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"Pronunciando mi nombre"

De izquierda a derecha: Juan Baustista Escribano, José Luis González, Catalina Calero y Antonio Merino, el pasado jueves en Pozoblanco [Foto: E.C.]. 


Me marcharé algún día
y seguirán algunos
pronunciando mi nombre.

Esto escribió Hilario Ángel Calero en el poema titulado como el primer verso y para eso nos reunimos el pasado jueves en la sala de lectura de la Biblioteca de Pozoblanco un grupo de amigos del poeta y la familia y admiradores de su obra: para pronunciar su nombre en una ceremonia celebratoria del centenario de su nacimiento. Convocados por el Ayuntamiento de Pozoblanco, acudimos el historiador José Luis González Peralbo, la hija del autor Catalina Calero García y yo mismo, rotulado como doctor en Filología Clásica y Cronista Oficial de Añora, presentados por el concejal de Cultura Juan Bautista Escribano. Cada uno abordó un aspecto de la figura humana, social y literaria de Hilario Ángel Calero ante un público atento y entregado a las aportaciones de los ponentes.

José Luis se centró en "el contexto histórico del Pozoblanco que vivió Hilario Ángel Calero", a quien calificó como "una de las personas más singulares y merecedoras de recuerdo que ha dado Pozoblanco". El profesor aludió brevemente a algunos aspectos de la vida del autor: su nacimiento (el último pozoabense nacido en el año 1922), su familia, sus problemas de salud y la comprensión de su personalidad por parte de sus convecinos hasta el fallecimiento en 1982. En su intervención fue describiendo las diferentes etapas de la historia de localidad durante esas seis décadas: "Cuando nació Hilario Ángel Pozoblanco acababa de asistir a una transformación enorme, unos cambios trascendentales, que lo habían incorporado al progreso pero que al mismo tiempo habían profundizado en las desigualdades que ya venían de antes". Hilario Ángel pasó su infancia y juventud fuera de su localidad natal y al regresar de nuevo se encontró "una ciudad triste, exánime, destruida por los incesantes bombardeos, con una población diezmada y desarticulada social, económica y culturalmente, donde proliferan los deseos de venganza y el temor a la represión". Hasta finales de los cincuenta no se percibe cierto optimismo en la localidad, con el nacimiento del cooperativismo agroganadero, la ejecución de ciertas reformas urbanas y la implantación de servicios básicos en la localidad. En los años setenta Pozoblanco se encuentra ya entre los municipios con más alta renta per cápita de la provincia.

Catalina Calero agradeció en primer lugar "a todas las personas que están trabajando para dar visibilidad a la obra y a la persona de nuestro padre". "¿Qué quieres ser de mayor?", relata Catalina que le preguntaron siendo niña. "Sinvergüenza, como mi padre", dice que contestó sin vacilar. "Mi padre era uno de esos sinvergüenzas que en tiempos de dictadura llevaban en la cartera, todo junto, el carnet de identidad, el carnet de la biblioteca, el carnet republicano, una estampita de la Virgen y unas perrillas sueltas". Era un sinvergüenza porque le gustaba el vino, "siempre brindando por los ausentes obligados al exilio", porque le gustaba "torear en las plazas sin ropa", porque, cuando llovía, "me cogía de la mano y me sumergía en el fango" ("una representación poética de emancipación colectiva"), porque gastaba su dinero en publicar poesía. "A veces me he visto a mí misma andar descalza por la cuerda floja del camino de la sinvergonzonería. Señoras y señores, no es fácil, no hay red de seguridad, se requiere experiencia, me he caído mil y una vez, mil veces me he levantado... las últimas palabras de mi padre me sanaron: si algún día, cuando seas mayor, resultas ser una sinvergüenza, no te preocupes demasiado, mi niña, la culpa es mía".

