La subasta de ofrendas a la Virgen en Abenójar (Ciudad Real)
SERIE FIESTAS POPULARES SINGULARES ESPAÑOLAS
Subasta de un gallo en el atrio de la iglesia de la Asunción de Abenójar en presencia de la Virgen de la Encarnación, el pasado sábado [Fotos: Solienses].
Los vecinos participan activamente en la subasta.
En la tarde del sábado, antes de la misa y la procesión, se procede a la "subasta de ofrendas a la Virgen", con el fin de recaudar fondos para los gastos de la hermandad de Nuestra Señora de la Encarnación. Se subastan todo tipo de objetos, animales y comidas que han sido donados previamente por los devotos de la Virgen, por promesa o por costumbre, por fe o por tradición. Lo más habitual antiguamente era donar gallos, corderos y cargas de leña, pero actualmente pueden conseguirse también obras de artesanía, vinos y licores, repostería tradicional, joyas o adornos caseros. El acto de la subasta, conducido con pericia por Gregorio Cardos delante de la iglesia parroquial, se convierte en una alegre y festiva cita para los devotos de la Virgen y para el pueblo en general, que renueva cada año la tradición participando tanto en la donación como en la subasta de lo que otros han donado. "¿Hay quien dé más?", "¿Alguien da más?", "A la una, a las dos...". Este año se han rematado jamones por 80 euros y gigantescos manojos de espárragos recogidos en las dehesas locales por más de cien. Los gallos (vivos) han oscilado entre los 40 y 50 euros. En el atrio de la iglesia el párroco y miembros de la hermandad ajustan la contabilidad de donaciones y subastas, todo lo cual se explicitará con todo detalle al año siguiente en un boletín que publica la hermandad, indicando el donador, el remate de la subasta y la persona agraciada.
Una comisión de la hermandad, supervisada por el párroco, controla las donaciones.
La segunda subasta consiste en pujar por el derecho a portar las andas de la Virgen en el momento crucial de su entrada en la iglesia. Aquí, el intercambio económico constituye una fórmula de prestigio en el seno de la comunidad, por cuando el rematante acentuará de este modo no solo su solvencia económica sino, sobre todo, su implicación devocional con uno de los símbolos de identificación local más arraigados y, por tanto, su compromiso referencial con la propia colectividad.
Cuando, al caer la tarde, la imagen de la Encarnación regresa de la romería en una carroza confeccionada al efecto, se detiene momentáneamente frente a la puerta de entrada de la parroquia de la Asunción, un templo barroco de finales del siglo XVIII. Está a punto de vivirse el momento de mayor intensidad simbólica y devocional de toda la celebración, aquel en el que los sentimientos de identidad y pertenencia se engrandecen. Entonces, dirigidos por el mismo moderador de la tarde anterior, se sacan a subasta los cuatro brazos de las andas donde ha sido colocada la Virgen para aquellas personas que buscan el honor de introducirla a hombros en el interior de la iglesia. Las pujas suelen elevarse bastante, pudiendo llegar hasta 1.500 o 2.000 euros por cada uno de los brazos, siendo los más preciados los delanteros y, de ellos, el derecho. Los que pujan para conseguir este privilegio suelen responder de este modo a promesas efectuadas durante el año por motivos familiares o de salud. También, como hemos apuntado, hay razones de representación social simbólica. Una vez adjudicados los brazos, los agraciados toman posesión de ellos y, levantando la imagen hasta sus hombros, la introducen en el templo con lágrimas en los ojos y entre el aplauso emocionado del resto del pueblo, que ve así reafirmada un año más su permanencia como comunidad espiritual.
La iglesia de la Asunción de Abenójar durante la subasta.
Subasta de un jamón.
✒ Otras fiestas populares españolas que hemos visitado (sin incluir las de Los Pedroches):
👉La danza de las espadas de Obejo (Córdoba)

















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