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Patrimonio perdido de Los Pedroches/15. Ermitas de Pedroche.

Pedroche llegó a contar con siete ermitas, además de su majestuosa parroquia de El Salvador y los conventos de la Concepción y del Socorro. Además de las de Santa María del Castillo, Santa Lucía, San Sebastián y Virgen de Piedrasantas, que todavía hoy se mantienen, existieron ermitas dedicadas a Santa Marta, Santa Bárbara y San Gregorio, las cuales, por diversas razones, no han llegado hasta nuestros días.

La de Santa Marta, que ya existía a finales del siglo XVI, era de tres naves y se levantaba en la actual Plaza de Santa Marta. Según J. I. Pérez Peinado, el edificio ya se hallaba cerrado en 1842 debido a su lamentable estado de conservación, estado que se fue agravando hasta que en los postreros años del siglo XIX sus últimos muros fueron totalmente derruidos. En 1905 Lorenzo Pedrajas, un carpintero natural de Alcaracejos y a la sazón organista de la parroquial de Pedroche, compró el solar de lo que fuera ermita de Santa Marta para construir allí su vivienda. Hoy tan sólo queda en el lugar un moderno altarcillo de azulejos dedicado a la santa.

Recuerdo de Santa Marta en la plaza que lleva su nombre.


La ermita de Santa Bárbara se hallaba extramuros de la población, en el actual parque municipal "El Salvador". Databa al menos de mediados del siglo XVI y se componía de una gran nave con cuatro arcos rematada por una torre o campanario. El relato de su destrucción, publicado por Pérez Peinado en su libro sobre las ermitas de Pedroche, constituye un manifiesto ejemplar de cómo la suerte de estos edificios ha dependido en muchas ocasiones no tanto del efecto de grandes acontecimientos históricos como del capricho antojadizo de individuos aislados. En el verano de 1809, estando ya la ermita en estado semiruinoso, el rector y presbítero de la parroquial destruyeron arbitrariamente parte del edificio antes de que el Obispado pudiera evitarlo. Preguntadas las razones de tan gratuito proceder, el rector alegó su intención de "reducirla de longitud, con cuya reducción no nos faltarían materiales de ninguna clase y de algunos sobrarían, pudiendo acaso con estas sobras cubrir el costo de su obra principal que era dejar la ermita servible y sin peligro". Las órdenes del Obispo mandando reconstruir lo demolido fueron contestadas por los curas con la venta de los materiales obtenidos del destrozo o la apropiación para obras de construcción propias. La invasión francesa y la desamortización aceleraron el desastre, de modo que a mediados del siglo XIX apenas quedaban los muros y a comienzos del XX tan sólo escombros.

La de San Gregorio, finalmente, era una pequeña ermita de tan sólo doce metros de longitud que se levantaba extramuros de la población, en el llamado camino de San Gregorio que conduce a la ermita de Piedrasantas. Su historia, nacida como las otras en la centuria del quinientos, finalizó bruscamente con un incendio intencionado en febrero de 1935. Luego, sus restos fueron desapareciendo hasta no quedar en la actualidad el más mínimo vestigio de su existencia.

Noticia del incendio de la ermita de San Gregorio en el diario 'El siglo futuro' del 17 de febrero de 1934.

8 comentarios :

Miguel Barbero | viernes, octubre 30, 2009 8:40:00 a. m.

Eso tuvo que ser el cura o el sacristán con el brasero de picón.

GACHERO | viernes, octubre 30, 2009 10:09:00 a. m.

Señor Barbero, me recuerda a un barbero del Quijote...qué simplista y qué fácil eludir el bulto...¿No hay otra interpretación más acorde con el momento histórico y con lo que desgracidamente aconteción en esas fechas en otros lugares de España y de la provincia? A esa interpretación ¿le llama Vd. Memoria Hist´roica o MENTIRA HISTÓRICA?

Anónimo | viernes, octubre 30, 2009 11:01:00 a. m.

Pedrocheño es usted muy previsible y reconocible se harta de meterse con todos los que no tienen su pensamiento único, pero coment el error de gustarle mucho decir "escardado" y no saber ni escribirlo.

También es muy cobarde y utiliza el insulto por su incapacidad para argumentar o razonar, menos mal que Solienses no permitía que se faltara al respeto a comentaristas con nombres y apellidos.

El Sr. Barbero de simplista nada, es complicado decir tanto con un comentario tan corto:

1.- Radicales de izquierda machacaron el patrimonio de Los Pedroches y de toda España durante la República y la Guerra Civil.

2.- Encima le echaban la culpa a la iglesia.

¿ no quieren recuperar la memoria histórica ? pues a joderse

Anónimo | viernes, octubre 30, 2009 11:02:00 a. m.

Señor Barbero con los partidarios de la Eterna Memoria Histórica no cabe la ironía.Y añado: no sería el brasero o fragua de la criada del cura?

Miguel Barbero | viernes, octubre 30, 2009 5:59:00 p. m.

Sr. GACHERO:
No tengo ningún inconveniente en que le recuerde a Ud. al barbero del Quijote, aunque sólo sea por mi apellido y su profesión. Pero yo me veo más como el socarrón bachiller Sansón Carrasco. Soy más de ese estilo. Pero no llego a acertar con la totalidad de su comentario.
Ud, ¿de qué parte está? ¿De los que creen que los extremistas de izquierdas cargaron su desatada furia con la Iglesia, o con los que dicen que todo fue una falacia y fue la misma Iglesia quien se inventó las destrucciones y asesinatos?
Porque yo no tengo la más mínima duda de las barbaridades que hicieron los extremistas de derechas y los de izquierdas.
O Ud. no me ha entendido a mí, o yo no le he entendido a Ud.

Anónimo | sábado, octubre 31, 2009 12:04:00 a. m.

SILVERIO GUTIÉRREZ (de Villanueva de Córdoba) ha recibido el premio Juan Bernier, en la modalidad de Arqueología

Miguel Barbero | sábado, octubre 31, 2009 11:21:00 a. m.

Pues me alegro un montón. Es casi toda una vida trabajando y viviendo para la Arqueología. Y si el nombre del premio es el del inolvidable y querido Juan Bernier, mi profesor, ¡miel sobre hojuelas!
¡Enhorabuena por ese premio tan merecido, amigo Silverio!

Pedro Tébar | domingo, noviembre 01, 2009 10:05:00 p. m.

Reitero también mi felicitación a Silverio Gutierrez por ese premio tan merecido. Partiendo de la nada Silverio ha conseguido cristalizar en obras concretas su indudable vocación arquelógica en beneficio de su pueblo y de la comarca. Un abrazo, Silverio.

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