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"El halcón y la columna" se debate entre la identidad local y la referencia universal

El concejo de Gahete suplica a Alfonso de Sotomayor (Francisco Herrera) que no venda las dehesas comunales [Todas las fotos: Solienses].

En 2006 escribí una crónica sobre la primera representación de El halcón y la columna, en 2010 sobre la segunda y en 2014 sobre la tercera. En las dos primeras destaqué todo lo positivo que encontré en ellas, que era mucho. En la tercera apunté algunas deficiencias que deberían corregirse. No pude asistir a las representaciones de 2018 y de 2022, pero en la función de El halcón y la columna de anoche, a la que asistí por invitación del Ayuntamiento de Belalcázar como medio de prensa, pude comprobar que aquello que en 2014 apuntaba someramente, hoy se ha consolidado, dispersando peligrosamente el contenido de la obra.

Como escribí en 2010,  El halcón y la columna está formada por tres piezas en torno cada una de ellas a uno de los tres primeros señores de Belalcázar: Gutierre de Sotomayor, cuyo innoble acceso al poder se nos cuenta en un flash-back a partir de su propio funeral; Alfonso de Sotomayor, soberbio y ambicioso, casado con Elvira de Zúñiga tan sólo para hacerla desgraciada; y Gutierre II de Sotomayor, llamado a la vida contemplativa con el nombre de fray Juan de la Puebla. En su desarrollo asistíamos nítidamente en aquellas primeras representaciones a los asuntos académicos que nos enseña la historia: el nacimiento del condado, las relaciones del concejo y pueblo de Belalcázar con sus señores, la usurpación de tierras comunales, el cambio de nombre del pueblo, la construcción del castillo y la fundación del convento. Y a su alrededor, la vida cortesana, con su chispa y sus miserias, su drama y su comedia, la villanía del noble y la nobleza del aldeano, el difícil arte de gobernar justamente, en fin, el sentido de la vida y la muerte. 

El rey Juan II (Paco Quintana) nombra señor de Gahete a Gutierre de Sotomayor (Julio Jurado).

Todo ello gracias al esfuerzo colectivo de todo un pueblo que se vuelca en una representación teatral convertida ya en tradición profundamente arraigada y, sobre todo, en seña de identidad cultural de la propia colectividad local que la protagonizó hace siglos y continúa recordándola hoy día. Más de 150 vecinos participan en la puesta en pie de un espectáculo soberbio del que todo Belalcázar debe sentirse orgulloso, porque, en una sociedad individualista como la que vivimos hoy, esta respuesta colectiva a la participación supone un logro inmenso de carácter cívico y representa una esperanza para el propio pueblo y para todos los que observamos desde fuera semejante hazaña.

Pero aquí radica también la objeción. El pueblo debe decidir ya, tras seis ediciones, cuál es el sentido de la puesta en escena de El halcón y la columna: si la autorrepresentación identitaria, en la que importa cuántos vecinos intervengan y el nivel de integración comunal que con ello se consiga, o, en cambio, la creación de una obra artística que trascienda los límites locales y se convierta en referente cultural universal. La elección no es fácil y exige una toma de conciencia sobre el propio material histórico y creativo del que se dispone y la ruptura con modos de ejecución muy enraizados en este tipo de representaciones que hemos dado en llamar "teatro popular". La primera opción pide dispersión y exhibición, desfile y ceremonia. La segunda, concentración conceptual y elaboración estética.

Anoche presenciamos durante casi tres horas un espectáculo fascinante levantado con orgullo por el pueblo de Belalcázar y esa consideración luminosa difumina algunas sombras. Asistimos a actuaciones brillantes junto a otras totalmente planas, incapaces de definir al personaje. Incluso algunos actores tuvieron momentos de gran chispa junto a otros subrayadamente apagados. Se les disculpa a todos por el hecho de que no sean profesionales y se puntúa su voluntariedad y valentía de enfrentarse a semejante reto. La representación, sin embargo, se alargó innecesariamente con multitud de escenas que nada añadían a la trama histórica y que solo buscaban la espectacularidad de la puesta en escena o la participación activa de cuantos más vecinos mejor: bailes populares, cantos corales, ceremonias de bodas y entierros, el mercado, los niños, la gran parada de las aves rapaces ante el rey... Hay demasiadas cosas superfluas. Parece haberse aumentado el contenido de comedia en detrimento de la reflexión filosófica sobre el poder humano y divino, más presente en aquellas primeras representaciones. Todo ello frena la tensión dramática que se esfuerza en mantener, sin lograrlo, un coro de tragedia griega asomado dramáticamente a la galería superior del pórtico de un bellísimo convento de Santa Clara, convertido acertadamente en un personaje más de la obra. 

