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"El horror de vivir en lo sucesivo", que diría Borges. Ochenta años después, "por recomendación de sus hermanas", Asunción La Cheta todavía se abstiene de dar los nombres de las personas que participaron en las historias que cuenta. Por ejemplo, el nombre de "un señor que se interesó" por su abuela viuda Carmen y la dejó embarazada de su cuarto hijo. El señorito, como corresponde a la estampa castiza, no quiso saber luego nada de ella e incluso forzó que expulsaran del seminario a otro de sus hijos, que cursaba allí estudios. Dice que oculta los nombres para no caer en el rencor, pero todos sabemos que es por otra cosa.

Pinchar en la portada para descargar el libro

La indagación en torno a la Guerra Civil Española en nuestra comarca tiene como referente principal, a cuyo alrededor se mueve todo, a la ingente obra de Francisco Moreno Gómez, desplegada desde los años ochenta del siglo pasado. Antes y después han ido apareciendo libros de memorias, en los que protagonistas de los hechos o meros observadores han narrado su experiencia directa en primera persona (Emiliano Marcaraque, Críspulo Márquez Espada, Bernabé Copado, Basilio García. Agustín Redondo...) El propio Moreno Gómez acudió a los testimonios orales como una de las fuentes principales de sus trabajos, en lo que constituyó una novedad historiográfica para la época. Una tercera vía divulgativa de vivencias particulares son los testimonios contados en tercera persona, los del investigador que entrevista al testigo y luego lo cuenta a su modo. A este género pertenece Guerra civil y posguerra en Belalcázar, La memoria histórica presente. Historias de vida de madres a hijas, cuyos autores son M. Pilar Ruiz Borrega, Pablo Garrido González, Manuel J. Parodi Álvarez y Sandra Blanco Romo y que se presentó hace unos días en el Ayuntamiento de Belalcázar. La obra, editada por la asociación Andolises, de momento solo se distribuye en formato digital (PDF) y puede descargarse completa pinchando aquí. El cuerpo principal lo constituye un conjunto de doce entrevistas realizadas a personas que vivieron la guerra, de las cuales se ha extraído un testimonio en tercera persona, todo ello precedido por una especie de dietario con las fechas clave de lo ocurrido en Belalcázar y alrededores desde el 14 de abril de 1931 al 18 de abril de 1947. Obviamente, no se trata de un libro de historia, sino de un baúl de recuerdos cargados de subjetividad que algo, sin embargo, pudieran ayudar al historiador tras una exhaustiva tarea de disección.

El libro padece todas las dolencias propias de un manual de testimonios en los que resulta complejo deslindar los hechos de las invenciones, las realidades de las pasiones, lo objetivo de los sentimientos. Se trata de una tarea a la que ya hemos llegado tarde, pues la mayoría de los testigos a los que podemos acudir apenas eran niños durante los años de la guerra y en sus recuerdos de hoy se confunden ya las propias vivencias reales con lo que les han contado después una y otra vez hasta asumirlo como propio, como vivido, moldeado en la forma que resultara más cómoda o más conveniente para ellos y para los suyos. Resulta conmovedor, para constatar esta evidencia, descubrir cómo a veces los recuerdos se sobreponen a las realidades históricas contrastadas: varios testigos recuerdan que la campana de la torre de la iglesia se derribó, se fundió y se hicieron municiones con ella, aunque lo cierto es que, habiendo sido derribada el 15 de agosto de 1936, "permaneció en el suelo hasta casi el final de la contienda sin que nadie la reclamara" (página 22).

La memoria es una enredadera de la que con frecuencia resulta complejo extraer un hilo coherente. Los testigos son ancianos de avanzada edad, para los que la linea del tiempo presenta saltos en el vacío, mezclando recuerdos de una época y otra: Gabriel sitúa en la posguerra el suicidio de una joven de la localidad, mientras que un documento aportado en el libro lo fecha en mayo del 36. En una línea intemporal se sitúan también muchos de los recuerdos recurrentes que se repiten en diferentes entrevistados: el miedo que provocaba en los niños las llamadas a deshora en la puerta de la casa, la visión espantosa de camiones cargados de cadáveres, las huidas al campo para evitar los bombardeos, las atrocidades sin sentido cometidas por unos y otros y hasta la llegada de un destacamento de Madrid para rescatar a los Corpus Barga.

Hay anécdotas rescatadas por la memoria que merecerían un mayor desarrollo, incluso aunque no sean ciertas, como las "dos sacas de oro" que, según Bernarda, le robaron a la familia conocida como los Basaranes, procedente de Toledo. Cierto aliento épico persiste en la peripecia de Antonio López, que, habiendo podido escapar del campo de concentración de Castuera (Badajoz), consiguió llegar a pie hasta Francia, mientras que un fondo berlanguiano recorre la aventura de Felipe, obligado a luchar en el bando contrario a sus ideales hasta que una noche de luna clara cruzó un río a nado y se unió a los suyos, los falangistas. Terminada la guerra, volvió "con la satisfacción de cumplir con su deber y mantener firmes sus ideales". Luego, ingresó en la Policía Rural del pueblo y fue conocido como Felipe El Guarda. Sabemos, por haberlo oído contar, lo que tal cosa significa. Pero esa es ya otra historia, también muy negra.

11 comentarios :

Anónimo | martes, julio 14, 2020 8:45:00 p. m.

