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La torre de Torrecampo

Torre de la iglesia de San Sebastián de Torrecampo, antes de su destrucción en 1905. La "casita" blanca de la derecha es un reloj colocado a finales del siglo XIX. (Foto: El Celemín, 2)

Paradójicamente, en Torrecampo no hay torre. La torre que existía a los pies de la parroquia de San Sebastián fue derribada en 1905, debido a que una gran grieta producida por una higuera silvestre que había nacido entre sus piedras provocó alarma entre los vecinos, que temían el derrumbe accidental. Y las autoridades eclesiásticas, en lugar de reparar el desperfecto, optaron por la drástica decisión de destruirla. En 1907 se inicia, por suscripción popular, la construcción de una nueva torre, que, por razones no totalmente conocidas (pero relacionadas con la mala gestión económica de los fondos recaudados), quedó sin terminar. En 1973 se levantó el actual campanario. El proyecto de esta nueva torre estaba firmado por Adolfo Castiñeyra y Boloix, arquitecto del Obispado de Córdoba y considerado el introductor del modernismo en la provincia de Córdoba. Curiosamente, al menos otras dos obras que este mismo arquitecto proyectó para Los Pedroches resultaron frustradas: el cementerio de Añora y un colegio en Pozoblanco.

Proyecto de torre realizado en 1907 por Adolfo Castiñeyra y Boloix. (Foto: El Celemín, 2)


La torre primitiva era de planta elíptica, con balcón y campanario, labrada en piedra de granito, quizás obra de los Hernán Ruiz, los mismos que trabajaron en la iglesia de San Juan Bautista (Catedral de la Sierra) de Hinojosa del Duque, la torre de Pedroche, la Catedral de Córdoba y el campanario de la Giralda de Sevilla. Anexa a esta torre se hallaba una escalera de caracol labrada en granito, que permitía el acceso al archivo parroquial. Esta singular joya arquitectónica fue derruida en 1953 por iniciativa del párroco de la época para ampliar su despacho en la sacristía del templo. Este mismo sacerdote destruyó también lo que algunos han llamado "capilla sixtina de Torrecampo", un conjunto de pinturas al fresco de finales del XV y comienzos del XVI que cubrían todos los muros interiores de la iglesia y que representaban la vida y pasión de Jesús y un Juicio Final sobre la puerta del mediodía. Esteban Márquez Triguero se lamentó muchas veces de no haber conseguido, a pesar de sus esfuerzos, detener este atroz destrozo: "tuvimos la dicha de contemplarlas y, al mismo tiempo, la pena de ver desaparecer un tesoro pictórico, por la ignorancia y desidia de los responsables de su conservación (...). Hoy serían el orgullo de Torrecampo", escribe en su libro sobre iglesias medievales de Los Pedroches.

Escalera de caracol destruida en 1953. (Foto: El celemín, 4).


Ahora, en Torrecampo ha surgido una iniciativa popular que pretende la reconstrucción de la torre siguiendo el proyecto de 1907 de Adolfo Castiñeyra. Aun sin conocer más detalles, la idea me resulta tan insólita que merece apoyo. Terminar una construcción cien años después de proyectada le concede un arcaico aroma catedralicio y también significaría una reparación poética a los sinsabores de Castiñeyra en Los Pedroches. Torrecampo volvería a tener su torre y todos gozaríamos de una obra de arte más para presumir y enseñar al mundo.


Campanario de la iglesia de San Sebastián de Torrecampo en la actualidad.

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