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La ruta del exilio/ 5. "Hombre libre, acuérdate"

Campo de refugiados y prisioneros de Rivesaltes [Foto: Solienses].

"Llegamos al campo de concentración de Saint Cyprién, allí a la intemperie, durmiendo en hoyos en la arena, sin agua ni comida. Nos daban un pan de cinco kilos para 25 hombres. No caíamos a nada. Aquello era lo peor de lo peor. Todos los días se moría gente. Luego, nos llevaron al campo de Barcarés. Aquí por lo menos había barracones, para no estar a la intemperie". Así relata el noriego José Caballero Caballero su paso por los campos de concentración que organizó el gobierno francés para retener a los exiliados españoles que llegaban a miles en los primeros meses de 1939. Las condiciones de vida en los campos eran infrahumanas, sin instalaciones para acoger a los refugiados ni posibilitar una vida mínimamente digna. Cientos de españoles que llegaron allí huyendo del régimen franquista fallecieron a consecuencia del hambre y del frío. Las autoridades francesas se vieron impotentes para hacer frente a esta catástrofe humanitaria y dieron pie a un estado de horror que solo pudo ser olvidado en la conciencia colectiva europea porque inmediatamente después sobrevino otro aún más terrible: los campos de exterminio nazi.

Monolito dedicado a los exiliados españoles en el campo de Argelès-sur-Mer [Foto: Solienses].

De la mayoría de estos campos de concentración apenas quedan rastros, puesto que se improvisaron en los arenales mediterráneos más próximos a la frontera sin infraestructuras permanentes, como los de Argelès-sur-Mer, Saint Cyprién o Barcarés. Los lugares donde estuvieron los campos y donde murieron cientos o miles de personas son hoy grandes playas urbanizadas, con chiringuitos y hamacas para tomar el sol. La presencia de los exiliados españoles tan solo es recordada allí por placas o monolitos que se pierden entre apartamentos turísticos y que sirven, en algunos casos, para que los veraneantes apoyen los pies mientras se limpian la arena.

Arenales en la costa mediterránea francesa donde se instalaron los campos de concentración para los refugiados españoles [Foto: Solienses].

En lo que fue el campo de Argelès-sur-Mer, que acogió a cien mil exiliados españoles, se mantiene un monolito en una agradable franja de pinos situada entre la playa y los apartamentos veraniegos. Contiene una inscripción en francés que dice: "A la memoria de los 100.000 republicanos españoles, internados en el campo de Argelès, tras la RETIRADA de febrero de 1939. Su desgracia: haber luchado para defender la Democracia y la República contra el fascismo en España de 1936 a 1939. Hombre libre, acuérdate". Cerca de ella hay un panel explicativo con un plano del campo, que llegó a tener una extensión de cincuenta hectáreas. En el 26 de la Avenue de la Libération de Argelès se ha abierto un espacio memorial con paneles explicativos sobre la vida en el campo.

Memorial de Rivesaltes [Foto: Solienses].

La mayor intervención del gobierno francés para recuperar la memoria sobre este tipo de instalaciones es la realizada en Rivesaltes, donde su antiguo campo de concentración ha sido transformado en un gran centro museístico e histórico. En superficie se pueden ver los antiguos barracones y las huellas físicas de lo que fue el campo de internamiento, mientras que en el subsuelo de la explanada central, diseñado por el arquitecto Rudy Ricciotti, se ha construido un enorme contenedor de hormigón color ocre cuyos espacios interiores albergan exposiciones permanentes y temporales que documentan la historia de los desplazamientos forzados. 

El campo de Rivesaltes ocupó hasta seiscientas hectáreas y allí fueron retenidos hasta quince mil españoles exiliados en 1939. El lugar, sin embargo, ha tenido una importante presencia en la historia de Francia durante todo el siglo XX, desde que se abrió en 1935 como campo militar, acogiendo tanto a familias refugiadas francesas en 1941 como harkis argelinos en 1962, entre otros colectivos desplazados. Por ello, aunque la retención de refugiados españoles ocupa la primera sección del Memorial, su peripecia vital queda algo diluida en el conjunto de las grandes desgracias humanitarias sufridas durante la centuria. 

Vista en superficie del contenedor de hormigón que contiene el Memorial de Rivesaltes [Foto: Solienses].

La intervención de Rivesaltes resulta impresionante, tanto por la capacidad de evocación del contenedor museístico (con largos pasillos que remiten al esforzado tránsito de los desplazados, fotografías y múltiples testimonios directos -estremecedores- de ingresados en el campo en sus diversas épocas) como por los restos de infraestructuras conservados en la superficie, que nos recuerdan inevitablemente los campos de concentración nazis de Austria y Polonia.

Cuando en 2015 se levantó el memorial de Rivesaltes, el primer ministro Manuel Valls reconoció públicamente el maltrato que Francia había dado a los refugiados. Es otra lección de la historia que aún no hemos aprendido, porque los gobiernos democráticos europeos continúan actualmente tratando como delincuentes a las personas que, asediadas por la represión y el hambre, huyen de sus países en busca de una vida mejor. "Hombre libre, acuérdate". La apelación a la memoria que figura en la inscripción de Argelès-sur-Mer continúa siendo tan pertinente hoy como ayer.

Inscripción en el monolito de Argelès [Foto: Solienses].

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