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Se fue José Murillo, el "Comandante Ríos"

Personas que en otros países serían consideradas héroes nacionales, en el nuestro están desapareciendo en medio de la indiferencia general. Hace un par de años falleció el noriego José Caballero, a quien hasta los homenajes en su pueblo le llegaron tarde. En la madrugada de ayer nos dejaba también José Murillo, el "Comandante Ríos", nacido en El Viso en 1924, un auténtico luchador desde el maquis contra el régimen franquista. Con ellos se va poco a poco la memoria viva de nuestra historia reciente, tan frágil y tan propensa a la mudanza.

José Murillo, el "Comandante Ríos"

José Murillo se vio obligado a echarse al monte en 1941 con 17 años siguiendo los pasos de su padre, un pastor con ideas socialistas aunque sin militancia política, para escapar así de una muerte segura a manos de los falangistas de la localidad. Estuvo nueve años al mando de una cuadrilla de seis hombres, hasta que fue detenido. Tras catorce años de encarcelamiento, fue puesto en libertad en 1963. En 2001, Emilio Silva publicó en El Semanal un artículo titulado "Guerrilleros en el olvido" sobre algunos de los maquis supervivientes, del que extraigo este fragmento dedicado a José Murillo:

José Murillo pisó el suelo de una calle de Burgos y a su espalda se cerró la puerta de la cárcel. Se sentía extraño. Siendo un chaval se despidió de su madre y de sus hermanos para echarse al monte junto a su padre y evitar así una detención de la guardia civil que habría puesto sus vidas en peligro. Siendo un hombre recuperaba la libertad. Nueve años como guerrillero, catorce como preso político, dos condenas de muerte y cinco balas que nadie pudo extraerle del hombro derecho eran todo su patrimonio. La vida recomenzaba a los cuarenta años para el conocido como comandante Ríos.

La victoria de Franco en la Guerra Civil convirtió en ilegales a decenas de miles de españoles que habían luchado con el ejército republicano y simpatizado o pertenecido a partidos políticos de izquierda. Cerca de medio millón de personas huyeron del país para salvarse y poder seguir viviendo en libertad. Otros trataron de recomponer sus vidas ocultando su pasado, se adaptaron a la nueva realidad y sobrevivieron bajo la dictadura. Unos cuantos tuvieron que echarse al monte para salvar la vida. Una vez allí formaron pequeños grupos dispersos que a mediados de los años cuarenta se organizaron en agrupaciones de guerrilleros.

Había cumplido diecisiete años José Murillo cuando un familiar falangista avisó a su padre de que se escapara para salvar la vida. También le dijo que se llevara a su hijo mayor para que no tomaran represalias con él. La vida se había complicado para ellos en el Viso de los Pedroches, el pequeño pueblo cordobés donde la familia Murillo vivía de las labores del campo y la ganadería. “Nos despedimos de la familia y subimos a la sierra. Tuvimos suerte porque al día siguiente nos dio el alto un grupo de hombres. Nos preguntaron qué hacíamos por ahí y después de que mi padre les contara su historia nos permitieron unirnos a ellos”. Murillo recuerda su juventud guerrillera sin nostalgia, como un hecho que simplemente no pudo ser de otra manera. “A mi padre lo andaban persiguiendo porque había sido simpatizante de la UGT y visitaba la casa del pueblo durante la república. Si no nos avisan de que nos escapáramos no lo habríamos contado. Con esas cosas no se podía jugar porque no se andaban con chiquitas; a mi madre la encarcelaron cinco años con una niña de dos meses como represalia por no habernos capturado a nosotros”.

Corría el año 1941 y en los montes de Sierra Morena actuaban varios grupos de guerrilleros. “Al principio fue muy duro acostumbrarnos a aquella vida. Dedicábamos la mayor parte de tiempo a tratar de sobrevivir; obteniendo comida y esquivando las batidas de la guardia civil. Teníamos que cambiar nuestros campamentos constantemente para evitar ser descubiertos. Nos movíamos por la zona que delimita Córdoba y Badajoz. Pasábamos el invierno en grandes chozas, reunidos con otros grupos con los que teníamos cierta confianza. Nunca decíamos nuestros verdaderos nombres, ni de dónde veníamos, para proteger a nuestra familia”.


José Murillo (primero por la derecha) en la prisión de Burgos.

La vida de los guerrilleros era diferente dependiendo de las época y de las zonas de España donde actuaran. Para algunos su trabajo consistía meramente en resistir, conseguir alimentos y no caer en manos de la guardia civil. Había zonas donde realizaban labores de sabotaje. Por ejemplo en León, donde las minas de wolframio abastecían al ejército alemán. La misión de impedir que el preciado metal de uso bélico llegara a manos de los nazis. Para ello asaltaban trenes o saboteaban puentes. En otras zonas realizaban atracos en los que a veces conseguían grandes cantidades de dinero para su causa. En 1946 en el Banco Español de Crédito de Puertollano, el Gafas y su banda se hicieron con 250.000 pesetas, una pequeña fortuna para la época.

