio. Digámoslo claro y sin ambages: las autovías son incompatibles con la dehesa y, antes de llegar a cualquier decisión, habría que concretar qué modelo de comarca deseamos, cómo queremos que sea nuestro futuro y en qué clase de territorio deseamos vivir. Me temo que ninguna de estas cuestiones se las han planteado los políticos que dicen velar por nuestros intereses y que se han embarcado, sin mandato de nadie, en una loca carrera por conseguir para Los Pedroches un progreso que acaso no deseamos.

Critico especialmente a los políticos comarcales porque han asumido una tarea que nadie les ha ordenado. La Mancomunidad, que parece ir a la cabeza en estas reivindicaciones, es un organismo que sólo indirectamente representa la voluntad popular y su constitución orgánica refleja más bien un apaño entre políticos que una proporción real de voluntades comarcales. En cualquier caso, su programa de ejecuciones no ha sido sometido a refrendo alguno, y éstas van surgiendo accidentalmente en función del choque con la realidad de las cosas, pero sin ninguna previsión ni obedeciendo a ningún planteamiento riguroso que persiga algún fin predeterminado. Y sin embargo, lo que está en juego es el futuro definitivo de Los Pedroches que, de cumplirse esos deseos viarios anhelados por los políticos, podría convertirse en un territorio apuñalado por los cuatro costados, muy bien comunicado para ir a ningún sitio. Esa ingenuidad de que con las autovías van a crecer las riquezas bajo cada mata de jaral choca con mi triste convencimiento de que por esas puñaladas de asfalto acabará saliendo nuestra sangre, y Los Pedroches ya no serán lo que son, sino otra cosa, y me temo que no mejor.

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