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El Cangilón

En mi página Añora, corazón de Los Pedroches he incluido una sección sobre la revista del Colectivo Cultural El Cangilón, que se publicó en Añora entre la primavera de 1982 y el otoño de 1987 . Qué decir. Es posible que para muchos ese nombre no signifique ya nada, que no sientan ningún hormigueo en el estómago cuando lo oigan citar, que no les resulte evocador de tiempos hermosos de juventud y rebeldía. Pero para quienes vivimos con pasión aquella turbulenta experiencia, cualquier excusa es motivo fundado para volver a evocar unos tiempos y unos modos que hoy se antojan lejanísimos y, en la nostalgia de lo que fue, imposibles de repetir.

El Colectivo Cultural El Cangilón nació como un grupo de animación sociocultural de anárquica organización, sin fines ni metas definidas, con el mero propósito de dar forma a un cúmulo de inquietudes juveniles que necesitaban materializarse de alguna manera. Aquél grupo de veinteañeros, sin ningún apoyo institucional pero con mucho entusiasmo, organizó obras de teatro, exposiciones, conferencias, coloquios, concursos y certámenes, actividades deportivas, viajes, fiestas populares, recitales poéticos, y publicó una ardiente revista en fotocopias que durante varios años levantó oleajes insospechados en las habitualmente quietas aguas de nuestro pueblo. Quien lo vivió lo recuerda: los versos de Lorca en la ermita de San Pedro, las comedias de Arniches en el salón del Gallo, los concursos de dibujo infantil en el recinto de la Virgen de la Peña, las primeras chocolatadas populares del día de la Cruz en la plazoleta de la calle Iglesia, los torneos deportivos en las escuelas de San Martín, los maratones populares con más de cien participantes por las calles del pueblo, los viajes al entonces casi desconocido Festival de Teatro Clásico de Mérida, la polémica sobre la placa en la muralla de la ermita de la Virgen de la Peña... tantas cosas, de las cuales tantas otras hoy son herederas sin saberlo.

Luego vinieron tiempos más conflictivos. Como suele, la preocupación cultural derivó en política, y aquello ya fue otra historia. Pero de vez en cuando, por algún extraño encantamiento, el nombre de El Cangilón viene de nuevo a la mente, y, con él, tantas sensaciones irrepetibles imposibles de describir.

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