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El milagro de Fernando González Viñas

Fernando González Viñas en Córdoba con su nuevo libro en la cabeza [Foto: Facebook del autor].

Al villaduqueño Fernando González Viñas resulta difícil seguirle la pista. Te lo puedes encontrar en Berlín, en Tokio o en la plaza de El Verdinal, a veces incluso todo ello el mismo día. Su actividad literaria no envidia este vórtice espacial. En pocas semanas ha publicado una traducción al español de la colección de relatos La prisión de la libertad de Michael Ende (Editorial Cátedra), ha puesto en marcha -junto con otros socios- la editorial El Paseíllo, y mañana mismo sale a la calle su ensayo biográfico El cordobés y el milagro pop, acogido precisamente en su propia editorial neonata. Todo ello poquísimo tiempo después de que viera la luz otra de esas rarezas que tanto gustan al autor-editor, siempre en los márgenes de la contracultura: el "ensayo gráfico" Los artistas del hambre (o Los orígenes de la performance), libro al que en el diario El País, portavoz tradicional del mainstream, le dedicaron una página completa, para redondear el círculo.


El cordobés y el milagro pop [comprar aquí] cuenta, en principio, con todos los atractivos para convertirse en un best-seller en estos tiempos de nostalgia revival, de yohicelaEGB y pachangas así. El propio autor, el mismo de El ángel dadá, lo ha calificado como "mi libro más lisérgico y caleidoscópico". En la contraportada reza de esta manera:

En 1971 España es de color, los turistas acuden en masa en busca de sol y playa, el desarrollismo y la emigración a Alemania y Suiza han absorbido los Surcos agrarios de la mano de obra del campo, el pop ha sustituido a la copla, las masas y sus gustos han pasado de ser despreciados como algo infame a ser la cultura dominante. Desde 1959, la España del Plan de Estabilización pasa veloz de la autarquía al pop y Manuel Benítez se convierte en el Cordobés, la figura icónica de la época del nacimiento de la cultura de masas. El paso de Manuel Benítez al Cordobés es el paso de la España en blanco y negro a la España en color, de mirarse el ombligo autárquico a mirar el ombligo de las suecas. Y el Cordobés será el actor principal de aquella década caleidoscópica que transforma una sociedad rural y ensimismada en una sociedad urbana y anhelante de libertades, un país que deja atrás el neorrealismo y abre sus puertas al colorido realismo turístico. Y él, Manuel Benítez Pérez el Cordobés, robagallinas, albañil, torero, ídolo popular, piloto de aviación y sagaz en extremo, fue consciente de su tarea en aquella transición, de los deseos del pueblo, erigiéndose en protagonista, en milagro pop, y con los 80 años cumplidos confesó la verdad pronunciando una frase lapidaria: «Yo me debo al pueblo».


¿Quién podrá resistirse a este reclamo? Por si fuera poco, el escritor Paco Cerdá ha sentenciado: "Chaves Nogales retrató en Belmonte toda una época. González Viñas, un renacentista de nuestro tiempo con olfato para las grandes historias marginales, perfila en este Cordobés a un país desdibujado. Los británicos lo llamarían cultural studies. Los mortales lo llamamos un librazo".

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