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Comunicación en el Metro de Madrid [Foto tomada con teléfono móvil].

Las inesperadas vacaciones de este largo fin de semana merecían una huida de tanta bendita ruralidad y una inmersión curativa en el cosmopolitismo multiculturalista de la gran ciudad capital del reino. Tarea inútil. No se puede huir de Los Pedoches, como bien sabemos ya.

El objetivo era combinar la continuación de mi trabajo académico extraprofesional (espero que el eufemismo permita conservar la suficiente ambigüedad) con el disfrute de una oferta cultural generalmente vedada. Asistir a alguna representación teatral (como la magnífica El principio de Arquímedes, sobre los miedos colectivos y las incertidumbres individuales, en el Teatro de La Abadía), encontrarte sin saber cómo en la presentación de un "libro" sentado entre el público junto a Paco Clavel y Nieves Concostrina y escuchando en directo las deliciosas deconstrucciones copleras de Olé Swing o vagar con la dulce indolencia del descreimiento por alguna exposición de arte contemporáneo que suponga el suficiente calambrazo como para seguir viviendo aún con esperanza.


Una de las salas de la exposición "Inmaterial".

Lo primero, siguiendo la sugerencia de José Jurado, fue sumergirme en los sabores ancestrales de la cultura inmaterial a través del siempre fascinante mundo de la fotografía documental. La exposición "Inmaterial. Patrimonio y memoria colectiva" se exhibe en el Museo Nacional de Antropología hasta el 15 de febrero de 2015 y en ella se muestran casi un centenar de imágenes procedentes de los fondos documentales del Instituto del Patrimonio Cultural de España, algunas de mediados del siglo XIX, entre las que se encuentran obras de grandes de la historia de la fotografía española, como Jean Laurent, Otto Wunderlich, Eustasio Villanueva, Aurelio de Colmenares y Orgaz, António Passaporte, Loty, Luis Escobar, Pedro Ibarra, Baltasar Cue y Cristina García Rodero. La exposición ofrece un recorrido por el patrimonio cultural inmaterial de los pueblos y ciudades de España, que incluye tradiciones y expresiones orales, las artes del espectáculo, los usos sociales, rituales y actos festivos, los conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y las técnicas artesanales.


Disposición de las imágenes.


Una de las fotografías más impactantes: "Carreta cargada de tinajas". Murcia. 1871. Jean Laurent.

Al día siguiente me apetecía conocer un lugar del que tenía buenas referencias: el centro de creación contemporánea Matadero Madrid. La impresión de una visita a lugares de esta naturaleza siempre está condicionada por la eventualidad azarosa de lo que se muestre allí en aquel momento. Me gustó mucho el proyecto "Muros entre hombres" de Alexandra Novosseloff y Frank Neisse, una sorprendente colección geopolítica de imágenes sobre los muros que en nuestro mundo separan a personas iguales en territorios diferentes. Duele, por ejemplo, ver a Melilla igualada con Cachemira o a Ceuta con Berlín. Pero uno disfruta, sobre todo, recorriendo aquellas antiguas instalaciones de uso industrial reconvertidas para la actividad cultural e imagina la posibilidad de procesos similares aquí más cerca de nosotros, ahora que La Fragua, que hubiera podido ser lo más parecido, se retira a hibernar y anuncia novedades al regreso.


Exposición "Muros entre hombres" en Matadero Madrid.


Puesto callejero en el Rastro, la mañana del domingo.

Y precisamente allí, en el Matadero, como si la hipótesis de lo seis grados hubiera llegado ya a su cumplimiento, me encontré el enlace con Los Pedroches en aquel remoto lugar del universo madrileño. En la Nave 16 se celebraba casualmente este fin de semana el XV Salón Internacional del Libro Teatral y allí, escondido entre muchos títulos del stand de Ediciones Irreverentes, quiso aparecerse, como reclamando su lugar, la portada de Pañuelos bajo la lluvia, la obra teatral de Félix Ángel Moreno Ruiz que este año fue candidata al Premio Solienses. Luego, esta misma tarde, al regresar a casa, encontré en el buzón el nuevo libro del mismo autor, Misterio en Los Pedroches. Cansado y todo como venía, no pude resistirme a comenzar inmediatamente su lectura, hasta finalizar el segundo relato, donde muere un joven poeta noriego que se llama Antonio, como yo.


Stand de Ediciones Irreverentes en el Salón Internacional del Libro Teatral.

1 comentarios :

Anónimo | martes, noviembre 04, 2014 5:12:00 p. m.

Largo fin de semana para los que trabajais en la administracion. El resto fin de semana normalito y en casita que los sueldos el que lo tiene no estan para ir de viaje.

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