El patio de la huerta del convento de Santa Clara se convierte en un protagonista más de la obra. En escena, Doña Elvira (Paqui Escribano) conversa con su hijo Gutierre II (Samuel García) ante la presencia del alcalde del concejo (Feliciano Casillas).

A pesar de estas consideraciones, el espectáculo seducirá al espectador desde el primer momento. El propio lugar ya atrapa irremediablemente y todos comprendemos que estamos asistiendo a una celebración cultural excepcional, en un lugar extraordinario de nuestro patrimonio monumental y con la participación en escena de los descendientes de quienes protagonizaron los hechos que se representan. Gozando de tan excepcionales mimbres, convendría no desperdiciarlas en escenas populares destinadas al lucimiento local, vacías de contenido teatral, a costa de una mayor meditación en torno al sentido de la vida, a la conflictiva naturaleza humana y a la tortuosa condición del poderoso, temas muy presentes en el libreto original de El halcón y la columna y algo diluidos en las últimas representaciones.


Coro en la galería superior.

El halconero Paniagua (Antonio Murillo) es azotado por orden de Alfonso de Sotomayor.

Doña Águeda (Selene Botella), doña Catalina (Elvira Gómez) y doña Piedad (María Baños) acompañan a doña Elvira (Paqui Escribano).

Alfonso de Sotomayor yace muerto a los pies de Paniagua.
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Cine, música, teatro y ciencia componen una excepcional Semana Cultural en Azuel


Casi siempre las agendas culturales de Los Pedroches se centran en grandes acontecimientos que cuentan con un gran aparato publicitario, al disponer de amplio presupuesto para llevar allí a las emisoras de radio comarcales, para insertar reportajes en los periódicos provinciales e incluso a veces para permitirse conexiones en las televisiones nacionales. Hablamos de la vaquera, de las olimpiadas rurales o del juego de la oca, convocatorias que permiten a Los Pedroches ocupar unos valiosos segundos de la actualidad mediática (tan necesarios para visibilizar nuestra tierra) gracias al inmenso apoyo institucional (y económico) que las respalda.

Pero, afortunadamente, también existen todavía otras convocatorias aparentemente más humildes, sacadas adelante con el enorme esfuerzo de unas cuantas personas anónimas que vuelcan en tales iniciativas un derroche de imaginación y entusiasmo. Por lo general, estas actividades no aparecen en los medios, ni siquiera en los más cercanos, pero a veces son capaces de dejar en el espíritu de los vecinos una huella mayor que las grandes convocatorias multitudinarias, frecuentemente organizadas más para los visitantes de fuera que para los autóctonos.

En este grupo se incluye la Semana Cultural de Azuel, organizada por la Asociación vecinal Quercus-Azuel, que comienza esta noche allá en los confines extremos de la comarca. Se trata de un caso excepcional de programación auténticamente cultural que sabe combinar propuestas alternativas con espectáculos populares, de modo que todo el vecindario pueda sentirse interpelado y acudir a unas actividades que, para colmo, se desarrollan en uno de los pocos escenarios al aire libre de que gozamos en Los Pedroches: el auditorio del Tejar de Azuel, rodeado de la belleza natural del Parque Cardeña-Montoro y de la insólita intervención artística del activista cultural José Ruiz.

La programación comienza esta noche (4 de agosto) a las 23:00 horas con una sesión de astronomía dirigida por Juan Gómez en el Mirador del Cerro de los Tomillos. El jueves (6 de agosto a las 21:30 h.) se celebrará "La noche de los cortos", con la proyección de diez cortometrajes de directores cordobeses como Jerónimo Calero, Mamen Bonilla, Francisco Moreno Rafael Patiño o Manuel Giráldez. El viernes (7 de agosto a las 22:00 h.) podremos disfrutar del concierto del grupo de música folk Jara y Granito. El sábado (8 de agosto) le toca el turno al cuentacuentos Pepe Bruno. El domingo (9 de agosto) llega el estreno teatral más esperado a cargo del Grupo de Teatro de Adultos de Azuel, que pondrá en escena la obra Las lavanderas revolucionarias, una obra dirigida y adaptada por José Ruiz a partir de La rebelión de las lavanderas, de John Yeoman, y La revolución de las pepas, de Stella Manaut. Finalmente, el lunes 10 de agosto se proyectará la película Sol mayor del director local Chico Sánchez, reviviendo los cines de verano que ahora, cuando los hemos perdido, tanto comienzan a reivindicarse.

