Rioyo y Los Pedroches
Inscripción funeraria árabe encontrada en Pedroche.El pasado 15 de abril se celebró en Hinojosa del Duque una jornada literaria dedicada al Marqués de Santillana, en la que participó el profesor Blas Sánchez Dueñas, doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Córdoba, y el periodista Javier Rioyo Jambrina, de quien desconocemos cuál sea su conocimiento sobre el autor de las serranillas ni el porqué de su presencia en dicho acto. El próximo 28 de abril, por otra parte, dentro del ciclo Liternatura, organizado por la Diputación de Córdoba, se llevará a cabo un coloquio en torno a la película La vida que te espera, de Manuel Gutiérrez Aragón, coloquio en el que intervendrá el propio director y, otra vez, el periodista cultural Javier Rioyo.
Quizás agradecido por tales colaboraciones, que algún sustento supondrán, Javier Rioyo se ha sentido obligado a escribir un artículo sobre Los Pedroches y publicarlo en el medio residual donde ahora colabora. "Los Pedroches y el lado correcto de la historia", lo ha titulado, y en él mezcla los tópicos manidos sobre nuestra comarca con su propia reflexión político-ideológica expresada sin pudor en términos abiertamente reaccionarios.
Javier Rioyo, metiendo de por medio a Los Pedroches como excusa, escribe sobre sus posiciones ideológicas personales con argumentación profundamente ultraconservadora. Dividiendo el mundo en dos, ellos y nosotros, según Rioyo "nosotros" somos los cristianos que, como el Marqués, luchamos "contra las taifas musulmanas, conquistando, devolviendo para nuestro mundo, nuestra historia cristiana, las tierras y los pueblos que habían sido ocupados por otros usos, otras costumbres, otros dioses, otra lengua y otros cultos". Y seguramente no sabe el periodista que Los Pedroches profesan públicamente orgullo de su pasado árabe, tan presente en su toponimia (Belalcázar, Alcaracejos, Añora, Guadamatilla, Guadalmez...) y en el recuerdo y la obra de ilustres paisanos como el oftalmólogo Al-Gafequi, el juez Soleiman El Gafequí o el astrónomo Al-Bitruyi, por citar solo algunos. Porque ellos somos también nosotros, porque antes de Los Pedroches fuimos Fahs al-Ballut.
Habla Rioyo en su artículo de que ha de llegar "el día de la gran restauración", para combatir a quienes quieren "terminar con nuestra manera de ser y pertenecer al occidente", en términos inequívocos de gran reemplazo, mientras derrama mala conciencia (en expresión nietzscheana) contra "esa misa negra de Barcelona" en la que participan referentes políticos internacionales como Lula da Silva y Antonio Costa, y donde, según él, "no queremos estar". Y yo me pregunto quién es él para hablar en nombre de Los Pedroches, para convertir sus frustraciones ideológicas en manchas para nuestra tierra, para implicarnos en sus fobias contra el comunismo y el gobierno legítimo de nuestro país.
Porque no basta con trotar por la serranía, como hiciera el Marqués de Santillana, para comprender la historia y la cultura de Los Pedroches, fundamentada en la tolerancia y el acogimiento, pretendiendo banalizar la heroicidad de nuestros mitos. Abochorna leer en sus líneas de ajuste de cuentas que Corpus Varga "acompañó a Machado a cruzar la frontera", así, sin mayor matización, como si el poeta se dirigiera ocioso a un balneario en el arenal de Argelès-sur-Mer, como si ocultar la memoria no tuviera una intención premeditada.
Todo esto es como un déjà vu, aunque no quiero volver a aquellos tiempos de hace veinte años. Pero, frente a palabras que ofenden, no podemos permanecer en silencio. Porque cada silencio que abrimos lo llenan otros con su discurso de odio y luego, algún día, nos preguntaremos cómo pudimos haber llegado a esto, cómo fue posible. Pues fue así, cediendo, paso a paso. No debemos callar. Frente a discursos interesados, reivindicamos el uso terapéutico de la palabra. Para que no siempre ganen los que más pueden, los que tienen más altavoces.
O, al menos, que lo hayamos intentado.














1 comentarios :
Antonio, tienes toda la razón. El artículo de Rioyo destila un conservadurismo estético que prefiere idealizar Los Pedroches como un refugio del pasado antes que entender su realidad presente. Su visión es la del intelectual que usa nuestra tierra como decorado para su nostalgia literaria y su desdén por la modernidad. Al final, nos mira con el elitismo de quien busca una reliquia, ignorando que somos una comarca viva y no un simple pie de página de Corpus Barga.
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