Se entretiene, editor, en datos menudos.
Por mucho que ejercitemos la memoria histórica no podremos ni siquiera acercarnos al abismo del 36. ¿Qué monstruo diabólico recorrió España cuando leemos que en 48 horas fueron asesinadas 200 personas en Belalcázar?
La locura absoluta.

Anónimo | martes, julio 14, 2020 9:46:00 p. m.

Las guerras tienen eso, que se realizan atrocidades sin límite, ya sea en España, Corea, o Iraq. Antes, ahora y en el futuro. En España no pasó nada distinto a lo que está pasando ahora en Siria o pasó en Yugoslavia o Vietnam. Con otros matices pero con efectos similares sobre la población más débil y desprotegida. Como dijo Anguita, maldigo las guerras y a los que las provocan.

Anónimo | miércoles, julio 15, 2020 1:00:00 a. m.

Totalmente cierto.
No soy comunista,"nada más lejos" pero en mi opinión cuánta verdad y razón hubo,hay y habrá en esas palabras de Julio Anguita.

Anónimo | miércoles, julio 15, 2020 10:27:00 a. m.

Todas las guerras se gestan en la paz. Naturalmente en un paz de opresión y dominio de unos hacia otros. Unas veces la chispa que provoca el incendio es un acto de rebeldía y otras la avaricia del opresor si siente amenazado su poder. En el caso de España, yo me remontaria a la Contrarreforma.

Anónimo | miércoles, julio 15, 2020 11:47:00 a. m.

Me ha gustado mucho el libro, escrito de una manera amena y dinámica sin caer en el rencor al que nos tienen acostumbrados últimamente para aprovechar a las víctimas de la Guerra Civil como reclamo electoral de muchos partidos que han hecho de ésto su negocio y forma de vida,como si de seres carroñeros se tratase.
Mis felicitaciones a los editores y promotores del mismo.
Animo a que se editen más libros como este, que cuenten las grandezas y las miserias de los dos bandos en una guerra que todos iniciaron y todos perdieron.

Anónimo | miércoles, julio 15, 2020 3:04:00 p. m.

Se equivoca Vd, estimando anónimo julio 15, 2020 11:47:00 a. m.
La guerra se inició porque se dio un golpe de estado fallido por parte del ejercito. Que tuvieran razón los militares, que España era un desastre, que no había otra alternativa y etc, son cosas que no voy a debatir. Pero que la guerra se inició por parte de los militares sublevados no ofrece ningún género de duda. Yo tengo 62 años y estuve 15 años celebrando la fecha del 18 de Julio como fiesta nacional en memoria al alzamiento militar que provocó la guerra. Todo lo demás puede ser discutible. De hecho, las primeras víctimas de la guerra civil fueron militares leales a la república que en África fueron fusilados por los rebeldes golpistas por no adherirse al golpe.

Anónimo | miércoles, julio 15, 2020 4:03:00 p. m.

No me equivoco, lo que me gusta es ser condescendiente con los que proclamaron la republica en España en unas elecciones municipales en España de manera irregular habiendo perdido esas elecciones.
Me gusta ser condescendiente con el partido socialista obrero español que provocó la revolución de Asturias de 1934.
Me gusta ser condescendiente con el mismo partido socialista obrero español que asesinó a Don José Calvo Sotelo provocando la guerra civil cuatro días después.
Le dejó esta serie para que aprenda algo y no muestre su ignorancia públicamente que con 62 años ya es mayor para seguir contando películas. https://youtu.be/Gw5fmgMNPGY

Anónimo | miércoles, julio 15, 2020 6:37:00 p. m.

No me cuadra que la muerte de Calvo Sotelo fuese la causa de la guerra. Estaba todo organizado desde mucho antes ya que en cuatro días no se puede preparar un golpe de estado de esas características. Ese argumento se cae por su peso de tal forma que es ridículo debatirlo. Es uno de los falsos argumentos de la extrema derecha para que cale en mentes ignorantes sin nociones de historia y que además no la quieren aprender. Si parte del ejército no hubiera provocado la guerra civil se hubieran evitado cientos de miles de muertos, cientos de miles de exiliados y desaparecidos y 40 años de sanguinaria dictadura cuyas consecuencias aún se dejan ver. Pero bueno, también hay en Alemania gente que piensa que los culpables de la 2 guerra mundial fueron los judíos, en Francia que los de la resistencia eran terroristas y etc. Personajes como el anterior comentarista existen en todos los países demócratas. Creo que no es preocupante.

Salvador Amaya | miércoles, julio 15, 2020 9:11:00 p. m.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo | miércoles, julio 15, 2020 11:48:00 p. m.

Al condescendiente le recuerdo que los españoles echaron a Alfonso XIII no por rey, sino por ladrón como nos señalaba Valle Inclán. Y la verdad que no me extraña viendo el comportamiento de sus descendientes. Pero de dónde sale este individuo tan condescendiente? Bueno, de entre los sociatas seguro que no. Lo mismo es comunista ortodoxo y de ahí esos reproches a los socialistas. Vaya personaje...

Anónimo | jueves, julio 16, 2020 3:57:00 p. m.

De los creadores de "YO NO SOY MONÁRQUICO, SOY JUAN CARLISTA", presentamos la continuación de la saga "EL HIJO NO ES IGUAL QUE EL PADRE". Impresionante.

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