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Fallece Ernesto Caballero, histórico líder comunista natural de Villanueva de Córdoba

Ernesto Caballero en 2011 [Foto: Solienses].

"Las personas de derechas tienen menos pudor en explicar sus posiciones y su interpretación de la historia, los de izquierdas todavía sienten reparos", vino a decir Ernesto Caballero durante la presentación de su libro Vivir con memoria (2011) hace ya más de una década en Pedroche, donde lo conocí durante unas Jornadas sobre la Memoria Histórica. Y animó a los maestros, a los profesores, a contar a sus alumnos la verdad de los hechos que ocurrieron, una interpretación distinta a la que se ha venido transmitiendo durante décadas y todavía hoy imperante. Relató cómo en sus visitas a los colegios aprecia que los jóvenes desconocen absolutamente el pasado más reciente del país en que viven. Aún hay mucho silencio. "Hoy no existe la democracia por la que yo he luchado", concluyó, para luego rematar, categórico: "La lucha tiene que continuar".

Esta mañana ha fallecido Ernesto Caballero Castillo, histórico dirigente del Partido Comunista de España (PCE) en Córdoba, según ha comunicado Izquierda Unida en la capital cordobesa. "Miembro y dirigente del Partido Comunista, jugó un papel fundamental en la defensa de los derechos y las libertades durante la dictadura franquista, la Transición y la legalización del PCE", dice la nota.

Ernesto Caballero nació en Villanueva de Córdoba en 1935. Era hijo de Julián Caballero Vacas, cofundador del PCE en Villanueva de Córdoba y alcalde de la localidad por un breve periodo al final de la Guerra Civil, así como luego guerrillero del maquis en la resistencia antifranquista, hasta que fue abatido en un enfrentamiento con la Guardia Civil en 1947. Ello llevó a escribir a Rosa Luque que Ernesto Caballero nació "con el carné del Partido Comunista bajo el brazo".

En 1957 su familia (su madre y hermanos) se trasladó a Córdoba y Ernesto ingresó en el PCE. Él mismo cuenta en una entrevista con Manuel Fernández que pocos meses después, perseguido por sus actividades clandestinas como militante comunista, tuvo que huir de Córdoba a Madrid en bicicleta. Allí la dirección del PCE organizó su salida a Francia. 

Meses después regresó y se ocupó de la organización del partido en diversas zonas de Andalucía, ingresando en el Comité Central en 1965. Tuvo que huir varias veces a Francia debido a la presión policial y también estuvo en Cuba y la Unión Soviética. Sufrió prisión en varias ocasiones. En los últimos años del franquismo convivió con algunos de los dirigentes sindicales y políticos comunistas que participarían en la Transición democrática, como Marcelino Camacho, Gerardo Iglesias o Nicolás Sartorius. En esa época se estableció de nuevo en Córdoba y, por vez primera, intervino en un acto público como miembro de la Junta Democrática sin que la policía lo detuviera. A partir de ese momento, su labor se centró en el PCE cordobés en particular y de Andalucía en general.

Caballero ocupó la secretaría provincial del PCE cordobés y después fue coordinador provincial de Izquierda Unida Convocatoria por Andalucía (IU-CA). Fue diputado del Parlamento de Andalucía entre 1982-1989 y diputado en el Congreso en 1989-1993.
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Retirado de su emplazamiento un mojón histórico delimitador de términos

Mojón delimitador del término (izquierda) y el mismo lugar en la actualidad [Fotos: Solienses].

En estas largas jornadas de verano agrada salir, llegado el atardecer, a dar un paseo por los alrededores del pueblo. Las puestas de sol resultan espectaculares y nada tienen que envidiar a las del castillo de Oia o Cabo Sunión, que también las he visto. Al deambular por los caminos secos de nuestra tierra uno imagina, sin embargo, encontrarse en las dulces colinas de la Toscana, también amarilla en el Ferragosto italiano. Hay una dulce melancolía cuando los últimos rayos de sol te sorprenden en la cuesta de los Chinatos, en las ondulaciones del Chorrillo o en las rugosidades de la Peña, que son los parajes que más frecuento, por lo general, en absoluta soledad. A veces puedo caminar durante varios kilómetros sin cruzarme con nadie. Hay zonas colonizadas por los conejos, que campan a sus anchas. Al pasar por Las Viñas me vienen a la memoria algunas vivencias infantiles de barcino y parva, mientras en el horizonte lejano dispara el rayo verde.

Hace unos días anduve por el camino alto de Añora a Dos Torres, que transcurre paralelo a la carretera, pero a la suficiente distancia como para que no alcance el ruido de los automóviles. Me acordé entonces de que por allí estaba uno de los hitos terminales del deslinde entre estos dos municipios y quise localizarlo: ese afán por registrar los vaivenes de la historia y sus posibles ausencias. El mojón de la Huerta de Gilito marca un quiebro de noventa grados entre la línea recta que viene de la Zarza, junto al arroyo Batanero, y la que conduce por el camino citado hasta El Ventorro, hoy gasolinera. Allí los ingenieros que en 1910 señalaron la delimitación colocaron un pequeño poste de granito con una cruz grabada, que señalaba el término: a este lado Añora, al otro Dos Torres, esas convenciones tan humanas.

Al pasar por el lugar, sin embargo, enseguida advertí que el mojón delimitador había desaparecido. Situado en la linde entre dos fincas, aunque colocado en el camino, en terreno público, lo fotografié por última vez en enero del año pasado. Ahora, el dueño de uno de los terrenos ha sustituido la precaria pared heredada de los siglos por una imponente malla de acero galvanizado, y en el trasteo de las obras la pequeña piedra con su cruz incisa se ha retirado del lugar que ocupaba desde hace 116 años, me pregunto si intencionadamente o por ignorancia. También me pregunto si el mojón delimitador del término, una piedra sin valor material pero de alto interés histórico y simbólico, habrá pasado a formar parte de los cimientos de cualquiera de los postes que sujetan la estructura, o estará tirada allí en el campo, en cualquier lugar, ajeno a su verdadera importancia, o si, por cualquier milagro del destino, el dueño de la finca lo habrá recogido, consciente o no de su significado, y lo mantendrá a salvo de la destrucción. 

En este último improbable caso, yo le rogaría humildemente al propietario que entregara tan representativa pieza al Ayuntamiento de Añora, y a este, que procediera a catalogarla como pieza histórica en el Museo Etnológico de Añora, con una cartela que explicara su procedencia y su significado. Como ya dije en mi artículo sobre estas cruces delimitadoras, su función como marcador jurisdiccional ya ha caducado, al existir otros métodos georreferenciales que permiten una mayor precisión. Pero su valor histórico se mantiene y convendría que las autoridades culturales locales indagaran (creo que no lo tendrían difícil) sobre el paradero de un elemento material tan señero para la historia de Añora (y de Dos Torres). 
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Pozoblanco, 15 de agosto de 1936

Salida de uno de los trenes de Pozoblanco con destino a Valencia el 15 de agosto de 1936 [Foto: Mundo Obrero, 17-08-36].

Se cumplen hoy 90 años. Al amanecer del 15 de agosto de 1936, el capitán de la Guardia Civil de Jaén Antonio Reparaz, todavía al mando de las fuerzas leales que rodeaban Pozoblanco (poco más tarde se pasaría al bando rebelde), telefoneó al capitán Rañal, jefe de los sublevados atrincherados en el interior de la localidad. En Pozoblanco se habían concentrado desde el inicio de la sublevación los guardias civiles de todos los pueblos de alrededor, mientras que las fuerzas obreras habían huido al campo y se habían establecido en cortijos próximos a la localidad, principalmente en el de La Morra. 