Música, cine, teatro y ciencia en un escenario natural bajo el cielo estrellado de Los Pedroches. Inigualable.
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El halcón y la columna 20 años después



(del 5 al 9 de agosto)

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Ningún municipio de Los Pedroches tiene en vigor su Plan Local de Emergencia por Incendios Forestales

Campo asolado por el incendio en la sierra de Alcaracejos en 2021 [Foto: Solienses].

Los términos municipales completos de los 17 pueblos de Los Pedroches están incluidos por la Junta de Andalucía en la lista de Zonas de Peligro, afectados por el riesgo de incendios forestales, y sus Ayuntamientos tienen la obligación de elaborar, actualizar y revisar su correspondiente Plan Local de Emergencias por Incendios Forestales (PLEIF). Sin embargo, ningún municipio de la comarca lo tiene vigente.

El Decreto 371/2010 por el que se aprueba el Plan de Emergencia por Incendios Forestales de Andalucía y se modifica el Reglamento de Prevención y Lucha contra los Incendios Forestales establece una zonificación del territorio andaluz en función de los índices de riesgo de sufrir incendios forestales y de los valores a proteger. El territorio completo de Los Pedroches aparece catalogado como "zona de peligro" y exige que cada municipio elabore obligatoriamente su PLEIF. Estos planes locales, que se integrarán en el Plan INFOCA, de ámbito regional, tienen como objetivo establecer la organización, el procedimiento de actuación y la movilización de los recursos propios de las administraciones locales o asignados a utilizar para luchar contra los incendios forestales y hacer frente a las emergencias de ellos derivadas. 

Según un documento de la Consejería de Presidencia, Sanidad y Emergencias, solo cuatro municipios cordobeses (Hornachuelos, Zuheros, Carcabuey y la capital) mantienen actualizado y en vigencia dicho plan. Por lo que respecta a Los Pedroches, Alcaracejos, Belalcázar, Cardeña, Dos Torres, Hinojosa del Duque, Pedroche, Pozoblanco y Torrecampo lo elaboraron en su día, pero no ha sido revisado y actualizado en el plazo correspondiente (cada cuatro años). Alcaracejos, Torrecampo y Belalcázar, por ejemplo, no lo han revisado desde 2012, año en que fue homologado; Hinojosa del Duque y Cardeña, desde 2013, y Pedroche desde 2015. Pozoblanco (2020) y Dos Torres (2021) son los pueblos que más recientemente han renovado su PLEIF, aunque también habría vencido ya el plazo para la nueva revisión.

El resto de municipios (Añora, Conquista, El Guijo, El Viso, Fuente La Lancha, Santa Eufemia, Villanueva de Córdoba, Villanueva del Duque y Villaralto) nunca llegaron a elaborarlo.

Fuente: Consejería de Presidencia, Sanidad y Emergencias de la Junta de Andalucía.

Los Pedroches cuenta con varios ecosistemas potencialmente susceptibles de sufrir incendios forestales: el encinar de la dehesa, los montes cerrados de matorrales y arbustos, el olivar de la sierra, y los pastizales de las pseudoestepas. Como punto especialmente sensible se incluiría el Parque Natural de Cardeña-Montoro. Como elemento significativo a tener en cuenta, además, están las múltiples viviendas diseminadas por todo el territorio, que de forma alegal han proliferado en los últimos años. Algunos incendios sufridos en el territorio nacional durante las últimas semanas han puesto de manifiesto la importancia de estos planes locales de cara a su rápida y efectiva extinción, minimizando daños y reduciendo la exposición al peligro por parte de efectivos y de la población en general.
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La Virgen de la Peña en Añora. Historia, culto y tradición


Siguiendo la estela de La fiesta de la Cruz de Mayo en Añora, acaba de aparecer una nueva publicación mía sobre mi pueblo, bajo el título La Virgen de la Peña en Añora. Historia, culto y tradición. El libro se divide en tres partes. La primera está dedicada a la historia del culto a la Virgen de la Peña en Añora desde las primeras noticias documentales encontradas en el siglo XVII, pasando por el cambio de denominación de su ermita (antes dedicada a San Martín), un repaso a las cofradías bajo la advocación de Nuestra Señora de la Peña y la evolución de su fiesta a través de los siglos. La segunda parte se centra en la actual Hermandad de Nuestra Señora de la Peña, de la que se cuenta el funcionamiento desde su constitución en 1922 hasta hoy. Y, finalmente, en la última parte se abordan de forma más breve varios asuntos, como la imagen, la ermita, las leyendas o el folklore vinculado a la Virgen de la Peña. 

