La ruta del exilio/ 1. Los olvidados
Refugiados republicanos entre Barcelona y la frontera francesa en enero de 1939. [Foto: Robert Capa]
Doce días después, cuando ya la derrota republicana se veía inevitable, cruza también la frontera el noriego José Caballero Caballero, futuro héroe de la resistencia francesa contra los nazis. "Era febrero de 1939. Llegué a la frontera y la tenían cerrada los franceses. Todo el día esperando, el 9 de febrero, que no se me olvidará nunca. En esto llegó el comisario de Añora, Miguel Migallón Ruiz, y pasamos juntos, a las tres de la tarde. Anduvimos por las cunetas hasta que llegó un camión y nos cogió para los campos de concentración. Había una serie de agentes, diciendo que los que quisieran, podían volver a España, y les daban un pedazo de pan. A quienes cayeron en la trampa, los mataron luego", contaba en una entrevista setenta y cuatro años después.
Tras la toma de Barcelona por los sublevados y la caída del frente de Cataluña a comienzos de 1939, cerca de medio millón de personas cruzaron los Pirineos para huir de la represión franquista. Entre ellos, perdidos en la inmensidad como gotas de agua en el mar, marchaban también decenas de jóvenes noriegos, que habían entregado lo mejor de su juventud a la defensa de la República. Además de los citados, cruzaron la frontera Pedro Bravo López, Julían Oviedo Paz, Miguel Merino Bejarano, Juan Caballero Olmo, Rafael Olmo Rísquez, Antonio Pizarro Aranda, José Ruiz Ranchal, Miguel Madrid Merchán, Juan Gómez, Miguel Fernández y muchos otros más de los que la historia de Añora no recuerda ni siquiera su nombre.
Era un tema que debía abordarse tarde o temprano y ha llegado el momento. Hace meses que ando investigando sobre la II República y la Guerra Civil en Añora. Todos los protagonistas directos de los hechos han fallecido ya y, en la mayoría de los casos, también la primera línea de sus descendientes directos, sus hijos. Parece llegado el momento de recapitular y acceder finalmente a una información que siempre hemos recibido de forma sesgada, tergiversada, manipulada, envuelta en sombras y centrada en hechos aislados sin contextualizar. Se trata de una tarea inmensa porque, aunque en la actualidad hay ciertas facilidades para acceder a las fuentes documentales (por ejemplo, los expedientes de los juicios sumarísimos contra los procesados tras la guerra), resulta ya casi imposible acudir a fuentes personales directas e incluso indirectas: los protagonistas han fallecido; los descendientes andan dispersos por el mundo y la mayoría de ellos no quiere hablar (por no "reabrir" heridas) o no tienen nada que contar (porque no lo supieron, porque en su casa nunca se habló de ello, porque han preferido olvidar).
En mi investigación hay un notable aporte inédito de documentación y un relato de hechos que nunca habían sido contados en Añora hasta ahora desde la (imposible) asepsia de la narración historiográfica. Si alguna vez se publica, el libro llevará el subtítulo de "Historia y memoria", porque quiero dar un papel relevante a las vivencias personales relatadas por quienes las vivieron. He conseguido algunos testimonios directos a través de documentos que dejaron escritos quienes tuvieron la desdicha de padecer aquellos años (cartas, memorias, diarios...) e incluso interesantes declaraciones orales inéditas, aunque continúo a la búsqueda de informaciones lo más cercanas posible a los protagonistas, en una tarea tan apasionante como, aparentemente, inabarcable.
Pero, mientras tanto, ha llegado el momento de conocer no solo los nombres y los hechos, sino también los lugares.


