Tras la rendición de Adamuz el 10 de agosto, la columna del general Miaja, desde su base principal en Montoro, inició el envío de tropas a Pozoblanco, comenzando la cuenta atrás de la capitulación. Los efectivos enviados a Pozoblanco contaban con una buena dotación de artillería, soldados de infantería y los cien guardias civiles jiennenses. La presencia profesional desplazó a un segundo plano a las milicias populares, que llevaban varias semanas acampadas entre rastrojos y cortijos bajo un sol abrasador. La presencia de las tropas regulares y los ataques de la aviación republicana comenzaron a minar la moral de los sublevados, que se aprestaron a negociar la rendición.

El día 15 de agosto, tras múltiples llamadas telefónicas entre los capitanes de un lado y otro, los sublevados se avinieron a la rendición, tras obtener garantías de que se entregarían a los militares, y no a las milicias, y de que serían enviados sanos y salvos a la zona gubernamental.

A las ocho de la mañana dio comienzo el ceremonial de la rendición. Entraron los artilleros, los carabineros y los guardias civiles, mientras las milicias quedaban en las afueras. Una vez protocolizada la rendición, los prisioneros fueron conducidos a la estación de ferrocarril, desde donde serían enviados a Valencia, dominada por la autoridad republicana, tal como se había pactado. Junto a los militares entraron también en Pozoblanco algunos periodistas, que relataron luego el acontecimiento, entre ellos Jesús Izcaray (Ahora) y Clemente Cimorra (La Voz). Este último narra así el encuentro supremo:

El capitán de las fuerzas sublevadas, Francisco Rodríguez de Austria, con la palidez bajo el negro enconado del tricornio, protocoliza con nuestro Castañeda el saludo de rigor. Fuera de estas palabras, el silencio es absoluto.
Salen uno a uno los guardias, superiores a una centena y, enseguida, las familias, cargadas de niños y de bultos. Hipos de llanto, lamento de súplica, azoramiento, miedo y tristeza. En la fisonomía de los guardias solo veo penumbra de inteligencia e incomprensión. Me hablan algunos, quieren justificarse:
-Los jefes son los culpables... Nosotros obedecemos... Son unos granujas.
(...) Poco después, con orden y gemidos, se llenan hasta el repleto los vagones del primer convoy.
Y enseguida se hunde entre la calma de los encinares, con lentitud y fatiga, el tren de la triste carga y los tristes viajeros...

El primer tren salió hacia Puertollano y Valencia al mediodía. Por la tarde, lo hizo el segundo. Los carabineros protegieron a los pasajeros de algunos intentos de asalto. Entre ambos iban unos ciento cincuenta guardias civiles y más de doscientos paisanos derechistas, junto con sus familias. Poco después de llegar a su destino, el Tribunal Popular de Valencia les impuso a la mayoría de ellos la pena de muerte y fueron ejecutados. 

Entre la salida de uno y otro tren, irrumpieron en Pozoblanco las milicias que llevaban varias semanas acampadas en los alrededores. Lo hicieron de forma airada e incontrolable, con el solo objetivo de poner la localidad bajo su mando. Se recompuso la autoridad del Frente Popular en el Ayuntamiento, nombrando al maestro socialista Antonio Baena Moreno como presidente del comité de guerra. Se practicaron registros domiciliarios y detenciones. El Registro Civil contabiliza 15 víctimas de derechas a lo largo de la jornada. La actuación de las milicias culminó ese día con la quema de imágenes en iglesias y ermitas. 


👉Redacción propia tomando como fuente: Francisco Moreno Gómez: 1936: el genocidio franquista en Córdoba, Editorial Crítica, Barcelona, 2008.
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La Virgen de la Peña en Añora. Historia, culto y tradición


Siguiendo la estela de La fiesta de la Cruz de Mayo en Añora, acaba de aparecer una nueva publicación mía sobre mi pueblo, bajo el título La Virgen de la Peña en Añora. Historia, culto y tradición. El libro se divide en tres partes. La primera está dedicada a la historia del culto a la Virgen de la Peña en Añora desde las primeras noticias documentales encontradas en el siglo XVII, pasando por el cambio de denominación de su ermita (antes dedicada a San Martín), un repaso a las cofradías bajo la advocación de Nuestra Señora de la Peña y la evolución de su fiesta a través de los siglos. La segunda parte se centra en la actual Hermandad de Nuestra Señora de la Peña, de la que se cuenta el funcionamiento desde su constitución en 1922 hasta hoy. Y, finalmente, en la última parte se abordan de forma más breve varios asuntos, como la imagen, la ermita, las leyendas o el folklore vinculado a la Virgen de la Peña. 

El objetivo del libro es recoger en un solo volumen todo el conocimiento que poseemos hasta el momento sobre el culto a la Virgen de la Peña en Añora, fijarlo en una visión sincrónica y diacrónica y transmitirlo para que futuros investigadores, si los hubiera, retomen desde ahí sus avances. He preferido en esta ocasión una edición divulgativa, sin notas a pie de página ni fatigosas referencias bibliográficas, aunque en todo momento queda constancia de la fuente de los datos. También incluye un  interesante aporte fotográfico.

Como suele suceder en los patronazgos marianos, el culto a la Virgen de la Peña trasciende lo meramente religioso o devocional para elevarse como un fenómeno sociológico y cultural cuyo conocimiento resulta imprescindible para comprender cabalmente la identidad de un pueblo como Añora. El libro, por razones de tipo emocional y vivencial, gustará sobre todo a los noriegos, que ya se preparan para vivir un año más las fiestas en honor a su patrona, pero también puede interesar a todas las personas atraídas por los rituales festivos y la religiosidad popular en general. 

El libro puede adquirirse exclusivamente a través de Amazon [👉aquí].

Índice del libro.
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El Arqueológico de Córdoba expone el tesoro de Los Almadenes con motivo del centenario de su hallazgo

Francisco Godoy se entrevistó en 1997 con sus descubridoras, vecinas de Villaralto


Cartel de la exposición "Tesoros en el Museo: Almadenes y Torredonjimeno". 

El Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba acaba de inaugurar la exposición temporal "Tesoros en el Museo: Almadenes y Torredonjimeno", que permanecerá abierta hasta el 25 de octubre. La muestra coincide con el centenario del hallazgo del denominado "Tesoro de Los Almadenes", descubierto en 1926 en el entorno de la mina homónima, en el término municipal de Alcaracejos. Este conjunto está compuesto por diversas piezas de plata  (vasos, fíbulas, torques, brácteas y fragmentos de cadenas) junto a cerca de un centenar de denarios romanos fechados entre mediados del siglo II y mediados del siglo I a. C.

Como ya hemos contado en otras ocasiones, el tesoro de los Almadenes fue depositado en el Museo Arqueológico Provincial por el ingeniero de minas Antonio Carbonell, a quien le había sido entregado por el subdelegado de Farmacia en Pozoblanco Moisés Moreno Castro, quien, al parecer, lo compró a una familia de agricultores de Villaralto que lo había encontrado casualmente en 1926 en sus tierras de labor del Cerro del Peñón. Así cuenta el hallazgo Samuel de los Santos Gener en un artículo publicado en 1928 en el Boletín de la Real Academia de Córdoba dando cuenta del descubrimiento: “en 1925 arando Manuel Fernández, de Villaralto, sus tierras del Cerro del Peñón, notó que la reja había trabado y sacado medio al descubierto una olla metálica, pero creyendo que sería una de tantas de hierro que los mineros suelen tirar por inservibles, no dio importancia al caso. Al año siguiente, sus hermanas Otilia y Catalina, que apacentaban el ganado en ese mismo lugar, se decidieron a desenterrar la olla y valiéndose de sus cayados experimentaron la sorpresa de hallar en ella, muy corroídas por la acción del tiempo, multitud de monedas y objetos de luciente plata”. 