El objetivo del libro es recoger en un solo volumen todo el conocimiento que poseemos hasta el momento sobre el culto a la Virgen de la Peña en Añora, fijarlo en una visión sincrónica y diacrónica y transmitirlo para que futuros investigadores, si los hubiera, retomen desde ahí sus avances. He preferido en esta ocasión una edición divulgativa, sin notas a pie de página ni fatigosas referencias bibliográficas, aunque en todo momento queda constancia de la fuente de los datos. También incluye un  interesante aporte fotográfico.

Como suele suceder en los patronazgos marianos, el culto a la Virgen de la Peña trasciende lo meramente religioso o devocional para elevarse como un fenómeno sociológico y cultural cuyo conocimiento resulta imprescindible para comprender cabalmente la identidad de un pueblo como Añora. El libro, por razones de tipo emocional y vivencial, gustará sobre todo a los noriegos, que ya se preparan para vivir un año más las fiestas en honor a su patrona, pero también puede interesar a todas las personas atraídas por los rituales festivos y la religiosidad popular en general. 

El libro puede adquirirse exclusivamente a través de Amazon [👉aquí].

Índice del libro.
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Eduardo Lucena y Carlos Moreno serán delegados territoriales de la Junta en Córdoba

De izquierda a derecha, Eduardo Lucena, Carlos Moreno y Diego Copé.

El Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía ha aprobado hoy la designación de los diez delegados que representarán al Gobierno andaluz en la provincia de Córdoba, dos de los cuales proceden de Los Pedroches. Se trata, por un lado, de Eduardo Lucena Alba (Pozoblanco, 1980), ex concejal del Ayuntamiento de Pozoblanco, que continuará en el cargo como delegado territorial de Cultura, Patrimonio Histórico y Deporte. Lucena ya venía ocupando dicha delegación desde 2022, aunque ahora deja las competencias de Turismo, que (junto con Justicia, Desregulación y Administración Local) pasan al representante de Vox en esta delegación del Gobierno de Andalucía en Córdoba.

El segundo delegado procedente de Los Pedroches será Carlos Moreno Ruiz (Dos Torres, 1987), que tendrá en sus manos la delegación de Servicios Sociales, Familias e Igualdad. Carlos Moreno ha sido concejal en el Ayuntamiento de Dos Torres y presidente del PP local, aunque durante los últimos años ha ocupado cargos intermedios en varias consejerías. Sustituye en el cargo a Dolores Sánchez Moreno, ex alcaldesa de Villanueva de Córdoba, que lo ocupaba desde 2022.

Aunque nacido en Córdoba (1983), también tiene vínculos con Los Pedroches el delegado de Educación Diego Copé Gil, que repite en el cargo y cuya familia procede de Belalcázar.

Les deseamos a los tres el mayor acierto en el ejercicio de sus funciones.
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El candil

Candil del siglo XIX.

Lo tenía medio abandonado en un cajón de la cámara donde guardo cosas inservibles de las que me resisto a desprenderme del todo. Era un antiguo candil de aceite fabricado con hierro forjado y chapa, un utensilio para alumbrar dotado de un recipiente para el combustible, donde se colocaba la mecha, y una varilla rematada en gancho para colgarlo. Era uno de esos que hemos visto siempre en las casas de nuestros padres y abuelos, elegante y austero, con el suficiente encanto como para no tirarlo a la basura pero demasiado deteriorado o envejecido como para tenerlo a la vista. Hace unos días lo vi de nuevo y decidí que había llegado su momento. 

