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La herencia y la memoria de los pueblos


Fachada de la calle Concepción de Añora, recientemente demolida.

Resulta inevitable. La imagen de nuestros pueblos va cambiando día a día, de modo apenas perceptible en el corto plazo, pero abiertamente manifiesto al paso de los años. Las calles, las casas, las plazas van adquiriendo lentamente una fisonomía diferente y de pronto llega el día en que ya no reconocemos cómo eran antes, qué había allí, en aquel espacio en el que vivimos tantas experiencias infantiles. La arquitectura es el cuerpo de los pueblos, que va cambiando al paso de las generaciones, dejando cada una de ellas su impronta y su heredad.

No hay norma legal que pueda conseguir lo que no surja de la conciencia individual de cada ciudadano. La educación y la cultura influyen poderosamente, pero quién podrá abstraerse a tantos otros condicionantes que obligan a que las cosas sean como son y no de otra manera. Me parece inútil luchar contra ellas, contra el devenir de los tiempos, el paso a las nuevas formas, a los progresos y al bienestar domésticos por encima del respeto a la herencia patrimonial de nuestros antepasados, en la que, no obstante, se encuentra el sustento de nuestra forma de ser y sentir, la justificación de nuestro futuro, al que no le queda ninguna esperanza si nos empeñamos en forzar la imitación por encima de lo autóctono.

Hablo desde la ignorancia de lo que está proyectado o lo que ha de resultar, lo reconozco, porque ahora no describo hechos, sino sentimientos. Dejo a otras instancias que relaten el discurso de la verdad, yo ahora solo aspiro al de las emociones.

Precisamente en mi libro Añora y sus fiestas (recientemente presentado), quizás adivinando el peligro, quise incluir (página 17) una imagen de la fachada de una vivienda de la calle Concepción que presentaba una portada gótica compuesta por un dintel ciclópeo con ángulo conopial rematado por el típico arrabá o alfiz de tradición mudéjar que aparece en muchas construcciones civiles y religiosas en Los Pedroches. Se trataba de un modelo con paralelos en varios pueblos de la comarca, aunque era ya el único de sus características que persistía en Añora.

Recientemente esta vivienda ha sido demolida para construir una nueva. Nada que objetar: al contrario, estimo que debería fomentarse la rehabilitación de viviendas en el interior de los pueblos, frenando esa tendencia tan dañina en términos urbanísticos de permitir ampliaciones innecesarias del casco urbano en las afueras de las localidades. La vivienda en cuestión se encontraba en mal estado y seguramente no cabía otro rescate que su demolición. No quiero ahora entrar en eso. Lo que sí me gustaría pensar es que esa imponente portada no va a desaparecer completamente, que al menos de algún modo se mantendrá el recuerdo de lo que fue. Porque esa casa era testimonio vivo de la historia de Añora, un resto patrimonial muy destacado de su arquitectura popular. Ahí está también la memoria de nuestros antepasados, la de los noriegos que fundaron la villa, que participaron en las Siete de Los Pedroches, que pertenecieron al Marquesado del Carpio, al Corregimiento... Son siglos con su presencia imponente y nos dolería que todo eso se perdiera ya para siempre, como se han perdido otros testimonios semejantes de los que apenas se guarda ya recuerdo. Porque la memoria humana es frágil, y si ese dintel con su ángulo conopial no se conservara rodeado de su arrabá, dentro de pocos años ya nadie recordaría que un día estuvo ahí, como ya nadie se acuerda de otros modelos que existieron. Vale, no pasará nada, la vida sigue. Pero los noriegos seremos entonces un poco más pobres y nuestro futuro mucho más incierto.















Portada con arco de medio punto formado por grandes dovelas rematado con arrabá, que hasta comienzos de los años 90 del siglo pasado se conservó en la actual Plaza de las Velardas de Añora. En el momento de la imagen presenta un aspecto muy alterado, al haber sido convertida en ventana lo que fue la puerta de acceso a la vivienda. Era la tienda de Moya, que antes fue una churrería y más antiguamente el llamado horno de Rufo. ¿Quién la recuerda ya?

11 comentarios :

Anónimo | jueves, septiembre 27, 2018 11:54:00 a. m.

Recuerdo, en relación con este tema, que en Villanueva de Córdoba, en la Plaza del Ayuntamiento, había una antigua fachada con las mismas características de las puertas de entrada que describe Antonio. Esa casa y esa portada tenían el valor añadido de que eran parte de una vieja posada. También existen todavía casas en la zona centro, calle Pozoblanco, como la casa donde vivió un buen amigo, Macedonio Ranchal -entonces residente en Villanueva-, con esa misma decoración. Gracias a Dios esa portada de Macedonio brilla al sol todavía como un regalo del cielo. Pues bien, a aquella fachada de la posada que comentaba al principio le llegó en su día la hora de la piqueta y del escombro. Pero un alcalde con sensibilidad y amigo de conservar la tradición, Francisco Tébar, lo impidió. Y lo impidió a costa de arrastrar ya para siempre las iras y la incomprensión del nuevo propietario. Hoy reluce también y añade sabor y leyenda a la nueva construcción. Me imagino que aquello se pudo hacer así porque antes se habían modificado las normas urbanísticas de la población. Seguro que también aquella norma que ahora obliga a levantar todas las fachadas con pintura o cal y granito. El blanco de la cal y el gris del granito, hermanados en las calles junto al color del cielo.

