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Puramente mejía


Los Mejía, el pasado domingo en el teatro El Silo de Pozoblanco [Fotos: Los Mejía].

De Solia no sabemos prácticamente nada. Ni siquiera dónde está. Todo son elucubraciones voluntariosas, últimamente reforzadas por una apuesta política local, de la que los arqueólogos quizás harían bien en distanciarse un poco. Los Mejía, mejor avisados, quisieron escribir una obra sobre esta ciudad romana de nuestra historia antigua pedrocheña y se toparon con la evidencia: que no sabemos prácticamente nada de ella. ¿Problema? Quiá. Ya rellenaremos la hora y pico de representación como sea. Y la expresión "como sea" adquiere aquí su máxima significación.

Veni, vidi, flatui constituye un delicioso despropósito para incondicionales de Los Mejía, que ya se cuentan por cientos. Aunque se presenta como unitaria, la obra es deudora todavía de los inicios del grupo, especializado en piezas cortas al modo de las loas, jácaras y entremeses del teatro cómico español del Siglo de Oro, algo que, de algún modo, se percibía también en su anterior "obra larga", Avispao. Así pues, Veni, vidi, flatui es una caótica sucesión de episodios hilados entre sí gracias al juego metateatral del autor escribiendo la obra al tiempo que se va representando y sus dificultades para atender las exigencias del "corifeo" precisamente por lo que decíamos al principio: porque, queriendo construir un representación sobre el pasado romano de la comarca, nos encontramos con que no sabemos casi nada de él. Si Petronio nunca llega a Solia es, sencillamente, porque ni siquiera sabemos dónde está.

El planteamiento, por tanto, es una excusa para todo lo demás: ahí están las canciones habituales del grupo, al que no se le resiste ningún género; ahí está la vida en el fondo del mar, capitaneada por sirenas o quizás sardinas; ahí están los intermedios almodovarianos, esta vez en forma de culebrón venezolano protagonizado por los dioses olímpicos y sus líos amorosos; ahí la apresurada historia del Imperio Romano sobre un escenario, de Octavio a  Rómulo Augústulo, pasando por todos los julio-claudios, los flavios, los antoninos (con un flamenco Trajano a golpe de abanico), los severos, en fin, hasta Heliogábalo y todos los Gordianos sucesivamente asesinados, en un esfuerzo de síntesis que hubiera envidiado el propio Mommsen.

Este surrealista torbellino de luz y de color se mantiene en pie gracias a la inagotable vis cómica de los actores, siempre espléndidos; a unos diálogos delirantes que acaban salvando cualquier disparate argumental; en fin, al buen hacer escénico de un grupo que está logrando en muy poco tiempo adquirir una personalidad artística propia, reconocible y que los identifica frente a cualquier otra propuesta teatral. No está lejos el día en que, siguiendo a aquellos creadores que han conseguido convertir su nombre en adjetivo, lleguemos a decir: esta situación es puramente mejía.


Los Mejía durante la representación de "Veni, vidi, flatui" el pasado domingo.

2 comentarios :

Anónimo | jueves, diciembre 27, 2018 11:55:00 a. m.

Totalmente de acuerdo con tu crónica. Per lo que más me gustó es que alguien en nuestra comarca apueste por una forma de expresión cultural actual y no por las mil y una muestras de arqueología folklórica. No viene mal de vez en cuando una ensalada entre tanto torrezno y morcilla. Gracias Mejías.

Anónimo | sábado, diciembre 29, 2018 1:22:00 p. m.

Nada me hace dudar lo más mínimo del alto nivel cultural del autor de esta crítica ni mucho menos de su nivel de erudición y amplios conocimientos,sobradamente mostrados y demostrados,pero sigo opinando como en su día indiqué,que este lenguaje no es ni popular,ni comúnmente empleado por la mayoría,ni mucho menos entendible ni comprensible por el pueblo sencillo y llano al que pertenezco,(por mucha crónica teatral de que se trate),que también acude y debe seguir haciéndolo al teatro.
Muchas gracias a todos/as los que ofrecen cultura en su diferentes facetas en nuestra comarca,y seguid haciéndolo por favor.
Ah,y saludos a la persona que la otra vez que opiné esto mismo me hablaba de no confundirme con "la receta del gazpacho"...

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