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Todo sobre las pilistras

Entrada solo para jardineros aficionados y filólogos aburridos.



Mis pilistras, hace unos días.

En la parte derecha de nuestro blog Solienses hay una sección titulada "Lo más leído en los últimos días", donde aparecen las cinco entradas más visitadas en las jornadas anteriores. Por lo general, los que aparecen son los artículos más recientes, pero con cierta frecuencia, especialmente cuando pasan algunos días sin actualizaciones, se "cuelan" entradas históricas que, por razones que resulta difícil justificar, suelen atraer la atención constante de los lectores.


Entre estas suele encontrarse casi siempre (hoy mismo ocupa la cuarta posición) la entrada titulada "De nuevo con las pilistras" (2017), que sería la continuación de una anterior que llamé simplemente "Pilistras" (2006). De hecho, "De nuevo con las pilistras" es el décimo quinto artículo más leído en toda la historia de Solienses. En "Pilistras" simplemente mostraba mi sorpresa por haber descubierto que el auténtico nombre académico de nuestras plantas hogareñas era "aspidistras", según deduje durante la lectura de la novela El viento de la luna (2006) de Antonio Muñoz Molina. En "De nuevo con las pilistras", sin embargo, además de reclamar la inclusión del término "pilistra" en el diccionario de la RAE amparándome en testimonios de Camilo José Cela ("verdea la hoja de lanza de la pilistra") y Antonio Alcalá, contaba un problemilla que había tenido recientemente con mis propias macetas de pilistras: una plaga de cochinilla. Expliqué brevemente que, tras ver las manchitas blancas sobre las hojas, acudí a una floristería de Pozoblanco donde me vendieron un producto para erradicar el insecto. Limpié una a una las hojas de mis macetas y apliqué la loción. "Y vamos a esperar el resultado", concluía. Era agosto de 2017.


Pero luego nunca volví a retomar el tema. La cuestión de las pilistras, sin embargo, no ha dejado de tener actualidad entre las bambalinas del blog. Han sido numerosas las consultas que he recibido pidiendo el nombre del producto para exterminar la plaga y el artículo no cesa de estar entre los más leídos, seguramente gracias a lectores que nada tienen que ver con Los Pedroches pero que vienen aquí guiados por el buscador Google cuando se interesan por las pilistras y los remedios contra la cochinilla. Pues bien, ha llegado el momento de que lo cuente todo sobre mis macetas de pilistras. Que Solienses adquiera su dimensión de servicio público y desvele qué pasó con ellas desde agosto de 2017, con la seguridad de que -aunque algunos lectores consideren el tema demasiado frívolo y un punto delirante- mis remedios pueden serles de utilidad a otras personas que lleguen aquí en el futuro buscando auxilio en su zozobra pilistral.


Comenzaré diciendo que aquel primer remedio contra la cochinilla no funcionó. Lo apliqué varias veces, en intervalos periódicos, tal como rezaban las instrucciones, pero el insecto se reproducía una y otra vez. Probé sucesivamente con otros productos que me recomendaban en floristerías e incluso con remedios caseros que me decían unos y otros en una pequeña comunidad de afectados que llegó a formarse en torno al problema de la cochinilla en mis pilistras. De los remedios caseros, el peor fue lavar las hojas con agua y detergente (mistol o fairy), tal como me recomendaron. Quizás fuera que no apliqué la proporción adecuada, pero a las hojas les salieron unas manchas oscuras que tardaron en desaparecer y, sin embargo, no tuvo ningún efecto sobre la cochinilla. Los productos que les suministraba parecían tener un efecto momentáneo, pero en cuanto pasaban unas semanas se veía que el insecto continuaba allí, reproduciéndose a su antojo. Así pasaron muchos meses y hasta años. Abatido por tantos fracasos, pensaba ya dejarlas perder, a pesar del vínculo emocional que me unía a ellas. Pero la naturaleza y la historia nos tenían reservado un capítulo imprevisto.


El confinamiento de marzo de 2020 y el posterior cierre perimetral a causa de la pandemia del coronavirus sorprendió a las pilistras en el patio (allí las había dejado, siguiendo la teoría de que en invierno estas plantas están mejor al raso, teoría que luego refutaré), sin que nadie pudiera atenderlas hasta tres meses después. Se alimentaron tan solo de la escasa agua de lluvia que cayó durante ese periodo y sufrieron el efecto de su enemigo más feroz: el calor. Cuando finalmente a finales de junio pude acudir en su auxilio, el panorama que me encontré fue desolador: casi todas las hojas se habían secado por la falta de riego y exceso de temperatura, pero, créanlo o no, la cochinilla seguía allí. Y había también un signo de esperanza.


A la izquierda, como quedaron tras el confinamiento de 2020 y a la derecha y centro, tras la poda radical.

