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El arroyo Milano no desemboca en el río Guadarramilla

El Guadarramilla desbordado a su paso por el puente de El Viso, poco antes de su desembocadura en La Colada, ayer [Foto: Ayuntamiento de El Viso]. 

Un lector me hizo notar hace unos días que el arroyo Milano, que nace en Añora y circunda Dos Torres (a una de cuyas dos villas originarias dio nombre), no desemboca, como yo apuntaba y parecía lógico, en el río Guadarramilla, sino en el arroyo de la Cigüeñuela. Esto me hizo pensar en el desconocimiento general que tenemos en la comarca sobre nuestra propia geografía física y decidí entonces seguir la peripecia de este arroyo, que, sorprendentemente, tampoco desemboca en el Guadarramilla, a pesar de que sus cursos transcurren casi paralelos y próximos durante un buen tramo. La pequeña investigación nos lleva a concluir que las abundantes aguas del arroyo Milano, que recoge también las del Batanero, no corren estos días con destino a La Colada, sino directas al embalse de La Serena, en Badajoz. Veamos como.

El arroyo Batanero nace en las proximidades de La Jontana de Añora y discurre en dirección N hasta desembocar en el arroyo Milano en las cercanías de Dos Torres, en el paraje conocido como Arroyo de Añora. El Milano nace en las proximidades del actual polígono industrial Palomares de Añora y fluye en dirección N-NO-NE, rodeando la localidad de Dos Torres y desembocando más al norte en el arroyo Cigüeñuela, en el paraje de Cerro Mingo y El Moral del término de Dos Torres. El Cigüeñuela, por su parte, nace en el paraje de Loma Alta, al SE del término de Dos Torres, y discurre en dirección N-NE por los términos de Dos Torres, El Viso y Santa Eufemia hasta desembocar en el arroyo del Sotillo en el paraje de Molino Tejado y Risquillo del término de Santa Eufemia (aunque los mapas vacilan en la denominación del arroyo a partir de la desembocadura y algunos descriptores consideran que en realidad es el Sotillo el que desagua en el Cigüeñuela). Finalmente, el Sotillo nace en la zona de Entrearroyos de El Viso y desemboca ya en el río Guadalmez en la zona de El Donadío de Santa Eufemia, en el límite con la provincia de Ciudad Real. El Guadalmez, nacido en la sierra de Fuencaliente, desemboca 90 kilómetros después en el embalse de La Serena en el río Zújar, ya en la provincia de Badajoz, tras marcar durante casi todo su recorrido la frontera de Andalucía con Castilla-La Mancha

Resulta curioso observar como todos estos arroyos y muchos más de esta zona noreste de Los Pedroches (el arroyo de Santa María; el río Guadamora, que desemboca también en el Guadalmez; el arroyo de la Matanza y el Valdefuentes, tributarios del Santa María...), habitualmente secos y sin presencia real en el paisaje, han recobrado ahora su protagonismo, recuperando cauces y marcándose como accidentes geográficos esenciales en la definición del territorio. Es bueno que no olvidemos sus nombres porque, aunque duerman durante décadas, finalmente reaparecen con la fuerza espectacular que les proporciona la propia naturaleza. Este invierno estamos asistiendo a un resurgir que no olvidaremos durante años.

El arroyo de Santa María a su paso por el paraje de El Soto (Virgen de las Cruces) de El Guijo, cubriendo el puente, ayer [Foto: Ayuntamiento de El Guijo].

El arroyo de Santa María a su paso por el puente de la ermita de Piedrasantas de Pedroche, ayer [Foto: captura de vídeo del Ayuntamiento de Pedroche].

El río Guadamora en las proximidades de la ermita de la Virgen de Veredas de Torrecampo (al fondo puede verse la cruz de la aparición), ayer [Foto: Radio Luna].
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La Jontana

Cartel informativo en la fuente de "La Jontana" de Añora [Foto: Google Maps].

Al sureste del casco urbano de Añora existe una fuente antigua a la que en el lenguaje oral se llama en el pueblo "La Jontana" o "La Jontanilla". Comparte espacio con otra fuente pública denominada "Santa Bárbara" y un lavadero tradicional, con grandes pilas de granito. Cuando ha habido necesidad de poner este nombre por escrito, por lo general se ha restituido su forma gráfica "Fontana", por considerarse "Jontana" corrupción de este término (así lo exponía yo mismo en un artículo de 1996). Por poner solo algunos ejemplos, de este modo aparece citada en el Catálogo de Fuentes y Manantiales de Andalucía de la Universidad de Granada o en la cartelería de la Ruta de las Fuentes elaborada por el propio Ayuntamiento de Añora. Quizás el origen de esta escritura proceda de Casas-Deza, que en su Corografía (1840), al hablar de las fuentes de agua dulce del pueblo, se refiere a "La Fontanilla", situada a 400 pasos de la población.

