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Rehacer el pasado

Cuando uno termina de leer Aquello que fuimos, la última novela de Pilar Muñoz Álamo, lo primero que se pregunta es por qué este libro no está publicado por una editorial convencional. Pilar ha debido recurrir a la autoedición a través del coloso Amazon, que amenaza con devorarlo todo. Es cierto que la autora se maneja bien en el mundo virtual y tiene habilidad para promocionar su obra a través de las redes sociales. Es posible, incluso, que su novela haya alcanzado de esta forma un mayor número de lectores que si se hubiera publicado al modo clásico. Pero, admitámoslo ya, en el fondo todo escritor anhela el reconocimiento de una editorial al modo tradicional en el que los amantes de los libros seguimos todavía instalados, por mucho que, en otros ámbitos, nos hayamos entregado ya definitivamente al mundo digital. Y además resulta que Aquello que fuimos, bien distribuida y promocionada, hubiera hecho ganar dinero a la empresa editora, pues estamos ante una obra de alcance popular, que interesará a ese amplio público lector ávido de historias repletas de emociones, sentimientos y vivencias en las que reconocerse. Y, por si fuera poco, bien contadas y con una habilidad narrativa propia de una autora con una trayectoria literaria más amplia de la que ofrece Pilar.

Aquello que fuimos entrelaza dos narraciones que convergen en un determinado punto. Son historias actuales, de hoy mismo, con las que el lector puede sentirse identificado fácilmente. La violencia de género, las siempre complicadas relaciones familiares, las decisiones tomadas bajo presión, no siempre reversibles. El ansia de comenzar de nuevo, la fuerza de las mujeres para enfrentarse a situaciones adversas, el valor de afrontar los errores del pasado para corregirlos, el deseo de conocer el por qué de una actuación propia o ajena. La novela de Pilar Muñoz Álamo es un laberinto de emociones poblado de personajes que buscan explicaciones y de otros que necesitan darlas. Una novela coral, con intérpretes muy definidos que actúan impulsados por la necesidad de hacerse perdonar, de saldar cuentas con su pasado para poder mirar sin miedo el futuro.

Pilar demuestra en esta novela una sólida madurez narrativa. Las dos historias se van entremezclando con habilidad, despertando en el lector una profunda pasión por conocer los porqués de la historia, más compleja cuanto más avanza, con diversas ramificaciones y unos vuelcos argumentales inesperados que noquean al lector cuando más seguro se cree. Es cierto que a veces, buscando remover emociones primarias, domina en exceso un tono lacrimógeno, de melodrama o serial radiofónico, deudor de la novela romántica más elemental, todo lo cual contribuye a disolver en parte el contenido social de la trama. Asímismo, percibo en ocasiones una demora del relato entretenido con episodios familiares que hubieran resultado prescindibles, o bien el detalle minucioso de aspectos intrascendentes que nada aportan y algo distraen. Pero, en conjunto, estamos ante una consistente armazón que se encuentra a muy pocos peldaños de convertirse en la obra que consagre definitivamente a su autora. Pilar Muñoz es una narradora firme, con un apasionado impulso vital, y estamos seguros de que muy pronto, si no ha sido esta vez, lo va a conseguir.

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