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El viento derruido

El viento derruido Un amable lector de esta bitácora me pide en un correo privado alguna opinión crítica sobre el nuevo libro de Alejandro López Andrada, que tanto furor está causando en las delegaciones de cultura de nuestros ayuntamientos. De momento, sólo puedo decir dos cosas. En primer lugar, que el libro me ha costado 19 euros, dos más que las putas tristes de García Márquez. En segundo lugar, como canta mi amiga La Chinche, recordando una antigua coplilla de carnaval: "Qué bonita la portada,/ qué bonito lo de atrás,/ qué bonitas son las grapas/ y de qué buen material". Por lo demás, todavía sólo he leído los dos primeros capítulos, así que me abstendré de cualquier otro juicio. Claro que podría decir que lo leído hasta ahora no es el tipo de literatura que a mí me gusta y que, por lo visto hasta el momento, pienso que se desperdicia una buena idea, pero, ¿cómo podría yo emitir cualquier juicio negativo de una obra cuyo lenguaje Julio Llamazares, a quien admiro, considera "poesía" y de un libro que al autor de La lluvia amarilla le parece "literatura pura"?. ¿Cómo no gustar de una obra que "establece paralelismos con obras como El bosque animado, de Wenceslao Fernández Flórez", con un libro tan especial que sólo encuentra semejanzas en "escritores de la talla como Claudio Magris" (sic), un libro que es "una pequeña colmena personal", un libro sugerido a su autor por escritores tan reputados como Luis Mateo Díez, Miguel Delibes, Manuel Rivas o Bernardo Atxaga, un libro, en fin, que se parece tanto a Las cenizas de Ángela de Frank McCourt, todo ello según su autor en una entrevista en el diario ABC?. Jamás osaría enfrentar mi opinión a la de autores tan principales. Y puesto que, sin necesidad de mi aportación crítica, ya ha quedado demostrada la grandeza de este libro de Alejandro López Andrada, creo que abandonaré su lectura y continuaré con la de Wolfgang Koeppen.
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Tejados

Chimenea de Pedroche. Fotografía de José Carrillo
Chimenea de Pedroche. Fotografía de José Carrillo.

Pedro de la Fuente aloja en su página Pedroche en la Red la exposición de fotografías de José Carrillo "¿Conoces tu tejado?", que se presentó, al parecer, el pasado mes de septiembre en la Torre Parroquial de Pedroche (ay, sigue pendiente esa visita). Se trata de una curiosa colección de chimeneas del pueblo que, aunque en un primer momento busca la complicidad del público local, trasciende sin embargo este ámbito para convertirse en un microcatálogo de arquitectura popular de la comarca, centrada en uno de los elementos más característicos de las viviendas tradicionales de nuestros pueblos. Esas enormes chimeneas de ladrillo son muy representativas de los modos de edificación autóctonos y responden a una necesidad urgida por los modos de vida y por la economía de la comarca, donde la encina y el cerdo condicionan no poco nuestras realizaciones materiales. Se trata de un elemento arquitectónico, como tantos otros, actualmente en trances de desaparición, pues las nuevas construcciones buscan modelos menos aparatosos y más funcionales, en buena parte debido a que los cambios en las costumbres domésticas y en la economía no los hacen tan imprescindibles como antes; y más aún, es cada vez más frecuente que en las reparaciones de tejados de las casas antiguas se elimine por completo este elemento, en muchos casos ya inservible, lo que da idea de que nuevos métodos de calefacción y cocción, conservación y curación de alimentos han terminado imponiéndose en nuestros hogares, quedando la chimenea en el interior de muchas casas como elemento meramente decorativo. Y eso, que sin duda significa un progreso, porque nos hace vivir mejor en lo material, delata también otro cambio, que yo sólo apunto, sin juzgarlo: la chimenea, que como elemento fundamental de la cocina era antiguamente el punto a cuyo alrededor se desarrollaba la vida social de la familia en la casa, ha cedido hoy su puesto de privilegio a la televisión.
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Viejas fotografías

