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Los dos lados de la frontera / y 2. Arribes del Duero


Humilladero a la entrada de Fermoselle desde Portugal.

Cuando hago turismo rural por los pueblos de España, suelo detenerme a fotografíar las muestras más llamativas de la arquitectura tradicional antes que los nobles monumentos indicados en las guías de viajes. Por qué, me preguntan. Porque sé que si vuelvo a estos lugares dentro de cinco o diez años, ahí seguirán la iglesia, el castillo y el palacio (incluso mejorados), pero casi con toda seguridad ya no estarán los edificios populares que documentan la historia cotidiana del común de los habitantes de un pueblo. A no mucho tardar, incluso en lugares que todavía hoy mantienen reservas privilegiadas de construcciones vernáculas, la ruina y el progreso llegarán ominosas acabando con cualquier muestra de tradición que hubiera osado resistir.

Entre Zamora y Salamanca pervive aún una de esas comarcas españolas aisladas del tiempo, protegida por los barrancos del Duero y ajena todavía, pero no por mucho tiempo, al pernicioso influjo del turismo rural. Llegamos desde Portugal a Fermoselle, capital de Los Arribes, desde donde se despliega un dédalo de rutas inhóspitas por peñascos y despeñaderos que encuentran momentos culminantes en sitios tan evocadores como el Teso de San Cristobal en Villarino, la ermita de Nuestra Señora del Castillo en Pereña, el Pozo de los Humos en Masueco o el Mirador del Fraile en Aldeadávila. Es un recorrido de asombros, frente a una arquitectura tradicional que se sabe en retirada, ahogada quizás por el trabajo infatigable de cualquier grupo de desarrollo rural, y el paseo por estos pueblos míseros y semidespoblados contiene un amargo sabor a despedida, aunque sea la primera vez que llegas a ellos. Son mundos que ya no pueden aguantar, porque está llamándoles a la puerta eso que dicen futuro.


Grandes portones cobijados por un tejadillo a dos aguas, en Monleras.


Es característica en algunos pueblos la puerta de la vivienda protegida por muros exteriores que sostienen un tejadillo, como ésta de Sardón de los Frailes.


Impresionantes vistas del Duero desde el Mirador del Fraile en Aldeadávila.


Cortina de piedra para delimitar las propiedades y sostener el suelo de las terrazas, en Masueco.


Caseto o chozo de pastor para guardar aperos de labranza, de planta circular y cubierto por una falsa bóveda, en las proximidades del Pozo de los Humos.


Muestras exquisitas de arquitectura tradicional, con muros de sillarejo a la vista sin ventanas y gran dintel sobre la puerta, en Trabanca.


Caserío tradicional de Fermoselle.

1 comentarios :

Anónimo | viernes, diciembre 17, 2010 10:31:00 a. m.

www.ruralc.com

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