La esperanza era que, aunque se habían secado las hojas grandes, habían brotado sin embargo muchísimos "hijos" o "tallos" que se veían verdes y frescos. Por desgracia, ni siquiera ellos escapaban a la plaga: parecía que ya nacían con la cochinilla en sus entrañas. Así que tomé una drástica decisión: corté todas las hojas grandes, incluso las que no estaban secas del todo (pero llenas de cochinilla) y dejé tan solo los brotes nuevos, a los que, a su vez, sometí a una actuación radical. Les apliqué un producto que ha sido, al menos en mi caso, el único que ha dado resultado en estas circunstancias. Se trata de un plagicida de la marca Greendel llamado "Anticochinillas y mosca blanca". Se aplica mediante pulverización y hay que tomar precauciones al manipularlo (guantes y mascarilla) puesto que podría ser tóxico para las personas. Se vende en floristerías.


Y se obró el milagro. Los brotes nuevos crecieron con cierta rapidez (top secret: unas bolitas de nitrato ayudaron un poco) y las macetas han recuperado su antiguo esplendor, aunque las hojas no son aún tan altas como las antiguas. Pero, después de este periplo, continúo teniendo siete macetas de pilistras frondosas que han sabido, por su parte, adaptarse a largos periodos de soledad y falta de cuidados forzados por sucesivos confinamientos y cierres perimetrales de distintas entidades geográficas. Ahora las dejo siempre en el interior, pues he comprobado que, incluso en invierno, les favorece, siempre que tengan suficiente luz. La creencia de que el frío les hace bien es un mito, al menos en largas temporadas y con el clima de nuestra comarca. Es mejor, según mi experiencia, cuidarlas en interior y solo sacarlas en breves periodos de cuatro o cinco días para que respiren y se oxigenen, especialmente si llueve, y siempre totalmente protegidas del sol y del exceso de calor.


Así estaban ya en agosto de 2020, mes y medio después de la intervención.

Lo que sigue sin solución es la no admisión del término "pilistra" por parte del diccionario de la RAE, como ya en 2002 reclamaba Antonio Rodríguez Almodóvar. Y eso que la literatura, que da carta de naturaleza al lenguaje, cada vez se muestra más proclive a su uso. El escritor pacense José Joaquín Rodríguez Lara las llama "civiles jamás floridos" en su poemario La tierra al fondo y en un hermoso artículo ("El ocaso de las pilistras") que les dedica en su blog escribe: "La pilistra es la resignación hecha maceta. Hermana del silencio, hija de la sombra, amante del sosiego, almohada de las horas". J.R. Alonso de la Torre, por su parte, escribe en El periódico de Extremadura: "La pilistra es el toldo de antes, la sombrilla de cuando no había sombrillas, la señal del microclima cuando nadie llamaba así a un rincón fresco en los territorios del sofoco. Las pilistras crecían en los arriates del patio, a la vera del pozo, en la esquina de la sombra. Había pilistras en los largos corredores oscuros y en la penumbra de los salones". Las llama pilistras la cordobesa Isabel Pérez Montalbán en el poema "Las liendres" (Vikinga, 2020) y el gaditano Manuel Ríos Ruiz en "Viaje a medianoche" y la jiennense Carmen Camacho las hace aparecer con ese nombre en su relato "Un buen final", publicado recientemente en Diario de Sevilla.


Entre nuestros escritores comarcales, he encontrado división de uso entre pilistra/aspidistra. El torrecampeño José Manuel Blanco en su novela Pueblo chico, infierno grande, de la que hablamos hace poco, se inclina por el segundo: "Un pasillo central de cantos rodados, dispuestos como si fuera un mosaico de teselas tamaño king size, distribuía los dormitorios a los lados, escoltados por macetas de aspidistras" (página 84). Sin embargo, Félix Ángel Moreno Ruiz escribió en un comentario a la segunda entrada que acababa de "poner un pasillo adornado con pilistras en la última novela de Homero, ambientada en los Pedroches, que estoy terminando" y que aún no se ha publicado. Y añadía: "No había casa en nuestra tierra que no tuviera, al menos, un par de macetas de esta planta tan humilde y, a la vez, tan hermosa, que da un agradable frescor. Las duraderas y resistentes pilistras, heredadas de padres a hijos, con sus tiestos vencidos por el tiempo... ¡Qué recuerdos!". 



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Los Pedroches de mi corazón


Ayer se lanzó a través de las redes sociales la primera entrega del programa "Los Pedroches de mi corazón", una iniciativa de la Asociación La Casa de los Monos de Pozoblanco, patrocinada por la delegación de Participación Ciudadana de la Diputación de Córdoba y realizada en el centro cultural La Paralela de Pozoblanco. El programa está presentado por Manolo Marín junto a Ana Fernández y Emi Cobos, mientras que en la parte técnica mandan Peter Font y Miguel Moyano.