Santos Gener, a lo largo de su estudio, se refiere ya a este conjunto de piezas siempre con el nombre de “tesoro de Pozoblanco”, y así se transmitió posteriormente en toda la literatura científica sobre el tema, sin que el lugar del hallazgo fuera durante mucho tiempo objeto de más comprobaciones. Incluso en el Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba, donde se custodia en la actualidad como una de sus piezas destacadas, aparecía registrado erróneamente como procedente de Pozoblanco, hasta que se rectificó en 2011. Para explicar esta cuestión publiqué en 2006 un artículo en la revista Arte, Arqueología e Historia titulado "Consideraciones sobre el lugar del hallazgo del llamado 'tesoro celtibérico-romano de los Almadenes de Pozoblanco' y otros lugares de hallazgos arqueológicos en Los Pedroches". 

Las hermanas Catalina y Otilia Fernández, fotografiadas por Francisco Godoy Delgado en agosto de 1997.
 
En 1997 Francisco Godoy Delgado, actual director del Museo del Pastor de Villaralto y entonces director del Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba, pudo entrevistar todavía a las hermanas Catalina y Otilia, que vivían en su pueblo. Las dos, auténticas descubridoras del tesoro, le relataron los pormenores del hallazgo, del que guardaban buena memoria a pesar de contar entonces con solo 9 y 8 años respectivamente, según publicó Godoy en un artículo en la revista de feria de Villaralto en 1998. Las niñas recordaron que un año antes su hermano Teófilo había descubierto con el arado el asa de una olla, dejándola abandonada en aquel momento, pero ellas quisieron entretenerse jugando con ella y, gracias a la fuerza ejercida con los cayados, lograron desenterrarla. "De pronto quedaron atónitas, entre la tierra que contenía la olla algo relucía, era plata". Con gran sorpresa por su parte, vieron salir anillos, pulseras, vasijas y gran cantidad de monedas. La gestión del tesoro, dicen las hermanas, quedó luego en manos de sus padres, pero ellas recuerdan la visita de la Guardia Civil para levantar informe del hallazgo. Alguien, posiblemente Antonio Carbonell, les hizo una fotografía, que Santos Gener publicó en su artículo. Era agosto de 1926. Entre las dos imágenes median 71 años. 

Catalina y Otilia Fernández fotografiadas en 1926. 

Francisco Godoy quiso con este pequeño homenaje reconocer la figura de las dos hermanas Catalina y Otilia como descubridoras del tesoro de Los Almadenes (tal como el aparcero Modesto Cubillas es reconocido como descubridor de la cueva de Altamira) y destacar "el acto de honradez y muestra de civismo" que supuso la entrega del hallazgo a las autoridades, gracias a lo cual "hoy los ciudadanos del mundo entero pueden contemplar la totalidad del tesoro como uno de los más importantes testimonios arqueológicos para el conocimiento de la orfebrería en el sur de la península Ibérica". Godoy considera a Catalina y Otilia "parte de la historia de la arqueología española".
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Muere Joaquín Chamero, investigador de la historia y la cultura de Belalcázar

Joaquín Chamero y algunos de sus libros. 

El Ayuntamiento de Belalcázar ha comunicado el fallecimiento hoy de Joaquín Chamero Serena, cronista de Belalcázar, gran investigador y divulgador de la historia y la memoria de su pueblo. 

En un comunicado publicado en redes sociales, el Ayuntamiento ha destacado que "su compromiso con la investigación histórica, su generosidad al compartir sus conocimientos y su amor por esta tierra le hicieron merecedor del respeto y cariño de vecinos, instituciones y de todas aquellas personas que tuvieron la oportunidad de conocer su trabajo y su calidad humana", reconociendo que "su recuerdo y su obra permanecerán para siempre vinculados a la historia de Belalcázar".

Joaquín Chamero Serena nació el 20 de enero de 1940 en Belalcázar y actualmente residía en Leganés (Madrid), donde ha fallecido a los 86 años. Estudió delineación mecánica y metalurgia, aunque desde niño sintió atracción por la investigación sobre la historia y la cultura de su pueblo. Ha publicado los libros De Los Pedroches a Indias. Viajeros del siglo XVI (1996), Personajes de Belalcázar (2000), Cosas de la Casa grande de Corpus Barga (2003), Belalcázar en el recuerdo (2010), Mensuras de antaño (2012), Patronato Soto Alvarado (2015) y De Belalcázar al infierno de Djelfa (2023).
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Humor gráfico sobre la batalla de Pozoblanco: entre el activismo y la subversión

Viñeta de Carnicero en "La Traca" (5-5-1937).

En marzo de 1937 el general Queipo de Llano inició lo que luego se conocería como "La Batalla de Pozoblanco", un intento de los sublevados por ocupar el norte de Córdoba como paso previo para adueñarse también de las más atractivas zonas mineras de Almadén y Puertollano. El empeño resultó fallido, en parte por el impresionante temporal de lluvia y frío que azotó la comarca durante esos días, pero, sobre todo, gracias a una acertada operación militar dirigida con gran valentía por el teniente coronel Joaquín Pérez Salas. La intervención produjo un gran número de víctimas y la destrucción de pueblos completos por parte de la aviación franquista, como Alcaracejos y Villanueva del Duque, que quedaron temporalmente en plena línea del frente. El norte de Córdoba permanecería ya en la zona leal a la República hasta el final de la guerra.

La batalla de Pozoblanco tuvo numerosas reseñas en la prensa de la época, aunque se vio en parte opacada por la simultaneidad con los bombardeos italianos en Guadalajara, que en aquel momento se consideraron más relevantes por su proximidad a Madrid. La victoria contra todo pronóstico en Pozoblanco, sin embargo, fue poco a poco integrándose en el imaginario cultural republicano, especialmente internacional, de modo que su nombre es una de las pocas localizaciones señaladas en el mapa de España que aparece al inicio de la película Casablanca de Michael Curtiz (1942).

Recientemente, con motivo de otras investigaciones que ando realizando, he encontrado algunas ilustraciones y viñetas de humor gráfico referidas a este tema en diversas publicaciones. La inesperada victoria en el frente de Pozoblanco generó humor gráfico en la prensa republicana, que la celebró como un éxito frente al avance de los sublevados. Se trata, lógicamente, de un humor combativo y fuertemente ideologizado, que intenta elevar la moral de los soldados y de las fuerzas leales a la República.

La primera ilustración, de carácter militante, aparece en la portada del periódico Frente Rojo (órgano del Partido Comunista) con fecha 23 de marzo de 1937. El dibujo viene firmado por el célebre Puyol (Ramón Puyol Román), autor del cartel para el bando republicano que contenía la frase «No pasarán». En esta viñeta se observa una mano con la hoz y el martillo señalando los destinos de las próximas victorias (Madrid, Guadalajara, Pozoblanco) y el siguiente texto: "A coincidir con la línea justa le llaman 'proselitismo'". El titular del periódico de ese día era: "Ocho días de avance victorioso en Guadalajara y de resistencia en Pozoblanco testimonian el heroísmo de nuestras tropas".

Puyol (Frente Rojo, 23-3-1927).

Con fecha 31 de marzo de 1937 Puyol publica de nuevo en Frente Rojo una referencia a la situación que se vivía en Los Pedroches. En la viñeta se ve un gran termómetro (en alusión al mercurio de Almadén) golpeando a una figura que lleva una esvástica en el pecho. Entre las estrellas que representan el golpe puede verse el nombre de Alcaracejo (sic) y Villanueva del Pueblo (nombre que recibió Villanueva del Duque por parte de las fuerzas republicanas durante la Guerra Civil). En el texto se lee: "Cómo baja el mercurio en el frente sur".

Puyol (Frente Rojo, 21-3-1937).

El 9 de abril de 1937, cuando el foco de la guerra está puesto ya en el País Vasco, Puyol publica una nueva viñeta en Frente Rojo en la que se ve una figura que representa el fascismo cayendo de ventana en ventana golpeada sucesivamente por las cachiporras de Guadalajara y Pozoblanco. El texto reza: "Fuerte en los nudillos para que tampoco entre por esta ventana" (en la que puede leerse "Euzkadi").

