Chaves Nogales según Moreno Gómez
Francisco Moreno Gómez y Manuel Chaves Nogales.Estos días vuelve la discusión en torno a la postura que debe adoptarse al debatir en torno a la Guerra Civil Española a propósito de unas jornadas organizadas por la Fundación Cajasol (finalmente suspendidas o aplazadas) que llevaban por título "1936: la guerra que todos perdimos". El novelista David Uclés, al anunciar su renuncia a participar, fue el primero que puso de relieve lo engañoso del enunciado y a partir de ahí se desató la discusión, no siempre en el nivel de competencia que se hubiera esperado por parte de escritores, historiadores e intelectuales. En el maremagnum declarativo no han faltado los defensores de la "tercera España", como forma de superar la tradicional división nacional y, tarde o temprano, sale a relucir la figura del periodista Chaves Nogales como apóstol de esta vía revisionista. Me ha parecido oportuno, en consecuencia, remitir al lector a la lectura de un artículo del historiador jarote Francisco Moreno Gómez, experto en el estudio de la Guerra Civil, en el que repasa la idolatrada figura del escritor republicano, últimamente sobre todo reivindicado por las derechas. He seleccionado algunos pasajes significativos del artículo de Moreno Gómez, publicado en 2023 en su blog Historia, memoria y literatura y que puede leerse completo aquí.
Entre aberraciones y deformaciones viene caminando la desvencijada historia de la guerra civil española. En cualquier esquina nos salen al paso los trabucaires y los falsarios de todo tipo. La última sorpresa nos la da cierta “progresía” pija, y nos lanza el siguiente gas lacrimógeno: la teoría de la “Tercera España”. Se superó ya el sarampión de los “revisionistas” (los Pío Moa, los Vidal, etc.) y ahora llega la “progresía” posmoderna con el invento de la “tercera España”. En realidad, se trata de “más de lo mismo”: otro cocktail de igualitarismo, equiparación (“todos fueron iguales”), anti-II República, equidistancia (que siempre defino como estar “más cerca de un lado que del otro”, es decir, lejos de la República), todo aderezado con desconocimiento del franquismo y el espantajo bolchevique. Por tanto, nihil novum sub sole: el barullo de tópicos que viene soportando, desde 1977, la historia de la guerra civil, para que, en el confusionismo, nadie logre conocer la verdad. La “tercera España” es un refrito de tópicos y falacias, manías, prejuicios, falta de investigación, simplezas y falto de un discurso denso, original y orientador.Los “terceristas” han descubierto como patrón, santo y seña, al antiguo periodista Manuel Chaves Nogales, subdirector del diario madrileño republicano Ahora, que en noviembre de 1936 decidió marcharse de España, vía Valencia y Barcelona, para terminar en Paris. Algunos más también lo hicieron. Y otros muchos se quedaron. Hasta ahí, nada que objetar en la libertad personal, si bien no se conoce el verdadero motivo de la escapada: tal vez motivos personales, frustración profesional o alguna incomodidad, por supuesto el “miedo”, que él mismo cita, pero ninguna presión política o coacción, que no existió. Con todo, lo curioso del caso fue que, una vez en París, se dedicó a “auto-justificarse”, cuando nadie se lo pedía, y a desvirtuar el porqué, el sentido y el origen de la guerra civil española, y empezó a tirar piedras diversas al sistema republicano y a algunos de sus líderes, sin mencionar ni una sola vez la realidad y origen de todo: el golpe militar.El fenómeno del “chavesnogalismo” ha llegado un tanto estrepitosamente, como pretexto o catapulta, utilizada por los posmodernos para continuar la lapidación de la II República, contra su esencia política y su sistema democrático.Todo cuanto escribe para justificar y dar cuerpo teórico a su escapada de Madrid, resulta muy pobre e inconsistente. Sobre todo, no convence. Situémonos, primero, en el prólogo de A sangre y fuego, el cual rezuma teoría equiparadora e igualitarista por los cuatro costados, es decir el “todos fueron iguales”, que es falso. Dice: “Todo revolucionario, con el debido respeto me ha parecido siempre algo tan pernicioso como cualquier reaccionario” (p. 32). No, hombre, no. No son iguales de “perniciosos”. Un jornalero hambriento, con su hoz en ristre lanzando denuestos no es tan pernicioso como el terrateniente o sus capataces, con todos los poderes fácticos detrás, pegando tiros a una manifestación.
