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Los nuevos nombres deberían traer también políticas diferentes


Celia Valverde y Jéssica Fernández.

Celia Valverde González (PP) y Jessica Jiménez Fernández (PSOE) han sido las protagonistas políticas de estas primeras semanas del año en Los Pedroches. Celia Valverde, alcaldesa de Villaralto, por haber sido nombrada como primera presidenta de la Mancomunidad de Municipios de Los Pedroches, tras la renuncia por sorpresa de Santiago Cabello, alcalde de Pozoblanco, que ostentaba el cargo desde 2023. Jessica Jiménez, tras un mes de ejercicio en funciones, por haber sido elegida ayer mismo como alcaldesa de Belalcázar tras la dimisión precipitada de Francisco Luis Fernández Rodríguez a consecuencia de unas conversaciones privadas publicadas en prensa. Ambas son personas jóvenes que deberían contribuir a revitalizar la política comarcal, anclada demasiadas veces en fórmulas caducas de ejercer las responsabilidades públicas. Las dos, desde sus diferentes ideologías, deberían representar un soplo de aire fresco en nuestra comarca, que tan necesitada anda de ideas renovadas y renovadoras. Las dos, en fin, contribuyen a aumentar la presencia de la mujer en los puestos de poder político y de gestión en Los Pedroches, donde se sufre un déficit dramático en este sentido (baste recordar que, en cuanto a números, la llegada de Jessica Jiménez será anulada pronto por la salida de Catalina Barragán en Cardeña, de acuerdo con el pacto de legislatura: volverán a quedar tan solo dos alcaldesas en los 17 pueblos).

Sin embargo, pasan las semanas y no se observan formas nuevas. Un mes después del cambio, la nueva responsable de la presidencia de la Mancomunidad no ha publicado tan siquiera un programa de intenciones, los ámbitos que desea trabajar, los objetivos de progreso y desarrollo que se marca en su gestión, unas meras intenciones de cambio o continuidad. No ha transmitido una ilusión al menos de que la renovación en la presidencia implica por fin algo más que un cambio de nombre: la presentación de un programa de gobierno que comprometa a los responsables y permita a los ciudadanos fiscalizar su gestión una vez terminada la legislatura. Nada. Por no saber, no sabemos siquiera oficialmente quién es el vicepresidente de la entidad. Podemos concluir que la Mancomunidad ha cambiado de nombre y que una mujer ocupa el cargo por primera vez. Pero ya está, nada más ha cambiado.

En cuanto a la alcaldía de Belalcázar, hasta más de un mes después de su precipitada salida no se ha producido el relevo. Es el modo de ir embarrando una situación que inicialmente se resolvió con cierta solvencia y dignidad. Pero luego la cosa se fue enfangando, desde la "delegación temporal de atribuciones por incapacidad temporal por enfermedad" hasta la renuncia definitiva presentada, al parecer, el mismísimo 31 de diciembre, en un escrito que no renuncia a ofrecer lecciones de moral. Belalcázar tiene muchas asignaturas culturales suspensas, especialmente en políticas de patrimonio histórico (la normalización institucional con respecto al castillo o la restauración del convento de San Francisco, salvajemente abandonado, estarían en la cúspide de la lista). Jessica Jiménez necesita su tiempo de aclimatación tras un acceso traumático a la alcaldía, pero a los ciudadanos, tanto en este caso como en el de la mancomunidad, nos gustaría percibir desde el principio gestos de cambio, indicios de que las cosas se van a hacer de otro modo, una demostración de que todo lo vivido no consiste simplemente en sustituir unos nombres por otros.

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