Fortalecer el hermanamiento entre pueblos, mejorar la convivencia entre vecinos, favorecer el intercambio de ideas, dar a conocer a la comarca de Los Pedroches y colaborar con las asociaciones son algunos de los objetivos que persigue este proyecto, del que, en principio, se grabarán cuatro programas. Con un formato de talk show alegre y desenfadado, con mucho humor, "Los Pedroches de mi corazón" invita sobre todo a conocer mejor Los Pedroches y su gente, y a quererlos.


En este primer programa se abordan los rifirrafes históricos entre algunos de los pueblos de la comarca de la mano del historiador Juan Bautista Carpio, se propone la adopción de dos perros de los refugios de Los Pedroches y se entrevista al cantante viseño de reguetón Sakata Bro, que ha presentado su nuevo tema, «Ayer la vi».

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El mundo rural de Gloria, las vivencias de Miguel y los caprichos de Pepa

Gloria Cambrón, en primer término, durante la presentación de su novela el pasado jueves [Foto: Ayuntamiento de Hinojosa del Duque]. 

En los últimos días se han presentado nuevos libros escritos por autores de Los Pedroches de muy diversa temática. Durante la Feria del Libro de Hinojosa del Duque, entre otras presentaciones, la hinojoseña Gloria Cambrón dio a conocer su nueva novela, titulada 3.197 pasos (Litopress). El título hace referencia a los pasos que separan la vivienda de Isabel, la protagonista, y el cementerio del pueblo en el que la esperan dolorosos recuerdos. Centrada en el entorno de Hinojosa del Duque, la novela ofrece a través de una mirada femenina un fresco de la vida rural en la España de posguerra y hasta la actualidad, conectando así con su novela anterior, La mula roja (2017, candidata al Premio Solienses 2018). Gloria Cambrón ha publicado también La inteligencia de las palabras (2013) y La ciudad de Dios (2014). 

Miguel Cardador (centro) durante la presentación de su libro en Pozoblanco [Foto: Facebook].

El pasado viernes, por su parte, el pozoalbense Miguel Cardador López presentó su libro autobiográfico La mochila de la mente (Amazon), en el que aborda directamente su vivencia personal desde que en 1975 comenzó a sufrir un Trastorno Obsesivo. Desde entonces comenzó "una lucha constante, no exenta de sufrimiento, soledad y un terrible miedo al suicidio". El libro incluye reflexiones, entrevistas a profesionales y experiencias tanto propias como de otras personas que han sufrido la enfermedad. Juan Bosco Castilla ha escrito sobre este libro: "Nadie conoce bien el dolor ajeno, por mucho que quiera razonarlo. Nadie como quien padece lo que tú para sentir lo que tú. La empatía es, fundamente, acompañar, y nadie acompaña tanto como el que, por haber sufrido lo que tú, sabe lo que de verdad pesa tu sufrimiento y te entiende. Por eso tienen tanta importancia testimonios como el que Miguel Cardador expone crudamente en su libro". Miguel Cardador publicó en 2018 su libro también autobiográfico Un patrimonio lleno de vivencias.

Josefa Godoy entrega un ejemplar de su libro de recetas al alcalde de El Viso [Foto: Ayuntamiento de El Viso].

Finalmente, también la semana pasada fue recibida en el Ayuntamiento de El Viso la viseña Josefa Godoy Caballero, que ha publicado recientemente su libro de recetas Los caprichos de Pepa (Letrame). Se trata de un recetario de repostería ("desde el tradicional arroz con leche hasta el panettone italiano"), afición que le viene a la autora desde su estancia en Bélgica, a donde se trasladó con sus padres siendo niña y creció "con el sabor del buen chocolate belga, los gofres y la tarta de arroz". 

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Nieto Cumplido, el Pedroche y todo lo demás

Manuel Nieto Cumplido (segundo por la izquierda) con el párroco de Santa Catalina, el capitán de la cofradía y el autor de la obra junto al cuadro donado [Foto: Cofradía de la Virgen de Luna de Pozoblanco]. 

Siento cierto apuro al observar una vez más la falta de rigor intelectual del canónigo archivero de la Catedral de Córdoba Manuel Nieto Cumplido, gran autoridad en la historia medieval de Córdoba y su patrimonio histórico-artístico. Realmente intervenciones como la de ayer en Pozoblanco resultan desconcertantes y uno desearía no haberla escuchado, pero sucede que el sacerdote e historiador se empeña últimamente en exponerse una y otra vez y minar poco a poco el alto prestigio alcanzado tras largos años de impagable dedicación a la cultura cordobesa.