Puyol (Frente Rojo, 9-4-1937).

Más transgresora es la ilustración que encontramos en la revista satírica valenciana La Traca, con fecha 5 de mayo de 1937. Se debe al dibujante madrileño José María Carnicero, que elabora una sección titulada "Obuses" con diferentes estampas. En ellas ironiza, por ejemplo, sobre la "neutralidad" de Londres en la guerra española. En uno de sus cuadros (que reproducimos al inicio de esta entrada) aparece el dictador fascista Mussolini (el "duce") entre dos grandes puños que llevan el nombre de Pozoblanco y Guadalajara, mientras que el texto inferior se lee: "Entre dos puños feroces/ sale el duce dando coces".

"Obuses" de Carnicero (La Traca, 5-5-1937).
 
En otra viñera marcadamente subversiva se representa al general golpista Francisco Franco ridiculizado con un plumero clavado en trasero (con alusión implícita a la rumoreada homosexualidad del dictador), en cada una de cuyas plumas se leen nombres de localidades implicadas en las batallas de Pozoblanco y Guadalajara. El texto advierte: "Se le ha visto el plumero". Entre los nombres citados como próximas conquistas rebeldes se encuentran Pozoblanco, Almadén, Alcaracejos y Villaharta.

Viñeta de Carnicero (La Traca, 5-5-1937).
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Localizado un posible dolmen en el término de Alcaracejos

Vista del posible asentamiento neolítico localizado en término de Alcaracejos [Fotos: JJR].

Un asentamiento neolítico o calcolítico (aun por determinar), con un dolmen y varios enterramientos anexos, podría haber sido localizado recientemente en el término de Alcaracejos. En el lugar se han encontrado también en superficie restos de un molino de mano, así como otras piedras con orificios no naturales. Los descubridores del yacimiento lo pusieron en conocimiento del arqueólogo municipal, quien visitó el lugar y en una primera exploración visual confirmó la posibilidad de que se trate de un poblamiento prehistórico, aunque la valoración final deberá quedar a expensas de futuras investigaciones más profundas y de posibles excavaciones. El hallazgo ya ha sido comunicado a la delegación provincial de Cultura de la Junta de Andalucía, a fin de iniciar los trámites correspondientes a su catalogación.

Lajas de un posible enterramiento.

Vista del posible yacimiento.
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Un pequeño fuerte romano en el valle del Ojailén

Arqueólogos trabajando en el yacimiento "Cruz de mayo" de Brazatortas [Fotos: Solienses].

Brazatortas es el primer pueblo habitado de Ciudad Real que nos encontramos en la ruta Torrecampo-Puertollano por la A-435/CM-4201. Desde 2020, con financiación del propio Ayuntamiento y el respaldo científico de la UNED, viene excavándose allí el yacimiento arqueológico "Cruz de mayo", situado sobre un abrupto promontorio de roca cuarcita en las afueras de la localidad, con una posición dominante sobre el valle del Ojailén. Los arqueólogos comenzaron sondeando un asentamiento calcolítico, donde se encontró gran cantidad de material lítico (puntas de flecha, cuchillos, hachas) de excelente calidad, pero pronto les salió al paso un inesperado edificio romano de carácter defensivo y, lógicamente, se dejaron seducir por los mayores interrogantes que plantea. 

El periodo de ocupación romana se sitúa entre los siglos II-I a.C. En esa cronología se levantó allí un edificio destinado a la defensa del territorio con imponentes torres y gruesos muros, así como algunas viviendas y almacenes, donde se acogería una pequeña guarnición militar. Los arqueólogos lo relacionan provisionalmente con las "guerras sertorianas" y cobraría sentido en la protección del valle de Alcudia y sus importantes reservas mineras de plata, plomo y cinabrio. 

El baluarte dispone de un dominio visual absoluto sobre el valle del Ojailén.

En el yacimiento se han encontrado ánforas, monedas, restos cerámicos de diferentes actividades económicas y el depósito de municiones más importante de la península ibérica, compuesto por más de cien proyectiles de honda fabricados en plomo y piedra, que actualmente se exhibe en la exposición "Atempora" del Museo de Ciudad Real.

Hace unos días tuve la suerte de visitar este yacimiento siguiendo las explicaciones de uno de sus arqueólogos, David Oliver Fernández. Nos informó con detalle de los orígenes y objetivos del proyecto, de los descubrimientos que se han ido realizando en las sucesivas campañas y de su interpretación provisional, así como las técnicas de excavación utilizadas y las grandes dificultades que el lugar presenta para los arqueólogos, dado lo abrupto y escarpado del terreno y la solapación de los derribos. Se trata de un yacimiento inicialmente modesto pero que pudiera en el futuro deparar interesantes sorpresas.

Algunos municipios de Los Pedroches podrían tomar como ejemplo iniciativas de este tipo para abordar el estudio de tantos yacimientos relevantes de nuestra comarca que sufren el abandono, en el mejor de los casos, y el expolio en su mayoría. Se trata de una inversión seria y rigurosa en el ámbito de la cultura, ese que nuestros Ayuntamientos llevan tantos años confundiendo con el del espectáculo. El derroche de dinero en cosas absolutamente intrascendentes que venimos observando en los últimos años tendría en proyectos de esta naturaleza (obviamente, con el respaldo científico de una universidad o institución académica de prestigio) un destino juicioso y perdurable, que redundaría en el mejor conocimiento de nuestra historia y que incluso podría tener repercusiones en el terreno turístico y en actividades de desarrollo del territorio relacionadas con él.

Las estructuras defensivas presentan una gran solidez.

En algunas piedras reutilizadas del muro se han encontrado restos de pinturas rupestres.

Vista general del yacimiento.

El trabajo resulta difícil por la estrechez del espacio excavado situado entre masas rocosas.

Vista del promontorio donde se sitúa el yacimiento "Cruz de mayo".
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Chaves Nogales según Moreno Gómez

Francisco Moreno Gómez y Manuel Chaves Nogales.

Estos días vuelve la discusión en torno a la postura que debe adoptarse al debatir en torno a la Guerra Civil Española a propósito de unas jornadas organizadas por la Fundación Cajasol (finalmente suspendidas o aplazadas) que llevaban por título "1936: la guerra que todos perdimos". El novelista David Uclés, al anunciar su renuncia a participar, fue el primero que puso de relieve lo engañoso del enunciado y a partir de ahí se desató la discusión, no siempre en el nivel de competencia que se hubiera esperado por parte de escritores, historiadores e intelectuales. En el maremagnum declarativo no han faltado los defensores de la "tercera España", como forma de superar la tradicional división nacional y, tarde o temprano, sale a relucir la figura del periodista Chaves Nogales como apóstol de esta vía revisionista. Me ha parecido oportuno, en consecuencia, remitir al lector a la lectura de un artículo del historiador jarote Francisco Moreno Gómez, experto en el estudio de la Guerra Civil, en el que repasa la idolatrada figura del escritor republicano, últimamente sobre todo reivindicado por las derechas. He seleccionado algunos pasajes significativos del artículo de Moreno Gómez, publicado en 2023 en su blog Historia, memoria y literatura y que puede leerse completo aquí.

