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El Solienses en Solia


Restos de muros y otras estructuras de edificación en el cerro de Majadaiglesia de El Guijo.

Trifinium inter Sacilienses Eporenses Solienses ex sententia Iuli Proculi iudicis confirmatum ab Imperatore Caesare Hadriano Augusto. Este texto es el más antiguo documento escrito que conservamos para la historia de Los Pedroches. Se trata del llamado trifinium de Villanueva de Córdoba, una inscripción latina de la época del emperador Adriano que se conserva en la actualidad empotrada en la fachada de la iglesia de San Miguel de la localidad jarota. En ella se confirma la setencia del juez Próculo sobre una delimitación de los términos municipales de tres pueblos cordobeses, los sacilienses, eporenses y solienses. Los dos primeros corresponden a los naturales de Sacili Martialis y Epora, dos localidades a las que los investigadores han identificado respectivamente con Pedro Abad y Montoro. La localización de Solia, en cambio, no está totalmente asegurada, aunque la mayoría de los estudiosos tienden a situarla en el yacimiento arqueológico de Majadalaiglesia, cerca de la ermita de la Virgen de las Cruces de El Guijo. Allí una somera exploración ha descubierto una serie de restos materiales que aseguran una ocupación antigua del lugar y existen testimonios de construcciones urbanas (como murallas, termas, pavimentos o canalizaciones) que sugieren una edificación de mayor entidad que una simple villa. La escasa investigación arqueológica realizada en la zona impide, sin embargo, fijar con exactitud la ubicación exacta de Solia.


Ermita de la Virgen de las Cruces de El Guijo.

Lo que sí parece confirmado es que esta población, de la que no existe más testimonio que otra inscripción sepulcral hallada en Santa Eufemia, se situaría en el territorio actual de Los Pedroches, una comarca que en la época romana formaba parte de la región llamada Beturia y, en concreto, de la parte habitada por los túrdulos. Según el escritor latino Plinio, los túrdulos pertenecían al convento jurídico cordubensis, uno de los cuatro en que se dividía la Bética. Tan sólo conocemos el nombre de otra población romana de la comarca, Baedro, atestiguada también por la epigrafía funeraria. Se trataría de un municipio de derecho latino, según indica la mención del ordo Baedronensis en una de las inscripciones, creado en época flavia, como cabría suponerse por la presencia de la tribu Quirina en otras dos lápidas. Aunque se desconoce la situación de esta localidad, hay acuerdo casi unánime en que se situaría en la parte occidental de la comarca, quizás en algún lugar intermedio entre El Viso, Hinojosa y Belalcázar. Se establecería, así, una división del territorio de la comarca entre los términos respectivos de estas dos poblaciones, Solia al este y Baedro al oeste, separados ambos por la antigua vía romana Corduba-Sisapo (coincidente aproximadamente con la actual carretera N-502). Sin embargo, la localización definitiva de estas dos ciudades sigue pendiente de que futuras investigaciones arqueológicas en la zona saquen a la luz restos urbanos de mayor entidad que los conocidos hasta ahora.


Fragmento del trifinium donde se cita a los solienses.

La historiografía tradicional situaba en Los Pedroches otras localidades romanas sin mucho fundamento. Sánchez de Feria, por ejemplo, cita en su Palestra Sagrada (1772) “unos pueblos llamados Idias”, que estarían por Hinojosa y Belalcázar. La Sosintigi citada por Plinio (llamada a veces Osintigi), que algunos ubicaban en Santa Eufemia, se ha identificado ya definitivamente con Alcahudete (Jaén). Otros diversos nombres de supuestos pueblos romanos en la comarca resultaron igual de aventurados.

Cuando con el Bajo Imperio se inicia el declive de las explotaciones mineras de la comarca y, en consecuencia, se produce el despoblamiento de algunos territorios, en Los Pedroches parece que solamente Solia pervive en la antigüedad tardía. Dos hechos lo documentan: la presencia en la ermita de la Virgen de las Cruces de un batisterio paleocristiano y la asistencia al Concilio de Iliberis, celebrado en el año 300, del presbítero soliense Eumancio, lo que también podría indicar que esta ciudad habría alcanzado ya en épocas anteriores el rango de municipio. Ambos hechos darían cuenta también de la rápida implantación en la comarca del cristianismo, a pesar de tratarse en sus orígenes de un fenómeno fundamentalmente urbano.


Batisterio paleocristiano que se conserva en el suelo de la sacristía de la ermita de la Virgen de las Cruces.

Allí, pues, en Solia, los solienses seguidores del blog Solienses y los amantes de la cultura en Los Pedroches en general nos reuniremos el próximo 17 de marzo (domingo) para entregar nuestro Premio, el que lleva su nombre, el Solienses.


El paraje de El Soto, frente a la ermita, constituye una reserva ecológica de gran importancia, donde anida una numerosa colonia de cigüeñas.

2 comentarios :

Paco Godoy | sábado, marzo 02, 2013 1:12:00 p. m.

Convendría para tus lectores ubicar, con mayor precisión, que el municipio romano de Sacili Martialis está identificado y ubicado por la mayoría de los investigadores con el actual Cortijo de Alcurrucén, en un meandro junto al Guadalquivir, perteneciente al término municipal de Pedro Abad.
Magnífico lugar que has elegido para la entrega del premio Solienses.
Un saludo. Paco Godoy

Anónimo | domingo, marzo 03, 2013 10:09:00 p. m.

Antonio, me sumo a la felicitación, el lugar es el idóneo.
Sobre el cristianismo en nuestra comarca durante la Antigüedad, el presbítero Eumancio de Solia que asiste al Concilio de Iliberri hacia el 303 no es exactamente contemporáneo del baptisterio tetralobulado de la ermita, pues este tipo se puso de “moda” tras ser bautizado en uno similar San Agustín en Milán en 387.
También del mismo yacimiento procede una patena litúrgica de bronce del siglo VII estudiada por D. Pedro de Palol (aunque ya la citan D. Ángel Delgado y el Padre Fidel Fita), conservada actualmente en el Instituto de Valencia de Don Juan de Madrid.
Otro vestigio de paleocristianismo en nuestra tierra es una placa de cinturón liriforme, también del siglo VII, decorada con una placa de cinturón liriforme y el anagrama “alfa y omega”.
Saludos. Juan Palomo.

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