Hace unos meses, en una entrevista concedida a Cope Pozoblanco, Nieto Cumplido se empeñó en avergonzarnos relatando sin pizca de recato su teoría sobre el origen de la Mezquita de Córdoba. "Se trata de arte helenístico", afirmó una y otra vez, "fusión entre el arte griego y el arte del Oriente de Grecia" producto de las conquistas de Alejandro Magno, para llegar realmente a donde quería llevarnos: "nosotros al helenístico lo denominamos arte romano, es el arte del cristianismo, el arte bizantino". La nueva teoría artística que desarrolla desde hace tiempo la Iglesia cordobesa es que la Mezquita de Córdoba no es "de los moros, del tiempo de los moros", sino que estamos ante una muestra de arte bizantino-cristiano, y en esta dicotomía los bizantinos son "los nuestros" y los moros (sic) "los otros". El error de apreciación histórica que padecemos el vulgo común partiría del Romanticismo y su esfuerzo por hacernos creer que la Mezquita, la Alhambra o la Giralda "es belleza árabe, y no señor, es belleza bizantina", es decir, cristiana. Y en semejante delirio transcurre toda la entrevista.

Por cierto, que también dejó en aquella ocasión un recado a los profesores de la Universidad de Córdoba, y aquí se lo traigo por si no lo han recibido aún: "A la Universidad de Córdoba no le ha importado en 40 años la Mezquita de Córdoba. No ha pedido trabajar ni ha pedido colaboración, aunque estaba en la puerta de la Facultad de Filosofía y Letras". 

Pero vayamos a lo más reciente. Ayer, Manuel Nieto visitó Pozoblanco para formalizar la donación de una pintura a la cofradía de la Virgen de Luna de esta localidad (sí, especificó, la donación no es a la Virgen de Luna, sino a la cofradía de Pozoblanco, sin que la de Villanueva de Córdoba tenga nada que ver en ello). Se trata de una copia de la Virgen del Rosario con el Niño de Murillo, cuyo original se encuentra en el Museo del Prado, realizada por el pintor villarrense Arsenio José Fernández Sabio, que tiene orígenes familiares por parte materna en Villanueva de Córdoba y cuya esposa pertenecía a la familia de Juan Ocaña Torrejón (autor de la Historia de la villa de Pedroche y su comarca). El cuadro (un óleo sobre tela de 1,60 x 1,10) fue donado en 2018 a Nieto Cumplido "para que lo destinase al templo que él quisiere", y el canónigo ha decidido que la pintura cuelgue en la ermita de la Virgen de Luna, donde él mismo celebró su primera misa en 1959.

 
Acto de donación del cuadro. Vídeo de Cope Pozoblanco.


En su breve intervención en la parroquia de Santa Catalina, donde se celebró ayer un sencillo acto de recepción del cuadro, Manuel Nieto se abrazó de nuevo a todo tipo de despropósitos en su explicación histórica. Volvió a tropezar una vez más con la piedra de "El Pedroche", que no es cosa menor: según el archivero catedralicio eso de "Los Pedroches lo inventaron a principios del siglo XX aquí en la imprenta Pedro López, pero es El Pedroche, que abarcaba toda la sierra, y tenía la cabecera en Pedroche, y era un nombre en singular, lo he estudiado muy bien ese tema". Tan bien no lo habrá estudiado, puesto que ya en 2011, habiendo realizado las mismas declaraciones en unas Jornadas de Historia Local de Villanueva del Duque, hubimos de contradecirle señalando que una sencilla consulta documental atestigua el topónimo "Los Pedroches" como forma común de denominación ya desde el siglo XVI y Juan Bautista Carpio Dueñas confirmó luego en su blog  (uno y dos) que el término "Los Pedroches" aparece documentado por primera vez ya en 1493 en un pleito de términos relativo a Fuenteobejuna y coincidiendo con el surgimiento de numerosas villas en torno a la matriz Pedroche, lo que suponía que El Pedroche había pasado a convertirse en una agrupación de concejos más o menos independientes. Lo singular se había transformado en plural, ya a finales del siglo XV. Lo reconozco, son batallitas a lo Cebolleta del viejo Solienses, que ya ha cumplido 18 años, pero ahí están, qué le vamos a hacer.