Es posible, sin embargo, que nos encontremos ante un caso de ultracorrección o, más bien, de negación de un rasgo dialectal del andaluz (y del extremeño, con el que compartimos área de influencia). Estoy hablando de la aspiración de la h, a menudo asimilada al sonido correspondiente al fonema /j/. Es decir, "Jontana" no se correspondería con una pronunciación descuidada del término "Fontana", sino con la pronunciación andaluza (y extremeña) del vocablo "Hontana", que todavía aparece en el Diccionario de la RAE como sinónimo "desusado" de "fuente, manantial". En su Ortografía de la Lengua Española la RAE explica que "hay palabras que hoy se escriben solo con j que proceden de voces originariamente escritas con h. La j es, en la mayoría de estos casos, reflejo de la pronunciación aspirada de la h etimológica que era característica del español medieval, y que hoy se conserva como rasgo dialectal en el español de Andalucía, Extremadura, Canarias y algunas otras zonas de España y América". Así ocurre, por ejemplo, con "juerga", que procede de "huelga", o "jondo", de "hondo". "Jontana", por tanto, procedería de "hontana" (que a su vez, eso sí, derivaría de "fontana", en esa evolución continua que practican las lenguas). El Fichero General del Diccionario Histórico de la Lengua recoge siete cédulas donde se documenta el término "hontana" con esta acepción, entre ellas un verso de Dámaso Alonso de Oscura noticia (1944): "Luz y sombra, dos ciervas velocísimas,/ huyen hacia la hontana de aguas frescas".

Sería, quizás, el momento de recuperar sin complejos en la documentación oficial la escritura "Jontana" para referirnos a este lugar de Añora (así lo hemos hecho siempre en Solienses), por recoger más acertadamente la pronunciación popular y como muestra de respeto a la característica dialectal del andaluz de aspiración de la h inicial. O, como mucho, restituir la forma culta "Hontana". Lo que no tiene sentido es mantener el topónimo "Fontana", puesto que no responde ni a la pronunciación popular ni al origen etimológico directo.

Fuente de "La Jontana" en Añora, hace unos años [Foto: Solienses]. 
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Los Pedroches, otra vez olvidados



Paredes de piedra en "La Jontana" de Añora.

En 2002, a propuesta de la Junta de Andalucía, la UNESCO declaró Reserva de la Biosfera a las Dehesas de Sierra Morena. Bajo esa denominación se incluye una superficie que integra cuarenta y tres municipios en tres provincias andaluzas: Huelva, Sevilla y Córdoba. En concreto, esta reserva de la biosfera está formada por tres parques naturales: el Parque Natural Sierra de Hornachuelos en Córdoba, el Parque Natural de la Sierra Norte de Sevilla y el Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche en Huelva. La comarca de Los Pedroches, que según se dice comúnmente constituye la mayor dehesa de Europa, no fue incluida en esta declaración.

Me he acordado de esta situación al leer hace unos días en la prensa que el arte de la construcción tradicional en piedra seca opta a ser reconocido como Patrimonio Mundial Inmaterial también por la UNESCO, gracias a una candidatura conjunta impulsada por España, Croacia, Chipre, Francia, Grecia, Italia, Eslovenia y Suiza que estos días se evalúa en la cumbre de Islas Mauricio. El Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico respalda la candidatura a través de varios informes en los que reconoce que la construcción en piedra en seco es uno de los "oficios más singulares" de algunas comarcas de Sierra Morena, consistente en que "aprovecha piedras sin labrar y barro, materiales recogidos en las proximidades, en la arquitectura rural". Se consiguen así "estructuras perdurables en el tiempo". Para ello, se emplean "piedras de tamaño y peso reducidos", y "el manejo de la técnica y la habilidad del hombre representan las herramientas principales". El expediente de la Junta de Andalucía cita expresamente la Sierra Norte de Sevilla, la Sierra de Aracena y los Picos de Aroche de Huelva, Sierra Mágina en Jaén y la comarca malagueña de la Axarquía, pero omite a Los Pedroches, según la información de Ángel Robles en El Día de Córdoba.

Sin embargo, todos sabemos que las construcciones de cercados y recintos para el ganado elaborados con esta técnica son una de las características principales de la arquitectura popular de Los Pedroches y una de las señas de identidad más significativas de su paisaje rural. Las "paredes de piedra" definen los campos comarcales y les conceden una personalidad muy característica. Que, al igual que con las dehesas, otra vez la Junta nos haya olvidado al elaborar sus informes solo puede significar que en la administración andaluza no piensan en Los Pedroches cuando piensan en Andalucía.
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Elementos de arquitectura tradicional (3)

De vez en cuando me gusta traer por aquí algunas muestras del patrimonio arquitectónico popular de nuestros pueblos, no sólo para mostrar el deplorable estado en el que muchas veces se encuentra, sino también para dar noticia de su riqueza etnológica y colaborar siquiera mínimamente a que crezca el aprecio hacia estas formas de edificación que corren serio peligro y que sólo podrán ser conservadas si sus propietarios se conciencian del valor intrínseco que poseen.



