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El estado de la cultura en Córdoba

La publicación de una revista como 17 (ver aquí la edición on-line), que analiza el estado de la cultura en Córdoba, me parece un hecho hermoso y esperanzador. En una ciudad "de complicidades reaccionarias" (Octavio Salazar) es un soplo de aire fresco que oscila entre las hogueras del obispo Demetrio Fernández (la tan comentada "La Mezquita es arte bizantino. Los moros (sic) solo pusieron el dinero", pero también otras igualmente lamentables, como esa que dice "La propia mujer no se comparte...") y la denuncia de las 350 procesiones anuales ("la performance tridentina") de Manuel Harazem. Hay un análisis de los efectos de la no capitalidad cultural, con autoflagelación y vislumbre de oportunidades y una conclusión gozosa tras el cataclismo: "¿Y ahora qué? Ahora todo".



Es una revista de más de 150 páginas para leer detenidamente. Una revista llena de nombres, los nombres de la cultura cordobesa, que son tantos. Y, entre ellos, muchos de los nuestros. Ahí está la entrevista que el llorado Nacho Montoto le hace a Juana Castro (pp. 51-54), que siempre tiene una palabra para Los Pedroches ("allí voy cuando me asola la orfandad") y afila su visión de género: "La tradición cultural del cordobés es un círculo reducido, mientras las mujeres amplían horizontes y lo siguen haciendo a lo largo de toda su vida". Las poetas y dinamizadoras culturales Verónica Moreno y Ana Castro repasan con esperanza los restos del naufragio tras el luto de la capitalidad (pp. 56-61). Francisco Onieva nos regala un relato breve ("Bibelot", p. 96). Por aquí y allá salpican otras presencias: las de Gabrielle Mangieri y Javier Orcaray, artífices de La Fragua y CoMbO y representantes de una cultura alternativa a la institucional ("Las instituciones nos han visto históricamente con recelo"); la de Lorenzo Palomo ("el compositor cordobés de mayor proyección internacional en la actualidad"); la de Ana Rivas, propietaria de la librería La República de las Letras, que nos sorprende confesando que pasó su infancia en Pozoblanco "rodeada de libros"; la de Alejandro López Andrada, entre los narradores de los que presume Mario Cuenca Sandoval; la de Francisco A. Carrasco, defendiendo el cuento...

Es sano, de vez en cuando, detenerse un momento y confrontar visiones, hacer inventario y tomar fuerzas para continuar.

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