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La comarca y sus habitantes

Hoy, buscando otras cosas, me he encontrado con un artículo que publiqué hace unos años sobre bandolerismo en Los Pedroches. Es demasiado largo para reproducirlo aquí, pero transcribo los párrafos iniciales porque pueden tener algún interés para los lectores de esta bitácora:

De forma muy semejante a como ocurre para el conjunto de Andalucía (Bernal Rodríguez, 1981: 177), la opinión negativa que sobre el carácter del habitante de Los Pedroches escribieron en sus obras los autores que pasaron por la comarca se ve compensada en parte por los elogios que, salvo excepciones, dedican a su tierra y a su paisaje. Juan Agudo (1990: 30ss.) ha analizado someramente las caracterizaciones colectivas de los pedrocheños a partir de los testimonios de autores foráneos, como Casas-Deza y Díaz del Moral, y autores nativos o plenamente identificados con la comarca, como Gil Muñiz, Ruiz y Porras Márquez, constatándose la diferencia de tratamiento entre quienes pasaron por la comarca accidentalmente y a pesar de ello elaboraron un juicio sin duda apresurado y poco riguroso, y quienes vivían en ella, poseedores de una opinión mucho más benévola. Sin embargo, tanto en un caso como en otro, estas descripciones de caracteres colectivos genéricos suelen consistir en generalizaciones carentes de un profundo análisis sociológico, que se limitan muhas veces a recoger ideas preexistentes e insuficientemente contrastadas, pero que sin embargo suelen erigirse en tópico que se transmite con facilidad y del que luego resulta difícil desprenderse. Sirvan como ejemplo los estereotipos sobre andaluces divulgados por los viajeros extranjeros decimonónicos, que transmitieron al mundo una imagen folklórica y falsa de la que todavía hoy no hemos logrado liberarnos.

Las descripciones literarias sobre el paisaje de Los Pedroches, decimos, suelen ser más amables y muy acordes con la línea habitual de los viajeros románticos, como Borrow, Gautier o Ford, de considerar a Andalucía "la tierra más hermosa del mundo" o, más aún, "un paraíso terrenal" (Lopez Ontiveros, 1988: 39-40). Entre las descripciones idílicas del paisaje comarcal sobresale ésta que, según Gil Muñiz (1925:133-134) formula Francisco Ontívero en 1913: "El Valle de los Pedroches, visto desde Puerto Calatraveño, desde Puerto Rubio o desde las Morras de Santa Eufemia, parece un pedazo del terrenal Paraíso guardado por los dioses, entre las grandes estribaciones de Sierra Morena para ocultarlo a la codiciosa mirada de nuevos cartagineses y el centinela avanzado de este paraíso, el guardián puesto por Dios a la entrada del Valle, es la Sierra de Santa Eufemia".

La descripción idílica del paisaje de Los Pedroches ha alcanzado sus cotas más altas precisamente en el siglo XX, donde una especie de sublimación paisajística, propagada especialmente por un grupo de poetas líricos, ha contribuido, quizás inconscientemente, a ocultar otros aspectos comarcales de imposible análisis tan generoso. Sin afán de exhaustividad, baste con apuntar estos otros ejemplos que abundan con exceso en la idea de un paisaje idílico y paradisíaco: "Es hermosa la vista que desde aquí se goza y dan ganas de verse rodeado de gente dada a lo maravilloso para decirles: Ved aquí el enorme circo hecho para que el Olimpo presencie rudas luchas de monstruos y titanes..." (Porras Márquez, 1916: 9); "Este dejar las gargantas, hace respirar fuerte, cuando se llenan los ojos del horizontal espacio, de distancia tangible, del mapa vivo del valle, como una tierra de promisión. Parecemos subir a la azotea inmensa de la tierra y al frescor puro de lo altivo" (Bernier, 1979: 81); "Mi patria natal es el Valle de los Pedroches, idílico y solemne como los valles de Hölderlin" (López Andrada, 1993: dedicatoria).

Los rasgos paisajísticos de la comarca han determinado el nacimiento de unos prototipos humanos legendarios característicos de esta tierra que han encontrado facil acomodo literario, entre los que podríamos contar la vaquera de la Finojosa de la Serranilla VI del Marqués de Santillana o el "bizarro campeón" de Los Pedroches que nos presenta Vélez de Guevara en un divertido episodio del Tranco VII de El diablo Cojuelo. Entre los tipos humanos de Los Pedroches que la literatura, tanto popular como culta, ha registrado destaca sobremanera -otra vez más hay que decirlo: igual que para el resto de Andalucía- la figura del bandolero, que junto con el contrabandista, el torero y el gitano constituye el cuarteto mayor de eso que ha dado en llamarse terciario marginal. Por su ubicación fronteriza entre Andalucía y La Mancha, lugar de paso obligado en las comunicaciones antiguas, y su pertenencia a Sierra Morena, tópico epicentro bandolero, Los Pedroches han sido a lo largo de la historia escenario legendario y real de las actividades de ese bandolerismo andaluz de cuya existencia hay noticias desde los tiempos más remotos. Ya es sabido que históricamente no fue Sierra Morena el territorio preferente de las actividades bandoleras, sino que su actuación más regular se sitúa en zonas más meridionales, como la Serranía de Ronda, los denominados Santos Lugares, con capitalidad en Estepa, o el curso del Genil (Bernaldo de Quirós y Ardila, 1973:219-220), pero sin embargo una larga tradición folklórica y literaria, que alcanza su cénit con el romanticismo decimonónico, ha querido hacer de este lugar el enclave más representativo del bandolerismo andaluz (Caro Baroja, 1990: 418ss). Algún autor ha llegado a considerar la práctica del contrabando, frecuentemente unida a la figura del bandolero, tan consustancial al habitante de Los Pedroches que ha terminado configurando algunos de los rasgos definitorios de su carácter. Así, para Casas-Deza (1986: 21) los pedrocheños son "interesados, maliciosos y suspicaces, cualidades que deben de haber adquirido con el tráfico y negociación (frecuentemente ilegítima cual es el contrabando) a que se dedican de continuo".


Artículo completo en : “Bandolerismo en Los Pedroches (Córdoba): realidad histórica, tradición oral y ficción literaria”, en El bandolerismo en Andalucía (Actas de las III Jornadas) (Rafael Merinero Rodríguez, editor),Ayuntamiento de Lucena y Fundación para el desarrollo de los pueblos de la Ruta del Tempranillo, Lucena, 2000, págs. 333-355.

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