Un informe de 2024 anotó la ausencia de líquenes en los petroglifos de la Tablilla del Mellado
Unos visitantes observan los petroglifos de la Tablilla del Mellado en 2013 [Foto: Asociación Amigos del Museo de Villanueva de Córdoba].
El mismo informe de 2024 que sirvió para justificar la catalogación de los petroglifos de la Tablilla del Mellado en Villanueva de Córdoba como Bien de Interés Cultural ya hacía notar que en las fotografías tomadas por Juan Palomo en 2006 no se advertía la presencia de líquenes. Sin embargo, esta asociación simbiótica de hongos y algas sí estaba ya presente cuando el informante de la delegación territorial de Cultura de Córdoba realizó su estudio dieciocho años después. Se trata del arqueólogo Antonio Moreno Rosa, quien, en la Documentación técnica sobre diagnóstico, inventario y catálogo de cuevas, abrigos y lugares que contengan manifestaciones de arte rupestre redactada en 2024 por encargo de la Consejería de Cultura, en el apartado dedicado a la Tablilla del Mellado afirma: "una capa irregular de líquenes de color grisáceo dificulta la observación de los motivos, en las fotografías realizadas en el año 2006 no se observa esta alteración".
El redactor del informe asegura que el estrato de pizarra que acoge los grabados tiene unas dimensiones de unos 0,60 metros de altura y 2,75 metros de longitud y describe así su contenido, según se refleja en la ficha correspondiente de la Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía: "De izquierda a derecha aparecen cuatro figuras grabadas principales: figura humana con los brazos en extensión, cabeza con ojos, nariz y orejas señaladas, en el tronco ovalado se aprecian dos círculos que han sido interpretados como senos (aunque también podría ser una coraza) y unas líneas horizontales en la parte inferior; figura antropomorfa esquemática asociada a tres motivos circulares; figura antropomorfa esquemática; y figura final de difícil interpretación, que se ha considerado desde una representación humana, hasta un trineo". Tan vaga e imprecisa información obtenida visualmente, sin embargo, no obstó para catalogar el lugar como una "estación de arte rupestre de tipo esquemático, encuadrable cronológicamente en la Edad del Bronce".
La versión de Juan Palomo, que recogimos hace unos días, desmonta, sin embargo, esta interpretación y plantea claramente que se trata de una falsificación. El tema de los líquenes, precisamente, puede ser un elemento fundamental a la hora de determinar la autenticidad de los petroglifos: en 2006, cuando Juan Palomo los fotografió, no había ni rastro de ellos, y así lo anotó expresamente: "hay algo claro: las figuras no tienen pátina ni casi líquenes, y en la parte superior de la lastra donde se encuentran sí los hay en abundancia. Si las figuras fueran de la Prehistoria Reciente debieran tener líquenes en su superficie, pues ese tipo de roca es susceptible de albergarlos". Los líquenes, en cambio, sí estaban presentes 18 años después, cuando Antonio Moreno Rosa visitó el lugar. No cabe duda de que ahí reside un elemento que suscita la duda. Un análisis liquenométrico despejaría la incógnita.
En el caso específico de los petroglifos de la Tablilla del Mellado en Villanueva de Córdoba, el riesgo de que la Junta de Andalucía haya cometido un error técnico es real y se fundamenta en cómo funciona el propio proceso de catalogación patrimonial, según nos han explicado personas cercanas a dichas gestiones. Hay, en primer lugar, una ausencia de verificación científica. La administración andaluza no realiza análisis de laboratorio de forma sistemática para verificar la antigüedad de cada propuesta antes de declararla BIC. El proceso es principalmente administrativo y burocrático, fundamentado en la revisión de informes y en la presunción de veracidad de quien eleva la propuesta. Si los informes iniciales asumen la autenticidad basándose solo en indicios visuales, la Junta tiende a proteger el bien por el "principio de precaución" (es preferible proteger algo dudoso que permitir la destrucción de algo auténtico).
En segundo lugar, se tiene en cuenta el sesgo del contexto geográfico. Un argumento determinante para la catalogación oficial de los petroglifos jarotes ha sido la cercanía de diez dólmenes. Sin embargo, la lógica metodológica dicta que la presencia de monumentos prehistóricos reales en los alrededores no convierte automáticamente en prehistórico a cualquier grabado que aparezca cerca. Un falsificador decimonónico, un pastor del siglo XX o un bromista del XXI con conocimientos básicos de la historia local pudo, precisamente, elegir esa localización estratégica para que su obra resultara más creíble. Por otro lado, la mayoría de esos dólmenes documentados tampoco están verificados científicamente, sino que son propuestas que parten, en muchos casos, del mismo rastreador que defendió la autenticidad de los petroglifos.
Finalmente, no juega un papel menor la presión social e institucional. El descubrimiento de los petroglifos generó un cierto orgullo identitario en Los Pedroches, canalizado por colectivos locales como la Asociación Amigos del Museo. Las administraciones locales suelen presionar intensamente a las delegaciones de Cultura para conseguir la declaración de BIC, ya que esto abre la puerta a subvenciones de conservación, prestigio cultural y desarrollo turístico, lo que a veces relaja la exigencia de un debate científico estrictamente crítico y la decisión se toma sin demasiado rigor para atender tales presiones, que también son de carácter político la mayoría de las veces.
