Habla de “fiebre cainita” (p. 33), cuando el problema de España no ha sido de cainismo, sino de golpe militar. Y vuelve a insistir en el igualitarismo obsesivo: “Idiotas y asesinos se han producido y actuado con idéntica profusión e intensidad en los dos bandos que partieron España”. “idéntica profusión e intensidad” es absolutamente falso, e historiográficamente insostenible. Curándose en salud, Chaves habla de su “pequeña experiencia personal” de la guerra. Ciertamente. Porque él sólo vivió los primeros tres meses, los del caos, y además en Madrid. Repite lo de “los dos bandos”: un Gobierno nunca es un bando.
A Chaves se le ve, un tanto patéticamente, buscando pretextos para su huida, algunos claramente impresentables: “Me fui cuando tuve la íntima convicción de que todo estaba perdido y ya no había nada que salvar”. Inmenso error. En noviembre de 1936, no estaba todo perdido, y las mejores páginas del Ejército de la República estaban todavía por escribir… y si al final “todo estaba perdido”, ello se debió a la circunstancia internacional, al Eje Roma-Berlín, que Chaves nunca nombra; sólo ve “bolcheviques”. Y redondea su auto-justificación con este comentario poco convincente: “Cuando el Gobierno de la República abandonó su puesto y se marchó a Valencia, abandoné yo el mío”. No había por qué, pero él lo decidió así.
Chaves podía haber tomado ejemplo de Antonio Machado, que aguantó en España hasta el final, y su suerte la unió a la multitud de los desterrados, y con ellos, en confusión y desorden, salió en febrero de 1939, apretujado, embarrado, impelido en medio del dolor general, a pie, con su hermano José, su madre a cuestas, el escritor Corpus Barga… El poeta salió, penosamente, con todo su pueblo derrotado… ¡Eso es la dignidad, la integridad y la coherencia! ¡Esta es la madera de los héroes que provocan admiración y escalofrío!Fueron miles y miles los que no actuaron como Chaves Nogales. Presentaron cara y se auto-inmolaron ante el avasallamiento de Roma-Berlín-Burgos. Perdieron, pero salvaron la dignidad de los momentos graves. Los valores que defendieron son los que se disfrutan ahora. A los que manchan la lucha de los combatientes, Max Aub les dejó escrita una proclama salida del alma, estremecedora, pero sobre todo auténtica, humanamente auténtica, ante la que ese invento de la “tercera España” queda en ridículo: “Estos que ves ahora deshechos, maltrechos, furiosos, aplanados, sin afeitar… hechos un asco, destrozados, son, sin embargo, no lo olvides, hijo, no lo olvides nunca, pase lo que pase, son lo mejor de España, los únicos que, de verdad, se han alzado, sin nada, con sus manos, contra el fascismo, contra los militares, contra los poderosos… cada uno a su manera, como han podido…”. Max Aub (Puerto de Alicante. Campo de los almendros).Nunca los “terceristas” han marcado ni marcarán el rumbo de la historia, ni los timoratos, sino los que supieron dar un paso al frente. No existe destino más triste que el de aquellos que pasaron por esta vida sin hacer nada positivo ni negativo, los que pasaron por la historia como simples figurantes. La actual corriente del descompromiso y la desideologización nunca dará fruto alguno. A estos figurantes de la sociedad ya los vio así el gran Dante, en su Divina Comedia, donde sitúa en el primer círculo del Infierno a los que no se han comprometido en nada en la vida… “no hicieron nada digno de alabanza ni de censura, de los cuales no vale la pena hablar…".













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