Entre aberraciones y deformaciones viene caminando la desvencijada historia de la guerra civil española. En cualquier esquina nos salen al paso los trabucaires y los falsarios de todo tipo. La última sorpresa nos la da cierta “progresía” pija, y nos lanza el siguiente gas lacrimógeno: la teoría de la “Tercera España”. Se superó ya el sarampión de los “revisionistas” (los Pío Moa, los Vidal, etc.) y ahora llega la “progresía” posmoderna con el invento de la “tercera España”. En realidad, se trata de “más de lo mismo”: otro cocktail de igualitarismo, equiparación (“todos fueron iguales”), anti-II República, equidistancia (que siempre defino como estar “más cerca de un lado que del otro”, es decir, lejos de la República), todo aderezado con desconocimiento del franquismo y el espantajo bolchevique. Por tanto, nihil novum sub sole: el barullo de tópicos que  viene soportando, desde 1977, la historia de la guerra civil, para que, en el confusionismo, nadie logre conocer la verdad. La “tercera España” es un refrito de tópicos y falacias, manías, prejuicios, falta de investigación, simplezas y falto de un discurso denso, original y orientador.

Los “terceristas” han descubierto como patrón, santo y seña, al antiguo periodista Manuel Chaves Nogales, subdirector del diario madrileño republicano Ahora, que en noviembre de 1936 decidió marcharse de España, vía Valencia y Barcelona, para terminar en Paris. Algunos más también lo hicieron. Y otros muchos se quedaron. Hasta ahí, nada que objetar en la libertad personal, si bien no se conoce el verdadero motivo de la escapada: tal vez motivos personales, frustración profesional o alguna incomodidad, por supuesto el “miedo”, que él mismo cita, pero ninguna presión política o coacción, que no existió. Con todo, lo curioso del caso fue que, una vez en París, se dedicó a “auto-justificarse”, cuando nadie se lo pedía, y a desvirtuar el porqué, el sentido y el origen de la guerra civil española, y empezó a tirar piedras diversas al sistema republicano y a algunos de sus líderes, sin mencionar ni una sola vez la realidad y origen de todo: el golpe militar.

El fenómeno del “chavesnogalismo” ha llegado un tanto estrepitosamente, como pretexto o catapulta, utilizada por los posmodernos para continuar la lapidación de la II República, contra su esencia política y su sistema democrático.

Todo cuanto escribe para justificar y dar cuerpo teórico a su escapada de Madrid, resulta muy pobre e inconsistente. Sobre todo, no convence. Situémonos, primero, en el prólogo de A sangre y fuego, el cual rezuma teoría equiparadora e igualitarista por los cuatro costados, es decir el “todos fueron iguales”, que es falso. Dice: “Todo revolucionario, con el debido respeto me ha parecido siempre algo tan pernicioso como cualquier reaccionario” (p. 32). No, hombre, no. No son iguales de “perniciosos”. Un jornalero hambriento, con su hoz en ristre lanzando denuestos no es tan pernicioso como el terrateniente o sus capataces, con todos los poderes fácticos detrás, pegando tiros a una manifestación.  
Habla de “fiebre cainita” (p. 33), cuando el problema de España no ha sido de cainismo, sino de golpe militar. Y vuelve a insistir en el igualitarismo obsesivo: “Idiotas y asesinos se han producido y actuado con idéntica profusión e intensidad en los dos bandos que partieron España”. “idéntica profusión e intensidad” es absolutamente falso, e historiográficamente insostenible. Curándose en salud, Chaves habla de su “pequeña experiencia personal” de la guerra. Ciertamente. Porque él sólo vivió los primeros tres meses, los del caos, y además en Madrid. Repite lo de “los dos bandos”: un Gobierno nunca es un bando. 
A Chaves se le ve, un tanto patéticamente, buscando pretextos para su huida, algunos claramente impresentables: “Me fui cuando tuve la íntima convicción de que todo estaba perdido y ya no había nada que salvar”. Inmenso error. En noviembre de 1936, no estaba todo perdido, y las mejores páginas del Ejército de la República estaban todavía por escribir… y si al final “todo estaba perdido”, ello se debió a la circunstancia internacional, al Eje Roma-Berlín, que Chaves nunca nombra; sólo ve “bolcheviques”. Y redondea su auto-justificación con este comentario poco convincente: “Cuando el Gobierno de la República abandonó su puesto y se marchó a Valencia, abandoné yo el mío”. No había por qué, pero él lo decidió así.  
Chaves podía haber tomado ejemplo de Antonio Machado, que aguantó en España hasta el final, y su suerte la unió a la multitud de los desterrados, y con ellos, en confusión y desorden, salió en febrero de 1939, apretujado, embarrado, impelido en medio del dolor general, a pie, con su hermano José, su madre a cuestas, el escritor Corpus Barga… El poeta salió, penosamente, con todo su pueblo derrotado… ¡Eso es la dignidad, la integridad y la coherencia! ¡Esta es la madera de los héroes que provocan admiración y escalofrío!

Fueron miles y miles los que no actuaron como Chaves Nogales. Presentaron cara y se auto-inmolaron ante el avasallamiento de Roma-Berlín-Burgos. Perdieron, pero salvaron la dignidad de los momentos graves. Los valores que defendieron son los que se disfrutan ahora. A los que manchan la lucha de los combatientes, Max Aub les dejó escrita una proclama salida del alma, estremecedora, pero sobre todo auténtica, humanamente auténtica, ante la que ese invento de la “tercera España” queda en ridículo: “Estos que ves ahora deshechos, maltrechos, furiosos, aplanados, sin afeitar… hechos un asco, destrozados, son, sin embargo, no lo olvides, hijo, no lo olvides nunca, pase lo que pase, son lo mejor de España, los únicos que, de verdad, se han alzado, sin nada, con sus manos, contra el fascismo, contra los militares, contra los poderosos… cada uno a su manera, como han podido…”. Max Aub (Puerto de Alicante. Campo de los almendros).

Nunca los “terceristas” han marcado ni marcarán el rumbo de la historia, ni los timoratos, sino los que supieron dar un paso al frente. No existe destino más triste que el de aquellos que pasaron por esta vida sin hacer nada positivo ni negativo, los que pasaron por la historia como simples figurantes. La actual corriente del descompromiso y la desideologización nunca dará fruto alguno. A estos figurantes de la sociedad ya los vio así el gran Dante, en su Divina Comedia, donde sitúa en el primer círculo del Infierno a los que no se han comprometido en nada en la vida… “no hicieron nada digno de alabanza ni de censura, de los cuales no vale la pena hablar…".
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Preparados para lo que ha de venir

Fragmento del mapa de Los Pedroches realizado por Tomás López en 1792. 

Los Pedroches son una tierra maravillosa, llena de encantos, posibilidades y recursos, que, sin embargo, no han sido capaces todavía de encontrar una persona que sepa regir adecuadamente su destino, su desarrollo y su progreso. Su futuro. No me estoy refiriendo a los alcaldes de nuestros pueblos, algunos de los cuales, con esfuerzo y tesón, han conseguido para sus localidades niveles de bienestar envidiables, sino que pienso en la comarca en su conjunto, esa idea abstracta tan difícil de definir. Entre nosotros no ha surgido todavía nadie con vocación de líder que proyecte una visión comarcal por encima de la local, que se haya atrevido a enfrentarse a los retos del territorio sin encontrarse atado al beneficio exclusivo de un solo municipio. No digo que sea fácil lanzarse al mundo de las ideas con un proyecto tan incierto y basado solamente en quimeras y utopías. No, fácil no debe ser. Tampoco hay ningún organismo, entidad o institución de ámbito comarcal que haya logrado presentar un propósito ilusionante con una visión amplia e integradora de los 17 pueblos que conforman esta vieja y querida tierra de encinas, estepas y olivares.

Son Los Pedroches de los Mejías y los Sotomayor, Los Pedroches del marquesado del Carpio, los de señorío y los de realengo, los que hicieron de los bienes comunales la base de su sustento económico, los que se administraron conjuntamente, los de las Siete Villas, aquellas que tuvieron un único término jurisdiccional hasta principios del siglo XX, los que han conformado unidades devocionales supralocales compartiendo hasta sus Vírgenes y sus ermitas, que no son de este o de aquel, sino de todos. Los Pedroches de la ganadería y de la siega, los del olivar de montaña, los que desmocharon jarales para hacerlos fértiles y productivos, los que, levantados en asonada, derribaron el castillo de Pedroche siguiendo los dictados de antiguos quiromantes, los de Sepúlveda y Pérez Salas. Los Pedroches del poleo y la manzanilla, los del Zújar y el Guadalmez, los del Cuerno y el Miramontes. Los Pedroches de las monjas de Santa Clara y la jota de la sierra, los de los científicos árabes y los teólogos cristianos, los de Soleiman El Gafequí y Juana Castro, los de las minas de El Soldado y el monasterio de Pedrique.