Tenía más de un milímetro de óxido por toda su superficie, manchaba con solo tocarlo, parecía realmente irrecuperable. Estuve mirando por internet remedios caseros y finalmente, como tantas veces ocurre, la solución más sencilla (y barata) resultó la más eficaz. Lo sumergí en vinagre común durante toda una noche y luego lo froté con un estropajo. Parece increíble, pero todo el óxido acumulado durante décadas de abandono desapareció por completo. Para evitar que volviera a salir, lo unté enseguida con aceite de oliva y he aquí el resultado. Espectacular.

Se trata de un raro ejemplar de candil, probablemente del siglo XIX. Lo habitual era que el candil estuviera formado solo por dos vasos o cazoletas acabados en un pico alargado, por el cual se hacía salir la torcía de algodón o lienzo que encendida ardía y daba luz. Este ejemplar de candil, sin embargo, tiene tres vasos superpuestos. En el lado opuesto al pico, los dos más pequeños tienen una chapita con una hendidura que engarza en la estructura principal del recipiente mayor, permitiendo colocar uno u otro o los dos a la vez. Los cuencos extraíbles son sucesivamente cada uno más pequeño que el anterior y he pensado que pudiera tratarse de un modo de regular el gasto de aceite (en función de la necesidad, se encendería uno u otro).

El término candil proviene del árabe qandîl, palabra que deriva del latín candela. Su precedente estaría en las antiguas lucernas romanas, generalmente de cerámica, y en las lámparas musulmanas de fundición. En Los Pedroches se han usado hasta mediados del siglo XX, puesto que, aunque desde principios de siglo consta la instalación de redes eléctricas en los pueblos, su implantación en los hogares no se generalizó hasta los años 50 y 60. En cada casa había más de un candil, que se trasladaba a las estancias donde estuviera la familia en cada momento. Otras formas de iluminación de la época eran las lámparas de carburo o el petroman de queroseno.

El candil es un elemento siempre presente en el paisaje doméstico de las antiguas viviendas de Los Pedroches y así aparece recogido por los autores principales de nuestra literatura comarcal, ya sea como índice de nostalgia, en este pasaje de La dehesa iluminada de Alejandro López Andrada:
Mi humilde casa se encontrará solitaria y oscura, desalentada y hostil, como un animal herido por la rosada cerbatana del poniente. Quizá la lechuza, esta noche, campeando a sus anchas, entre por la estrecha y ennegrecida chimenea y, tras beberse el aceite del candil, se pose en los polvorientos chineros y allí espere la llegada de la aurora.
ya sea en la definición de un ambiente costumbrista que se rechaza, como en estos versos de Fisterra de Juana Castro:
Miraba, con sus enormes ojos la tristeza
del candil y la paja. Se moría.
No había sitio para ella en la verde
estampación granada de los campos.
La luz que desprende el candil resulta siempre escasa, lo justo para iluminar apenas sus alrededores, y quizás sea por ello que a su paso surgen miedos espectrales, como metaforiza Pedro Tébar en La isla del gavilán:
Estas casas parecen respirar por la tierra que cubre sus paredes, por esas ventanas pequeñas para que el muro aguante: solo la suficiente luz, avara, como la de un candil.
Al paso del candil las sombras de las llares y la caldera se alargan por la estancia y hacen correr a los chiquillos, "fantasmas", gritan.
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José Caballero y Juan Serrano presentan sus nuevas obras en agosto


El Ayuntamiento de Villanueva del Duque ha organizado para el próximo 9 de agosto la presentación de la novela corta El topónimo perdido (San Blas de la Niebla) (Amazon), obra del villaduqueño José Caballero Mansilla. El acto tendrá lugar en el Patio de la Antigua Molina a las 20:00 h. El relato resultó finalista en el XXVI Certamen de Narrativa Corta "Villa de Torrecampo", celebrado este año, y gira en torno a un cartógrafo que descubre un pueblo no registrado en los mapas, un pueblo olvidado que solo aparece un día al año, entre la niebla y la memoria.

Por su parte, la librería 17 Pueblos ha organizado para el 28 de agosto la presentación del último poemario de Juan Serrano Muñoz, El silencio que me acecha (DeTorres Editores)En el acto, que tendrá lugar en el patio del Hotel Rural Convento de la Concepción de Pedroche a las 21:00 h., intervendrá, además del autor, el editor y poeta Calixto Torres.
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El realismo de Josefa Medina

Josefa Medina junto a una de sus obras [Foto: Gabriela Medina].

