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El quinto Beatle

Detalle de la portada del libro "El cordobés y el milagro pop".

No he podido dejar de acordarme del beef de Shakira contra su ex al topar con el capítulo sobre Soledad Miranda en El Cordobés y el milagro pop (Editorial El Paseillo) de Fernando González Viñas, que he leído (casi devorado) estos días. Cuenta el de Villanueva del Duque que la que luego sería actriz fetiche en varias películas de terror erótico dirigidas por Jess Franco (bajo el nombre de Susann Korda) inició su carrera artística como cantante ye-ye con un disco que incluía el tema "Pelucón". Fernando lo interpreta como un ajuste de cuentas al torero, con el que las revistas del corazón habían insinuado cierta relación sentimental. "Ella no es una grupie en minifalda ni una novia sumisa" y la canción sería una tiradera en toda regla, antecedente remoto del de la colombiana. Una delicatessen pop.


 

Por lo demás, la lectura del libro de González Viñas me ha resultado deliciosa, puesto que no se trata, como hubiera podido parecer en un principio, solo de una biografía del torero de Palma del Río, sino de un paseo enriquecedor por la sociedad y la cultura de la década de los sesenta. Escrito con un estilo ágil en lo narrativo y denso en lo conceptual, por las páginas del libro desfilan desde los Beatles a Piero Manzoni, pasando por el berlanguiano apoderado El Pipo, el ajedrecista olvidado Arturito Pomar y hasta el grupo Pánico de Jodorowsky y Arrabal. Fernando bucea como siempre en la cultura más transgresora y marginal, de la que resulta gran conocedor, y la cocina junto a las corrientes más estandarizadas para componer un plato entre el esperpento y la ceremonia: el Cordobés tirando billetes a sus admiradores desde el balcón de un hotel de Barcelona tras fracasar en la Monumental. De la admiración que despertó en el universo cultural de los sesenta basta destacar que le dedicaron canciones desde Dalida a Los Tepetatles ("los Beatales mejicanos") y que el torero aparece nombrado en una tira de Mafalda, por no citar el bestseller O llevarás luto por mí de los visionarios Lapierre y Collins, y el hecho de que a sus corridas acudieran personalidades como Geraldine Chaplin, Orson Welles y Andy Warhol y que el mismísimo Dalí lo visitara en un hotel de Barcelona mientras se vestía de luces para decirle a la cara el surrealismo eres tú.

Tira cómica de Mafalda de Quino.

Entre el ensayo y la novela (novela de no ficción, como las de Cercas), Viñas narra el ascenso y caída de un mito hecho a sí mismo, como en cualquier relato clásico: desde el niño que roba naranjas y gallinas en Palma del Río al estrambote de subirse encima de un toro en la plaza de Jaén (o mejor, hasta que, ya en los ochenta, un maletilla es mortalmente corneado ante sus ojos por un toro que le correspondía), dejando en medio corridas multitudinarias, contratos millonarios, campañas publicitarias y portadas en Life y Paris Match. Cuando tanta fama le resultó ya insoportable, tuvo que escapar huyendo y refugiarse en la finca La Saetilla de su pueblo (1.800 fanegas), a la que llegó, eso sí, a bordo de su avioneta particular.

A pesar de cierta resistencia inicial (el toreo y tal) el libro resulta todo un descubrimiento gozoso, una rara obra de esas que te seduce por lo que cuenta y por cómo lo cuenta el autor. Porque El cordobés y el milagro pop no es la historia de un torero y su época, sino la de una popstar solo a la altura icónica de los Beatles.

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