Estos Pedroches van pidiendo a gritos que alguien coja las riendas de su destino y los guíe hacia un futuro de certidumbre y prosperidad, sin las nubes negras de la despoblación, el desengaño, la desmemoria y el olvido. Alguien tiene que abrazar esta antorcha desafiante para abrir los ojos de los ciegos y los oídos de los sordos, y quien albergue en su interior este destino debería haber nacido ya, porque de otro modo no llegaremos a tiempo de entregar nuestra siembra a la eternidad ni estaremos preparados para lo que ha de venir.
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El curioso caso de los dos Alfredos Gil Muñiz

El académico Alfredo Gil Muñiz (tercero por la izquierda) durante un acto cultural en los años 30 del siglo pasado.

Se atribuye a Mark Twain la teoría de que las obras canónicas de Shakespeare no las escribió el Shakespeare que todos conocemos, sino otro escritor, llamado también Shakespeare. Se trata, lógicamente, de una sátira del novelista estadounidense, pero me he acordado de ello cuando un comentarista me ha hecho ver la paradoja de que, según los datos que expongo en mi anterior entrada Cien años del "Valle de los Pedroches" de Alfredo Gil Muñiz, este Alfredo, que digo nacido en 1914, habría publicado el artículo en cuestión con tan solo 11 años. Lógicamente, no puede ser.

El Alfredo Gil Muñiz que nos ocupa nació, en realidad, en 1898 en San Sebastián, quizás casualmente, ya que su padre era inspector de Hacienda destinado en Ceuta. Siendo aún pequeño, la familia se traslada a Málaga, donde Alfredo estudió Magisterio. En 1922, con tan solo 24 años, fue nombrado ya inspector de primera enseñanza en Córdoba. En 1924 aparece citado en prensa con "esposa e hijos". Su esposa fue Encarnación Rodríguez de Rivera Bernal. Ingresó en la Real Academia de Córdoba en 1925, cuando escribió el artículo "El Valle de los Pedroches". Durante los años 20 y 30 publicó diversos libros escolares como España regional y pintoresca (1924), El alma de la raza: (poesías dedicadas a España): lecturas escolares escogidas (1927) y España histórica y artística (1927), entre otros. Falleció en Málaga en 1978 tras toda una vida dedicada a la labor regeneracionista y transformadora de la educación, especialmente en las escuelas cordobesas y, concretamente, durante una etapa de su vida, en las de la comarca de Los Pedroches con su función inspectora. Juan Díez García ha trazado desde la admiración una detallada biografía y análisis de su obra pedagógica en su estudio Aproximación a la historia de la inspección de primera enseñanza de Córdoba (1910-1939).

Obras del académico Alfredo Gil Muñiz publicadas en los años 20 del siglo pasado.

En el anuncio de venta de uno de sus libros en el portal Todocolección, sin embargo, se dice: "Alfredo Gil Muñiz fue inspector y maestro de enseñanza primaria, poeta y ocupó cargos políticos en Peñarroya-Pueblonuevo y en Córdoba".

En efecto, en noviembre de 2008 presenta sus memorias en Peñarroya-Pueblonuevo un Alfredo Gil Muñiz que había sido alcalde de la localidad minera entre 1958 y 1964. Según una nota publicada por Radio Peñarroya, este Alfredo habría nacido en Málaga en 1914 y habría ejercido de maestro en la localidad cordobesa, dejando "huella tanto en las aulas como en la vida municipal", hasta el punto de que un colegio público de educación infantil y primaria lleva hoy su nombre (ahí se nos informa de que murió en 2012 "a los 98 años de edad"). En otra información se apunta que llegó a Peñarroya con 18 años en 1932, "con un título de maestro recién estrenado". Di por hecho que eran la misma persona. Sin embargo, las fechas no cuadran. Si ambos Alfredos fueran el mismo, habría publicado sus libros escolares con menos de 15 años y el artículo sobre Los Pedroches con 11.

¿Qué está pasando aquí? En 1932, cuando el segundo Alfredo Gil Muñiz es destinado por primera vez como maestro interino a Peñarroya, un redactor del diario El Sur detecta cierta anomalía en la puntuación, que no viene al caso, y sospecha que Alfredo debe ser "hermano del director de la Escuela Normal de Córdoba", que era, en efecto, Antonio Gil Muñíz. Pero el hermano de Antonio, nuestro Alfredo, tenía ya para entonces 34 años, había publicado libros y artículos y era inspector de primera enseñanza, situación poco compatible con aspirar a una interinidad con la carrera recién terminada. ¿Podría tratarse de un hijo de Alfredo? Pero los hijos de Alfredo (Ramón, Jacinto, Alfredo y María Encarnación) se llamaron Gil Rodríguez de Rivera. ¿Un sobrino, quizás?

Fotografía aparecida en el periódico "Azul" en 1937, con el siguiente pie de foto: "Grupo de flechas, regresados de Italia, con el camarada Alfredo Gil Muñiz, jefe local de Falange Española y Tradicionalista".

En 1937, con Córdoba capital ya en la zona sublevada, un Alfredo Gil Muñiz (el nacido en 1914) aparece citado en la prensa como delegado local de la organización juvenil de Falange Española Tradicionalista y de las JONS y más tarde como secretario local de la misma, al mismo tiempo que otro Alfredo Gil Muñiz (nuestro autor) sufre la depuración del servicio de inspector de primera enseñanza con pérdida de sus derechos profesionales y suspensión de empleo y sueldo. Una estampa de los tiempos. Tras la Guerra Civil, el Alfredo Gil Muñiz nacido en 1914 vuelve como maestro a la zona norte de Córdoba, primero a Belmez y Fuente La Lancha y luego a Peñarroya-Pueblonuevo, donde acabaría siendo alcalde en una trayectoria ideológicamente coherente. El Alfredo alcalde de Peñarroya-Pueblonuevo no fue, por tanto, el mismo Alfredo inspector de enseñanza primaria y académico de la Real Academia de Córdoba que escribió libros y artículos, sino el maestro jefe local de la organización juvenil de Falange que viajó a la Italia fascista en plena Guerra Civil Española.

La clave estaba en una nota a pie de página del libro de Díez sobre la inspección educativa. José B. Soriano Pastor, sobrino del Alfredo académico, escribe en La Málaga que viví (1999): “Es curioso, hay dos Alfredo Gil Muñiz, el padre del médico de igual nombre, de segundo apellido Rodríguez de Rivera, y otro sobrino de mí tío que ocupó importantes cargos en el franquismo, inspector de sindicatos y delegado gubernativo en Asturias”. Este segundo es el que sería luego alcalde de Peñarroya-Pueblonuevo. En el pueblo se le recuerda por sus fructíferas gestiones para la reapertura del Instituto de Bachillerato y la reordenación urbana del entorno minero. Mientras tanto su tío, que había participado con entusiasmo en la renovación pedagógica republicana y había alentado numerosas iniciativas culturales, pudo recuperar su condición de inspector con "inhabilitación para cargos directivos y de confianza en instituciones culturales y de enseñanza". No volvió a publicar nada más.
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Cien años del "Valle de los Pedroches" de Alfredo Gil Muñiz

Alfredo Gil Muñiz en 2008.

