La necesidad de buscar respuestas
En agosto de 2025 él mismo anunció en sus perfiles públicos que le habían detectado un tumor en el intestino. En lugar de ocultar su enfermedad y encerrarse en su mundo de dolor, decidió abrirse al universo y compartir con todos sus sensaciones frente a este reto que la vida le proponía. "Ahora viene un nuevo camino, de muchos pasos, y estoy dispuesto a darlos", escribió entonces. En septiembre habló de "cáncer de intestino en estado avanzado con metástasis" y, contra tanta adversidad, señaló su receta: "elijo vivir". En octubre definió su vida como "una montaña rusa", de donde Juanlu sabía extraer lecciones de existencia: "Para mí los bajones, las caídas, los miedos, la incertidumbre… está siendo igual de enriquecedor que todo lo bueno que me pueda estar pasando en esta época". Lo bueno eran sus amigos, la compañía y los apoyos que recibía constantemente.
Fue describiendo sus emociones en cada sesión de quimioterapia y lanzándolas al mundo para compartirlas, porque el dolor es menos si se reparte entre todas las personas que lo quieren a uno. Habló de sus padres, y de su hija, preocupado por cómo hubieran vivido unos su situación y cómo lo vivirá ella, cuyo cumpleaños no pudo compartir. Luego se refirió al dolor en general y a su dolor en particular, el dolor físico, el dolor que iba a ser ya su compañero de viaje durante toda su vida: "lo mismo incluso le pongo nombre al dolor", porque poner nombre a las cosas es el primer paso para comprenderlas y dominarlas.
Recibió a tiempo un homenaje por parte de la Escuela de Fútbol Base de Pozoblanco y por parte del Ayuntamiento de Villanueva de Córdoba durante la Feria del Jamón, de la que fue siempre un cronista ejemplar.
En diciembre las cosas se complicaron gravemente. "Aún así -dejó escrito-, en toda la oscuridad de estos días, ha habido una luz maravillosa en ellos: mis amigos y mis amigas, que sin descanso, se han organizado de forma increíble para cuidarme y estar ahí, a mi lado. Son familia, o mi ‘crew’ como ellos se llaman. Y ahí están, preparados para sujetarme si caigo".
En enero su entereza se rompió. "Hoy por primera vez en muchos meses rompí a llorar. No pude evitarlo". Y trata de justificarse, como si hiciera falta. "Pedí bajar a la capilla y no me dejaron. Solo quería estar solo en un lugar tranquilo para pensar en lo que me viene por delante. Y al negarse el médico a darme permiso me hundí. Creo que es la primera vez que me rompo así, pero es que uno se cansa de que siempre sea un no, una mala noticia, un tropiezo, una marcha atrás…". Pronto llegó una tregua, que Juanlu ya contemplaba con escepticismo: "Lo que hay estos días, por encima de todo, es una necesidad extrema de vivir día a día, sin expectativa alguna, sin pretensiones ante lo que pueda venir. Ni más ni menos. Lo que venga será lo que tendrá que ser". Enseguida llegó el momento de la introspección: "He sentido la necesidad de mirarme por dentro y buscar respuestas a muchas cosas".
El último escrito de Juanlu es del 9 de febrero. Ese día salió del hospital para encontrarse con la Virgen de Luna, que venía presurosa de la Jara como si quisiera llegar a tiempo para despedirse de él. "Cuando vi aparecer a la Virgen de Luna por la calle Jesús, yo ya estaba llorando", confesó. "La Luna me habló. Y fue ahí, justo ahí, cuando noté una sensación única, note que estaba junto a mis padres, en el momento adecuado, en el momento justo. Y sentí como ella quería abrazarme, fuerte, como quizás tantas veces hizo de niño cuando mi madre me explicaba que la Virgen de Luna siempre me abrazaría cuando se lo pidiese".
Quizás Juanlu encontró en ese abrazo la respuesta a sus preguntas.





























