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Ranchal y Rodríguez de León: dos modos de entender una época



Buscando otras cosas, he ido a dar con el discurso de ingreso de Francisco Onieva en la Real Academia de Córdoba como académico correspondiente, pronunciado el 6 de abril de 2017 y publicado en el último número (166) del BRAC. Onieva aborda en su trabajo un perfil biográfico y literario de dos personajes históricos, y a la vez escritores, vinculados a Villanueva del Duque que coincidieron en el crucial momento de la Segunda República y la Guerra Civil: Antonio Rodríguez de León y Miguel Ranchal. Dos personajes "controvertidos pero apasionantes" que señalan dos formas diferentes de enfrentarse a las vicisitudes de la historia (uno como gobernador civil de Córdoba, otro como alcalde socialista de Villanueva del Duque) y de entender la literatura: "el primero escribe convencido de que la literatura es fuente de placer, de entretenimiento y de conocimiento; el segundo, convencido del poder transformador de la palabra, capaz de crear conciencia de clase entre el proletariado y contribuir a la revolución obrera".

Francisco Onieva se deja seducir por la personalidad singular de Miguel Ranchal y su arrebatadora peripecia vital como sindicalista y político, hasta el punto de dedicar siete páginas (de un total de 21) al relato de su vida. La imposibilidad de enfrentarse de modo aséptico a la figura de Ranchal obliga a Onieva a esforzarse por atender a todos los matices posibles de una personalidad rebosante, quizás con el deseo de contrarrestar en parte la visión más desenfocada que dejó Julio López en su obra La II República y la guerra civil en Villanueva del Duque. Onieva reconoce, por ejemplo, que el periódico La Voz (fuente, junto a intervenciones de la oposición en los plenos municipales, de muchos de los aspectos negativos que se le atribuyen al alcalde) "pese a algunos artículos iniciales elogiosos sobre el joven alcalde, lo atacó frontalmente desde el momento en que se opuso a que procesionasen las imágenes durante la Semana Santa de 1932 y desde que decretó la retirada de las cruces del municipio". Destaca asimismo sus numerosas gestiones personales en favor de los mineros ante el Ministerio de Trabajo en Madrid y ante los propios dirigentes de la empresa SMMP en París, a donde viajó Ranchal con un atrevimiento cuyo alcance solo puede comprenderse conociendo la realidad social de la época. Finalmente, Onieva señala la actuación de Ranchal en "dos episodios cruciales que forman parte de la memoria colectiva de Villanueva del Duque y que le hicieron pervivir en el recuerdo de personas de distinta ideología", relacionados con su intercesión para la liberación de un centenar de vecinos de derechas amenazados por los milicianos.

En cuanto a la figura de Rodríguez de León y su controvertida actuación durante la jornada del 18 de julio, Onieva considera que "aunque no es heroico, me resisto a pensar que fuese un traidor a la República, pues durante su mandato dio muestras de una honda creencia democrática" y achaca su comportamiento tal vez a la incapacidad para intuir la dimensión real de la sublevación.

Aparte de esta contribución al debate sobre figuras tan polémicas y cuestionadas, Onieva revisa críticamente la obra literaria de ambos autores (a los que considera "escritores menores"), mucho menos conocida e investigada que su faceta política. En cuanto a Miguel Ranchal, el académico ha constatado, además de varias decenas de artículos periodísticos de carácter militante, la publicación de dos folletos y tres libros, estos últimos los más reseñables desde un punto de vista literario. Se trata de la obra teatral La agonía de los humildes (1922), el libro de memorias ¡Alerta! (1931) y la recopilación de relatos Huellas del dolor (1935), todas ellas pertenecientes a un realismo social de inspiración socialista. Rodríguez de León, por su parte, aparece como autor de una "producción ingente", básicamente de carácter costumbrista burgués: miles de artículos, un corpus de poemas aún indefinido, cuatro obras de teatro (Cura radical, Toito es hasta acostumbrarse, Alteración de clases y Responsabilidades), dos novelas (Redimida y Edipo padre), varios cuentos, cuatro traducciones, dos incursiones en el cine y varias conferencias y prólogos. Toda la producción es anterior a su entrada en política. Tras la Guerra Civil, "el autor decide callar y se limita a trabajar como periodista para poder llevar un sueldo a su casa".

1 comentarios :

Anónimo | miércoles, enero 16, 2019 2:48:00 p. m.

Deberían anular la sentencia que sirvió de excusa a los fascistas para el asesinato del Alcalde Ranchal. No se a que están esperando.

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