Leo una vez más al profesor Valle Buenestado lamentarse de la utilización del "pseudocultismo" Valle de Los Pedroches para referirse a nuestra comarca. En Solienses ya abordamos hace años (2006) la cuestión en dos artículos titulados, precisamente, "Valle de los Pedroches (1)" y "Valle de los Pedroches (y 2)", donde intentábamos precisar el origen de la creación de tal denominación. Precisamente ya entonces señalé un artículo de Alfredo Gil Muñiz, titulado también "El Valle de Los Pedroches", como la primera publicación que fijó definitivamente la denominación haciéndola extensiva a todos los pueblos de la comarca que hoy la componen. Se trata de un artículo, publicado en el Boletín de la Real Academia de Córdoba (número 12, 1925), deudor de todos los males académicos de la época, lleno de incorrecciones e imprecisiones, pero que por primera vez abordó a Los Pedroches como una realidad geográfica y cultural.

Precisamente este año se cumple un siglo de la publicación de aquel intento de Gil Muñiz por explicar nuestra comarca, aunque fuera muy someramente, desde los ámbitos geográfico, demográfico, etnológico e histórico y, lo que es más importante, bajo una consideración unitaria, hasta el punto de que llega a definir Los Pedroches como "una región natural" en la que se pueden distinguir rasgos y características comunes entre los diferentes pueblos. Aunque las informaciones que proporciona están hoy, lógicamente, muy superadas por las investigaciones posteriores, constituye sin duda un pequeño referente dentro de la historiografía comarcal.

El interés de Alfredo Gil Muñiz (Málaga, 1914-Fuengirola, 2012) por Los Pedroches le viene seguramente por haber ejercido como maestro nacional en Peñarroya-Pueblonuevo, donde también fue alcalde entre 1958 y 1964 y donde su nombre sigue presente en el CEIP Alfredo Gil. Llegó a ser inspector de primera enseñanza y publicó obras escolares de lecturas escogidas como España histórica y artística o España regional y pintoresca, publicados en los años veinte del siglo pasado. En 2008 presentó un libro con sus memorias.

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La Casa de Los Pedroches en Córdoba revisa el potencial arqueológico de la comarca

"Las espadas de los vikingos tenían cobre de Los Pedroches", asegura Monterroso en su intervención


Participantes en el acto y directivos de la Casa de Los Pedroches en Córdoba, ayer en la Diputación [Fotos: Agustín Merino]. 

La Casa de Los Pedroches en Córdoba volvió a celebrar anoche con gran éxito su Encuentro en la Diputación, en esta ocasión dedicado a la arqueología en Los Pedroches. El presidente de la asociación, Francisco José Moreno, y la diputada de Turismo, Narci Ruiz Rodríguez, hicieron la presentación institucional. Paco Carrasco coordinó el acto. 

El profesor titular de Arqueología de la Universidad de Córdoba Antonio Monterroso Checa impartió una conferencia muy amena y didáctica sobre el tema "Entre Tartessos, Roma y Al-Andalus. Una década de investigaciones desde la Universidad de Córdoba". Comenzó lamentando las carencias que el norte de Córdoba presenta en cuanto a investigación arqueológica, para a continuación desvelar que desde la Universidad de Córdoba "en diez años hemos recuperado en Los Pedroches y el Guadiato más de 400 yacimientos nuevos" gracias a las innovadoras tecnologías del georradar, lo que ha permitido elaborar una detallada carta arqueológica de la zona. Monterroso destacó la importancia que tuvieron Los Pedroches en el desarrollo económico, social y  monumental de la ciudad de Córdoba en época romana. "La financiación de las grandes familias cordobesas está en las minas de Los Pedroches y el Guadiato", aseguró. Pero la presencia de la minería del norte de Córdoba en la historia puede retrotraerse hasta el cuarto milenio antes de Cristo: "Sabemos que en Noruega y en Finlandia, las espadas que están fundiendo los vikingos tienen cobre de Los Pedroches", dijo. Así lo han detectado los análisis de los metales de los restos encontrados, lo que a su vez ha permitido demostrar la existencia de un tráfico marítimo por vía atlántica entre el sur de la Península Ibérica y los países nórdicos.

El profesor Antonio Monterroso Checa durante su intervención.
 
Seguidamente habló de los dólmenes de Villanueva de Córdoba, de la presencia tartésica (apuntando la posibilidad de existencia de algún santuario fenicio aún por descubrir en la comarca) y, a partir del paisaje arqueológico de los túmulos pacenses, aludió a los proyectos de investigación previstos en La Atalayuela (Alcaracejos) y La Jara (Añora), con los que se intentará averiguar qué se esconde bajo esos montículos. Monterroso insistió en la importancia de la zona norte de Córdoba como reserva minera a lo largo de la historia (lingotes de plata del distrito Alcaracejos-Belalcázar aparecen en pecios por todo el Mediterráneo), pudiéndose establecer imaginariamente una línea de continuidad temporal entre la Societas Sisaponense, la Sociedad Minero Metalúrgica Peñarroya y el imprevisible futuro de los minerales críticos y tierras raras que se investiga actualmente en diversas zonas de Los Pedroches. 

El arqueólogo finalizó su intervención aventurando su parecer sobre la ordenación territorial de Los Pedroches durante la época romana. En cuanto al yacimiento de Majadaiglesia (El Guijo), el arqueólogo aseguró haber definido con las nuevas tecnologías láser toda la trama urbana (calles y casas) de la ciudad de Solia (identificación que Monterroso dio por definitiva: "no hay otras localizaciones competidoras"), con delimitación probable del foro y de algunas estructuras extramuros. En cuento a Baedro, se inclinó por localizarlo con igual rotundidad en el cerro de Los Espejuelos de Belalcázar.

Monterroso afirmó haber localizado yacimientos de mayor o menor entidad en los términos municipales de todos los pueblos de Los Pedroches (salvo en Torrecampo) y animó a los Ayuntamientos a invertir en la investigación arqueológica como reclamo cultural, turístico y económico.

El broche final lo puso el cantautor Titín, que interpretó algunos temas de su disco recién estrenado Canción casera.

VÍDEO: Titín interpreta su tema "Carbonara".

Paco Carrasco presentando el acto. En la mesa, Narci Ruiz y Francisco José Moreno.

Vista del salón de actos del Palacio de la Merced durante la celebración del acto.
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La mesta del condado de Belalcázar se reunirá en la Consolación

Representación de la obra en la ermita de Santo Domingo de Hinojosa del Duque el pasado 9 de agosto [Foto: Ayuntamiento].

Durante el siglo XVI la parte cordobesa del condado de Belalcázar asistió al nacimiento de una organización mesteña de carácter local que constituye una singularidad precisamente por haberse desarrollado en tierras de señorío. Los ganaderos de Belalcázar e Hinojosa del Duque (pero no de otros territorios pertenecientes al mismo señor, como La Puebla de Alcocer) estuvieron hermanados en una única mesta que se regía por unas ordenanzas redactadas en 1542 bajo el mandato de Francisco de Zúñiga y Sotomayor. Desde finales del siglo XV se habían institucionalizado reuniones periódicas de los concejos de Belalcázar e Hinojosa en la ermita de Santa María de la Consolación o en la de Santo Domingo para resolver asuntos referentes a la ordenación de las actividades agrarias y ganaderas de ambos pueblos, obligadas por el hecho de disponer las dos villas de un mismo término común. Fruto de esas reuniones sería la constitución de esta mesta local, que fue dada a conocer por Emilio Cabrera y Ricardo Córdoba en un artículo del que he tomado los datos históricos de esta entrada..

La mesta celebraba tres asambleas anuales: el 1 de marzo, el 10 de junio (víspera de San Bernabé) y el 29 de noviembre (víspera de San Andrés). Todas ellas se celebraban en la ermita de Santo Domingo, situada en los términos de Hinojosa y Belalcázar. La misión de esas reuniones, a las que debían acudir obligatoriamente todos los rabadanes y mayorales que trabajaran a sueldo de los dueños de ganado, era fundamentalmente la de traer aquellas reses mesteñas que, a lo largo de esos meses, se hubieran integrado en sus rebaños para proceder a su distribución.