Nieto continúa poniendo de relieve su labor en defensa del patrimonio histórico artístico cordobés, cierta y encomiable, pero no deja de llamarme la atención, en la atribución de méritos, una anécdota. Durante su periodo como Delegado Provincial de Cultura (entre finales de los setenta y principios de los 80 del siglo pasado) se realizó la restauración de la ermita de la Virgen de Guía de Villanueva del Duque y cuenta que por entonces, con motivo de la realización del Catálogo artístico y monumental de la provincia de Córdoba, "dejé de regalo una piedra de mármol" que es una inscripción romana. ¿Dejé de regalo?  Veamos. Cuando los autores del Catálogo venían en taxi desde Belalcázar, pararon en la ermita, que estaba en obras, y el bueno de Manuel vio que "en el regato del camino ya casi en la puerta de la iglesia estaba allí aquella pieza romana, ¡al aire libre!", puesto que ninguno de los paletos del lugar, añado yo, se había percatado de semejante tesoro tan a la vista. Nieto le dijo entonces al arqueólogo Juan Bernier, que le acompañaba: "Mire usted, vamos a cargarla al coche que después veremos de quién es esta piedra". Posteriormente la entregó como donación y fue puesta en un muro lateral de la ermita con un gran cartel que agradecía a Manuel Nieto su "donación". Por esas cosillas humanas, el cartel que agradece la donación hoy ya no es tan grande, apenas se ve. "Eso fue otro obsequio mío a esta comarca", reafirma, aunque no acaba de verse claramente que aquello fuera un obsequio y no la devolución de un bien sustraído indebidamente.

Y así pasa a la siguiente estación de penitencia de su entrega por el patrimonio de Los Pedroches (el retablo del Hospital de Jesús Nazareno, obra de Hernán Ruiz III -aunque él dice II-, antiguo monumento eucarístico (siglo XVI) de la catedral de Córdoba repartido entre Pozoblanco y Peñarroya gracias a su gestión, y también la restauración de la Catedral de la Sierra en Hinojosa del Duque), tareas todas ellas que asegura haber realizado con mucho gusto por esta comarca, "que no ha sido por presumir, porque aquí no he tenido ningún acto público de estas cosas, aunque guardo la lista....". Piadosamente, el vídeo de Cope Pozoblanco termina abruptamente aquí, pero, vamos, que parece quedar claro lo que Nieto Cumplido estaba intentando decir y quien tenga oídos que oiga...
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Alcaracejos recupera su historia

Presentación del libro anoche en Alcaracejos [Foto: Solienses].

En la Plaza de Los Pedroches de Alcaracejos se presentó anoche la edición facsimilar de dos libros sobre la historia de Alcaracejos que acaba de ser publicada por el Ayuntamiento de la localidad y la Diputación de Córdoba. Se trata de Historia de Alcaracejos y su escudo (1955), de Germán Santos Caballero, y Recopilación de datos sobre Alcaracejos y sus costumbres (1988), de José López Navarrete. Los dos libros se publican ahora en un solo volumen, gracias a una iniciativa liderada por Sebastián Muriel.


De Historia de Alcaracejos y su escudo ya hablamos en Solienses hace tiempo, por lo que reproduzco básicamente lo que escribí entonces. El libro es deudor de su época en la concepción y en el contenido. Recoge materiales diversos, con escasa elaboración, poco orden y ningún rigor historiográfico, pero tiene el interés de reflejar la visión voluntariamente parcial de una época, con un gran sesgo ideológico. En un primer apartado se abordan las gestiones realizadas para la creación del escudo heráldico de la villa, iniciadas en 1953, así como la descripción del mismo y la memoria-historial elaborada para su justificación. A continuación se incluye una "descripción del pueblo en la actualidad", con el interés añadido del plano del término municipal de Alcaracejos compuesto en 1921 por el maestro José Ventura Fernández, a cuyo elogio se destina un apartado. Este mapa también se ha reproducido ahora en tamaño cartel y se adquiere junto con el libro presentado ayer. Le siguen varias páginas (exactamente 11 de las 35 de que consta el libro) dedicadas a la entrega de 32 viviendas económicas construidas por la Orden Social Cordobesa de Huertos Familiares. El último tramo consiste en una recopilación de datos históricos sobre la villa procedentes de diversas obras enciclopédicas decimonónicas. La obra cuenta, además, con material fotográfico de la época.


En cuanto a la Recopilación de datos sobre Alcaracejos y sus costumbres, se trata también, como su título indica, de una "recopilación de datos", siendo más abundantes los de naturaleza etnológica que los propiamente históricos. A la geografía e historia de la localidad (con preferencia hacia las épocas anteriores a la fundación de la villa) se dedican unas treinta páginas al inicio, seguidas de un pequeño álbum con material fotográfico (25 páginas), hasta llegar a lo que parece el objetivo principal del libro. Se trata de unas doscientas páginas sobre fiestas y costumbres populares de Alcaracejos, presentadas cronológicamente a lo largo del año natural. Se describen las fiestas y los juegos y gastronomía asociados a ellas, con aporte fotográfico, dibujos y curiosidades relativas a cada efeméride. También se dedica su espacio al folklore, con reproducción de letras y músicas tradicionales y descripción de los pasos de baile. La edición y maquetación, achacable al modo en que entonces se hacían estas cosas, no está a la altura del interés que hoy ofrece el material etnológico recopilado. El libro de José López Navarrete contiene mucha información sobre las costumbres populares, el folklore y las tradiciones de Alcaracejos, muchas de las cuales, como suele ocurrir, traspasan las fronteras de la localidad y abarcan el ámbito comarcal. El mérito del trabajo de José López se refuerza al saber que fue fruto de una investigación directa desde su labor como maestro en la localidad, por lo que pudo entrevistarse personalmente con muchas personas que le ofrecieron su valioso testimonio sobre las costumbres y tradiciones antiguas, en un momento en que la mayoría de ellas comenzaban a desaparecer. 


