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Candidatos al Premio Solienses 2011

Un año más, llega el Premio Solienses para destacar a un libro que, a juicio del jurado nombrado al efecto, resulte el más meritorio de los publicados durante el año anterior por un autor de Los Pedroches. El Premio Solienses, como es sabido, se concede a obras pertenecientes a los géneros literarios de creación: narrativa, poesía, ensayo, artículo periodístico o teatro, excluyéndose obras científicas o de investigación. El Premio, que alcanza este año su quinta edición, no tiene dotación económica, sino que el galardonado recibirá una réplica del arado romano diseñado por la Asociación de Artesanos de Los Pedroches (Ofiarpe), que se ha convertido ya en el símbolo del premio. El jurado, cuya composición se dará a conocer cuando se haga público el fallo, elegirá al ganador entre una terna que le ha sido presentada por el editor de Solienses y que en esta ocasión está formada por los siguientes libros (citados por orden alfabético del apellido del autor):



Juana Castro: La bámbola (EH Editores).

La bámbola es, si no dos libros, sí dos textos que en la inevitable disposición lineal de la escritura van tomando alternativamente la palabra, como indica la tipografía, pero también, claro está, los materiales mismos de cada una de las dos series. Una de ellas versa sobre el deseo; la otra tiene como asunto el ordenador y el mundo digital. Tan distantes a primera vista, no lo son tanto si se considera que ambas temáticas juegan con lo real y lo virtual: el deseo lleva a la realidad lo que aún no se ha producido, o llama a ello, mientras que lo cibernético otorga una cierta realidad a lo que es propiamente virtual. Aunque la lectura de este libro muestra que la segunda de las series tampoco es ajena a un cierto diálogo de amor.

Donde se habla del deseo el sexo hace acto de presencia sin tapujos en variantes que van desde la prostitución a la muñeca hinchable, o incluso el sacerdote pederasta y el bestialismo, algunos de estos textos con la crudeza del asunto resuelta en un giro humorístico. Además, quien encarna la voz que habla es un personaje ya femenino, ya masculino, lo que permite dar visiones diversas. Por su parte, allí donde se habla de lo virtual también se cede la palabra al mouse (el ratón) y a otros entes, lo que da lugar a discursos más que curiosos.

Dentro de la obra de Juana Castro (Villanueva de Córdoba, 1945) este libro resulta marcadamente original y es pertinente sobre ello lo que Balbina Prior apunta en su prólogo. A quien lo lea le espera un libro nada vulgar.

[Túa Blesa en El Cultural, 2-7-2010]




Javier Redondo Jordán: Las ciudades de la luz (Ayuntamiento de Pozoblanco)

Este libro pertenece al género de la literatura de viajes, entendida ésta como la tentativa de poner en orden e interpretar por escrito el proceso interior de cambio que opera en el viajero durante el viaje exterior.

El título de Las ciudades de la luz alude a la luz singular que alumbra, de forma distinta a cada una, a las tres ciudades principales en las que se centra el trayecto: París, Benarés y Pozoblanco. A ellas están dedicadas las tres partes de las que consta el libro: París, La Ville Lumière, corazón del Siglo de las Luces; Benarés, capital espiritual de la India, lugar de tránsito, iluminación y renacimiento; y Pozoblanco, escenario de la niñez del autor, adonde termina por conducirle su billete de vuelta.

El billete de vuelta simboliza también la conciencia de que todo tiene un final. Hay muchos muertos en estas páginas. Tal vez por ser en el instante de la confrontación con la muerte, propia o ajena, cuando más nos acercamos a las verdades simples que aprendimos de niños. La muerte, al fin y al cabo, resulta ser el último billete de vuelta.

Quien se acerque a esta obra descubrirá, ante todo, una cartografía íntima y sentimental de los efectos que el camino induce en nuestra persona. Y es que mediante la contemplación del entorno acabamos conociéndonos, casi sin querer, a nosotros mismos, pues somos, en el trance de viajar, simultáneamente observador, instrumento de medida y objeto de ensayo de nuestra propia conciencia.

