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¿Qué les pasa a las máquinas?


Máquina de refrescos en Villanueva de Córdoba.

Hace unas cuantas semanas, todavía en plena canícula, vime obligado a realizar una parada en Villanueva de Córdoba para beber algo fresco con lo que aliviar el calor sofocante. Siendo la sagrada hora de la siesta y todos los bares cerrados, encontré mi oasis particular en una máquina expendedora de refrescos donde se anunciaban tentadoras cocacolas frías. Lo que sigue, todos lo habrán experimentado alguna vez. Introduje una moneda de dos euros por la ranura y entonces, durante unos segundos, el mundo se detuvo a la espera. Esta vez tocó cruz. Ningún ruido interior, nada se mueve, ningún bote sale por donde debía. Presa de toda sospecha, lo primero fue comprobar que nadie es testigo de tan humillante situación. Luego, el manual obliga a pulsar una y otra vez todos los botones, ya da igual si de cocacola o de sprite, lo que importa es que salga cualquier cosa que salve la honrilla. Pero nada. A continuación, queda la esperanza siempre frustrada del botón de devolución. Nada. Llega, en fin, la fase violenta: convencidos como estamos siempre de que cualquier desperfecto, sea de la naturaleza que sea, se arregla con un buen golpe sabiamente dado en el lugar preciso, sacudo cada vez menos suavemente el cacharro aquel, esperando que salte cualquier engranaje interno que libere el refresco, la moneda o lo que sea. Pero nada. Ajá, pues te vas a enterar, pensé mientras sacaba la cámara de fotos y tomaba esa imagen con la mente calenturienta de venganzas. Luego, sin embargo, compré un litro de aquarius en una gasolinera cercana y todo se me olvidó enseguida.

Pero hete aquí que ayer tarde la historia volvió a repetirse, esta vez en un túnel de lavado a presión en Pozoblanco. Lo cierto es que la maquinaria de estas instalaciones data al menos de los tiempos de Paquirri sin que haya conocido los cambios tecnológicos producidos desde entonces, pero ni siquiera eso disculpa. Colocado el coche donde corresponde, echo por la rendija la moneda de un euro ya con el aspersor en las manos y lo mismo: micronésimas de segundo en espera se transforman rápidamente en estupor al comprender que me han vuelto a timar. Allí no sale ni una gota de agua. Comienza el protocolo de actuación: miro que nadie mire, toco compulsivamente todos los botones (da igual ya el de enjabonamiento, aclarado o cera, lo que quiero es que salga algo), agito la tecla de devolución y, en fin, puñetazo donde más duele. En el pecado va la penitencia, pues ya saben aquello de las leyes de Newton. Me cabe la duda de si no será que la máquina no funciona con uno, sino con dos euros y estoy tentado a echar una segunda moneda para ver si, entre ambas, ponen en marcha aquel mecanismo, pero me frena el temor a un bochorno mayor. No hay allí ningún dependiente, tan sólo un número de teléfono para caso de averías, pero, sabiendo que no me devolverán el dinero por el móvil, desisto de aumentar las pérdidas inútilmente. Ea, ahora sí que sí. Nueva foto y aquí están. No servirá de nada, pero al menos uno se engaña a sí mismo creyendo terrible este desquite compensatorio.


Lavadero a presión en Pozoblanco.

7 comentarios :

Anónimo | lunes, septiembre 28, 2009 1:54:00 p. m.

Eso es culpa de los ayuntamientos, que son peperos los dos :)

Anónimo | lunes, septiembre 28, 2009 7:24:00 p. m.

En ese mismo lavadero tambien se quedaron con un euro mío y claro está, han perdido un cliente y más cuando compruebo que no fué una casualidad.
Más perderán ellos con el tiempo.....

Anónimo | lunes, septiembre 28, 2009 7:57:00 p. m.

A mí me pasa contínuamente con las máquinas de café automático. Cuando no tienen café, no tienen azucar y sino no te echan el palito cutre.

Yo soy de la teoria de que esas máquinas están ahi para jodernos, seguramente tienen una camara por la cual se ríen a carcajadas los responsables. No por el euro limpio que se ganan sino por la cara de frustacción del cliente estafazado

Anónimo | lunes, septiembre 28, 2009 10:06:00 p. m.

Pues la "Encina de Lucman" le debe dos euros a Antonio Merino, eso está claro. ¿O es la Alcaldía? Lo que creo que ocurre, porque también me ha pasado a mí, es que la maquina expendedora de cocacolas fresquitas a la hora de la siesta está apoyada, fíjense bien, sobre el muro del engendro de teatro municipal que contruyeron allí, creo que con diseño de los socialistas y rematado por los populares, no me hagáis mucho caso pero me parece que fue así. Villanueva no tiene Teatro. Tiene una sala pequeña de conferencias donde no podrían entrar todos los invitados a La Conferencia Mayor del Reino del Jamón, si es que algún día se celebra allí este acontecimiento (que no "evento", por favor). La maquina expendedora, decía más arriba, está incómoda, no lo acaba de aceptar, no quisiera estar allí, no quiere ser cómplice de tamaño desafuero y esa es la forma que tiene de protestar. Lo dicho, alguien le debe dos euros a Antonio Merino. Estoy dispuesto a ponerlos yo si nos sigue contando las cosas con tanta gracia. Pedro.

Anónimo | lunes, septiembre 28, 2009 10:28:00 p. m.

Mañana iré a la máquina a dejarme allí 2€ con la condición de que los inviertan en el cartel del año que viene.

Anónimo | lunes, septiembre 28, 2009 10:29:00 p. m.

A mí me pasó algo parecido con esa misma máquina de lavar los coches, pero yo me resistí a perder mis 3 euros que llegué a echarle, preferí perder el tiempo que no fue poco.
Despues de todos los intentos posibles, me fuí a la gasolinera a llamar por teléfono, al numerito de las averias( es que yo no tengo movil),y después de insistir una y otra vez, y muchas veces más me contestó un señor el cuál no tardó mucho en hacerse presente con su todoterreno, me pidió perdón, pero yo un poco alterado le eché en cara el euro que me gasté en teléfono y él aplacando la situación que se ponía un poco fea,( por mi parte) me dió mi euro y por supuesto lavé mi coche. Desde entonces ya siempre voy a Dos Torres a lavarlo.

Anónimo | jueves, octubre 01, 2009 2:20:00 p. m.

Pues a mi me paso lo mismo y llame y vino una persona que me pidio disculpas, me devolvio el dinero y me regaló una ficha para lavar el coche. Ya quisiera yo el mismo servicio en las máquinas de refrescos que se tragan las monedas y te quedas con una cara de idiota que ya te digo.
Yo no cambio de lavadero.

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