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Una vez más en Almadén


Cristalera del Hospital de Mineros de Almadén.

El 7 de enero de 1755, a las ocho de la tarde, se inició un gran incendio en el interior de la mina de mercurio de Almadén que duró dos años y medio. La gran acumulación de maderas dentro de las galerías (material para entibar y fortificar los trabajos) y una tea mal apagada fueron los desencadenantes del desastre, "que no fueron capaces de apagar las insistentes rogativas novenas de quienes confiaron más en la fuerza del Todopoderoso que en los medios materiales para apagar el fuego", según rezan las crónicas. Tan prolongado incendio originó dos problemas: la falta de suministro de mercurio a las minas de plata de Sudamérica, donde se utilizaba para la separación del material precioso mediante amalgama, y la desocupación en la que quedaron la plantilla y los técnicos que trabajaban en la mina, al no saberse con certeza cuánto tiempo duraría la inactividad, dadas las proporciones gigantescas del incendio. Para evitar que los obreros y el personal especializado se dispersara en busca de otros empleos, el rey Rey Fernando VI ordena que nadie abandone la villa de Almadén y que los trabajadores de las minas se dediquen, mientras dure el incendio, a la construcción de una serie de edificios públicos, entre los que destaca un hospital para los mineros y una plaza de toros en Almadén y la singular muralla que rodea al pueblo de Almadenejos, la única villa amurallada de la provincia de Ciudad Real.


Puerta monumental en la muralla de Almadenejos.

El hospital para los mineros es hoy un museo sobre la historia de la minería en Almadén, que recoge usos y costumbres relacionadas con esta actividad y el testimonio de personas que participaron en la extracción del mercurio hasta el cierre de las minas. Particularmente conmovedora es la sala dedicada al hidrargirismo, una enfermedad contraída por la inhalación de los gases que produce la combustión del cinabrio. La plaza de toros, por su parte, es la única del mundo con planta hexagonal y estaba en su origen rodeada por 24 viviendas, que en la actualidad se han convertido en un hotel y restaurante.


Interior de la Plaza de toros de Almadén.

La muralla de Almadenejos, en cambio, constituye una excentricidad innecesaria tanto entonces como ahora, aunque ha proporcionado a este pequeño pueblo una singular fisonomía rematada con dos monumentales puertas de ladrillo. Porque lo más destacado de una visita a Almadenejos, además del espectacular paisaje circundante, es el magnífico baritel de San Carlos, una joya de la arqueología industrial que albergaba el malacate de caballerías para elevar el mineral a través del Pozo de San Carlos de la Mina de la Concepción Nueva. Su construcción data de los últimos años del siglo XVIII. Tiene forma poligonal en el exterior, de 16 lados iguales, y circular en el interior, con 17 metros de diámetro. Movido por tracción animal, el torno de su interior (que no se conserva) servía para introducir y extraer de la mina hombres y materiales.


Baritel de San Carlos en Almadenejos.

Todas estas curiosidades y descubrimientos se encuentran a poca distancia de nuestros pueblos, en la comarca hermana de Almadén, que languidece olvidada por todas las administraciones y donde la riqueza de su arqueología industrial, testimonio de un pasado de esplendor y desarrollo, no alcanza a vislumbrar un esperanzador futuro. La jornada de ayer, entre paseos y amigos, nos reafirmó esta convicción.


Malacate en el interior de la Mina de Mercurio de Almadén, una impresionante muestra de tecnología preindustrial.

1 comentarios :

Anónimo | domingo, mayo 08, 2016 8:27:00 p. m.

Qué interesantes cosas tenemos tan cerca y no las conocemos.

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