El domingo 2 de agosto la asociación cultural Turdulia de Belalcázar entregará sus II Premios a la Cultura y las Artes. Los galardonados este año serán el grupo de música tradicional Aliara de Pozoblanco y la artista belalcazareña Josefa Medina. De Aliara todos los seguidores de Solienses tienen múltiples referencias, pero más desconocida resulta Josefa Medina, destacada sobre todo en su faceta como pintora realista.

Detalle de la obra "Retrato de Pedro Pino" de Josefa Medina. 

Josefa Medina (Belalcázar, 1966) se considera una pintora realista, no hiperrealista, porque ella -dice- no solo copia la realidad, sino que dirige la mirada del espectador hacia los detalles que le interesan. «Soy yo la que manda en el cuadro. A veces pongo anécdotas en la obra para centrar la atención en lo que quiero», según declaraciones que recoge Francisco A. Carrasco en un artículo publicado en el diario Córdoba en 2016, con motivo de una exposición en el Pósito de Belalcázar. La frontera entre realismo e hiperrealismo, sin embargo, resulta difícil de trazar contemplando retratos como el de Irene, reproducido más adelante.

De formación autodidacta, ha realizado numerosas exposiciones individuales y colectivas en diversas ciudades españolas y europeas y ha participado en varios proyectos internacionales. Afincada en Madrid, actualmente dirige la Escuela de las Artes de Arroyomolinos y cuenta con varios talleres en Móstoles. En 2022 tres obras suyas fueron incluidas en la exposición “Homenaje al Realismo Español” organizada por Posmodernia y Marca Arte España en la Sala de Exposiciones La Lonja de Arganzuela del complejo Matadero de Madrid, donde estaba representada la obra de 16 de los mejores pintores realistas españoles del momento. El año pasado participó en la exposición colectiva "Andaluz.es", organizada por la Asociación Española de Pintores y Escultores en la Sala de Exposiciones del Centro Cultural La Vaguada de Madrid.

En su repertorio temático destacan los retratos, incluidos los de miembros de su familia (como su marido, su madre o su hija), así como reflexiones sobre la feminidad, el alzheimer y asuntos de la realidad social más actual como la inmigración o la propia naturaleza del arte.

Obra: ADN. Óleo sobre lienzo.
 
Obra: Irene y su carácter. Óleo sobre tabla.
 
Obra: ¿Qué es el arte?
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El convento de Santa Clara acogerá un encuentro sobre patrimonio, cultura y territorio en Los Pedroches


La asociación "Los Pedroches, nuestra tierra, nuestro futuro", la Fundación Savia y el Monasterio de Santa Clara de la Columna están organizando el "Encuentro en Los Pedroches sobre patrimonio, cultura y territorio", que tendrá lugar el 23 de enero de 2027 en el Monasterio de Santa Clara de la Columna de Belalcázar. La convocatoria sigue la estela del I Encuentro "Los Pedroches: Nuestra tierra. Nuestro futuro", organizado por la Plataforma "Unidos por el agua" en octubre de 2024, que significó un punto de inflexión en la concienciación territorial en torno al problema del agua en Los Pedroches. El nuevo encuentro, centrado en tres ejes temáticos (patrimonio, cultura y territorio) intentará de nuevo actuar como revulsivo frente a la actitud cada vez más complaciente y pasiva que en torno a estos asuntos se observa entre la población de Los Pedroches y sus dirigentes políticos.

El encuentro ofrecerá visitas al propio convento, una ponencia inaugural y tres mesas redondas de especialistas sobre cada uno de los ejes temáticos, además de otras actividades complementarias que se irán perfilando. Se entregarán reconocimientos a personas o entidades destacadas por su lucha en favor de la cultura de Los Pedroches y se emitirá la Declaración de Santa Clara, donde se recogerán las conclusiones y propuestas. Próximamente se publicará la programación completa del encuentro.

La iniciativa busca fomentar el diálogo en torno a la comarca desde la participación y las aportaciones de los colectivos y entidades que articulan la sociedad civil. La intención es ofrecer una oportunidad de expresar su posición a cuantas voces comprometidas con el desarrollo cultural y patrimonial de Los Pedroches lo deseen. Actualmente se trabaja por conseguir la incorporación al encuentro de asociaciones, entidades o empresas en calidad de colaboradores o patrocinadores. Hasta el momento, han manifestado su disposición el Ayuntamiento de Belalcázar y la Asociación de Artesanos de Los Pedroches Ofiarpe.