Ambas publicaciones constituyen una riqueza para la cultura de Alcaracejos, pero no deberían considerarse referencias sobre su historia, sino fuentes documentales para su futura elaboración, y que, por tanto, deben someterse a crítica y contraste. Son obras deudoras del momento en que fueron escritas y como tales reflejan los errores historiográficos propios de su época, que hoy pueden ser ya subsanados con el acceso habitual que tenemos a muchas fuentes primarias de información y documentación. La historia de Alcaracejos, como la de otros pueblos de Los Pedroches, está todavía por escribir.

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Una gala olímpica

Actuación del Club de Comba de Montilla [Fotos: Solienses].

La gala de las Olimpiadas Rurales de Los Pedroches, que se celebró anoche en la Plaza de Toros de Añora, resultó ser un acto metaolímpico, es decir, de reafirmación colectiva y autoconvencimiento, como estrategia psicológica para afrontar una realidad adversa y potenciar el propio compromiso de cara al futuro. Tras dos años de parón por causa de la pandemia, resultaba necesario comprobar el engrase de los mecanismos de funcionamiento de una actividad que implica gran complejidad organizativa. Los responsables pudieron seguramente tomar buena nota del punto exacto en que se encuentra todo el engranaje, de las fortalezas que se mantienen y las debilidades que acechan. Más de cuatrocientas personas, según las crónicas, acudieron a la convocatoria.


Representantes de tres equipos de jugadores recogen su adoquín de reconocimiento.

La organización de las Olimpiadas Rurales quiso homenajear a todos los sectores implicados en su realización: las instituciones y empresas patrocinadoras y colaboradoras, los equipos de jugadores, los sanitarios y protección civil, los medios de comunicación, los voluntarios... todos recibieron su adoquín conmemorativo en medio de grandes aplausos, como si de una entrega de premios se tratara. En el transcurso, algunas curiosas atracciones relacionadas con los juegos populares, como Javi Demaria, campeón del Mundo de Trompo Acrobático, y Fran Diábolo, malabarista con el instrumento que le da apellido artístico. Hubo también un recuerdo al libro con el que se inició todo. En cuanto al espectáculo, lo más sobresaliente me pareció, por un lado, el trabajo del presentador y amenizador del acto, el humorista Rafa Frías, que condujo la gala con gran profesionalidad, capacidad de improvisación y simpatía; y, por otro, la participación del Club de Salto de Comba de Montilla, campeón del mundo en esta especialidad, que llenaron el escenario de saltos y coreografías realmente espectaculares.


En los discursos, todo fueron buenos deseos para que la racha pase pronto y ya mismo podamos asistir a unas auténticas Olimpiadas Rurales como dios manda. Llenas de juegos, deporte, diversión, besos y abrazos. El tiempo nos dirá si ese pasado puede volver o el futuro ha cambiado ya para siempre.



Entrega de reconocimientos a instituciones y empresas colaboradoras.
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Secretos en la Catedral

Actuación de Los Secretos ante la fachada de la Cadedral de la Sierra, anoche. [Fotos y vídeo: Solienses]

La actuación de Los Secretos anoche en Hinojosa del Duque fue uno de esos momentos mágicos que se viven de vez en cuando si eres capaz de abstraerte de lo que te rodea. Una plaza de la Catedral a oscuras mientras la potencia de la luz se centraba en la portada renacentista de la Iglesia de San Juan Bautista que sirvió de decorado a un recorrido por cuarenta años de la mejor historia del pop-rock español. Es cierto que no se cumplieron del todo los protocolos anti-covid (de ahí mis dudas) y que urge inculcar a la chiquellería un mayor respeto por la música, pero, si te olvidabas de todo, cabía entonces disfrutar intensamente de un concierto sensacional a pocos metros de los artistas, privilegio difícil de conseguir en otros lugares.


