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Una ruta algo frustrada


Eucaliptos atrapados por las aguas, en las proximidades de la estación de Belalcázar

Era un recorrido que en varias ocasiones había pensado realizar, pero hasta hace unas semanas no se presentó de veras la oportunidad adecuada. Sobre el plano todo era perfecto: partiríamos de Santa Eufemia por la CO-8407 hasta la Estación de Belalcázar, en cuyo recorrido esperaba poder toparme por azar con la llamada Casa de las Bóvedas, sobre la que he sido incapaz de encontrar la información suficiente como para ubicarla en el mapa; el regreso se haría a través de la CO-9403 y la A-422 hasta Belalcázar, pasando por el tantas veces deseado castillo de Madroñiz; y, por fin, enfilar la CO-9402 a través de las estepas para recalar de nuevo en Santa Eufemia. Un recorrido circular (en realidad, triangular) que combina en la medida exacta el goce de la naturaleza otoñal con un patrimonio histórico y monumental todavía desconocido, sin faltar alguna concesión a la nostalgia infantil. Vagamente me inspiré para esta ruta en la experiencia de J.F. de la Fuente, aunque él partía de Villanueva del Duque y contaba con la ventaja impagable de realizar el recorrido en MTB, a través de caminos, cañadas, veredas y coladas.

Pero los problemas comenzaron apenas al salir de Santa Eufemia. La carretera, la misma que conduce al castillo de Miramontes, quizás mereció ese nombre algún día, pero no ahora. No es sólo que arroyos pedregosos se hubieran abierto en el asfalto, sino que tantos socabones traicioneros como estrellas en un cielo estrellado impedían cualquier conducción que no pudiera calificarse de temeraria. Empecinado en negar la evidencia, avancé aún un par de kilómetros esperanzado en que tal pedregal fuera sólo una estratagema para disuadir a los posibles turistas de visitar el castillo, pues por alguna extraña razón que desconozco en Santa Eufemia profesan tal desapego a su fortaleza que sólo puede explicarse por algún afán de venganza histórica contra los tiranos Carrillos y Mejías transmitido genéticamente. Sin embargo, enseguida se vio que aquello era claramente intransitable y que más valía hacer en pocos minutos un cambio radical del plan meticulosamente preparado antes que aventurarse por un canchal del que no podía saberse el desenlace.


Carretera CO-8407, que conduce al castillo de Miramontes, a la salida de Santa Eufemia.

La única opción era ya tomar directamente la CO-9402 hasta Belalcázar, que regaló, a cambio, un paisaje pletórico de encantos, tanto en su zona adehesada como en las falsas estepas donde anida la avutarda. Sin ceder al reclamo irresistible del fuerte de los Sotomayor, seguimos, en camino inverso a lo previsto, hasta el castillo de Madroñiz. Un rústico cartel, cuajado de encanto, señala la dirección de una fortaleza que se divisa ya a lo lejos. Aparcamos el vehículo junto a una gravera con la sana intención de intertar la subida a pie, aprovechando la soleada mañana que nos acompaña. Resulta, sin embargo, que el fortín de Madroñiz se encuentra al otro lado del Zújar, cuyas aguas, crecidas a causa de las primeras lluvias otoñales, cubrían totalmente el vado que en verano hace franqueable el cauce del río. Imposible saber la profundidad para arriesgarse andando y, mucho menos, en automóvil. El castillo se veía ahí, a tiro de piedra, pero no había puente para cruzar al otro lado. Las nubes que amenzaban ya el horizonte parecían algo más que un presagio.


Castillo de Madroñiz.

Cabizbajos, abatidos, nos dirigimos ahora hacia la estación de Belalcázar, a fin de justificar el viaje. Nada más llegar, supe que yo había estado allí antes, aunque lo había olvidado completamente. La estación de Belalcázar, claro, lugar de encuentros recreativos en una infancia-adolescencia tan lejana que quién se iba a acordar ya. Allí están los eucaliptos, ahora en medio del río, como surgiendo extraños de las aguas, atrapados por las colas del embalse de la Serena. El paisaje resulta imponente. Los riscos y plegamientos que nos envuelven regalan una sensación de soledad que apenas puede amortiguar un tren de mercancías que avanza cansinamente hacia algún lugar. El monte mediterráneo luce aquí, terreno fronterizo de tres comunidades, en todo su esplendor. La estación se halla abandonada y hace años que ningún viajero sube aquí al tren. La puerta de entrada ha sido arrancada y el vestíbulo ofrece al curioso los vestigios de mejores tiempos: la taquilla de los billetes, un libro de registro del paso de trenes de 1992, documentos desperdigados por el suelo que quizás encierren algún interés.


La estación de Belalcázar.

La jornada aún guardaba otra frustración. Plantados ya en aquel lugar y no deseando recorrer hacia atrás el mismo camino de vuelta, optamos por seguir adelante hacia las cercanas Capilla y Peñalsordo, ya en Extremadura, para regresar luego a Belalcázar cruzando Cabeza del Buey. Pero este día los hados se habían conjurado en nuestra contra y los indicadores nos llevaron hasta un puente que cruza el Zújar con una vistosa señal de prohibido el paso (según supe luego, porque la carretera va a morir al pantano). Nada por allí informaba de que lo que parecía ser ya la referida CO-8407, abandonada al otro extremo esta misma buena mañana, se abre, unos cientos de metros más allá, en la nueva carretera a Peñalsordo. Son pruebas que se ofrecen al turista para que lo suyo sea una carrera de obstáculos. Ignorantes de esta opción, nos volvimos de nuevo a Belalcázar por donde habíamos venido, albergando la segura convicción de que al menos los atractivos de la sede condal nunca decepcionan.

3 comentarios :

Dani | domingo, noviembre 21, 2010 3:16:00 p. m.

Según recuerdo, la vez que hicimos la ruta del Madroñiz con Guadamatilla, fue entrando por el vado encementado, para lo cual hubo que quitarse botas y calcetines y pasar descalzos y para pasar de nuevo al lado de la carretera y de la estación lo hicimos atravesando el puente por donde pasa el tren. Recuerdo también la vista de garzas en el Zujar y de buitres anidando justo en frente de la estación.
Hace muchos años, en el 96, un grupo de amigos visitamos el castillo por dentro, lo que más me llamó la atención es que el castillo está habilitado como vivienda tal como hace siglos, sin apenas cambios y en la actualidad puede pernoctar perfectamente en él.

No estaría de más que se programara una futura ruta o visita con la intención de visitarlo por dentro.

Anónimo | viernes, noviembre 26, 2010 12:00:00 a. m.

No sé si conoces la historia de este senegalés, pero sucedio el día 2/10/2010 en esa carretera que tu dices que se corta en el agua: http://www.elpais.com/articulo/reportajes/carretera/solo/llevaba/muerte/elpepusocdmg/20101010elpdmgrep_5/Tes

Anónimo | martes, septiembre 10, 2013 4:18:00 p. m.

Yo me aventure a pasar por la supuesta carretera cortada porque el paisaje es maravilloso y no merece que lo tengan tan abandonado, no pido una autovia simplemte una carretera estrecha con un buen firme y bien señalizada simplemente, bueno a lo que iba yo e pasado por la supuesta carretera cortada que t lleva a peñalsordo y llegue perfectamente ni rastro de agua que cortara el paso simplemente mal firme eso si fue en verano no se si el agua en el periodo estival bajara o algo, aunque para la administración es más facil poner un cartel de carretera cortada que invertir en arreglarla

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