Finalmente, yo mismo inicié mi intervención abordando la dimensión literaria del autor. Quise inicialmente centrarme en su poesía y definí cuatro líneas temáticas por las que discurre fundamentalmente su obra: la familia, la religiosidad, la experiencia individual ("los sentimientos íntimos del poeta, sus frustraciones, sus anhelos, sus búsquedas") y el paisaje de Los Pedroches. Recordé que Hilario Ángel es probablemente el primer poeta que ofrece una interpretación lírica de la comarca de Los Pedroches y distinguí su diferente interpretación vital al referirse a cada uno de los dos ámbitos paisajísticos de la comarca: la dehesa y el olivar. La cultura del olivar es vida: "por ahí bullen los gitanos y las aceituneras, llenas e compromisos no correspondidos, de incertidumbres amatorias, de promesas y de pasiones". En cambio, el encinar se identifica con una escenario más tenebroso, seco y cercano a la muerte: "¡Cómo lloran el ser grises/ los encinares eternos/ envidiando la belleza/ del verdor olivarero!". 

Luego, sin embargo, mi exposición derivó hacia la relación de amistad que Hilario Ángel mantuvo con el también escritor pozoalbense Antonio Porras Márquez, exiliado en París desde la guerra civil a consecuencia de sus ideas políticas. Durante los últimos años de vida de Porras ambos habían mantenido una correspondencia que he podido consultar y a través de la cual intenté descubrir cómo fue posible la relación de amistad entre dos personas en principio tan diferentes: una personalidad cosmopolita como Antonio Porras, que había viajado por toda Europa como diplomático, había recibido importantes premios literarios de ámbito nacional y se codeaba con la flor y nata de la cultura de la época, frente a Hilario Ángel Calero, un hombre de formación autodidacta, que no había salido prácticamente de su pueblo y que trabajaba como funcionario en el matadero municipal. Apunté la causa posible de tan improbable amistad ("el amor a su pueblo, a Pozoblanco") y describí los avatares de esa relación epistolar y cómo Hilario Ángel se convirtió en el defensor de la dignidad de Antonio Porras al regreso de este en 1970 a Pozoblanco, donde el escritor y diplomático fue recibido, en expresión de Francisco Moreno, "con los brazos cerrados".

En el siguiente vídeo he resumido parte de mi intervención referida a este último asunto. El vídeo completo del acto puede verse aquí.

7 comments :

Anónimo | domingo, noviembre 27, 2022 6:04:00 p. m.

Muchísimas gracias Antonio, muy bien explicado todo lo que has hablado. Conoci personalmente a la hija de Don Antonio Porras . Ahí en la foto veo a la hija de Don Hilario Angel Calero. VIVA LA CULTURA , siempre.

Anónimo | domingo, noviembre 27, 2022 6:41:00 p. m.

"Ellos, los vencedores
Caínes sempiternos,
De todo me arrancaron.
Me dejan el destierro".

Anónimo | domingo, noviembre 27, 2022 11:21:00 p. m.

Seguramente sea por eso que hoy en día, casi noventa años después, algunos quieran la revancha.

Anónimo | domingo, noviembre 27, 2022 11:47:00 p. m.

Efectivamente, "La sombra de Caín" es la que algunos, en los tiempos actuales, se empeñan en reverdecer, para que los rescoldos del resentimiento y el odio nunca se apaguen.

Anónimo | lunes, noviembre 28, 2022 8:53:00 a. m.

Fantastico trabajo como siempre. Mi enhorabuena.

Alfonso A. Calero | lunes, noviembre 28, 2022 7:06:00 p. m.

Muchas gracias Antonio, por un trabajo magnífico, delicado y certero, como todo lo que haces. Aprendimos de ti, nos emocionamos y disfrutamos de una tarde maravillosa que debería repetirse muchas veces, con muchas personas que se lo merecen.
Hilario Ángel Calero fue un hombre humilde, honesto y trabajador que huyó de resentimientos y odios. Nos enseñó el respeto que hay que tener con las personas que piensan de distinta manera que nosotros, de la obligación que tenemos de escucharlos y de hacer todos los esfuerzos posibles por entenderlos. Una filosofía de vida que debería calar en todos nosotros.

Anónimo | martes, noviembre 29, 2022 12:20:00 p. m.

Estoy de acuerdo contigo, Alfonso Ángel: "Una filosofía de vida que debería calar en todos nosotros". Siempre. Ayer y mañana. Y hoy, más que nunca, puesto que el respeto y otros valores parecen perdidos... ¡Mi enhorabuena sincera a todos los que habéis contribuido generosamente a este merecido Homenaje a Hilario Ángel Calero en el centenario de su nacimiento! He sentido mucho no poder asistir físicamente a este último Acto. ¡Abrazos!

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