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El Corpus y la historia


Instalando un altar para la procesión del Corpus en la fachada de la Casa de los Trucios de Pedroche, ayer.

De la fiesta del Corpus hay un componente que me interesa y otro que aborrezco. El que aborrezco es el elemento puramente jerárquico y doctrinal de la celebración. El Corpus se instituyó básicamente como demostración del poderío de la Iglesia en el seno de la sociedad local, de ahí que en su procesión -acto central de la liturgia- intervengan representantes de los estamentos sociales, políticos y religiosos de la localidad sometidos simbólicamente todos ellos a la autoridad eclesiástica. Sobre lo inapropiado que nos parece la participación significativa de las autoridades civiles en este acto religioso en concreto ya hemos hablado en otras ocasiones, y para qué insistir más en ello.

El elemento que más me interesa de la fiesta es el de raíz popular. Los vecinos, fieles o no, se implican en el adorno de las calles convirtiendo el recorrido de la procesión en una exaltación floral que deviene una vez más en celebración de la naturaleza en su esplendor: juncia, manzanilla, poleo y otras hierbas olorosas tapizan las calles y, jalonando el recorrido, se levantan pequeños altares de exhuberancia vegetal especialmente cuidada, donde luego se detendrá la comitiva y ante los que antiguamente se exhibían los danzantes. Se trata de una fusión perfecta entre componentes religiosos y paganos que, como tantas veces, ha permitido el mantenimiento de la tradición a través de los siglos.


Altar y alfombra en Torrecampo.

Mi intención era esta tarde recorrer -de paso- unos cuantos pueblos para tomar imágenes del desarrollo de esta fase popular de la celebración, captando momentos de la preparación de los altares y del adorno de las calles. Últimamente en casi todos los pueblos los tapices vegetales están siendo sustituidos por alfombras de serrín coloreado, muy vistosas efectivamente, aunque, a mi parecer, más alejadas del componente naturalista que sustenta también en buena parte la fiesta. La tarde ha sido calurosísima, superando los 40º al sol, lo que hace aún más meritorio el trabajo de los vecinos (vaya: de las vecinas, principalmente).


Una mujer coloca un adorno en un balcón de la calle Fernández Franco de Pozoblanco.

Al llegar a Pedroche, sin embargo, la rutina de lo que esperaba encontrar se vió bellamente alterada por el puro capricho del azar. Buscando algo que fotografiar (en general, no me resultan de interés los niños de primera comunión, a pesar de esta magnífica fotografía de José Jurado Gómez en el Portal Villaduqueño), fui a dar, en la Plaza de las Siete Villas, con el momento en que los propietarios de la llamada Casa de los Trucios comenzaban a instalar un altar sobre la misma fachada de su espléndida vivienda solariega. Algún resorte me advirtió de que me encontraba, quizás, ante un tercer componente que añadir a los dos inicialmente citados: el histórico. Pues me pareció que el altar tallado y dorado (no una mesa sencilla, como en otros lugares, sino un mueble artístico propio de una iglesia seguramente creado expresamente para esa función) que allí se estaba instalando, que los tapices, los manteles bordados, los candelabros y los jarrones (todos salidos de la gran casona), podían muy bien venir cumpliendo esa misma función desde hace trescientos años. Que mientras los hombres y las mujeres de la casa (no los vecinos anónimos de la calle, como en otros altares, sino sólo los miembros de la familia) instalaban aquella escenografía barroca estaban cumpliendo un ritual que se venía manteniendo desde hace siglos con los mismos elementos y con la misma función: la de, en medio de la manifestación esencial de poderío de la Iglesia que la fiesta del Corpus representa, dejar patente a su vez el poderío de la familia Trucios en la localidad de Pedroche. Sí, ya sé que las familias no son hoy lo que eran y que quizás los actuales propietarios no ostenten ya la autoridad de otros tiempos, pero hay cosas inmateriales que, sin embargo, nunca desaparecen del todo, que se transmiten invisiblemente junto con los muebles, los jarrones y las alfombras. Y allí estaba presente la historia, pues la secuencia, con muy pocos cambios, puede venir repitiéndose así desde el siglo XVIII. Y he de confesarlo: me fascinó este componente de la celebración. Reconozco que sólo en su cara meramente significante, pues sigo aborreciendo el significado, pero considero que los elementos formales de esta fiesta, por su excelso contenido estético y su testimonio como lección de historia de las mentalidades, bien merecerían perdurar invariables durante varias centurias más.


Colocando diversos elementos en el altar de la Casa de los Trucios.


El altar de los Trucios finalizado.


Encendiendo una vela.


La procesión pasa delante del altar.

5 comentarios :

Anónimo | lunes, junio 27, 2011 8:42:00 p. m.

Seguimos padeciendo la hipocresía de la iglesia y los fieles, que cada vez es más palpable, mucha procesión, mucho ver al Papa, mucho golpe de pecho, pero a la hora de actuar no se diferencian en nada, con los que no entramos en el juego, bueno si me apretáis un poco creo que son aún peor.

Anónimo | martes, junio 28, 2011 1:26:00 a. m.

Cada cual que se de los golpes de pecho que pueda y sea todo lo hipocrita que quiera y vayan a ver al Papa o a Rita la cantaora para eso dicen que vivimos en un pais libre. A nadien obligan a ir o a no ir, nos metemos hasta en los charcos. Yo conozco muy buena gente que no pisa la iglesia y tambien muy buena gente que van mucho a misa y al contrario unos cab....... que no van y otros cab....... que si van. Eso va en la persona no en si va a la iglesia o no. Otros van a que los vean y otros por que de verdad son ceyentes.

Anónimo | martes, junio 28, 2011 9:14:00 a. m.

El día del Corpus fue también el día de Caritas.

Anónimo | martes, junio 28, 2011 11:45:00 a. m.

Y Caritas hace muchisimo bueno por las personas que lo necesitan, es de la Iglesia pero ayuda a todos vayan o no vayan a misa, sean creyentes o no, moros o judios, negros, blancos o mestizos, malabaristas o trapecistas, da igual, pero ayuda bastante.

José Jurado | martes, junio 28, 2011 12:00:00 p. m.

Muy buen trabajo, felicidades y gracias por la mención. Para cuando un libro con las mejores entradas de Solienses??

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