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Las botargas de Almiruete

Desfile de las botargas por las calles de Almiruete (Guadalajara) [Fotos: Solienses].

Las mascaradas de invierno son anteriores al carnaval. Pertenecen a los ritos ancestrales de fertilidad, de cambios estacionales y creencias populares vinculadas a la renovación de la naturaleza. Las máscaras de los ritos atávicos no son disfraces, sino representaciones de seres fabulosos, grotescos, divinos o mágicos. En casi todos estos rituales de profundo sabor agrícola están presentes los cencerros, que se hacen sonar para espantar los males y atraer las buenas cosechas, siguiendo las antiguas costumbres paganas de carácter petitorio.

Máscara de botarga.

En Almiruete, una pedanía de Tamajón con quince habitantes, situada en la comarca de los pueblos negros de Guadalajara, se ha conservado la fiesta de la botarga, muy común en toda la provincia a lo largo del año, con características particulares en cada pueblo. Aquí se celebra la tarde del sábado de carnaval y cuenta con dos tipos de protagonistas: las botargas y las mascaritas. Los primeros son generalmente hombres y llevan ropa blanca, una máscara muy llamativa, cintas negras y una cuerda como cinturón de la que cuelgan varios cencerros. Las mascaritas, por lo general mujeres, visten un sombrero, ropa blanca, un mantón negro y una falda con decoración floral.

Al toque de cuerno, las botargas descienden de la sierra que rodea Almiruete y, escoltados por pastores veteranos, hacen sonar sus cencerros. Se desconoce el punto exacto por el que van a hacer su entrada en el pueblo. Al encontrarse con la gente que aguarda, algunas botargas tiznan con un corcho quemado la cara de los visitantes, como símbolo de transgresión. Tras pasar por la plaza y dar unas vueltas por las calles, los mozos buscan a las mascaritas, que esperan ocultas en una casa. Después del encuentro, se emparejan botargas y mascaritas y juntos desfilan lanzando sobre el público que los contempla confeti y pelusa de junco, como símbolo de fertilidad, dicen. Todo termina con una fiesta en la plaza donde se reparte vino y carne asada.

Las botargas desfilando con las mascaritas.

Como en otras fiestas populares que hemos reseñado en Solienses, las botargas de Almiruete conservaban todavía un fondo de autenticidad garantizado por el aislamiento geográfico del pueblo. Allí hay que ir expresamente, la carretera se acaba en su plaza, no hay nada después, salvo la sierra. El interés que últimamente están despertando los rituales de naturaleza etnológica está ayudando a su pervivencia, siempre que sepa encontrarse el punto de equilibrio exacto entre el respeto a la tradición y la entrega a los intereses del turismo rural. La aldea es un pecio de la España vacía y en su auxilio acuden hijos y nietos de antiguos habitantes del lugar, que rejuvenecen la tradición y la renuevan. 

Las botargas y las mascaritas de Almiruete, de momento, han conseguido el objetivo primitivo de estos ritos ancestrales: que la vida resucite cada invierno en las frías calles de una aldea condenada irremediablemente a desaparecer. El oso y el domador, otros personajes insólitos de la representación ritual de Almiruete, este año no hicieron su aparición, como queriendo decir algo. De algunas chimeneas del pueblo vi salir humo y se adivinaba un confort hogareño en el interior. Los cencerros de las botargas resonaban por las sierras y valles vecinos, indicando probablemente un final de etapa que ni siquiera la magia sincera de las máscaras forjadas con hierba, musgo y cornamenta podrán evitar. 

Máscara de botarga con el campanario románico de Almiruete al fondo.

Las botargas hacen sonar sus cencerros a lo largo de todo el recorrido.

✒ Otras fiestas populares españolas que hemos visitado (sin incluir las de Los Pedroches):
👉La danza de las espadas de Obejo (Córdoba)

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