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Muere Marcos Rodríguez Pantoja, el niño-lobo de "Entrelobos"

Marcos Rodríguez Pantoja en 2018 [Foto: Óscar Corral en El País].

El sábado 15 de agosto, en Orense, a la edad de 80 años, murió Marcos Rodríguez Pantoja, al que todo el mundo conoce como el personaje real de la película Entrelobos (2010) de Gerardo Olivares, protagonizada por Manuel Camacho y Juan José Ballesta.

Marcos, que tiene entrada propia en la Wikipedia, nació en Añora en 1946, en plena posguerra llena de miserias y calamidades. Su vida fue la propia de un melodrama dickensianio. Siendo casi un bebé sus padres emigraron a Madrid, donde al poco falleció su madre al dar a luz a su octavo hijo. Teniendo Marcos tres años, su padre se casó nuevamente con otra mujer, que lo sometió a un cruel maltrato mientras estuvo a su cargo. En los años cincuenta se instalaron en Fuencaliente (Ciudad Real), en plena Sierra Morena, donde se dedicaron a la fabricación de carbón. En 1953, teniendo siete años, fue entregado a un terrateniente local, quien lo encomendó a un cabrero para que aprendiera el oficio. A la muerte del pastor, el niño quedó abandonado en medio de la naturaleza. En 1965 fue encontrado por la Guardia Civil, tras doce años viviendo en completo aislamiento de los seres humanos y con la única compañía de los lobos. La Guardia Civil lo trasladó a Fuencaliente por la fuerza, atado y amordazado, ya que aullaba y mordía como un lobo, dicen.

Su reingreso a la sociedad no fue mejor: primero internado en el Hospital de Convalecientes de la Fundación Vallejo, en Madrid, para ser reintroducido como adulto en la vida en sociedad; luego enviado a Mallorca, donde vivió en un hostal pagando con su trabajo. Hizo el servicio militar y se dedicó a trabajar como pastor y en la hostelería. Tras vivir en Fuengirola (Málaga) e incluso llegar a habitar en una cueva, se trasladó a un pueblo del interior de Orense, Rante, donde fue acogido por un vecino. Tras el fallecimiento de este, se trasladó a San Cibrao das Viñas y quedó al cargo de los servicios sociales.

Nunca me gustó esta historia, confeccionada con jirones de miseria a medida de múltiples intereses, ninguno de los cuales era el suyo. Marcos ha sufrido una vida de abandono y extrema fragilidad en cuantos ámbitos puede vivirse, y la sociedad quiso transmutarla en una lección moral. Tras la película de Olivares, Marcos se convirtió en carne de reportajes sensacionalistas. Era habitualmente invitado por ayuntamientos, asociaciones y organizaciones diversas a dar charlas en las que narraba su extraordinaria vivencia. El niño-lobo se transformó en una representación de sí mismo, se creyó su personaje y se entregó a él, encerrándose en su propia leyenda. En Pedroche, donde fue objeto de uno de los homenajes más dignos hacia su persona que se le han ofrecido, reconoció que "ahora la gente me respeta". 

En Añora, el pueblo donde nació, nunca se le ha tributado un acto de acogimiento como hijo ilustre. Y lo fue, aun a su pesar. 

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