Cuatro Mujeres. Fotografía de Ismael

Encuentro estas dos magníficas fotografías, junto con otras igualmente sobresalientes, en una galería llamada "Paisaje en el tiempo" de la página del Ayuntamiento de Añora. Aunque allí no se dice, su autor es Ismael Sánchez y fueron publicadas anteriormente en su libro Cruces de Añora. Paisaje en el tiempo (2000), acompañadas de textos de Alejandro López Andrada. La primera de ellas, la de las cuatro mujeres, pertenece a mi memoria sentimental desde que tengo uso de razón artística. No sé exactamente cuándo fue tomada, aunque la sitúo aproximadamente allá por años los setenta, pero yo la recuerdo desde siempre, quizás haciéndola objeto de un retroceso temporal que me lleva a convertirla en objeto de culto, porque, mirándola por primera vez, me pareció que despertaba en mí el interés por las cosas de mi pueblo. En ella creí ver cómo una estampa vulgar, de la vida cotidiana de todos los días, sin montaje ni preparación, espontánea, se puede presentar como objeto artístico y ser entonces contemplado con otros ojos y analizado luego con los instrumentos de la razón hasta descubrir que en esos pañuelos negros, en esas manos bajo el mandil, se encierra toda una explicación de los modos de ser y de vivir de aquella época, y que mucho de lo que hoy es la mentalidad de Añora se aclara observando esta fotografía. Vean el contraste entre el blanco de las paredes y el negro riguroso de las vestimentas. Observen que a una de las mujeres sólo le queda sin cubrir parte del rostro. Fíjense en su porte, en su posición... las dos figuras centrales incluso llegan a unirse hasta parecer una sola, quizás porque las cuatro pudieran ser una sola. Pero lo más inquietante es que tres de ellas miran a un mismo punto indeterminado, fuera del objetivo de la fotografía, mientras que la cuarta, con los ojos cerrados, quizás ciega, es la única que mira -sin ver- fijamente al fotógrafo.

Jugadoras de cartas. Fotografía de Ismael
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Marcial Gómez


"Condotiero Corrado Orsini", de la serie "Bomarzo". Óleo / lienzo 165 x 165 cm. Marcial Gómez, 1988. [Foto: Blog de Marcial Gómez]

A veces, en la vorágine de los asuntos informativos diarios, se me olvida que el objetivo fundamental de esta página es la dedicación a los asuntos culturales de Los Pedroches, aunque sea considerados éstos en un amplio sentido. Así, casi nos ha pasado desapercibida la exposición antológica que desde el pasado 7 de octubre (y hasta el próximo 7 de noviembre) dedica la Fundación de Artes Plásticas Rafael Botí en el Palacio de la Merced de Córdoba al artista Marcial Gómez, que nació en Hinojosa del Duque en 1930. Marcial Gómez está considerado uno de los representantes más destacados de la pintura española en la segunda mitad del siglo XX. En esta exposición, cuya selección ha sido realizada por el hijo del pintor, se reúnen 60 obras y está dividida en tres etapas, que recorren desde su periodo como dibujante de cómics, en el que tuvo gran influencia de Alex Raymond, creador de Flash Gordon, pasando por su etapa como diseñador de estampados para tejidos con destino a la industria textil catalana, para lo que se inspiró en la cultura ornamental del norte de Europa, y finalizando con una tercera etapa, datada a partir de 1974, en la que se dedicó a su faceta como pintor y escultor, sin descuidar sus anteriores ocupaciones. Obras como Condotiero Corrado Orsini, Cartas a un soldado, El florista, La loca, Arlequín gris, Máscaras y niños o Mastín del Calatraveño son buena muestra de todo ello y de una creación en la que " se respira un indesmayable aliento lírico y elegíaco", en palabras del poeta cordobés Carlos Clementson, y que el hijo del autor, Miguel Gómez Losada, califica de "teatral, llena de referencias surrealistas, desprovista de lógica y no sujeta a la realidad sino a su propia imaginación".
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Ya está aquí

Como era de temer, ya está aquí, y uno no sabe si es bueno hablar de ello o es mejor dejarlo estar hasta ver qué pasa, y, mientras tanto, dedicarse a soñar utopías.
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Desarrollo sostenible

Leo en el boletín informativo El Jaramago, que publica la Asociación Guadamatilla, que la Mancomunidad de Municipios de Los Pedroches va a ha desarrollar un programa de educación ambiental con el nombre de "Hacia un desarrollo sostenible en Los Pedroches", dirigido a empresarios, entidades locales y centros escolares. No tengo más noticias del proyecto, pues la propia Mancomunidad no dice nada en su página, pero me pregunto sobre la autoridad, siquiera moral, que esta entidad supracomunal tenga sobre sus integrantes cuando se conocen casos como el proyecto del Ayuntamiento de Añora, que ya cuenta con la modificación preceptiva de las Normas Subsidiarias Locales, para crear una urbanización residencial en la dehesa de la Vera, zona que estaba calificada como de especial protección ecológica, lo que supone todo un mazazo para cualquier política de desarrollo sostenible y un peligroso precedente en la conservación territorial de un ecosistema que quizás pronto sea declarado Reserva de la Biosfera. Hasta ahora no he visto más denuncia pública de esta grave intención que una carta al director publicada en el diario Córdoba. Pienso que la Mancomunidad debería urgentemente redactar y aprobar un protocolo que obligue a los municipios integrantes a la protección y defensa del encinar, de la dehesa, que impida actuaciones arbitrarias como la de Añora y otras más funestas que puedan venir en el futuro.

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Género y sexo

Aunque no tiene que ver propiamente con nuestra comarca, reproduzco aquí un fragmento del artículo de esta semana de Arturo Pérez-Reverte en El Semanal, titulado "Al final, género", por abordar una cuestión que he discutido con algunos amigos en varias ocasiones:

Se veía venir. Ley contra la Violencia de Género, la han llamado. Pese a los argumentos de la Real Academia Española, el Gobierno del talante y el buen rollito, impasible el ademán, se ha pasado por el forro de los huevos y de las huevas los detallados argumentos que se le presentaron, y que podríamos resumir por quincuagésima vez diciendo que ese género, tan caro a las feministas, es un anglicismo que proviene del puritano gender con el que los gringos, tan fariseos ellos, eluden la palabra sex.