Álvaro Urquijo se entregó al público desde el primer momento, afable hasta el límite y con muchas ganas de agradar. Confesó que era su primer concierto desde la pandemia y en sucesivas intervenciones contó anécdotas de su relación con Sabina (al que siempre se refería con reverencia) o el trasfondo de algunas canciones, con un emocionado recuerdo a su hermano Enrique, y agradeciendo muchas-muchas veces que se hubiera contado con ellos para esta programación, transmitiendo una cordial imagen de modestia y cercanía, a pesar de constituir el grupo un pilar fundamental de la música popular española desde los años 80.


Álvaro Urquijo durante sus actuación.

En lo musical, el concierto fue un gozoso repaso por todos sus grandes éxitos de cuatro décadas (Déjame, Sobre un vidrio mojado, Pero a tu lado, Échame a mí la culpa, La calle del olvido, Ojos de perdida, El bulevar de los sueños rotos, Ojos de gata, Agárrate a mí, María...) y también algunas canciones de sus últimos discos, entre ellos Mi paraíso, publicado a finales de 2019 ("con tan mala suerte..."). La hora y media larga que duró su actuación logró una seductora inmersión en la nostalgia de la juventud perdida, para qué vamos a negarlo. Anoche en la plaza de Hinojosa apenas había jóvenes, porque los que acudieron a escuchar a Los Secretos eran sus padres y quizás abuelos. No es de extrañar, así es la música y sus dependencias vitales.


 
Vídeo: "La calle del olvido".
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Dudas


Andamos en el filo de la navaja. Todos con la mejor intención estamos aprendiendo a vivir de nuevo en sociedad, a convivir, combinando nuestra propia satisfacción con el derecho a la salud de los demás. Son cosas que nos ha traído la pandemia, muchas de las cuales ya no se irán. Lo advierto ahora a propósito de las convocatorias culturales en diversos pueblos. Se programa con entusiasmo, con esperanza, con voluntad íntima de recobrar la normalidad, y luego se entrega todo al azar incierto de qué ocurrirá cuando llegue el día. Mientras en Villanueva de Córdoba y El Viso superan la tasa de mil casos de contagio (por cien mil habitantes) y se suspende toda actividad municipal, en Hinojosa del Duque se nos invita esta noche al concierto de Los Secretos y en Añora mañana a la Gala de las Olimpiadas Rurales. Pozoblanco, por su parte, ya anda difundiendo el Slow Music para septiembre, con figuras tan atractivas como Amaral y María José Llergo. ¿Qué hacer? Los Ayuntamientos organizadores extreman las medidas sanitarias y minimizan los riesgos. La economía no puede estancarse y para ello es necesario recobrar cierto nivel de movilidad, lo que implica necesariamente un cierto grado de inseguridad. Entre esos abismos nos movemos desde hace tiempo. Escuchar a Los Secretos ante la fachada plateresca de la Catedral de la Sierra, revivir la nostalgia de ese gran descubrimiento que han sido las Olimpiadas Rurales, asistir al regreso de la hija pródiga María José Llergo convertida en estrella...  son reclamos demasiado potentes como para resistirse. Y sin embargo... ¿qué hacer?


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Un intento frustrado y el consuelo del Miramontes

Muralla Este del Castillo de Miramontes, en Santa Eufemia [Fotos: Solienses].

La intención de esta mañana era localizar uno de esos monumentos "perdidos" de Los Pedroches que ando catalogando. Se trata de la llamada Casa de las Bóvedas, un edificio en la sierra de Santa Eufemia que era utilizado por los condes como casa de recreo. Pudo haberse construido en el siglo XV y de ella solo se conserva una estructura rectangular cubierta por una bóveda de cañón de unos 40 metros de longitud. En internet había encontrado algunas rutas ciclistas que nombraban el monumento y con la ayuda de Google Maps elaboré un doble itinerario alternativo confiando en que los satélites me fueran propicios, como en la visita al castillo de Vioque. Pero esta vez no.


El primer itinerario me condujo hasta Guadalmez, ya en Castilla-La Mancha, y pretendía un acceso desde el norte, pero a la hora de afrontar el inevitable laberinto de caminos del último tramo el navegador se rindió y comenzó a dar órdenes contradictorias que me hicieron desistir. El segundo itinerario partía de Santa Eufemia y suponía, en primer lugar, recorrer unos quince kilómetros de la carretera CO-9027 que une esta localidad con Belalcázar. ¿Qué dificultad podían presentar quince kilómetros de carretera? Solo diré que a los cinco kilómetros decidí dar la vuelta y renunciar a la empresa. Se trata de una pista infernal sin restos del asfalto que alguna vez tuvo, llena de socavones y piedras que hacen imposible el tránsito con un vehículo que no sea un quad de esos. Debo reconocer que he sentido vergüenza de que en mi comarca haya una carretera así. 