El triunfo de las formas curvas. Estos portones de El Guijo presentan una maravillosa combinación de belleza y funcionalidad. Los gigantescos arcos de medio punto de las portadas ofrecen un brillante contraste con la moldura de los aleros. Son elementos estructurales de la arquitectura popular que deberían intentar conservarse, no obstante su inoperancia actual.




Esta fachada de Dos Torres es todo un ejemplo de mal uso de nuestras propias posibilidades. Resulta difícil imaginar un peor aprovechamiento estético de tan excepcional legado histórico.



Horno de tejar en Santa Eufemia. Todavía se conserva en bastante buen estado, a pesar de estar abandonado. Es una muestra más de los muchos tejares que hay repartidos por todos nuestros pueblos y que, sin embargo, sólo recientemente comienzan a valorarse como muestras relevantes del patrimonio histórico preindustrial. El Ayuntamiento de Añora está restaurando el Tejar de Abajo y el de Cardeña hizo recientemente lo mismo con un tejar de Azuel y dos hornos de pan.



Estos lavaderos de La Jontana fueron rehabilitados hace unos años por el Ayuntamiento de Añora, pero hoy presentan un lamentable estado, llenos de pintadas y suciedad. Lo más extraordinario es el poste de la luz que atraviesa el tejado: ¿realmente no hubo otro lugar, un metro más allá o acá, para colocarlo?. La actuación dice mucho del respeto hacia estos elementos de arquitectura popular.





El molino Horadado de Alcaracejos, un antiguo molino hidráulico en la ribera del Cuzna, aparece en los folletos turísticos de la Mancomunidad, pero éste es su estado real. Hace unos años alguien practicó un enorme socavón en la parte trasera, por donde supuestamente pasaba el canal que desviaba el agua hasta el molino, y también se descubrieron las dos aberturas de salida (foto inferior), en lo que parecía ser un intento de restauración, pero pasado el tiempo todo sigue igual y las actuaciones, cualquiera que fuera su intención, se han convertido en daños.



Esta pared de cercado con su puerta se halla en la carretera de El Guijo a la ermita de las Cruces y resulta un hermosísimo ejemplo de utilización eficaz de los recursos de la tierra y una maravillosa muestra de técnica constructiva tradicional. Las lajas de pizarras colocadas horizontalmente se adaptan a la irregularidad del terreno y la puerta se remata con una gran losa del mismo material a modo de dintel, con fines meramente decorativos en tan rústico escenario.
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Carnavales, comadres y un febrero

Aquí está la memoria, la historia. Buscando hace algunos años datos y testimonios para mi libro Ensayo sobre fiestas populares de Los Pedroches topé de bruces en muchas ocasiones con lo más descarnado de la oralidad, valga la palabra. Testimonios crudos nacidos llanamente de la rememoración espontánea y selectiva de quien no alcanza a recordar una cita de antes de ayer pero refiere con la precisión de lo obvio el número que obtuvo en quintas su hermano hace sesenta o más años. Hablar es ir hilvanando despacio los recuerdos que son vivencias de un mundo que perteneció a otros; puede ser, quizás, ir tejiendo los encajes de la vida con los bolillos viejos y antiguos de la palabra. Así aparece la memoria, la historia, en los labios temblorosos de quien al comienzo puso reparos débiles para abrir el arca de su pasado pero enseguida inundó el aire con ecos recientes que ya conocen el medio siglo. Esta mujer habla hoy de febrero, porque llueve y hace frío y así se justifican los sentimientos. Del carnaval hablamos, sí, y de los quintos. Pero hay muchos más delirios en los febreros de su vida.

"Salían muchas comparsas en Añora. Y luego venían también de otros pueblos, de Alcaracejos y de Pozoblanco y de Pedroche, a cantar. Y las máscaras salían con sacos, con las caras tapadas, a correr detrás de los muchachos. Y algunos hasta en cueros y en mantas arropados. Entonces el carnaval era muy grande... Y el jueves de comadres sí que, huy, el jueves de comadres: perros colgados en las puertas, gatos, carros puestos en las puertas para que no pudieran abrirlas, estiércol, molinillo de la fragua... muchísimas cosas hacían".

