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Cal contra las epidemias


Fachada de la Catedral de la Sierra de Hinojosa del Duque, encalada.

La tradicional estampa blanca de nuestros pueblos y de nuestras casas le debe mucho, según nos recordaba ayer un artículo en el diario El País, a las propiedades antisépticas y profilácticas de la cal. Encalar las fachadas de las viviendas (y el interior de las casas), coincidiendo con las fiestas patronales o con la llegada del verano, era un rito anual que marcaba el calendario rural tanto como la llegada de las cigüeñas. Pero en su origen parece subyacer una función sanitaria e higienizante más que puramente estética. Con motivo de las muchas infecciones y epidemias que han azotado a los pueblos a lo largo de los siglos, el efecto desinfectante y antibacteriano de la cal hizo que, no solo las viviendas particulares, sino la mayoría de los edificios públicos, fueran encalados por dentro y por fuera como medida de protección sanitaria.

Así, echando un repaso al álbum de fotos antiguas, podemos encontrarnos estampas tan singulares como estas de la Catedral de la Sierra con sus paredes encaladas con un blanco resplandeciente. Son estampas que hoy chocan, porque el efecto neutro de la cal oculta algunas maravillas artísticas. Es frecuente en muchas iglesias que se encuentren sorprendentes frescos medievales o renacentistas con motivo de obras de restauración al retirar las sucesivas capas de cal y pintura que los siglos han ido acumulando, pues estas paredes también solían encalarse en periodos de epidemia para frenar la propagación del mal, como sucedió en la ermita de Santa María del Castillo de Pedroche.


Otra fotografía de la Catedral de la Sierra encalada.


Soportales de la Plaza de la Villa de Dos Torres encalados.

El desarrollo científico ha restado importancia a estos métodos tradicionales de protección contra la enfermedad, lo que ha provocado que, con el paso del tiempo, se hayan ido eliminando estas capas de encalado y recuperando así la armonía originaria de los edificios que poseían algún valor histórico y artístico.

Nos llama hoy la atención la fachada encalada de la ermita de la Virgen de la Peña de Añora (que adquirió su aspecto actual de tiras a comienzos de los años 90 del siglo pasado) o los soportales de la Plaza de la Villa de Dos Torres, porque ya nos hemos acostumbrado a su imagen actual, en la que predomina la piedra, aunque, en algunos casos, hace poco tiempo que adquirieron esta apariencia. Independientemente de la exigencia de cumplimientos sanitarios, no cabe duda de que el aspecto que ofrecen los monumentos en cada época responden al gusto estético del momento. En la actualidad agrada buscar la visibilidad de los materiales de construcción, aplicando con frecuencia técnicas que dejan al desnudo elementos estructurales y componentes de obra que nunca fueron ideados para quedar al desnudo.


Ermita de la Virgen de la Peña de Añora con la fachada encalada.

3 comentarios :

Anónimo | lunes, mayo 11, 2020 8:05:00 p. m.

Posiblemente también pueda ser que nuestro clima influya en el encalado de los edificio. El blanco va bien para la calor.

Anónimo | martes, mayo 12, 2020 5:19:00 p. m.

Creo que había un uso de la cal muy generalizado, abusivo tal vez. En la fotografía de la Ermita de la Virgen de la Peña de Añora, se puede observar como también están encalados los tronco de los árboles que rodean la ermita, más concretamente, por todo su fuste.

Anónimo | martes, mayo 12, 2020 9:30:00 p. m.

Pues no es del todo cierto que el blanco nos sirva a nosotros para evitar el calor. A una fachada, un toldo, una cortina etc. seguramente sí porque refleja todos los colores y no se calienta como el negro. Pero nosotros no somos una fachada y no hay mejor manera de refrescarnos que expulsando nuestro calor por medio del sudor. Y en eso el blanco no nos ayuda, dicen los expertos. Atendiendo al blanco de nuestras casas y pueblos pienso yo más bien que es cosa de simbolismo. Reflexiono y me digo: la cal se usaba para luchar contra las epidemias. La cal es blanca. La gente discurría que la cal, el blanco, estaba librándonos de la epidemia. Es decir los estaba "limpiando". La epidemia se acababa, naturalmente no por culpa de la cal, y quedaba en fachadas y puertas el blanco resplandeciente. Las vecinas asociaban el blanco con la limpieza. Por tanto cuando querían ser "limpias" encalaban, blanqueaban, enjalbegaban. El blanco como símbolo de la limpieza, la pureza del traje de la novia, la limpieza interior, su virginidad. Las enfermeras, los médicos, el blanco de sus uniformes, la limpieza. ¡Que sabias eran nuestras abuelas cuando encalaban por la Feria, el Corpus, Semana Santa: la limpieza!

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