Habiendo perdido ya la mañana, me acordé entonces de que hace unos meses dimos la noticia de que habían arreglado el carreterín de acceso al castillo de Miramontes y decidí llegarme hasta él, con la seguridad de que nunca defrauda. Hay que hacer notar que la entrada a esta vía del castillo se realiza desde la misma carretera dantesca que hube de abandonar, pero a favor de cualquier futuro visitante juega que solo tendrá que recorrer unos 600 metros, los que van desde el final de la calle Calvario a un desvío a la derecha torpemente señalado con unos indicadores de RTVE. La nueva pista es una recia estructura de hormigón que zigzaguea empinada hasta llegar a las antenas, a unos doscientos metros de la explanada de acceso al castillo. Este tramo final hay que hacerlo ya a pie, en un agradable paseo entre retamas y con el abismo a un lado. 


Torre de la cárcel y muralla norte, desde el interior del recinto.

El castillo se ofrece majestuoso desde su altura y está igual que la última vez que lo visité, hace ya varios años. Desde arriba, las vistas sobre Santa Eufemia y todos Los Pedroches resultan espectaculares y también al otro lado, hacia la comarca de Montesur (que es como llaman ahora a la de Almadén) y Valle de Alcudia. Tras recorrer las ruinas por el interior y tomar fotos de las torres que milagrosamente resisten el envite del tiempo, a pesar de alzarse en un sutil equilibrio directamente desde la roca, salí del recinto y di la vuelta por el lado norte, pues quería fotografiar el lienzo de muralla de este costado, que se conserva entero. No es tarea fácil, por lo escarpado del terreno, los roquedales inaccesibles, los abruptos cortes de terreno y la tupida barrera de zarzas y otros arbustos que inunda algunas zonas. Dando un gran rodeo y tras algunos resbalones, conseguí acceder a un punto desde el que contemplar una panorámica maravillosa y que no había observado anteriormente.


Al regreso, me crucé con una familia de viajeros que sudaban ya en su acceso a la fortaleza. "¿Este es el único camino para llegar al castillo?", me preguntaron, y yo confirmé sus temores, pero sin advertirles de lo que aún les aguardaba. Es cierto que el castillo de Miramontes, con su estado ruinoso, no está preparado para las visitas turísticas, que incluso presenta algunos peligros, pero a la vez (por su historia, por lo majestuoso del paisaje, por las vistas que regala) constituye uno de los mayores reclamos para los visitantes de la zona. Se trata de una contradicción que debería ser resuelta,  porque el monumento no está siendo adecuadamente explotado. La infame carretera de acceso y la ausencia absoluta de señalización seguramente echará para atrás a más de un turista y me pregunto si no será esta la intención. Así somos en Los Pedroches: queremos que el turismo constituya una fuente de ingresos para la comarca pero dejamos desasistidos algunos de los principales atractivos que podrían atraernos visitantes. Es muy probable que la familia de viajeros con la que me crucé no recomiende a nadie que repita su hazaña.


Muro norte, desde el exterior.

Detalle de los paramentos de algunas estructuras. Nótese cómo el torreón central arranca directamente de la roca.
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Derechos

El concejal popular Carlos Moreno en el balcón del Ayuntamiento de Dos Torres [Foto: Facebook].

Cuando arde la calle no podemos fingir que hace frío. Me amarro a esta luminosa fotografía que publica Carlos Moreno en su facebook para que el viento no pase por esta tierra nuestra sin dejar su huella. "Que nos maten a besos, no a porrazos", dice, y todos sabemos lo que quiere decir, aunque no a quién se lo dice. Carlos, a qué negarlo, está haciendo mucho por la concienciación lgtbi en su pueblo, por la normalización de lo que antes no se aceptaba. Pero a quién se lo dice. Porque no sé si principalmente se dirige, como debería, a los que tiene más cerca, y no hablo de distancias físicas. A los de su partido, a sus amigos, o a los que dicen serlo. Ahí los tienes, todavía, cuestionándose la evidencia de la discriminación. Las matan por ser mujeres, los matan por ser maricones, pero eso no les parece suficiente discriminación, no encuentran el motivo de tanta molesta reivindicación, vaya, porque violencia hay mucha, en todos sitios matan a gente, todo es violencia. Y así. Un año más, unos pocos ayuntamientos de Los Pedroches colgaron la bandera multicolor en sus balcones. Otros no. Ya hablé en una ocasión de la negación simbólica de la realidad que esto significa. Pero ahora voy a lo de Carlos. Porque los negacionistas están a tu lado, con su veneno, socavando la roca con la gota que no cesa. Son los que se preguntan continuamente qué derechos no tienen los homosexuales, porque parecen no saberlo, dios mío, qué derecho les falta, imploran, pero qué derecho. Pues díselo, coño, de una puta vez. El derecho a la vida. El puto derecho a la vida.