Anónimo | viernes, septiembre 28, 2018 10:40:00 a. m.

Muy de acuerdo con el comentario anterior. Pero me sorprende que en calle San gregorio de dicha localidad se ha permitido una construction nueva con diseno (cordobes) el tipico granito jarote sustituido por piedra caliza artificial. Normas urbanisticas para algunos.....

Anónimo | viernes, septiembre 28, 2018 10:44:00 a. m.

En calle del pozo en villanueva de cordoba tambien se realizo una Muy buena integracion de las antiguas pilastras en obra nueva.

Anónimo | viernes, septiembre 28, 2018 10:50:00 a. m.

Si los promotores, arquitectos, ayuntamientos etc no son capaces de integrar lo antiguo con lo nuevo, escasitos de ideas andan.

Anónimo | viernes, septiembre 28, 2018 11:09:00 a. m.

El problema es que cuando algun "lumbreras" pida colaborar con la recuperacion de algo en cuestion, el personal este quemado y con razon l@ mande a la "cuesta del chinche"
Por lo que conozco, hay en un lugar de Los pedroches cuatro colecciones etnograficas Muy dignas de estar en esposicion publica, han sido ofrecidas, y nada de nada. Lo mismo cuando alguna entidad publica se interese, si los mandan a la "cuesta del chinche" que no se enfaden, que Luego son Muy sensibles...

Anónimo | viernes, septiembre 28, 2018 12:07:00 p. m.

Es muy fácil exigir a los propietarios que conserven su patrimonio particular al gusto de los políticos de turno. Debemos considerar que lo que para unos es un patrimonio arquitectónico y cultural para otros es solamente su patrimonio económico particular. Es cierto que ya hemos conseguido que no se pongan azulejos en las fachadas de nuestros inmuebles de lo cual hay que felicitarse, pero de ahí a justificar el mantenimiento de unas piedras en unas fachadas de escasa o ninguna relevancia artística es otra historia que hay que saber conjugar.

Anónimo | viernes, septiembre 28, 2018 2:24:00 p. m.

Creo que hemos avanzado, las propias ordenanzas municipales también han puesto su granito de arena y aunque muchas veces sea inevitable perder ese patrimonio civil con las reformas de nuestras viviendas suprimiendo por ejemplo las bóvedas de las casas, enchinado de los solados... pero es que seguramente ya ni se trabaja de esa manera o el coste es mas elevado o sencillamente ya no es práctico. Afortunadamente ya queda lejos cuando muchas calles de nuestros pueblos parecían cuartos de baño, con fachadas alicatadas hasta el techo. En Belalcázar hay ejemplos de integración de lo antiguo con lo nuevo como en la fachada del numero 6 de la calle Sebastian de Belalcázar.

Anónimo | viernes, septiembre 28, 2018 7:21:00 p. m.

Si esa fachada de la casa en calle San Gregorio de Villanueva se ha revestido infringiendo las normas urbanísticas alguien debe dar la cara y explicarlo. Pero para opinar sobre este tema hay que conocerlas primero y yo no las conozco. Sólo que aquella disposición me pareció excelente y muchas casas, por no decir todas, se hicieron durante un tiempo así. Pero pudo ser de una manera voluntaria. No lo sé.

Anónimo | lunes, octubre 01, 2018 3:55:00 p. m.

Para mí, la fachada a la que te refieres, Antonio, era quizá menos interesante q el arco interior de piedra que daba acceso al inmenso zaguán, sin olvidar la ventana-saetera interior que permitía "vigilar"la entrada de la casa desde la cocinilla.
Pero a lo mejor no tengo ni idea de arquitectura o soy una antigua o una sentimental en los tiempos que corren.
¡Qué pena que seamos capaces de cometer semejante barbaridad contra el -escaso-patrimonio auténtico que nos queda!

Anónimo | martes, octubre 02, 2018 8:38:00 p. m.

¿Muchas Como esa? Pues no conozco ninguna y tengo mis anitos. Personalmente me gusta mucho, pero me confunde que para unos sea obligatorio el granito y para otros no....

Anónimo | miércoles, octubre 03, 2018 3:00:00 p. m.

Contestando al último comentario, 02,2018,8:38:00pm, tengo que explicarle que no me estaba refiriendo a la casa posada donde hoy hay un estudio fotográfico de gran raigambre en la localidad. Casas como esa no hay ya ni las ha habido años atrás. En una época sí hubo otras posadas. Cuando escribía "muchas casas, por no decir todas" aludía a casas particulares que tuvieron que reformar sus tejados o fachadas y utilizaron en la obra nueva granito y pintura blanca. Repito que no conozco las ordenanzas urbanísticas y no sé si se hizo por obligación o por devoción y gusto estético tradicional. Pero alguna concejala o concejal de ese ayuntamiento nos podía informar. Y lo de la casa de la calle San Gregorio, cuando visite Villanueva, la buscaré. Tampoco comprende, como tú, que para unos sea obligatorio el granito y para otros no. No solo por la discriminación sino porque el pueblo puede volver a convertirse en una verbena.

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