En España, donde las palabras son viejas y sabias, llamar violencia de género a la ejercida contra la mujer es una incorrección y una imbecilidad; pues en nuestra lengua, género se refiere a los conjuntos de seres, cosas o palabras con caracteres comunes –género humano, género femenino, género literario–, mientras que la condición orgánica de animales y plantas no es el género, sino el sexo.

Recuerden que antiguamente los capullos cursis llamaban sexo débil a las mujeres, y que género débil no se ha dicho en la puta vida.

Todo eso, pero con palabras más finas y académicas, se le explicó hace meses al Gobierno en un documento respaldado por sabios rigurosos como don Francisco Rodríguez Adrados, don Manuel Seco, don Valentín García Yebra y don Gregorio Salvador, entre otros. Ahí se sugerían alternativas –la RAE nunca impone, sólo aconseja–, recomendando el uso de la expresión violencia doméstica, por ejemplo, que es más recta y adecuada.

Al Gobierno le pareció de perlas, prometió tenerlo en cuenta, y hasta filtró el informe -que era reservado– a la prensa. De modo que todo cristo empezó a decir violencia doméstica. Por una vez, se congratuló la Docta Casa, los políticos atienden. Hay justos en Gomorra. Etcétera.

Pero, como decía La Codorniz, tiemble después de haber reído. Ha bastado que algunas feministas fueran a la Moncloa a decir que la Real Academia no tiene ni idea del uso correcto de las palabras, y a exigir que se ignore la opinión de unos tiñalpas sin otra autoridad que ser lingüistas, filólogos o lexicógrafos, para que el Gobierno se baje los calzones, rectifique, deje de decir violencia doméstica, y la expresión violencia de género figure en todo lo alto de la nueva ley, como un par de banderillas negras en el lomo de una lengua maltratada por quienes más deberían respetarla.

Aunque tal vez lo que ocurre sea, como asegura la franciscana peña que nos rige, que el mundo se arregla, además de con diálogo entre Occidente y el Islam –Occidente sentado en una silla y el Islam en otra, supongo–, con igualdad de géneros y géneras.El otro día ya oí hablar de la España que nos legaron nuestros padres y madres. Tela. Como ven, esto promete.


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Enlaces sobre geografía agraria de Los Pedroches

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Lo que dijeron sin decirlo

En un mundo tan ególatra y tan autosuficiente como a menudo se presenta el del cine español, me parece grandiosa la frase de José Luis Garci, pronunciada en Pozoblanco en el transcurso de la jornada de ayer del VII Encuentro Literario sobre Literatura y Cine: "Yo no estoy entre mis directores de cine favoritos". Garci, que en otros tiempos fue de izquierdas, muy cercano o quizás militante del PCE, hoy es tenido por un cineasta de derechas. Vicente Aranda, por su parte, declaró que "hasta en mis guiones originales hay literatura". A Aranda, aunque no se caracterice precisamente por su buen "talante", se le considera hombre de izquierdas. El mundo al revés: ahora resulta que la autocrítica intelectual está en la derecha y la complacencia en la izquierda. Puede que sea una excepción, pero me temo que no tan extraña como debiera. En el mundo de la cultura y de las ideas de los intelectuales de izquierda de hoy, domina demasiado el acomodamiento, la sumisión y la falta de compromiso. Hasta hay quien se considera revolucionario por decir simplezas del tipo "No a la guerra", "Nunca mais" o "Yankis go home".
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Pensar en palabras, pensar en imágenes

Después de las charlas y coloquios, llegamos a la conclusión, en la jornada de ayer del Encuentro Literario sobre Literatura y Cine, de que en el principio era la palabra. La literatura es el principio del cine, aunque ahora hayamos llegado a un punto en el que, como afirmó Manuel Vicent, los escritores compongan sus novelas pensando ya en la adaptación cinematográfica, porque "los jóvenes piensan ya en imágenes, no en palabras", y añadió que la única manera de preservar la creación literaria es "escribir cosas que no puedan ser filmadas, aunque teniendo en cuenta que se han rodado hasta los Sonetos de William Shakespeare…". Me parece un interesante apunte de individualidad artística: muchas novelas de hoy son en realidad sólo guiones de cine, sin arrope propiamente literario. Y luego está la libertad que, como Gracia Querejeta, desea tener el director sobre los textos adaptados: esa libertad que permite, por ejemplo, que la Troya de Petersen se cargue de un plumazo todo el ciclo mitológico micénico posterior al regreso de Agamenón al hogar.

Y una frase para la discusión. La pronuncia Rafael Azcona, aunque se la atribuye a José Luis Borau: "«La diligencia» es un ejemplo de cine mal hecho".