La ruta del exilio/ 4. Benjamin en Portbou
Memorial a Walter Benjamin en Portbou [Foto: Solienses].
Monolito a Walter Benjamin en el cementerio de Portbou [Foto: Solienses].
Por allí había huido de España buscando la libertad en Francia el poeta Antonio Machado en febrero de 1939. Los dos lados de los Pirineos representaron opciones distintas de represión o libertad en diversos momentos históricos. La frontera dejó de ser una simple línea geopolítica para convertirse en una barrera existencial y absoluta entre la vida y la muerte, una barrera para el exilio forzado y el fin de la libertad. Ambos intelectuales personifican las tragedias cruzadas del fascismo europeo en los albores de la Segunda Guerra Mundial: cruzaron la misma frontera en sentidos inversos con apenas año y medio de diferencia, y ambos fallecieron en el intento.
Portbou ha quedado unida definitivamente a la memoria de Benjamin gracias al memorial "Pasajes", una impresionante obra conceptual del artista israelí Dani Karavan instalada junto al cementerio municipal, donde se encuentra la tumba del intelectual. Se trata de una instalación escultórica integrada en el paisaje y que utiliza los elementos del entorno para convertirlos en un discurso único sobre la memoria, el exilio y la esperanza de un futuro mejor.
Entrada al túnel del memorial "Pasajes", con unos visitantes al fondo [Foto: Solienses].
El memorial "Pasajes", que forma parte del Inventario del Patrimonio Arquitectónico de Cataluña, consta de cuatro elementos. El primero y más vistoso es el túnel, un estrecho pasillo en pendiente pronunciada con 87 escalones entre planchas de hierro oxidado que llevan desde la plazoleta de entrada al cementerio hasta el mar. Antes de finalizar el trayecto, sin embargo, un cristal se interpone en el camino e impide seguir la ruta. Y en el cristal, una cita del propio Benjamin: "Es una tarea más ardua honrar la memoria de los seres anónimos que la de las personas célebres. La construcción histórica se consagra a la memoria de quienes no tienen nombre". Al fondo se ve el mar, tan cercano como inaccesible. Al subir de regreso las escaleras del túnel, la visión del cielo azul sugiere momentáneamente la libertad. Pero al llegar arriba, un breve camino de hierro recuerda una vía de tren que se dirige hacia a un muro de piedras, el segundo elemento.
La instalación continúa por un camino de ronda, empinado y rocoso, que conduce a la parte trasera del cementerio. Una estrecha plataforma de pocos escalones invita a detenerse en el paisaje y observar los olivos del entorno, un motivo recurrente en la obra de Karavan. Un poco más adelante, una plataforma cuadrada con un cubo de piedra en medio invita a la pausa y la reflexión. Desde allí puede verse el Mediterráneo y los Pirineos al fondo. Sin embargo, una valla metálica de alambre se interpone entre el caminante y el horizonte.
Un visitante sentado en la plataforma de reflexión del memorial [Foto: Solienses].
El conjunto produce un fuerte impacto emocional. Se observa, por desgracia, un cierto descuido en su mantenimiento, especialmente en los elementos de detrás del cementerio, sin ninguna señal que indique su existencia (ni siquiera unos operarios del propio cementerio supieron indicarnos su ubicación). Pero el poder simbólico del monumento es tan potente que se superpone a cualquier contrariedad. Cuando bajas las escaleras del estrecho tunel y llegas al cristal que no permite avanzar más, sientes la frustración de quien pensaba hallarse a un paso de la libertad (el mar) y, sin embargo, una barrera invisible e infranqueable se lo impide bruscamente.
Explanada del cementerio de Portbou donde se encuentra el memorial a Walter Benjamin [Foto: Solienses].


















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