[Texto de la contraportada del libro]




María Antonia Rodríguez: Hija de Sexto Mario, el hombre más rico de las Hispanias (El Páramo)

A diferencia de su anterior obra, La casa de los leones, que arrancaba de la posguerra para acabar analizando comportamientos sociales de hoy mismo, Hija de Sexto Mario está ambientada en la Roma del emperador Tiberio, allá por el siglo I d.C., aunque el propósito último que persigue parece idéntico. A través de la vida y azares de la joven Rosia asistimos a un ácido retrato de la sociedad imperial, corrompida por toda clase de vicios y sumergida en un estado de degradación moral tan lejano de la rectitud republicana añorada todavía por unos pocos, en una manifestación ejemplar de que los comportamientos humanos cambian muy poco así que pasen los siglos.

La autora ha sabido anudar hábilmente -y tras la ardua labor de investigación que se adivina- el conocimiento histórico del mandato de Tiberio con los pocos datos seguros que los historiadores latinos (Tácito, Dión Casio) han transmitido sobre el cordobés Sexto Mario, un rico caballero propietario de grandes explotaciones mineras en Sierra Morena, y sobre su hija para crear en torno a ellos una gran historia de amor con todos los componentes propios del género: intriga, acción, aventuras, desengaño, traiciones... La ambición desmedida de la esposa de Sexto Mario, incapaz de encontrar límites a su codicia de lujo y poder, arrastra a la ruina a toda la familia en el seno de una sociedad cuajada de comportamientos miserables, donde sólo el amor de los jóvenes, no del todo inocentes tampoco, parece poner una nota de esperanza. El lector queda atrapado desde el principio en un relato apasionante que se desarrolla linealmente, sin complejidades estructurales, pero con una fuerza narrativa que acerca esta novela a la de las grandes escritoras actuales que copan las listas de venta.

[Solienses: Hija de Sexto Mario o el amor en tiempos de Tiberio]


Una vez más, al seleccionar las tres obras finalistas, se ha tenido en cuenta lo novedoso de los planteamientos, la promoción de autores nuevos, la calidad literaria de las propuestas y su contribución a la cultura comarcal. Cada obra, en su género, constituye una muestra relevante de expresión artística y de esfuerzo creativo. Su elección para componer la terna de candidatos, como toda decisión que acota el vago territorio de la subjetividad, supone un riesgo que el editor de Solienses asume como propio, estimándolo necesario para dotar de operatividad al procedimiento.

En la presente edición se ha introducido un nuevo criterio en las bases, al darse por primera vez la circunstancia de figurar entre los candidatos un autor que ya ha recibido el Premio anteriormente. La modificación está inspirada en las bases de otros premios institucionales de ámbito nacional y consiste en que, en igualdad de condiciones y méritos, se premiará preferentemente a autores que no hayan recibido el Premio en anteriores convocatorias. El criterio responde al objetivo fundamental del Premio Solienses, que es promocionar la obra de nuestros escritores comarcales y fomentar su lectura, mostrando en lo posible su diversidad y riqueza.

El fallo del jurado se hará público el domingo 13 de marzo y el Premio se entregará a finales de ese mismo mes en un lugar aún por determinar.

En esta fase de la organización del Premio Solienses han colaborado generosamente las tres entidades editoras de los libros seleccionados (EH Editores -a través de la Libería "Hojas de Bohemia"-, el Ayuntamiento de Pozoblanco y la editorial El Páramo) cediendo ejemplares gratuitos para los miembros del jurado.

En las anteriores ediciones, el Premio Solienses ha sido otorgado a Los cuerpos oscuros de Juana Castro (2006), La tierra en sombra de Alejandro López Andrada (2008), Canción de la madre del agua de Pedro Tébar (2009) y la obra colectiva La puerta de los sueños (2010).

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