Un verano con Satrapi y Wigman
Viñeta de la novela gráfica "Wigman. La danza o la vida".
Este verano he leído dos novelas gráficas, género que, sinceramente, frecuento poco. Por un lado, he abordado por fin la monumental Persépolis de Marjane Satrapi, un impresionante retrato de Irán durante la revolución islámica narrado en clave autobiográfica, donde la denuncia de la opresión legal y social hacia las mujeres y el rechazo al sistema patriarcal están muy presentes. Satrapi, finalmente, tuvo que salir de su país para poder desarrollar su propio proceso creativo. Los dibujos son todos en blanco y negro, en apariencia sencillos, pero con multitud de detalles y un alto contenido metafórico. Una obra maestra.
Muy sobresaliente es también Wigman. La danza o la vida, del villaduqueño Fernando González Viñas y el cordobés Joaquín Santiago García. La obra cuenta la vida de Mary Wigman, considerada una figura capital en la danza moderna y de la contracultura alemana, pero constituye también una descarnada reflexión sobre la implicación política del artista y la soledad profunda del creador fiel a sus convicciones. Los dibujos de Santiago, con unos estremecedores claroscuros expresionistas junto a viñetas apenas boceteadas, elevan la historia a su justa dimensión poética.
Wigman realizó coreografías en celebraciones del régimen hitleriano, lo que no evitó que luego fuera perseguida por la cultura oficial nazi con la marca del "arte degenerado". La viñeta que reproduzco arriba resulta muy explicativa de algunas formas de disculpar el avance de los totalitarismos: "entiendo que el régimen tenga que acabar con alguna resistencia individual en aras de la colectividad; lo entiendo siempre que esa resistencia no sea la mía", viene a decir Wigman. Que resulta ser una formulación inversa de los versos del pastor luterano Niemöller, luego más explícitos con Wigman encerrada en una maleta. No alzar la voz cuando reprimen a otros debilita a toda la sociedad. Después, cuando el peligro acecha a uno mismo, ya no hay solidaridad ni defensa posible. Son lecciones que la historia enseña una y otra vez, pero la sociedad se manifiesta constantemente ciega ante ellas. Y en ese punto estamos de nuevo.






























