"El juego", entre el relato y la verdad
María José Llergo [Foto: Elle].María José Llergo acaba de sacar su tercer disco (El juego), al mismo tiempo que anuncia gira internacional para después del verano, con parada en Dublín, Manchester, Londres, Bruselas, Ámsterdam, Copenhague y Lausanne. María José ya ha despegado definitivamente, pertenece a otra dimensión, a la de los grandes artistas que merecen ser abordados desde el análisis crítico musical y no desde el compadreo tolerante reservado para el aficionado que comienza.
María José Llergo tiene una recepción muy buena en la prensa especializada y en las redes sociales, sin que haya protagonizado ninguna polémica absurda de esas que tanto se llevan en el mundo virtual. Su imagen es muy limpia y bien valorada tanto por la crítica como por el público indie/alternativo. Su concierto Tiny Desk alcanza más de 800.000 visualizaciones y en Spotify supera ya el medio millón de escuchas su colaboración con Nu Gea (Acelera). En YouTube, los vídeos de Tu piel y La luz, en sus versiones de A Colors Show, se aproximan a los dos millones de visitas.
Vídeo de "Mala mía".
El nuevo disco ha sido presentado en España en los programas culturales de la radio y televisión pública (Atención obras) y hasta en el Telediario. La recepción general es muy positiva, especialmente entre su público fiel y la prensa alternativa, que lo interpretan como un gran paso en madurez y riesgo artístico. A la canción "Mala Mía", avance del disco, Sony Music Store la describió como "un ejercicio de honestidad y vanguardia". Y continúa: "Una arquitectura sonora envolvente, donde la elegancia de las cuerdas y la profundidad sinfónica convergen con una producción de tintes trip-hop". Jenesaispop observa en la canción influencias de la islandesa Björk. Taste The Floor, por su parte, considera El juego "un trabajo expansivo y profundamente personal en el que la artista cordobesa explora nuevos lenguajes sonoros y visuales para reflexionar sobre el tránsito hacia la vida adulta. Construido desde la idea del juego como espacio de libertad, imaginación y ruptura, el álbum propone una mirada crítica hacia la rigidez de las estructuras sociales y la pérdida de espontaneidad que acompaña al crecimiento". En realidad son los vídeos los que proponen este discurso alternativo contra-jerárquico, mientras que las letras de las canciones, en realidad, se centran básicamente en el amor y el desamor.
Todos los medios, con razón, destacan como lo mejor del disco la potencia vocal y la perfecta ejecución de María José, así como la experimentación con nuevos ritmos (bachata andalusí, bolero, salsa). La principal objeción parece referirse a las letras, diríase que poco elaboradas: "Jode como duele esta cama vacía/ Recuerdo cuando todo te lo consentía/ Creía que de amor nadie moría", o "Yo te sentía tan lejos, pero estabas dentro mía/ Tuve que haber escuchado lo que tu mundo me decía/ Es mejor tener cuida'o porque su alma está vacía/ Y yo me caía dentro para ver si te veía".
Vídeo de "Otros besos".
El juego se presenta como un álbum conceptual que reivindica lo lúdico como liberación, busca reconectar con el niño interior y romper estructuras jerárquicas patriarcales, un principio que, si bien continúa siendo necesario desde un punto de vista social y político, no puede resultar ya artísticamente subversivo ni representar una vanguardia estética a estas alturas del siglo XXI. El grafismo que acompaña a la producción resulta estéticamente feo y hasta desagradable, aunque quizás haya sido realizado con esa intención.
La portada del disco es fría y hostil, comparada con la de Ultrabelleza, más orgánica y luminosa. En los vídeos de las canciones, por su parte, hay una disonancia bastante acusada entre la letra y la imagen. La artista está usando el videoclip como una obra de arte conceptual independiente de la canción para complementar el relato general que quiere transmitir la parte visual disco. Hay una disociación en los mensajes: las canciones transmiten uno y la propuesta videográfica otro.
María José se ha convertido en portavoz de un discurso generacional, que nunca sabes si es brillante o manido. Su entrevista en Elle está llena de frases que pueden ir directamente a TikTok e Instagram, dirigidas a un público non-player-character que vive encerrado en el scroll continuo. La Llergo, sin embargo, se mueve en su mensaje político entre dos extremos incompatibles: el de reivindicar el toro de Osborne (esa nostalgia del pasado que se nos viene encima) frente a la ironía sobre el hombre-objeto como fórmula antipatriarcal, ya trillada también en el ámbito literario, pero tan necesaria hoy como cuando la proponía Ana Rossetti en los años ochenta del siglo pasado.
Contra todo discurso teórico, nos queda la música. La obra artística no debería necesitar un relato que la acompañara, que la hiciera digerible a una sociedad contemporánea enferma de incomprensión estética y cultural, sino que debería hablar por sí misma. Sentado en la dehesa, apoyado en el tronco de una encina y mirando al horizonte en un atardecer infinito de estos que gozamos en Los Pedroches, disfruto de Bolero mafioso, que rezuma clasicismo, sin necesidad de sufrir a los tipos grotescos con los que en esta ocasión María José ha decidido interferir la delicada sensibilidad de sus canciones. Hay un mar allá a lo lejos y su brisa reconforta.














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