Según Caro Baroja, el carnaval se inicia propiamente con el año, siendo las cencerradas de San Antón uno de sus actos inaugurales. Este día siempre tuvo en Añora los sonidos añejos de los campanos: "Iban por El Casar y por la dehesa y hasta Dos Torres, con los cencerros, corriendo de noche. Iban hasta Dos Torres y luego venían. En ca la María don Juan había unos cencerros que le cabía una cuartilla de trigo, los llevaban grandísimos y otros más chicos y otros cencerritas y iban así corriendo. Antiguamente todo lo celebraban, Jueves de Comadres, aunque hicieran lo que hicieran, San Antón y todo. Y cantaban "San Antón hizo buñuelos, convidó a los mozuelos, y a mí no me convidó, San Antón, San Antón, ¿qué te he hecho yo?", cantaban las coplas, tocaban los cencerros, se ponían un montón en corro y se metía uno grande en el medio y le respondían los otros, y todo eso era de noche, pero ya no, ya se ha acabado todo."

"El jueves de comadres nosotras nos estábamos muchísimas veces levantadas de noche, para que no nos pusieran nada en la puerta, y los sentíamos a los mozuelos que venían y abríamos la puerta y salían a correr y se iban. Pero luego si pinta venían otra vez. Nos estábamos hasta las dos o las tres levantadas, las amigas en nuestras casas, ay, que no nos pongan, ay, que no nos hagan... Venían sobre todo a donde había mozuelas, algunos también a las mujeres viejas, pero más donde había mozuelas. A la Isabel de la Posada le pusieron una vez una mula muerta atada al aldabón de la puerta, no podían abrir, liada con alambres, se la tuvieron que cortar y no podían abrir la puerta, y le hicieron eso, y carros puestos en las puertas."

El invierno traía también la cansina jacaranda de los quintos y su derecho inapelable, con fundamentos carnavalescos, de besar a su antojo a las mozas del pueblo los días previos a su marcha al servicio militar. "Toda la noche con la pandereta cantando, toda la noche con un candelorio de encinas en la plaza de la Iglesia. Íbamos a por agua y salían a los pozos y nos cogían y te tenían que besar y no podías decir nada, porque era la costumbre. Iban a los lavaderos, los tunos, a la Jontana o San Juan y ni que querías ni que no te tenían que besar, y si te pillaban con un cántaro en la cabeza y otro en el ijar y con una pila de ropa que venías desde la Labradora o desde la Huerta del Herrero con una pila de madera o de zinc en la cabeza y la caldereta debajo del brazo, hartitas, pues te tenían que besar. Y las madres, ¡burros, sinvergüenzas!, pero ellos, a ver, cosa de juventud, hoy no hay nada de esas cosas".

Así, entre añoranzas y melancolías viejas se va hilando la tarde. Transgresiones a la norma justificadas por la costumbre inmemorial de las gentes que han bebido este elixir de la espontaneidad. Pero en la tradición oral de este pueblo dominará todavía por muchos años el tema recurrente de una contienda a la que llaman civil. Fueron padres contra hijos e hijos contra padres, dice la mujer, y eso hará que no se olvide fácilmente. No es ahora el momento de estas historias que son la Historia, pero en los meandros de sus recuerdos he aquí que se unen la guerra de su juventud y un febrero de carnaval que trajo su propia mascarada. Un febrero especial que no se olvida de entre los muchos febreros de su vida. Los frentes cercaban el pueblo. Las tropas rebeldes en Alcaracejos, los rojos en los eucaliptos de la carretera, al pie del cementerio, y Añora en medio. Eran frecuentes las alarmas, los ataques de la aviación, los sobresaltos y las carreras al refugio. Pero en este febrero de la guerra cesaron los disparos en sus oídos y ya no hubo aliento para murgas y zaragatas. Murió su hijo, con una edad que todavía se contaba por meses, y la noche acogió los lamentos de una velada: "La aviación tirando en Dos Torres. Y entonces viene a la casa un capitán con una pistola por la noche y grita: ¡Puertas cerradas y luces apagadas!. ¡Todo el mundo al campo!. Y el niño muertecito, con diecisiete meses. Aquí muchísima gente queriéndose quedar a velar, pero otras se iban para las viñas y otros sitios. Y yo digo, pues a ver, aunque sea lo cerramos en un arca y nos vamos de aquí, qué le vamos a hacer, no nos vayan a matar a nosotros también...". Pero no. No es ese el tono, no lo dijo de esa manera, no fue así. "El niño muertecito, con diecisiete meses... aunque sea en un arca...". ¿Cómo fue, cómo habló, cómo podré decirlo?. ¿Cómo comprender entonces los abismos inmensos de su pensamiento?. Sólo sé que fue en febrero, que era carnaval en la historia y que hubo lágrimas en los ojos.