En 1944 los pequeños grupos guerrilleros comenzaron a organizarse en agrupaciones. Murillo fue nombrado jefe de su guerrilla con 22 años. Desde entonces comienzaron a llamarle comandante Ríos, por lo bien que cruzaba de orilla a orilla en las noches de marcha. Una vez que terminó la Segunda Guerra Mundial y el bando aliado no atacó a Franco la guerrilla cayó en el desencanto. Los que pudieron huyeron a Francia, pero ese no fue el caso de Murillo, que tuvo un duro encuentro nocturno con las fuerzas del orden. “Iba con el jefe de otro grupo y con un enlace y nos dieron el alto. Comenzó un tiroteo. Me dieron cinco disparos en el hombro. Tuve suerte de que la guardia llevara fusiles naranjeros, porque disparan balas en un mismo punto. Mis compañeros me vieron caer abatido y pensaron que había muerto”.

Cuando Murillo recuperó la consciencia todo había pasado. “Hice algunas de las señales que teníamos acordadas para reunirnos en la oscuridad, pero nadie contestó. Entonces me arrastré como pude y llegué a una carretera. Salí inmediatamente de ella para no dejar rastros de sangre. Con una manta que llevaba anudada me hice una especie de torniquete. Caminé por una montaña. Buscaba una cabaña donde recordaba que vivía la familia de un pastor. Al final caí en una maraña de zarzas y perdí el conocimiento”. El comandante Ríos tuvo suerte porque la familia del pastor no lo delató. Lo curaron y luego él cambió de identidad y se hizo pasar por pastor durante casi dos años, mientras se recuperaba de sus graves heridas. Pero fue delatado y entró en prisión en 1949.

José Murillo estuvo en las cárceles de Ocaña y Burgos durante catorce años. Cuando salió en libertad había cumplido los cuarenta. Poco después se casó con la hermana de un compañero que tenía identidad falsa. El comandante Ríos había fingido que la hermana de su compañero de celda era la suya. Con ella se había carteado durante cuatro años y al quedar él en libertad les unía una intensa experiencia que han compartido hasta hoy. En los veintitrés años que habían pasado desde que se echó al monte sólo había visto a su madre en una ocasión. “Me enteré de que mi madre había salido de la cárcel y bajé al pueblo. Pasé dos horas con ella y con mis hermanos. Mi padre en cambio fue herido en un enfrentamiento con la policía y detenido. Se ahorcó en su celda en 1944, aunque nunca me he creído la versión de su muerte”. José Murillo pertenece a una generación que lo dio todo soñando con la libertad. Él y su familia, como muchas otras, sufrieron la persecución de sus ideas. Sus años en el monte y en la cárcel le impidieron cotizar a la seguridad social y hoy sobrevive como puede con una pequeña pensión.

José Murillo ha dedicado muchos años de su vida a mantener vivo el recuerdo de la guerrilla, participando activamente en jornadas de recuperación de la memoria histórica, gracias a lo cual poseemos numerosos testimonios de su experiencia en la lucha antifranquista. El siguiente vídeo, emitido por Canal Sur dentro de su programa "Tesis", contiene una impresionante charla entre el Comandante Ríos y otro guerrillero, Francisco Martínez:



En 2001 el Ayuntamiento de El Viso le brindó un homenaje, al que asistieron también otros compañeros de fatigas en la montaña, como la jarota Manuela Díaz, "La Parrillera". El alcalde leyó un comunicado en nombre de los viseños en el que se decía: "Señor Murillo: éste, su Pueblo, le reconoce, aunque quizás demasiado tarde, su lucha, su sufrimiento, sus angustias, deseando de corazón que, a través de este sencillo homenaje, encuentre reparación de la injusticia y olvido sufrido". Él, con lágrimas en los ojos, respondió: "No lo olvidaré en todos los días de mi vida".


José Murillo (en el centro) durante el homenaje ofrecido en El Viso en 2001.

En 2001 Javier Corcuera dirigió el documental "La guerrilla de la memoria", una conmovedora semblanza de la resistencia antifranquista a través de los testimonios de un grupo de maquis, entre los que se encuentra José Murillo con un papel relevante. Podemos ver el documental completo aquí:



Descanse en paz José Murillo, luchador por las libertades y contra el olvido.

2 comentarios :

Anónimo | lunes, septiembre 03, 2012 7:58:00 p. m.

Conocí al Comandante Ríos hace veinte años. Por él supe la historia de un tío mío en la sierra y cómo siendo detenido no le permitieron ningún derecho a juicio. Los naranjeros lo acribillaron sin contemplación. Creo que Murillo fue un héroe.
Gracias Antonio por dedicarle este sencillo, pero merecido, homenaje.

Anónimo | martes, septiembre 04, 2012 3:23:00 p. m.

En el día de hoy, el diario EL PAIS en su sección de Obituarios hace referencia al Comandante Ríos.

En el día de hoy, miles de personas tendrán conocimiento de la existencia de éste defensor de la justicia.

Lógicamente, en nuestros pueblos de los pedroches seguimos igual que siempre, enjaulados por el desconocimiento y faltos de gratitud, como corresponde a nuestra sociedad especialmente atrasada e ignorante.
¡Hasta siempre, Comandante Ríos!

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