Rememorando estas reuniones, el próximo 20 de septiembre (21:00 h.) tendrá lugar en la ermita de la Consolación de Belalcázar una representación de carácter histórico llevada a cabo por los grupos de teatro Viriquilos y Entrehinojos, con dirección de Juan Antonio Antón y Paqui Luna y guion de Manolo Pozo. Con el título La mesta en la ermita de la Consolación, año 1542, la obra revive la reunión en la que se aprobaron las ordenanzas mesteñas y recrea el ambiente de la época en las villas del condado. La obra se estrenó con gran éxito el pasado 9 de agosto en la ermita de Santo Domingo de Hinojosa del Duque.

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Los alcaldes actuales de las Siete Villas de Los Pedroches participarán en la representación de Asonada

Actores en el papel de representantes de las Siete Villas en una escena de la "Asonada" de 2022 [Foto: Solienses].

Los días 21, 22 y 23 de agosto se representará en Pedroche la obra Asonada, de Carlos Boves (candidato al Premio Solienses 2010), una muestra de teatro popular que llega así a su tercera edición (anteriormente se representó en 2018 y 2022). La representación de este año trae varias novedades, como su ubicación en un patio del Convento Concepcionista (en lugar de la explanada de la ermita de Santa María del Castillo, donde se ha representado en las anteriores ediciones) y el estreno de todo el vestuario de la obra, que ha sido confeccionado expresamente por un grupo de costureras de la localidad (en las anteriores ediciones los trajes se alquilaban).

Otro aliciente que tendrá la Asonada de este año será que volverán a reunirse en Pedroche los alcaldes actuales de las antiguas Siete Villas de Los Pedroches. Recordemos que en la ermita de la Virgen de Piedrasantas de Pedroche se reunieron periódicamente durante siglos los representantes de la mancomunidad histórica de las Siete Villas para tratar de los asuntos comunales, principalmente los referidos a la administración de las dehesas de la Jara, Ruices y Navas del Emperador, que pertenecían a las Siete Villas conjuntamente. La mancomunidad mantuvo, además, un término municipal común e indiviso hasta el siglo XX.

Alcaldes actuales de las Siete Villas de Los Pedroches.

Está previsto que los alcaldes de Pedroche, Torremilano (hoy Dos Torres), Torrecampo, Pozoblanco, Alcaracejos, Villanueva de Córdoba y Añora (citadas por orden de antigüedad en cuanto a la obtención de sus títulos de villa) participen en la representación del día del estreno (21 de agosto), encarnando sus propios papeles, es decir, actuando como alcaldes de cada una de las villas, en una escena en la que los representantes de las Siete Villas intervienen en la discusión sobre si debe destruirse el castillo. Los alcaldes en cuestión son Juan Ignacio Romero (Pedroche), Manuel Torres (Torremilano), Francisco Castillo (Torrecampo), Santiago Cabello (Pozoblanco), José Luis Cabrera (Alcaracejos), Isaac Reyes (Villanueva de Córdoba) y Bartolomé Madrid (Añora). 

Será, sin duda, un bonito guiño a la tradición y a la causa de la unidad comarcal, aunque recordemos que en la obra asistimos en este punto a una alteración histórica, puesto que en 1478 -cuando suceden los hechos de Asonada- no habían recibido aún el título de villa las tres últimas localidades de la relación y, por tanto, no existía todavía la mancomunidad de las Siete Villas. Se trata, pues, de una licencia teatral que el público acepta benevolente por su significado entrañable y su propósito simbólico en la construcción de una narrativa comarcal, al representar una concordia a partir de intereses diferentes que ojalá se manifestará también en otros momentos de la vida real.
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Francisco Moreno Gómez publica su archivo sonoro sobre el poeta Pedro Garfias

El poeta Pedro Garfias. 

Cuando Francisco Moreno Gómez presentó en 1994 su tesis doctoral sobre el poeta Pedro Garfias, una integrante del tribunal que la juzgaba, Sabina de la Cruz, viuda de Blas de Otero, dijo: “Es que usted no ha presentado aquí una tesis, sino dos tesis”. Y, en efecto, de aquella tesis surgieron dos libros: por un lado, Pedro Garfias, poeta de la vanguardia, de la guerra y del exilio, una biografía esencial del poeta (847 páginas) publicada por la Diputación de Córdoba en 1996, que significó la incorporación a la historia de la literatura española de un escritor hasta entonces desconocido. Por otro, Poesías completas de Pedro Garfias, publicado el mismo año en una edición costeada por el propio Francisco Moreno, puesto que no encontró apoyo en las editoriales convencionales. Desde entonces, la figura de Pedro Garfias ha estado siempre presente en la tarea investigadora del estudioso jarote, hasta el punto de que él ha podido llamarse a sí mismo "hijo predilecto" del poeta salmantino, del poeta del Sur. 

Pedro Garfias (Salamanca, 1901-Monterrey, México, 1967) fue un poeta de vanguardia ligado al movimiento ultraísta. Al proclamarse la Segunda República ingresa en el PCE, donde militaría hasta su muerte, y durante la guerra civil luchó, entre otros, en el frente de Pozoblanco, donde muchos soldados recitaban de memoria sus poemas, sin saber que eran de su autoría, y el personal civil los cantaba a ritmo de jotas: “Pozoblanco, Pozoblanco / no serás nunca de Queipo / Te defienden los soldados / del ejército del pueblo”. En 1938 un jurado formado por Antonio Machado, Enrique Díez Canedo y Tomás Navarro Tomás le concedió el Premio Nacional de Poesía por sus Poesías de la guerra española.

Dalí, Moreno Villa, Luis Buñuel, Federico García Lorca y Pedro Garfias en la Residencia de Estudiantes.

Francisco Moreno Gómez posee seguramente el archivo más completo sobre la figura de Pedro Garfias, pues tuvo acceso a documentación inédita y a testimonios orales de personalidades hoy desaparecidas. Ahora, Moreno ha decidido publicar en su página web personal (un valiosísimo repertorio de escritos sobre sus diferentes facetas como investigador, preferentemente sobre la guerra civil y el franquismo) su archivo sonoro particular del poeta, "con el fin de fortalecer su figura y dar a conocer en más elevado grado la riqueza de su poesía y las circunstancias biográficas que rodearon una creación poética tan portentosa". Según el historiador, da este paso desde la generosidad intelectual del investigador, rechazando "cualquier inclinación al afán de posesión per se, o a cualquier idea de propiedad privada mal entendida, ya que un poeta y todo su legado es un bien de la humanidad, y no de ninguna persona en particular".

El material sonoro que se publica es un conjunto de 26 antiguas cintas magnetofónicas o de cassette digitalizadas, "que versan sobre testimonios muy directos de personas muy ligadas al poeta, como su propia viuda Margarita, su protector Alfredo Gracia y otros muchos, con los que tendí una amplia red de contactos en los años 80, aprovechando sus viajes al Madrid de la Transición en aquellos tiempos, o bien, con la recepción de cintas grabadas enviadas desde México, o bien las que este autor realizó en México y en Monterrey en el viaje que hice allá en 1992". La colección comienza con la entrevista que Moreno le realizó a Margarita Fernández Repiso, viuda del poeta, en Osuna (Sevilla) en 1985. 

Sin duda, se trata de un valiosísimo material de primera mano para continuar profundizando en la figura de Pedro Garfias, que Francisco Moreno pone a disposición de investigadores y del público en general, desde una concepción generosa y sin más intención que "engrandecer la figura y la obra del gran Pedro Garfias, al que llevo estudiando 45 años, a costa de mi bolsillo, simplemente por amor, amor al poeta y a la poesía".