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Te mataré dos veces

Félix Ángel Moreno Ruiz, Estaré esperando para matarte. Ediciones en huida, 2016, 369 páginas.[Comprar]



Estaré esperando para matarte no es una novela, sino dos. Y no solo porque sean dos los casos que aquí resuelve el inspector Homero. Son dos novelas porque diferentes son cada una de sus partes, en su estructura, en su contenido y en sus personajes y porque al terminar de leer el libro, no obstante la conexión que existe entre ambas, somos conscientes de habernos enfrentado a dos modos diferentes de acercamiento a la novela negra.

La segunda, puesta bajo el frontispicio de Caribdis, es un relato clásico de investigación policíaca, con alusiones explícitas a Agatha Christie. Un grupo de personajes encerrados en una mansión de ambientación decimonónica (el palacio de Moratalla de Hornachuelos) revelan todos, como en el Orient Express, motivos y oportunidad para haber cometido el crimen y serán las pesquisas holmesianas de Homero las que lleven a la resolución del conflicto, a través de sus conocimientos científicos y el uso de la observación y la deducción. El relato ofrece un planteamiento convencional del género, con su crimen en la tercera página, su narrador omnisciente, la exposición lineal de los hechos, sus pistas, sus sospechosos, sus interrogatorios y la angustia precipitada en el lector por intentar averiguar quién es el asesino antes de que el autor se lo desvele pocas páginas antes del final.

La primera es otra cosa: baste decir que el crimen no se comete hasta la página 77 y que desde ese momento sabemos ya quién es el asesino. La acción avanza con flashbacks interpolados de acciones recientes y lejanas, que aclaran el pasado tormentoso del personaje, marcando una estructura narrativa más compleja que en la segunda parte. Pero lo que sobre todo distingue a este relato es su atmósfera, completamente diferente. Se trata, podríamos decir, de una novela negra con conciencia de clase. Hay un fondo lejano de luchas obreras en la España de principios del siglo XX, acciones sindicales en la clandestinidad y difusión del ideario anarquista que nos recuerda vagamente a las novelas de Eduardo Mendoza, donde las motivaciones del crimen son políticas y no meramente guiadas por las más bajas pasiones humanas. Todo ello adornado con una tierna historia de amor que se trunca en el momento en que la novela deja de ser amable y se transforma en un thriller psicopático.

Homero continúa en esta novela su proceso de definición como personaje que iniciara en Un revólver en la maleta. Salen fortalecidos también el entrañable agente Pedro y la tía Maruja. Continúan los guiños a Los Pedroches, como la presencia de un panadero natural de Añora o la referencia al "camino a Los Pedroches" como revulsivo que cura los mareos para siempre. Y el autor sigue dando muestras de su dominio del género y de la intriga, de ese difícil arte para enganchar al lector y no soltarlo ya hasta la última página. Pero, sobre todo, esta nueva aventura del inspector tarugo contribuye a la fijación de Córdoba (y provincia) como escenario literario y muy desagradecida está siendo ya la élite cultural de la capital al no rendir a sus libros la atención que se merecen. Porque Córdoba es una ciudad necesitada de autores que la conviertan en universo literario, en espacio de ficción a través del cual diseccionarla, para quererla más, y llevarla así a la inmortalidad que proporciona la literatura. Félix, humildemente, con sus localizaciones en el popular barrio de Santa Marina, en el entorno del Palacio de Viana o en las pensiones lúgubres de la Corredera, está contribuyendo a esta tarea y ojalá que el inspector Homero, subestimado en la realidad como lo es en la ficción, no tenga que marcharse cualquier día en busca de otros horizontes lejanos donde sea más querido y respetado.

5 comentarios :

Anónimo | viernes, abril 15, 2016 5:17:00 p. m.

¿Elite cultural cordobesa? ¿Qué es eso? Pensaba que era casino provinciano.

Anónimo | sábado, abril 16, 2016 4:40:00 p. m.

Estimado Antonio, si Homero no fuera subestimado tanto en la realidad como en la ficción, no sería Homero. En eso radica el encanto de los perdedores.
Félix Ángel Moreno Ruiz

Anónimo | sábado, abril 16, 2016 11:49:00 p. m.

Mi admirado Félix Angel, la categoria de perdedor no se adquiere hasta que no se acaba la partida.

Anónimo | domingo, abril 17, 2016 1:16:00 p. m.

Yo he leído la novela y sí me parece una novela sobre perdedores: Homero, la muchacha, el joven anarquista y hasta el asesino. Por eso me gusta.

Anónimo | lunes, abril 18, 2016 12:50:00 a. m.

Después de leer cómo lo plantea el/la comentarista de las 1:16:00, no puedo dejar de leer esta novela y espero que ustedes tampoco. Homero era ciego, ¿no?

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